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Sábado 9 de
marzo de 2002
Francisca Romana |
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COMENTARIOS |
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9Refiriéndose a algunos que estaban plenamente convencidos de estar a bien con Dios y despreciaban a los demás, añadió esta parábola: 10-Dos hombres
subieron al templo a orar. Uno era fariseo, el otro recaudador.
11E1 fariseo se plantó y se puso a orar para sus adentros:
«Dios mío, te doy gracias de no ser como los demás: ladrón, injusto o
adúltero; ni tampoco como ese recaudador. 12Ayuno dos
veces por semana y pago el diezmo de todo lo que gano». 13E1
recaudador, en cambio, se quedó a distancia y no se atrevía ni a
levantar los ojos al cielo; se daba golpes de pecho
diciendo: «¡Dios mío, ten
piedad de este pecador!» 14Os digo que éste bajó a su casa a bien con Dios y aquél no. Porque a todo el que se encumbra, lo abajarán, y al que se abaja, lo encumbrarán. |
LA ORACION DEL RECAUDADOR
SE CORRESPONDE CON LA DE JESUS
Esta escena de Lucas contrapone la oración arrogante del fariseo a la sencilla y confiada del recaudador de impuestos. Jesús se dirige a los discípulos, algunos de los cuales comparten la mentalidad farisaica (cf. 16,15). El fariseo, satisfecho de su condición de hombre pretendidamente «justo», no pide nada a Dios. Su acción de gracias está vacía de contenido, es un monólogo de autocomplacencia. Es Dios quien le tendría que estar agradecido por su fidelidad de hombre observante. Forma una casta aparte (18,11: «no soy como los demás hombres») y juzga severamente el comportamiento del recaudador. Cumple con sus obligaciones religiosas (18,12), sin ninguna clase de compromiso con el prójimo. Su figura contrasta con la figura del recaudador: su oración es una petición, reconociendo su condición de pecador (18,13). Su petición confiada obtendrá la misericordia de Dios, mientras que la acción de gracias arrogante del fariseo, que cree que se lo merece todo por sus obras, será rechazada (18,14). Lucas contrasta la figura del creyente seguro de sí mismo con la del marginado religiosamente hablando que confía en el amor/misericordia de Dios. En medio hay un amplio abanico de opciones. ¿Hacia qué polo nos orientamos?
COMENTARIO 2
¡Ay de los seguros y satisfechos! Nuestras formas religiosas siempre tienden a ritualizar nuestra manera de relacionarnos con Dios, y el peligro que tenemos es el de quedarnos en el rito, pensando que porque ya lo cumplimos, tenemos a Dios de nuestro lado. Qué equivocados estamos. Estamos equivocados porque el mensaje y el actuar de Jesús van por otro lado.
La predilección de Dios, según Jesús, son los marginados de la ley o por la ley. Esta enseñanza de Jesús provocó contantemente una repulsa y una actitud de animadversión hacia El y hacia el Dios que era capaz de esto: preferir a los sinvergüenzas y granujas, publicanos y pecadores, en vez de los cumplidores y piadosos, fariseos y maestros.
No hay nada que aleje más al ser humano de Dios que la seguridad de tenerlo comprado con ritos y ensalmos, con rosarios y rituales, con guetos de buenos y asociaciones de piadosos, que pretenden alejarse de los malos, cuando lo que en realidad hacen es alejarse de Dios. Porque en la enseñanza de Jesús se justifica el que pide perdón; y quien pide perdón es el pecador, y Dios perdona siempre.
En todo caso la humildad es siempre la mejor base para la oración; humildad que no es complejo de inferioridad ni masoquismo, sino «andar en verdad», como dijera Santa Teresa.
FUNDACIÓN ÉPSILON
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