El Jesús Histórico. Nota bibliográfico-temática
Xabier
Pikaza
1. Las
tres fases del estudio histórico de Jesús en el siglo XX
La
investigación sobre la vida de Jesús constituye un acontecimiento cultural y
religioso muy significativos del siglo XX y nos permite conocerle con mayor
hondura. Se puede disentir después en la interpretación, en plano cultural y
religioso (si fue un hombre creador, si era divino, si resucitó en plano
biológico...); pero todos los que estudian con seriedad la historia pueden saber
y saben muchas cosas importantes de su vida, como muestra las tres fase de su
despliegue:
– La primera
está vinculada a la obra A. Schweitzer (Investigación sobre la vida de
Jesús, texto alemán de 1906; traducción de la 1ª Parte en San Jerónimo,
Valencia 1990), donde demostraba que los grandes "científicos" del siglo
XIX habían proyectado sobre Jesús sus presupuestos culturales, sociales y religiosos,
ignorando el carácter apocalíptico y anti-cultural de su mensaje. Por eso, muchos
exegetas profesionales (sobre todo protestantes, como R. Bultmann), en toda
la primera mitad del siglo XX, renunciaron a escribir la historia de Jesús:
pensaban que sólo se podía hablar del Cristo de la fe, recreado cristianos[i].
– La
segunda se inicia a mediados del XX con un trabajo de E.
Käsemann (El problema del Jesús histórico, original de 1953,
traducido en Ensayos Exegéticos, Sígueme, Salamanca 1978, 159-190.), que
mostraba la necesidad teológica y la posibilidad histórica de volver con
imparcialidad a los hechos de la vida y mensaje de Jesús. Se
escribieron así nuevas obras, de tipo más histórico (cf. G. Bornkamm, Jesús
de Nazaret, Sígueme, Salamanca 1975, original de 1956) y existencial
(cf. H. Braun, Jesús, el hombre de Nazaret y su tiempo, Sígueme,
Salamanca 1975, original de 1969) o en clave más judía (cf. G. Vermes,
Jesús, el judío, Muchnik, Barcelona 1977, original de 1973; cf.
Id., La religión de Jesús, el judío, Anaya, Madrid 1995).
– La tercera
surgió a partir de los años setenta, se consolidó pasados los ochenta y
sigue viva todavía, estando protagonizada especialmente por autores norteamericanos.
Los descubrimientos del entorno judío, los textos de F. Josefo y del rabinismo
antiguo, los nuevos métodos literarios y el estudio más preciso de la historia
y la antropología cultural permiten situar y entender mejor la vida de Jesús,
suscitando un consenso básico, como han mostrado R. Aguirre, Aproximación
actual al Jesús histórico, Cuadernos de Deusto, Bilbao 1996; M. Borg,
Jesus in Contemporary Scholarship, Trinity, Valley
Forge PENN 1994 y B. Witherington, Jesus Quest. The Third
search for the Jew of Nazaret, Paternoster,
Carlisle 1995[ii].
En contra de
lo que se viene diciendo en círculos de racionalismo anticuado o espiritualismo
contrario al rigor de la historia, la vida de Jesús resulta actualmente
accesible y bastante bien conocida, como muestran las cinco obras
siguientes:
– E. P.
Sanders, Jesús y el judaísmo, Trotta, Madrid 2002 (original
de 1985; resumen en La figura histórica de Jesús, Verbo Divino, Estella
2001). Le presenta como profeta escatológico, testigo de la gratuidad de Dios y
mensajero de un Reino que se abre por Israel (los 12) a todas las
naciones.
– J. D.
Crossan, Jesús. Vida de un campesino judío, Crítica, Barcelona 1994
(original de 1991; resumen en Jesús: biografía revolucionaria, Grijalbo,
Barcelona 1996. Le presenta a Jesús como sabio y carismático ambulante, amigo de
la mesa compartida, testigo de la gratuidad divina.
– J.
P. Meier, Un judío marginal. Nueva visión del Jesús histórico I-IV,
Verbo Divino, Estella 1998 ss (original de 1991 ss). Obra monumental, que
reelabora toda la investigación sobre el tema y muestra a Jesús como
pretendiente mesiánico, maestro sabio y carismático asesinado.
– R.
