Parábolas para la
Red
I
Jesús
Peláez
Universidad
de Córdoba
Contenido
I: La
parábola del administrador
II: La
parábola del rico y Lázaro
III: La
parábola del fariseo y el recaudador
|
I: LA
PARABOLA DEL ADMINISTRADOR Lc
16,1-13 |
Texto
16,1 Y añadió dirigiéndose a sus
discípulos:
-Había un hombre rico que tenía un
administrador,
Y le fueron con el cuento (dieblêthê) de que éste derrochaba (diaskorpízôn)
sus bienes.
2 Entonces lo llamó y le
dijo:
-¿Qué es eso que oigo decir de ti? Dame cuenta de tu gestión, porque no
podrás seguir de administrador.
4 Ya sé
lo que voy a hacer, para que, cuando me despidan de la administración, haya
quien me reciba en su casa.
5 Fue
llamando uno por uno a los deudores (khreofiletôn) de su
señor
...y preguntó al primero:
-¿Cuánto debes a mi señor?
6 Aquél
respondió: -Cien barriles de aceite
(hekaton bátous helaíou).
El le dijo: -Toma tu recibo;
date prisa, siéntate y escribe
"cincuenta".
7 Luego preguntó a otro: -Y tú, ¿cuánto le
debes?
Éste contestó: -Cien fanegas (coros) de
trigo.
Le dijo: -Toma tu recibo y escribe
"ochenta".
8a El señor elogió a aquel administrador de lo injusto (oikónomon tês
adikías) por la sagacidad con que había procedido (hoti phronímôs
epoíêsen), 8b pues los que
pertenecen a este mundo son más sagaces con su gente que los que pertenecen a la
luz.
9 Ahora os dijo yo: Haceos amigos con el injusto dinero (ek tou mamonâ
tês adikías) para que, cuando se acabe, os reciban en las moradas
definitivas.
10 Quien es de fiar en lo de nada, también
es de fiar en lo importante; quien no es honrado en lo de nada, tampoco es
honrado en lo importante. 11Por eso, si no habéis sido de fiar con el injusto
dinero, ¿quién os va a confiar lo que vale de veras? 12Si no habéis sido de fiar
en lo ajeno, lo vuestro, ¿quién os lo va a entregar?
13 Ningún criado puede estar al servicio de dos amos: porque o aborrecerá
a uno y querrá al otro, o bien se apegará a uno y despreciará al otro. No podéis
servir a Dios y al dinero.
Comentario
Esta parábola ha sido considerada una de las parábolas más difíciles de
interpretar del evangelio.
En el texto de la misma, según algunos, hay notables incoherencias, a
saber:
-El hombre rico, en primer
lugar, despide a su administrador sin más pruebas que las habladurías de la
gente ("le fueron con el cuento de que éste derrochaba sus bienes"). Este hombre
no se para ni siquiera a indagar si es verdad o no lo que le han
dicho.
-El administrador parece aceptar sin más la veracidad de la acusación,
pues no se defiende en absoluto, sino que plantea una estrategia de cara al
futuro: ¿qué hará para ser acogido en casa de los deudores, cuando su amo lo
despida?
-El hombre rico alaba sorprendentemente la forma de actuar del
administrador, a pesar de haber oído que derrochaba sus bienes y lo pone como
ejemplo de hombre sagaz.
Para resolver estas incoherencias, los autores parten del presupuesto de
que la parábola no se nos ha transmitido como Jesús la pronunció, sino que ha
tenido diversos añadidos.
De ahí que se paren a indagar cuál era el texto de la parábola original,
a lo que han dado al menos cuatro
respuestas:
1. Para algunos autores, como
J. Jeremias y J. D. Crossan,
la parábola terminaba en el v. 7, evitando poner como final la alabanza del
hombre rico para con el administrador, a todas luces poco real, pues éste lo
había defraudado.
2. Un segundo grupo la hace
terminar en el v. 8a con la alabanza del señor hacia el administrador. Pero, en
este caso, habría que explicar por qué el hombre rico alaba al administrador a
pesar de su comportamiento deshonesto. Aunque admirase su sagacidad, tenía que
haber condenado el fraude.
