Lunes 4 de marzo de 2002

Casimiro

 

COMENTARIOS

  1. Josep Rius-Camps, El Éxodo del Hombre libre. Catequesis sobre el Evangelio de Lucas, Ediciones El Almendro, Córdoba 1991
  2. Diario Bíblico. Cicla (Confederación Internacional Claretiana de Latinoamérica), distribuido en España por Ediciones El almendro, Córdoba


EVANGELIO
Lucas 4, 20-30
(trad. Juan Mateos, Nuevo Testamento, Ediciones Cristiandad 2ª Ed., Madrid, 1987)

20Enrolló el volumen, lo devolvió al sacristán y se sentó. Toda la sinagoga tenía los ojos clavados en él, 21y empezó a hablarles:

-Hoy ha quedado cumplido este pasaje ante vosotros que lo habéis escuchado.

22Todos se declaraban en contra extrañados del discurso sobre la gracia que salía de sus labios y decían:

-Pero, ¿no es éste el hijo de José?

23Él les repuso:

-Seguramente me citaréis el proverbio aquel: "Mé­dico, cúrate tú"; todo lo que nos han dicho que ha ocu­rrido en esa Cafarnaún, hazlo también aquí en tu tierra.

24Y añadió:

-Os aseguro que a ningún profeta lo aceptan en su tierra. 25Pero no os quepa duda de que en tiempo de Elías, cuando no llovió en tres años y medio y hubo una gran hambre en toda la región, había muchas viudas en Israel; 26y, sin embargo, a ninguna de ellas enviaron a Elías, pero sí a una viuda de Sarepta en el territorio de Sidón. 27Y en tiempo del profeta Eliseo había muchos leprosos en Israel y, sin embargo, ninguno de ellos quedó limpio, pero sí Naamán el sirio.

28Al oír aquello, todos en la sinagoga se pusieron furiosos  29y, levantándose, lo empujaron fuera de la ciudad y lo condujeron hasta un barranco del monte sobre el que estaba edificada su ciudad, para despeñarlo. 30Pero él se abrió paso entre ellos y emprendió el camino.

 

 

   COMENTARIO 1


Jesús proclama que la profecía se acaba de cumplir en su persona (4,21: «Hoy ha quedado cumplido este pasaje ante vosotros que lo habéis escuchado») y centra su homilía en la inauguración del Año Santo por excelencia, «El año favorable del Señor», pero omite cualquier referencia al desquite / castigo contra el Imperio romano opresor. De ahí que «todos estaban extrañados de que mencionase tan sólo las palabras sobre la gracia» (4,22a).

Los traductores y los comentaristas de Lucas andan de cabeza acerca de la interpretación de la expresión griega lucana, a causa su ambivalencia. En efecto, el verbo «dar testimonio», se puede construir, en griego, de dos maneras, con dativo favorable o desfavorable. Generalmente se interpreta que «todos daban testimonio a su favor», cuando aquí lo que es más propio es el sentido opuesto: «Todos se declaraban en contra, extrañados de que mencionase tan sólo las palabras sobre la gracia.» La frase despectiva con que lo apostrofan a continuación lo confirma:

«Pero ¿no es éste el hijo de José?» (4,22b), el hijo del Pantera, apodo de la familia de Jesús (según antiguos documentos rabíni­cos y cristianos).

Con esta manera de hablar, rehuyendo hacer suyos los ideales político-religiosos del pueblo, obligado a pagar enormes impues­tos de guerra y sometido al vasallaje de las tropas de ocupación, no se parece en nada -dicen- a su padre ni continúa la tradi­ción de los Pantera. El rechazo de que es objeto en su «patria» presagia el rechazo de que será objeto en Israel. Lucas lo anticipa, como anticipa también la futura extensión del programa mesiá­nico de Jesús a todas las naciones paganas: «Os aseguro que a ningún profeta lo aceptan en su tierra» (4,24). Las dos analogías, la de la «viuda de Sarepta» y la de «Naamán el sirio», ambos extranjeros, que les echa en cara (4,25-27; cf. 1Re 1-16 y 2Re 5,1-14), dejan entrever que el alcance de la misión no se circuns­cribirá sólo a Israel.

El fanatismo religioso de sus compatriotas no se contenta con recriminarle su falta de compromiso político: «Mientras oían aquello, todos en la sinagoga se fueron llenando de cólera y, levantándose, lo expulsaron fuera de la ciudad y lo empujaron hasta un barranco del monte sobre el que estaba edificado su pueblo, con la intención de despeñarlo» (4,28-29). De hecho, al final de su vida, lo sacarán «fuera» de la ciudad de Jerusalén y lo ejecutarán como si fuese un zelota más, crucificándolo en medio de dos malhechores, y, para más inri, en la inscripción de la cruz se lo reprocharon de nuevo, echándole en cara, esta vez, que se haya autoconstituido «rey de los judíos», Mesías de Israel. Sea como sea, conseguirán hacerlo callar de momento, porque su mensaje estorba a unos y a otros. Al fin, todos se pondrán de acuerdo contra él. Ya se veía venir... desde el prin­cipio.

Pero Jesús, abriéndose paso entre ellos, emprendió el cami­no» (4,30). Con todo, nunca podrán ahogar su clamor universa­lista: su persona y su mensaje continuarán influyendo en la his­toria, encarnándose en hombres y mujeres que, fieles a su com­promiso, se alejarán de todo sistema de poder e irán creando pequeños oasis de solidaridad y de fraternidad.

 

 

  COMENTARIO 2 


El servicio del profeta a la causa de la liberación se torna difícil por muchos aspectos. La resistencia a creer en el otro (y más si es de mi pueblo o de los míos) es la principal.

Pero es que el profetismo trae, inherente a su ser­vicio, la contradicción y el conflicto. Y lo es porque el profeta está al margen de la institución que trae se­guridad y paz, ambas falsas, y propone una dinámica de cambio: justicia y transformación de situaciones aberrantes y opresoras.

El evangelio que se nos propone hoy está a conti­nuación de la proclamación que Jesús hace de libertad para los oprimidos, luz para los ciegos, buenas nuevas para los pobres y para todo el pueblo, el Año de Gracia: ese año revolucionario de la tierra, las deudas, las opresiones y los yugos, el año que restablecía la igualdad, la libertad, el compartir...

 

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