E. Brown, La muerte del Mesías I-II, Verbo Divino, Estella
2002 (original de 1994 ss; cf.. Introducción a la Cristología del Nuevo
Testamento, Sígueme, Salamanca 2001). Recoge y evalúa los temas de
conflicto de Jesús con su entorno, para valorar su muerte desde su acción y
mensaje.
– G.
Theissen y A. Merz, El Jesús histórico, Sígueme, Salamanca
1999 (original de 1996). Ofrece el mejor estudio de conjunto, de tipo escolar
pero enciclopédico, sobre el marco social del mensaje y vida de Jesús, profeta y
carismático, maestro y poeta.
Estas obras
(la primera y última de autores protestantes, las centrales de católicos)
ofrecen un buen punto de partida histórico-crítico para el estudio de Jesús.
Ninguna es apologética, en sentido ordinario; todas ofrecen una visión de
conjunto serena y, en el fondo, emocionante de la novedad de Jesús. Al lado de
ellas podemos citar otras también muy significativas:
– J. D. G.
Dunn, Jesús y el Espíritu Santo, Sec. Trinitario, Salamanca 1975;
La llamada de Jesús histórico, Sal Térrea, Santander 1992,
acentúa los aspectos carismáticos de Jesús y de la iglesia.
– J.
Gnilka, Jesús de Nazaret. Historia y mensaje, Herder, Barcelona 1993, se
sitúa en la línea de la crítica histórico-literaria de la tradición alemana;
texto muy asentado, quizá demasiado aséptico.
– E.
Schüssler Fiorenza, Cristología feminista crítica, Trotta, Madrid 2001;
Id. En Memoria de Ella, Desclée, Bilbao 1989, estudia a Jesús en
vertiente feminista, iniciando una visión esperanzada de su vida.
– N. T.
Wright, The NT and the Victory of the People of God I, SPCK, London
1992; Id., Jesus and the victory of God II, SPCK, London 1996, ofece
una visión enciclopédica ejemplar sobre Jesús y su iglesia[iii].
2. Acuerdo
básico, temas discutidos.
Se ha logrado un acuerdo básico sobre la historia de Jesús. Desde ese fondo
evocamos ocho temas de discusión que enmarcan y definen su aportación para
nuestro tiempo.
1. Profeta
escatológico, mensajero de gracia. En contra de
los sacerdotes, los profetas escatológicos no sacralizan lo que existe, ni
rechazan en principio toda ley social, pero sitúan sobre ella la acción
inminente de Dios, vinculada al despliegue y salvación del hombre. Así ha
presentado a Jesús. Sanders (y de algún modo Gnilka, Meier,
Theissen-Merz y Wright), situándole en el judaísmo de su tiempo: fracasó
externamente su proyecto; murió en la cruz, pero sus discípulos afirman haberle
visto vivo tras su muerte en experiencia pascual que recrea su vida y mensaje.
Esta visión profética nos permite dialogar con judaísmo e islam.
2. Sabio en
el mundo, experto en humanidad. Autores como
Crosssan (con Borg y Schüssler Fiorenza y los participantes de
famoso Jesus Seminar, de USA, entre ellos Mack), apoyándose en el
llamado texto Q (inserto en Mt y Lc) y en el Evangelio Tomás (descubierto en
Egipto), devalúan el aspecto profético-apocalíptico de Jesús, para presentarle
como sabio "cínico", diestro en formular paradojas y experiencias
contraculturales, como filósofo de la vida, más griego que judío, autor de
sentencias luminosas sobre la banalidad del mundo. Más que una redención
mesiánica, buscó el despliegue interior y no violento de los hombres, de manera
que su gesto nos permite dialogar con los sabios del tao o del budismo.
3. Poderoso
en obras: sanador y/o carismático. En el centro
de la vida de Jesús siguen estando sus "milagros", entendidos como un compromiso
radical a favor de la vida y libertad de los hombres. Los milagros, antaño rechazaos
por racionalistas de diverso tipo, aparecen ahora, de un modo mucho más neutral
e histórico, como expresión de la entrega y libertad creadora de Jesús, a favor
de los hombres. Su interpretación varía, pero ello se encuentran en el fondo
de toda la investigación actual sobre Jesús[iv].