3. Otros prefieren que termine en 8b y, en este caso, la parábola
contrapone la sagacidad de los hijos de las tinieblas a la de los hijos de la
luz, pasando el motivo del fraude a segundo
lugar.
4. Otros consideran que la parábola terminaría en el v. 9: “Haceos amigos
con el injusto dinero, para que, cuando se acabe, os reciban en las moradas
definitivas”. Ahora bien si la parábola termina aquí, hemos de reconocer que
esta frase es más enigmática y problemática que la parábola
misma.
Pero, en realidad, más allá de lo que fuese el texto de la parábola
salida de labios de Jesús, a nosotros debe preocuparnos explicar el texto tal y
como lo tenemos en la actualidad. Por eso hemos de explicar la parábola sin
cortarla allí donde nos resulte más incómodo o
incoherente.
Para entender el significado de la parábola, es necesario situarla en su
contexto inmediato, que servirá de confirmación del mensaje de la misma (Lc
14,25-17,10).
En Lc 14,25-34, Jesús habla de las condiciones para ser discípulo, que
son dos: darle su adhesión y renunciar a lo que tienen para poner fin a la
injusticia social causada por la acumulación de dinero: “todo aquel que no
renuncia a todo lo que tiene no puede ser discípulo mío”.
En 15,1-10, los recaudadores
y descreídos responden a la llamada de Jesús que los acoge y come con ellos,
razón por la que los fariseos como los letrados lo critican diciendo: "Este
acoge a los descreídos y come con ellos". Jesús responde a sus críticas
proponiendo dos parábolas: la del pastor que pierde una oveja entre cien y deja
las noventa y nueve para buscarla, y la de la mujer que pierde una moneda entre diez y barre
toda la casa hasta que la encuentra. La oveja y la moneda representan a los
recaudadores y descreídos a los que, según la teología farisea, Dios no ama,
porque no cumplen la Ley, pero el Dios de Jesús ama a todos por igual.
En 15,11-32, para mostrar el amor de Dios hacia todos, Jesús propone la
parábola del padre -pródigo en amor- hacia sus hijos: pendiente del que se ha
ido e interesado en hacer entrar en la casa al que no quiere entrar, para que la
familia quede definitivamente unida y aprendan tanto el uno como el otro de qué
naturaleza es este padre que se prodiga en amor. Los fariseos, reflejados en el
hijo mayor, no quieren hacer de los dos mundos uno, ni desean unirse a la fiesta
de familia. Para ellos Dios no es padre, sino
dueño.
A continuación, en 16,1-13 sigue la parábola del administrador que
termina con esta frase: "oyeron todo esto los fariseos, que son amigos del
dinero, y se burlaban de él"; por si no ha quedado clara su doctrina, Jesús les
propone la parábola del rico y Lázaro
(16,14-31).
Los fariseos no están dispuestos a seguir a Jesús, desprendiéndose de sus
bienes, ni a ir en busca de la oveja o de la moneda perdida, ni a perdonar al
hermano menor para reconstruir la familia humana. Esperan un milagro del cielo
para aprender el camino del desprendimiento del dinero y de la solidaridad, como
se muestra en la parábola del rico y Lázaro, donde el rico dice a Abrahán:
“Entonces, padre, por favor, manda a Lázaro a casa de mi padre porque tengo
cinco hermanos: que los prevenga, no sea que acaben también ellos en este lugar
de tormento. Abrahán le contestó: Tienen a Moisés y a los Profetas, que los
escuchen. El rico volvió a insistir: No, no, padre Abrahán, pero si uno que ha
muerto fuera a verlos, se enmendaría. Abrahán le replicó: Si no escuchan a
Moisés y a los Profetas, no se dejarán convencer ni aunque uno resucite de la
muerte”.
Y todo ello, porque son amigos del dinero. Ese es su verdadero Dios y no
el Dios verdadero.
La parábola es como una pequeña pieza teatral con tres actos:
vv. 1-3: planteamiento
v.3-7: estrategia del administrador
v.8-16: desenlace y palabras de Jesús a sus
discípulos.
