Sábado 2 de marzo de 2002

Simplicio

 

COMENTARIOS

  1. Josep Rius-Camps, El Éxodo del Hombre libre. Catequesis sobre el Evangelio de Lucas, Ediciones El Almendro, Córdoba 1991
  2. Diario Bíblico. Cicla (Confederación Internacional Claretiana de Latinoamérica), distribuido en España por Ediciones El almendro, Córdoba


EVANGELIO
Lucas 15, 1-3. 11-32
(trad. Juan Mateos, Nuevo Testamento, Ediciones Cristiandad 2ª Ed., Madrid, 1987)

15 1Todos los recaudadores y descreídos se le iban acer­cando para escucharlo; 2por eso tanto los fariseos como los letrados lo criticaban diciendo:

-Éste acoge a los descreídos y come con ellos.

3Entonces les propuso Jesús esta parábola:

 

-11Un hombre tenía dos hijos; 12El menor le dijo a su padre:

-Padre, dame la parte de la fortuna que me toca.

El padre les repartió los bienes. 13A los pocos días, el hijo menor, juntando todo lo suyo, emigró a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo como un per­dido.  14Cuando se lo había gastado todo, vino un hambre terrible en aquella tierra, y empezó él a pasar necesidad. 15Fue entonces y buscó amparo en uno de los ciudadanos de aquel país, que lo mandó a sus campos a guardar cerdos. 16Le entraban ganas de llenarse el estómago de las algarrobas que comían los cerdos, pues nadie le daba de comer. 17Recapacitando entonces se dijo:

-Cuántos jornaleros de mi padre tienen pan de sobra, mientras yo aquí me muero de hambre. 18Voy a volver a casa de mi padre y le voy a decir: "Padre, he ofendido a Dios y te he ofendido a ti; 19ya no merezco llamarme hijo tuyo; trátame como a uno de tus jornaleros".

20Entonces se puso en camino para casa de su padre. Cuando aún estaba lejos, lo vio su padre y se conmovió; salió corriendo, se le echó al cuello y lo cubrió de besos.

21El hijo empezó:

-Padre, he ofendido a Dios y te he ofendido a ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo.

22Pero el padre dijo a sus criados:

-Sacad en seguida el mejor traje y vestidlo; ponedle un anillo en el dedo y sandalias en los pies; 23traed el ter­nero cebado, matadlo y celebremos un banquete, 24porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida; estaba perdido y se le ha encontrado.

Y empezaron el banquete.

 

25El hijo mayor estaba en el campo. A la vuelta, cerca ya de la casa, oyó la música y la danza; 26llamó a uno de los mozos y le preguntó qué pasaba. 27Este le contestó:

- Ha vuelto tu hermano, y tu padre ha mandado matar el ternero cebado por haber recobrado a su hijo sano y salvo.

28Él se indignó y se negaba a entrar; su padre salió e intentó persuadirlo, 29pero él replicó a su padre:

-A mí, en tantos años como te sirvo sin saltarme nunca un mandato tuyo, jamás me has dado un cabrito para hacer fiesta con mis amigos; 30en cambio, cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, matas para él el ternero cebado.

31El padre le respondió:

-Hijo, ¡si tú estás siempre conmigo y todo lo mío es tuyo! 32Además, había que hacer fiesta y alegrarse, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha vuelto a vivir, an­daba perdido y se le ha encontrado.

 

 

   COMENTARIO 1


RESPUESTA EN MASA DE LOS MARGINADOS

«¡Quien tenga oídos para oír, que escuche!» (14,35a): así concluía el primer cuadro, una invitación a aceptar sin condicio­nes el magisterio de Jesús. En el segundo cuadro (15,1-32) se constata la reacción del auditorio: «Se le iban acercando todos los recaudadores y descreídos para escucharlo; por eso tanto los fariseos como los letrados se pusieron a murmurar diciendo: "Este acoge a los descreídos y come con ellos"» (15,1-2). Los proscritos por la sociedad teocrática, atraídos por los plantea­mientos radicales de Jesús, reaccionan en masa y aceptan sus condiciones. Son los que han hecho ya la experiencia de la mar­ginación..., insatisfechos por la vida que llevaban dentro de aque­lla sociedad religiosa. Jesús habla un lenguaje distinto y, sobre todo, muestra hacia ellos una actitud abierta, compartiendo su situación. La flor y nata de la religiosidad judía reacciona hacien­do aspavientos, porque «acoge a los descreídos», rompiendo con el apartheid religioso, y «come» con ellos, sin importarle su men­talidad arreligiosa. «Comer» comporta participar de una misma manera de pensar, crea comunidad.