4. Hombre
de mesa común. Pan compartido. Jesús ha
situado en el centro de su movimiento el signo de la mesa compartida, como muestran
los relatos de las multiplicaciones y los textos de comidas con pecadores y
excluidos sociales Así supera los tabúes y leyes de una economía que distingue
a limpios (judíos buenos) y manchados, varones y mujeres, ricos y pobres. Sobre
dogmas y normas sacrales ha colocado Jesús el signo y realidad de la mesa compartida,
como destacan de formas complementarias Crosssan y Meier[v].
5. Creador
de familia: discipulado y comunión. El judaísmo
era religión de hermandad social, vinculada a la estructura sagrada del
propio grupo, fundado en vínculos jerárquicos de ley económica y social, de
tipo patriarcal. En contra de eso, Jesús vino a presentarse como creador
de humanidad, de un "grupo" o comunión en el que todos los humanos (varones
y mujeres, padres e hijos, sacerdotes y laicos, letrados e iletrados, libres
y esclavos...) pueden encontrarse en amor, salud y vida compartida. Sin
esta fuerte ruptura o crisis familiar no se entiende su evangelio.
Como signo de nueva humanidad, abierta de manera escatológica desde Israel
a todos los humanos, sin distinciones ni jerarquías sociales, Jesús escogió
Doce discípulos[vi].
6. Hombre
conflictivo. El desafío de la gracia. Se ha dicho
que los judíos eran duros, defensores de un Dios impositivo, faltos de
misericordia (y que por eso condenaron a Jesús); Jesús, en cambio,
sería blando y misericordioso, testigo y defensor de un Dios de amor. Esta
visión resulta históricamente equivocada y cristianamente falsa: los judíos
de aquel tiempo no eran legalistas, sino partidarios del perdón, pero en línea
de nomismo pactual, exigiendo así el cumplimiento de una ley que distingue
a limpios y manchados. En contra de eso, Jesús ofreció a todos la gracia
escatológica, haciendo inútil la ley de purezas y pecados. Así vino a mostrarse
como un hombre peligroso, pues supera el signo del pecado, como ofensa contra
Dios, y rompe el orden de la buena sociedad sacral judía (y de gran parte de
la iglesia cristiana posterior)[vii].
7. Asesinato
en Jerusalén. Muerte de Jesús Algunos
autores citados (cf. Crosssan, Mack y Schüssler Fiorenza), piensan
que Jesús no quiso actuar como mesías ni renovador político, sino sólo como
sabio y carismático; pero entonces les resulta difícil explicar el rechazo de
la autoridad romana y la condena de Jesús. Aquí se centra gran parte de
la discusión actual sobre el tema. Resulta, sin duda, problemática la participación
del Sanedrín judío, pero es claro que la oligarquía sacerdotal de Jerusalén
participó de algún modo en su muerte; y más claro aún que el procurador romano
le tomó por pretendiente mesiánico, como supone el titulo (¡rey de los judíos!:
Mc 15, 26) y la forma del suplicio (crucifixión)[viii].
8. Dios le
ha resucitado. Pascua cristiana. Jesús fue
condenado, pero tras un tiempo, a pesar (quizá en razón) de su condena, sus
discípulos siguieron anunciando su mensaje, no sólo en Galilea, sino en
la misma Jerusalén, donde algunos se establecieron de manera fija, aguardar
su vuelta o manifestación, como mesías escatológico. Este cambio se debe al
hecho de que algunos (quizá en principio todos) tuvieron una experiencia nueva,
que interpretaron de forma escatológica, como expresión de que Dios resucitó
a Jesús, de modo que vendrá (volverá) pronto a culminar la historia humana.
Resulta difícil saber lo que ha pasado físicamente con su cadáver. Muchos historiadores
piensan que no se puede hablar históricamente de entierro de Jesús en
una tumba de roca, ni de una desaparición de su cadáver. Por alguna razón que
ignoramos (fue arrojado a una fosa común o a un lugar desconocido) el cadáver
de Jesús desapareció, pero sus discípulos tomaron su ausencia como signo pascual,
expresión de la verdad y triunfo del crucificado[ix].
Estos son
algunos datos de la investigación sobre la historia de Jesús. Muchas cosas se
siguen discutiendo, pero son bastantes las que conocemos y ellas nos ofrecen una
idea básica de la vida y obra de Jesús, de lo que quiso y enseñó, de la forma en
que murió y de lo que sigue suponiendo para muchos y de un modo especial para
los creyentes. Debo añadir que la mayoría de los exegetas e historiadores ya no
creen (no creemos), en milagros de tipo material, que antes solían emplearse
para fundar "mejor" la fe: no creemos que Jesús naciera biológicamente de una
virgen, rompiendo las leyes del proceso de la vida; ni que su cadáver
desapareciera físicamente de un sepulcro cerrado, rompiendo o abriendo su losa.