Los personajes son también tres:
- el hombre rico
- el administrador y
- los deudores (éstos, aunque parecen muchos, se reducen en la parábola a
dos nada más: “preguntó al primero”; “luego preguntó a otro”. A ambos les
condona parte de la deuda).
El lector u oyente de la parábola tenderá a identificarse con alguno de
los personajes de la parábola. Difícilmente lo hará con el hombre rico, por
aquél entonces sinónimo de déspota; pero, más difícil lo tiene aún si se
identifica con los deudores que son perdonados por alguien que derrocha los
bienes de su amo, convirtiéndose,
en cierto modo, en cómplices del administrador. Tal vez entonces, no tenga más
remedio que identificarse con el administrador que se garantiza el futuro
renunciando al dinero.
Hay quien ha titulado esta parábola: “Las armas del débil”, pues el
administrador representa al débil que, con su sagacidad y astucia, se garantiza
el futuro que los poderosos -representados por el hombre rico- le niegan,
dejándolo sin trabajo. En este caso la parábola escenificaría la lucha del débil
por sobrevivir en un mundo gobernado por élites ausentes y déspotas.
La parábola, en todo caso, representa, como tantas otras, un caso
extremo: un hombre que está a punto de ser despedido de su trabajo y que
necesita actuar urgentemente para garantizarse el futuro. Su actuación no puede
demorarse, porque mañana puede ser tarde, y, por ello, tiene que tomar una
decisión antes de que el hombre rico lo
despida.
.
16,1Y añadió dirigiéndose a sus
discípulos:
-Había un hombre rico que tenía un
administrador,
La parábola representa una escena de la vida cotidiana en una aldea. El
hombre rico, que, por ser rico, tiene también prestigio y honor, es un
terrateniente ausente, que no cuida personalmente de sus
bienes, dejándolos en manos de un administrador, fenómeno bastante común en la
Galilea de tiempos de Jesús.
Que se trata de un hombre rico (en griego, plousios), posiblemente el propietario
de una gran finca, se confirma
porque tiene un administrador que cuida de sus propiedades. Como administrador, éste tratará de
sacar en todo momento el mayor lucro posible de su gestión, pasando
desapercibido ante su señor y sin hacer surgir el descontento entre los
campesinos o aldeanos que se volverían contra él en tal caso provocando su
destitución por parte del señor.
Y le fueron con el cuento de
que éste derrochaba sus
bienes.
En la parábola, los aldeanos parecen estar descontentos de la gestión del
administrador y lo atacan con un rumor, un chisme entre bastidores. En
aquellos tiempos no existía la contabilidad ni había sistemas de control regular
de los bienes.
“Y le
fueron con el cuento” (el verbo griego empleado es diabal-lô, de donde proviene nuestra
palabra “diablo”, etimológicamente calumniador o embustero). Este verbo designa
la acción de alguien que acusa con una finalidad hostil.
“Derrochar” se dice, en griego, diaskorpidsô. Este mismo verbo lo emplea
Lucas en la parábola del Padre pródigo para indicar la actitud del hijo menor
que derrochó su fortuna viviendo como un
perdido (Lc 15,13); también aparece en la parábola de los talentos, pero
aplicado al amo que, según el empleado que había recibido un talento, era "un
hombre duro que siegas donde no siembras y recoges donde no esparces" (Mt 25,24); se dice, por
último, de Dios que "ha desbaratado
los planes de los arrogantes" (Lc 1, 51). Este verbo significa, por tanto,
derrochar, esparcir, desparramar, desbaratar, echar a perder los bienes de
alguien. Es exactamente lo que está haciendo el administrador con los bienes de
su amo.
La parábola, sin embargo, no da detalles ni se detiene a explicar en qué
o cómo había derrochado el administrador los bienes de su señor.
Tampoco se dice en la parábola quiénes son los que fueron con ese cuento
al hombre rico, pero puede suponerse que serían los aldeanos o campesinos
interesados de algún modo en sacar ventaja de la situación, minando la autoridad
del administrador, representante legal del hombre rico.