 

TRIPTICO PARABOLICO: LA GRAN FIESTA DE LOS CRISTIANOS

Como toda respuesta, Jesús les propone una parábola, prece­dida de dos analogías. Lucas no dejará constancia de reacción alguna de la clase dirigente. La reserva para el libro de los He­chos, donde el retorno de los marginados coincidirá con la con­versión de Felipe, Saulo y Pedro, y la «murmuración» irá a cargo de los creyentes de origen judío por la apertura de Pedro a la causa de los paganos (Hch 8,4-11,18).

Entre el enunciado de la parábola (v. 3a) y su exposición (vv. 11-32), Lucas intercala dos analogías en forma de dos pre­guntas retóricas, una basada en el mundo cultural del hombre (vv. 3-7) y la otra en el de la mujer (vv. 8-10).

 

COMO SE APRENDE A HACER FIESTA

La parábola propiamente dicha es la del hijo pródigo. Ahora bien: sin las analogías anteriores se podría entender que el núcleo de la parábola lo constituye la conversión del hijo pródigo. Si eso fuese así, bastaría el encabezamiento: «Un hombre tenía un hijo; éste le dijo a su padre: "Padre, dame la herencia que me corresponde", etc.» La parábola, en cambio, empieza así: «Un hombre tenía dos hijos...» (15,1la). El hijo menor representa a los «recaudadores y descreí­dos», mientras que el hijo mayor personifica a «los fariseos y letrados». El primero es el prototipo de los marginados, de los descreídos, de aquellos que, si se enmiendan, tienen gran capa­cidad de hacer fiesta y de mostrarse agradecidos por el don que han recibido, conscientes de que todos los placeres juntos, que desgraciadamente ya han experimentado y que tanta vaciedad han dejado en ellos, no tienen sentido en comparación con la alegría que sienten en la casa del Padre. El hijo mayor, en cambio, es el prototipo del hombre religioso y observante, quien a pesar de ser hijo se comporta como un sirviente/esclavo en la casa de su padre («Mira: a mí, en tantos años como te sirvo sin saltarme nunca un mandato tuyo...», 15,29), sin que nunca se haya atre­vido a pedirle... lo que era suyo. No ha experimentado jamás confianza alguna, preocupado únicamente por cumplir, obede­cer, observar órdenes y mandatos. No sabe qué significa ser «hijo», y cuando lo descubre en su hermano, «se indigna y se niega a entrar» en la nueva relación afectiva con su padre, en vez de alegrarse y de hacer fiesta por la vida recuperada y redes­cubierta en la persona de su hermano.

 

  COMENTARIO 2 


Es la Parábola del Hijo Pródigo o como mejor se la ha llamado últimamente: "del Padre bondadoso».

En un taller sobre las parábolas, se la clasifica entre las parábolas que nos dicen cómo es el Dios del Reino, que queda aquí muy claramente caracterizado. Jesús, para quien todo viene desde su experiencia, así lo ha sentido, así lo enseña a sus amigos y nos lo repite hoy: es un Dios generoso, paciente, con un amor infinito, cercano, detallista. A fin de cuentas, es el protagonista del relato.

Para nosotros queda la pregunta de rigor: ¿perci­bo a ese Dios-Padre-Abbá como el hijo mayor lo perci­bía, sin esperanza ni alegría? ¿O lo percibo como el hijo menor antes de irse de casa?

También es importante el personaje del hermano mayor, frecuentemente olvidado: personifica a «los buenos», «los de casa»... ¿Somos intransigentes e in­tolerantes como él? La rigidez y el orgullo no lo deja­ron alegrarse por la vuelta de su hermano perdido.

 

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