En un nivel externo, nació como nacemos todos y murió como morimos y nos
deshacemos los mortales. Pero el testimonio de su entrega y gracia personal nos
sigue abriendo a un milagro más alto: su vida y mensaje es presencia de Dios (ha
nacido por obra del Espíritu divino), su entrega y muerte es resurrección,
regalo de ese mismo Dios para aquellos que quieran acogerle, asumiendo y
cultivando su experiencia de gratuidad y amor (de comunión universal) sobre la
tierra. Los datos de la historia no prueban la fe, ni pueden imponerla; pero nos
permiten abrirnos poderosamente a ella. De esa forma, la nueva exégesis, más
sobria y realista que la antigua, menos dada a los milagros sacrales que rompen
el orden de la naturaleza, puede ser portadora y signo de una fe más honda. Aquí
quedamos, para decir más deberíamos pasar del Jesús de la historia a la
experiencia y teología del Cristo de la fe.
Notas
[i]
He presentado la visión de R. Bultmann y su entorno en "Prólogo" a Historia
de la Tradición Sinóptica, Sígueme, Salamanca 2000, 10-54. Manteniendo una
actitud pre-crítica, muchos autores católicos (como Lagrange, Fillion o Ricciotti)
siguieron escribiendo hermosas Vidas de Jesús, publicadas en Edibesa,
Madrid, 1999-2000.
[ii]
He dedicado al tema dos obras monográficas: El Evangelio. Vida y pascua de
Jesús, BEB 70, Salamanca 1990 y Este es el hombre. Ensayo de cristología
bíblica, Sec. Trinitario, Salamanca 1997.
[iii]
En esta línea se pueden citar otros autores. El español más significativo es
quizá J. J.
Bartolomé, El evangelio y Jesús de Nazaret, CCS, Madrid 1995.
Algunos
destacan la ruptura social de Jesús: R. A. Horsley, Jesus and the Spiral
of Violence, Harper, San Francisco 1987; R. D. Kaylor, Jesus the Prophet:
His vision on the Kingdom on Earth, Knox, Louisville KY 1994. Otros acentúan
su aspecto sapiencial y carismático: B. Mack, El Evangelio perdido.
El documento Q., M. Roca, Barcelona 1994; M. Smith, Jesús el mago,
M. Roca, Barcelona 1988; B. Witherington, Jesus the Sage. The Pilgrimage
of Wisdom, Fortress, Minneapolis 1994. Insisten en la bese histórica:
M. Hengel, Seguimiento y carisma. La radicalidad de la llamada de Jesus,
Sal Terrae, Santander 1981; H. Schürmann, ¿Cómo entendió y vivió
Jesús su muerte?, Sígueme, Salamanca 1982; E. Schweizer, Jesús,
parábola de Dios ¿Qué sabemos realmente sobre la vida de Jesús?, Sígueme,
Salamanca 2001. Sobre el despliegue eclesial de Jesús, cf. M. Karrer, Jesucristo
en el Nuevo Testamento, Sígueme, Salamanca 2002; L. Schenke, La
comunidad primitiva, Sígueme, Salamanca 1098 y F. Vouga, Los
primeros pasos del cristianismo, Verbo Divino,
Estella 2001.
[iv]
Smith entiende a Jesús como galileo paganizado, buen exorcista, que se creyó
hijo de Dios por su capacidad de hacer milagros; confiado en sus poderes, subió
a Jerusalén, siendo condenado por las autoridades. Desde una perspectiva judía,
Vermes (con otros como J. Klausner a J. Neusner) le toma como judío ingenuo,
más amigo de libertad que de orden, de emoción que de ley, como un hombre peligroso
para el "eterno judaísmo". Borg destaca el carácter liberador de
los "milagros": por encima de la ley nacional y/o la pureza del sistema
socio-religioso que tienden a imponerse y expulsar a los distintos y peligrosos,
Jesús ofreció su solidaridad y promesa de reino para todos. En esa línea se
sitúa Theissen con autores clásicos como E. Schillebeeckx, Jesús. La
historia de un viviente, Cristiandad, Madrid 1981.