El arma que emplean los
campesinos en este caso no es ni la violencia, ni la sublevación, ni la protesta
abierta o popular, sino simplemente un rumor, un chisme de aldea. Pretenden
minar su autoridad y colocarse de este modo en una posición más fuerte respecto
al hombre rico, sacando de este modo algún beneficio: tal vez, una recompensa
por la denuncia, una rebaja o condonación de la deuda o algún otro favor.
El administrador de la parábola representa los intereses de la clase
explotadora y depredadora. La vida diaria de los campesinos está llena de
episodios de regateo y negociación para conservar lo poco que tienen y, si
pueden, ganar algo más. En esta guerra cotidiana, el administrador representa al
señor, negocia con los intereses de
su señor y tiene una posición de riesgo precisamente por estar entre el señor y
los campesinos. Con su actuación se juega el tipo a
diario.
El señor y su administrador controlan la vida pública de la aldea, pero
no pueden controlar la trastienda de la vida de la aldea donde se cuecen todas
las conspiraciones, críticas, sospechas, recelos y odios hacia los que los
dominan. El ataque al administrador llega desde esta trastienda del pueblo. Se
trata de una calumnia anónima, de este modo el administrador no podrá tomarse la
venganza contra nadie en concreto. Esta calumnia tiene por finalidad poner al
administrador en un aprieto, colocándolo a la defensiva y creando la sospecha
entre él y su señor.
La denuncia provoca una escena de encuentro entre el señor y su
administrador.
2Entonces lo llamó y le
dijo:
-¿Qué es eso que oigo decir de ti? Dame cuenta de tu gestión, porque no
podrás seguir de administrador.
Se trata de un juicio sumario, perentorio. El hombre rico, no sabemos por
qué, se pone decididamente de parte de los acusadores. Llama la atención que
actúe sin antes oír al administrador y más todavía que el administrador no
intente en modo alguno defenderse de la acusación o mostrar que no ha dilapidado
los bienes de su amo, rindiendo cuentas. El administrador se siente perdido y no
plantea una estrategia de defensa; por lo demás, no tiene ocasión ni de explicar
sus acciones, ni de responder a los acusadores. Está convencido de que de nada
le va a servir justificarse, porque el señor ha decidido destituirlo del cargo.
Por eso evita defenderse o probar su honradez. Se ve de golpe sin empleo: Dame cuenta de tu gestión porque no podrás
seguir de administrador.
Por esta razón plantea una estrategia oculta, a espaldas de su amo,
pasándose del lado de los opresores al de los oprimidos, los
aldeanos.
3El administrador se
dijo:
-¿Qué voy a hacer ahora que mi señor me quita el empleo?
El administrador lo considera “mi señor”, expresión que muestra la
relación empleado-patrono, marcando distancia en la escala social, pero, al
mismo tiempo, dependencia.
El empleo, por lo demás, se
le quita (en griego aphaireitai),
acción que implica cierta violencia. El verbo aphairô significa en griego “quitar,
separar, cortar, suprimir, poner fin a algo; en la voz pasiva: “ser quitado o
despojado de algo”.
3bPara cavar no tengo fuerzas, mendigar me da
vergüenza.
El administrador, por desempeñar su cargo, se ha distanciado del pueblo,
se ha “desclasado”: está ya más cerca del rico que de los campesinos. Ya no
pertenece al grupo de quienes trabajan el campo, y tampoco quiere integrarse en
el de los mendigos o indigentes sin otra salida que pedir limosna; para trabajar
no tiene fuerzas; mendigar le da vergüenza.
Por lo demás, el administrador va a perder su estatuto de privilegio,
como representante del hombre rico que ha puesto su confianza en él, al ser
despojado de todos sus poderes. Antes tenía capacidad para actuar en su lugar,
para hacer contratos y, en general, para representar legalmente al hombre rico.
El administrador, según las costumbres de la época, no podía ser penalizado por sus errores,
ni estaba obligado a pagar en caso de que perdiese bienes de su señor, pero
podía ser avergonzado o despedido sin más por aquél. En todo caso, como
administrador ocupaba una posición de poder, aunque muy vulnerable. Como
administrador estaba siempre expuesto a la calumnia de los deudores
descontentos. Se encontraba entre dos fuegos: el señor con sus exigencias y los
deudores, siempre quejosos; siempre consciente de que lo que agrada a uno
desagrada a los otros.
4Ya sé lo que voy a hacer, para
que, cuando me despidan de la administración, haya quien me reciba en su
casa.
5 Fue llamando uno por uno a los
deudores de su señor.
El administrador actúa rápidamente como delegado de su señor, con su
autoridad, sin dar tiempo a que los deudores se pongan de acuerdo o planteen su
propia estrategia ante el señor. Los deudores caerán en la trampa, aceptando su
ardid.
...y preguntó al primero:
-¿Cuánto debes a mi señor?
6 Aquél respondió: -Cien barriles
de aceite.
El le dijo: -Toma tu recibo;
date prisa, siéntate y escribe
"cincuenta".
7Luego preguntó a otro: -Y tú, ¿cuánto le
debes?
Éste contestó: -Cien fanegas de
trigo.
Le dijo: -Toma tu recibo y escribe
"ochenta".
El "bato" (traducido por barril) equivale a 36,5 hectólitros de aceite,
correspondientes al producto de 146 olivos. El rendimiento medio de un olivo en
Palestina es de 25 litros de aceite; a la venta equivalía a 1.000 denarios.
La fanega de trigo (en griego, koros) son 275 quintales y corresponde
al rendimiento de 42 hectáreas y a una suma de unos 2.500 denarios. Se trata,
por tanto, de cantidades hiperbólicas, exageradas. El descuento que el
administrador hace en los recibos de los acreedores es grande; según J. Jeremias
es aproximadamente del mismo valor en ambos casos, ya que el aceite es mucho más
caro que el trigo; expresado en dinero, representa una suma de 500 denarios. Por
lo demás, en el aceite hace el 50%
de descuento, porque es susceptible de adulteración; en el trigo, sólo el 20%,
porque como mercancía sólida no es
falsificable.
El administrador, en ambos casos, actúa rebajando considerablemente las
cantidades que aparecen en los contratos firmados por los
deudores.
Y ¿qué pretende, en
realidad, este administrador? Sencillamente que los acreedores lo reciban en su
casa cuando el amo lo despida. Pretensión, por lo demás, poco verosímil en el
contexto de la época, pues en la vida de aldea, una vez destituido el
administrador, es poco probable que alguien -oponiéndose al señor- lo acogiese
en su casa. Por eso, tal vez lo que pretendía era que se demorase su
destitución, que se retirase la calumnia levantada contra él, pudiendo continuar
en su cargo a cambio del favor recibido.
En todo caso, debe quedar claro que lo que el administrador hace no es un
fraude a su señor. Según los usos de la época, renuncia a la propia comisión.
Cuando se hacía el contrato, se solía incluir la deuda más los intereses; el
administrador debía devolver la deuda a su amo, pero se quedaba con los
intereses o comisión; estos intereses estaban reflejados en el contrato; de ser
esto así, no choca que el señor, al ver el comportamiento del administrador, lo
alabe.
8aEl señor elogió a aquel administrador de lo injusto por la
sagacidad con que había procedido,
8bpues los que pertenecen a este mundo son más sagaces con su
gente que los que pertenecen a la luz.
Algunos han titulado esta parábola como “parábola del administrador
injusto” (o infiel) debido al desconocimiento de las leyes de la época; pero el administrador, como hemos visto,
no es injusto, sino sagaz, porque se garantiza el futuro, renunciando a su
comisión, esto es, al dinero que, como administrador, le pertenecía. Esta mala
interpretación de la parábola se debe a una inadecuada traducción de la
expresión griega oikonomos tês
adikías por “administrador injusto” en lugar de por “administrador de
injusticia o de lo injusto”.
Y
¿qué es “lo injusto” que este administrador administra? Lo injusto es el dinero,
como se dice a continuación.
9Ahora os dijo yo: Haceos amigos con el injusto
dinero para
que, cuando se acabe, os reciban en las moradas definitivas.
La
expresión administrador de lo injusto (en griego, oikonomos tês
adikias) está en paralelo con la expresión dinero injusto (en
griego, mamonâs tês
adikias). El dinero es calificado como “injusto” únicamente aquí en el
evangelio, porque o procede de injusticia o lleva a ella. Un santo Padre decía:
“el que es rico o es ladrón o hijo de ladrón”.