[v] Cf. R. Aguirre,
La mesa compartida. Estudios del NT desde las ciencias sociales,
Sal Terrae, Santander 1994; B. Malina, El mundo del NT. Perspectivas
desde la antropología cultural, EVD, Estella 1995; E. Tourón del P., Comer
con Jesús. Su significación escatológica y eucarística I-II, RET 55 (1995)
285-329; 429-486.
[vi]
La iglesia posterior tuvo dificultad en mantener la función de los Doce, que
aparecen como fracasados (Mc) o sustituidos por los apóstoles (Pablo). En esta
línea, además de trabajos de Hengel, Meier, Sanders y Wright, ya citadas,
cf. R. Aguirre, Del movimiento de Jesús a la iglesia cristiana,
EVD, Estella 1998; S. C. Barton, Discipleship and family ties in Mark
and Matthew, Cambrige UP 1994; G. Theissen, Estudios de sociología del
cristianismo primitivo, Sígueme, Salamanca 1985; S. Guijarro, Fidelidades
en conflicto, Pontificia, Salamanca 1998
[vii]
Algunos judíos modernos (cf. J. Klausner, Jesús de Nazaret, Paidos,
Buenos Aires 1971) afirman que Jesús ha sido el mejor israelita (ha llevado
hasta su límite principios de gracia escatológica que son patrimonio espiritual
de su tradición), pero, al mismo tiempo, le juzgan peligroso, pues niega la
diferencia entre el justo y el pecador, el limpio y el manchado. No ha sido
profeta de conversión y ley, sino de comunión mesiánica abierta
a los que, conforme a las normas judías eran pecadores, como afirman Crosssan
y Meier, Sanders y Schüssler Fiorenza).
[viii]
Resulta significativo el hecho de que los romanos no persiguieran a sus discípulos
(en contra de lo que harán con de otros pretendientes mesiánicos, como Teudas
y el Egipcio); debió parecerles que bastaría con matar a Jesús, para eliminar
su riesgo. Procurador romano y sacerdotes de Jerusalén debieron actuar de común
acuerdo, como suponen, de formas convergentes, Meier, Sanders y Theissen y,
sobre todo, Brown.
[ix]
En el fondo de la pascua hay una simbolización creyente: los cristianos
habrían llegado a la certeza de la resurrección a través de una experiencia
en la que Jesús se les manifestó internamente como vivo mientras le lloraban
(mujeres) o reelaboraban el sentido de su vida (Pedro, los Doce). Así
lo ha destacado Crosssan (en su libro sobre Jesús y en The Birth of
Christianity, Harper, San Francisco 1999) y G. Lüdemann (La Resurrección
de Jesús, Trotta, Madrid 2001). Esa fue, sin duda, una experiencia
desencadenante: algunos discípulos de Jesús le "vieron" vivo tras su muerte,
como sabe Pablo (cf. 1 Cor 15, 3 ss). No es fácil fijar hoy los lugares, personas
y datos más antiguos de la experiencia pascual de Jesús en Galilea y/o
Jerusalén, de Magdalena y Pedro etc; pero resulta indudable que, por revelación
de Dios y/o por imaginación humana, algunos le vieron tras su muerte, recreando
su mensaje. En esa línea se sitúa una mayoría de autores, desde Sanders a Meier..
La certeza pascual del encuentro con Jesús tras la muerte se ha expresado
sobre todo en forma de visiones (cf. ôphthê: fue visto, 1 Cor
15, 5-7, con Mc 16, 7 par; Lc 24, 34 etc) y la fe cristiana añade que al fondo
de ellas se expresa la revelación definitiva de Dios. Además de libros
ya citados, cf.: U. Wilckens, La resurrección de Jesús,
Sígueme, Salamanca 1981; E. Boismard, ¿Es necesario aún hablar
de resurrección?, DDB, Bilbao 1996; X. Léon-Dufour, Resurrección de Jesús
y mensaje pascual, Sígueme, Salamanca 1973; X. Marxsen, La resurrección
de Jesús como problema histórico y teológico, Sígueme, Salamanca 1979;
M. Navarro, Ungido para la vida. Exégesis narrativa de Mc 14, 3-9 y
Jn 12, 1-8; Verbo Divino, Estella 1999.
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