En
síntesis, el administrador que derrochaba los bienes de su amo (16,1) y a quien
el señor le va a quitar el empleo por ello (16,2-3), no defrauda a su amo
rebajando notoriamente la cantidad que le debían en especie cada uno de sus
deudores, sino que, ante la imposibilidad de ganarse la vida cavando o
mendigando, opta por hacer un último y sonado "derroche", ahora en beneficio
propio, renunciando a la comisión que le correspondía. Así espera que los
acreedores de su amo, muy agradecidos por su generosidad, lo reciban en su casa
(16,4) una vez que el dueño lo haya despedido.
Todo
dinero es injusto, dice Lucas. Ahora bien: si uno lo usa para "ganarse amigos",
hace una buena inversión no en términos bursátiles, ni bancarios, sino en
términos cristianos y humanos. Esta es la conclusión que saca el propio Jesús,
después de que el amo alabase la conducta de su administrador: Haceos amigos con el
injusto dinero, designado con el término arameo mammôn,
personificación de la riqueza. El injusto dinero, como encarnación de la escala
de valores de la sociedad civil, sirve de piedra de toque para ensayar la
disponibilidad del discípulo para poner al servicio de los demás lo que de
hecho no es suyo, sino que se lo ha apropiado en detrimento de los desposeídos y
marginados.
10Quien es de fiar en lo de nada, también es de fiar en lo
importante; quien no es honrado en lo de nada, tampoco es honrado en lo
importante. 11Por eso, si no habéis sido de fiar
con el injusto dinero, ¿quién os va a confiar lo que vale de veras? 12Si no habéis sido de fiar en lo ajeno, lo vuestro,
¿quién os lo va a entregar?
El
injusto dinero es calificado aquí "lo de nada" y "lo ajeno". “Lo ajeno”, el
dinero, se opone a "lo que vale de veras, lo importante, lo vuestro”. Y “lo que vale de
veras, lo importante, lo vuestro”, no es el don del dinero, sino el don del
Espíritu de Dios que comunica vida a los suyos (“cuánto más el Padre del cielo dará Espíritu
Santo a los que se lo piden”. cf. Lc 11,13:); aunque, para recibir el Espíritu
(que es comunicación de la vida de Dios que potencia al hombre) se requiere el
desprendimiento
y la generosidad hacia los demás (11,34-36).
13Ningún criado puede estar al servicio de dos amos:
porque o aborrecerá a uno y querrá al otro, o bien se apegará a uno y
despreciará al otro. No podéis servir a Dios y al dinero. La parábola
termina con estas frases lapidarias, cuyo sentido es obvio: “Ningún criado puede
estar al servicio de dos amos: porque o aborrecerá a uno y querrá al otro, o
bien se apegará a uno y despreciará al otro. No podéis servir a Dios y al
dinero”. O Dios o el dinero. La piedra de toque de nuestro amor a Dios es la
renuncia al dinero. El amor al dinero es una idolatría. Hay que optar entre los
dos señores: no hay término medio. El campo de entrenamiento de esta opción es
el mundo, la sociedad, donde los discípulos de Jesús tienen que renunciar a su
dinero y compartirlo con los que no lo tienen, con los oprimidos y desposeídos,
los desheredados de la tierra.
El
afán de dinero es la frontera que divide el mundo en dos; es la barrera que nos
separa de los otros y hace que el mundo esté organizado en clases antagónicas:
ricos y pobres, opresores y oprimidos; el ansia de dinero es el enemigo número
uno que imposibilita que el mundo sea una familia unida donde todos se sienten a
comer en el banquete de la vida.
Alguien pensará que esta explicación de la parábola es un tanto
rebuscada, que hay un dinero que es justo y otro que es injusto. Pero no. La
cosa es bastante clara: El Dios de Jesús es incompatible con el dios-dinero.
Jesús invita a renunciar al segundo, como prueba de adhesión al primero.
Así de tajante. Así de
radical. Así de exigente. Así de claro.
|
II. LA
PARABOLA DEL RICO Y LAZARO Lc
16,14-31 |
Texto
16,14Oyeron todo esto los fariseos, que son amigos del
dinero, y se burlaban de él. 15Jesús les
dijo:
-Vosotros sois los
que os las dais de intachables ante la gente, pero Dios os conoce por dentro, y
ese encumbrarse entre los hombres le repugna a Dios.
16La Ley
y los Profetas llegaron hasta Juan; desde entonces se anuncia el reinado de
Dios, y todo el mundo usa la violencia contra él; 17pero es más fácil que pasen el cielo y la tierra que
no que caiga un acento de la Ley. 18Todo el que
repudia a su mujer y se casa con otra, comete adulterio; y el que se casa
con una repudiada comete adulterio.
19Había
un hombre rico que se vestía de púrpura y lino, y banqueteaba todos los días
espléndidamente. 20Un pobre llamado Lázaro estaba
echado en el portal, cubierto de llagas; 21habría
querido llenarse el estómago con lo que caía de la mesa del rico; por el
contrario, incluso se le acercaban los perros para lamerle las llagas. 22Se murió el pobre y los ángeles lo reclinaron a la
mesa al lado de Abrahán. Se murió también el rico, y lo enterraron. 23Estando en el lugar de los muertos, en medio de
tormentos, levantó los ojos, vio de lejos a Abrahán con Lázaro echado a su lado
24y lo llamó:
-Padre Abrahán, ten
piedad de mi; manda a Lázaro que moje en agua la punta de un dedo y me refresque
la lengua, que padezco mucho en estas llamas.
25Pero
Abrahán le contestó:
-Hijo, recuerda que
en vida te tocó a ti lo bueno y a Lázaro lo malo; por eso ahora éste encuentra
consuelo y tú padeces. 26Además, entre nosotros y
vosotros se abre una sima inmensa, así que, aunque quiera, nadie puede cruzar de
aquí hasta vosotros ni pasar de ahí hasta nosotros.
27El
rico insistió:
-Entonces, padre,
por favor, manda a Lázaro a casa de mi padre, 28porque tengo cinco hermanos: que los prevenga,
no sea que acaben también ellos en este lugar de tormento.
29Abrahán le contestó:
-Tienen a Moisés y a
los Profetas, que los escuchen.
30El
rico volvió a insistir:
-No, no, padre
Abrahán, pero si uno que ha muerto fuera a verlos, se enmendarían.
31Abrahán le replicó:
-Si no escuchan a
Moisés y a los Profetas, no se dejarán convencer ni aunque uno resucite de
la muerte.
Comentario
La
parábola del rico y Lázaro se divide en dos partes:
-en
la primera se cuenta la situación del rico y de Lázaro antes de la muerte y el
cambio de fortuna de ambos en el más allá (Lc 16,14-26)
-y
en la segunda se habla de la suficiencia de la Torá (Moisés y los Profetas) para
comunicar la voluntad o designio de Dios sin necesidad de otros signos
aparatosos que nos lleven a dar crédito a la palabra de Dios.
Nuestra interpretación de la parábola será unitaria mostrando la estrecha
relación que existe entre ambas partes, de modo que la primera es utilizada para
invitar a los ricos a cambiar su modo de relacionarse en vida con los pobres y
eviten de este modo ir a parar al lugar al que fue el rico. La parábola va
dirigida, por tanto, a los cinco hermanos del rico, que todavía viven y deben
poner en práctica las Escrituras.
Esta
parábola se encuentra solamente en el evangelio de Lucas (16,19-31), aunque
algunos comentaristas han hecho ver la relación con otros relatos extraídos del
mundo rabínico (como la parábola de Bar Maayan), egipcio (la historia de Setme y Si-Osiris) o
griego (cf. Luciano, Diálogos de Gallus y Cataplus, tema del cambio de
fortuna del rico y el pobre (historia del zapatero Micillus y el rico tirano
Megapentes), o casos de vuelta del mundo de ultratumbra narrados por Platón o
Plutarco, entre otros.
Comparada la parábola con estos paralelos, llegamos a las
siguientes conclusiones:
a)
mientras que los paralelos se fijan en los distintos tipos de enterramiento, la
parábola se centra en la injusticia de la desigualdad humana;
b) mientras en los otros paralelos alguien vuelve a avisar,
en la parábola llama la atención el rechazo de la súplica del rico por parte de
Abrahán haciendo poner la mirada no en la espera de una revelación que venga del
más allá, sino en la inexcusable injusticia de la coexistencia del rico y del
pobre.
La
parábola fue pronunciada por Jesús como una advertencia dirigida a los
hermanos del rico que viven con toda clase de lujo, olvidándose del próximo
juicio de Dios.
La
primera parte se divide, a su vez, en dos también: 16:19-23 es una narración en
estilo indirecto; la segunda, 16,24-26 es un diálogo entre el rico y Abrahán.
Primera parte
La
estructura general de la primera parte es la siguiente:
A (v. 19) El rico goza de todos los bienes en abundancia
B
(vv.20-21) Lázaro, desde su miseria lo mira expectante
C
(v.22a) Lázaro muere y se lo llevan los ángeles
C’
(v. 22b) Muere el rico y es enterrado.
B'
(v.23a) El rico, desde su desgracia, lo mira expectante.
A' (v. 23b) Lázaro goza de todos los consuelos en el seno de
Abrahán)
(cf.
John W. Sider, Interpretar las parábolas. Guía hermenéutica de su
significado, San Pablo, Madrid 1997, p. 110).
La
primera parte tiene tres secciones:
1ª:
vv.19-20: se presentan los personajes.
2ª:
v. 22a: muerte del pobre .
3ª:
22b-23: muerte del rico.
La presentación de los personajes se hace en paralelo:
A Había un hombre rico
B Un pobre llamado Lázaro
A que se vestía de púrpura y lino
B estaba echado en el portal,
cubierto de llagas
A y banqueteaba todos los días espléndidamente
B había querido llenarse el
estómago con lo que caía de la mesa del rico
La segunda sección de la primera parte es un diálogo
cuidadosamente construido en dos bloques:
la
súplica del rico a Abrahán: Padre Abrahán
la respuesta de
Abrahán al rico: y Abrahán dijo: hijo
El
comienzo de estos dos diálogos es quiástico y expresa claramente la relación: de
padre a hijo.
La
intervención del rico comienza con dos imperativos, seguidos de dos subjuntivos:
“ten piedad de mi; manda a Lázaro que moje en agua la punta de un dedo y me
refresque la lengua”.
La
respuesta de Abrahán está formada por dos cláusulas compuestas de modo
quiástico:
A en
vida te tocó a tí lo bueno
B
y a Lázaro lo malo
B
por eso éste encuentra consuelo
A y
tú padeces
Pero no solamente se invierten los destinos de cada uno,
también en vida el rico aparece primero y Lázaro después; luego, muere primero
el pobre y, a continuación, el rico:
A
Rico
B
Lázaro
B
Lázaro
A
Rico
Lázaro es un sujeto pasivo: no habla ni hace nada en la
parábola.
Segunda parte
La
segunda parte de la parábola recoge la insistencia del rico para que envíe a
Lázaro a casa de su padre
La
estructura es paralela:
A Entonces, padre, por favor, manda a Lázaro a casa de mi
padre porque tengo cinco hermanos
B Tienen a Moisés y a
los Profetsa
A
No, no, Padre Abrahán, pero si uno que ha muerto fuera a verlos
B Si no escuchan a
Moisés y a los profetas no se dejarían convencer ni aunque uno resucite de la
muerte.
El
cambio de suerte
del rico y Lázaro en el más allá se presentan mediante contrastes
extremos:
|
El rico en este mundo |
El pobre en este mundo |
El pobre post mortem |
El rico post mortem |
|
v.19: habían un hombre rico que vestía de púrpura y
lino y banqueteaba todos los días espléndidamente |
vv.20-21: Un pobre llamado Lázaro estaba echado en el
portal, cubierto de llagas; habría querido llenarse el estómago con lo que
caía de la mesa del rico; por el contrario, incuso se le acercaban los
perros para lamerle las llagas |
v. 22a Se murió el pobre y los ángeles lo reclinaron a
la mesa al lado de Abrahán. |