Lunes 17
de marzo de 2002

Cirilo de Jerusalén

 

COMENTARIOS

Diario Bíblico. Cicla (Confederación Internacional Claretiana de Latinoamérica), distribuido en España por Ediciones El almendro, Córdoba


EVANGELIO
Juan 8, 1-11
(trad. Juan Mateos, Nuevo Testamento, Ediciones Cristiandad 2ª Ed., Madrid, 1987)

8 1Jesús se fue al Monte de los Olivos.

2Al alba se presentó de nuevo en el templo y acudió a él el pueblo en masa; él se sentó y se puso a enseñarles.

3Los letrados y los fariseos le llevaron una mujer sor­prendida en adulterio y, poniéndola en medio, 4le dijeron:

-Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio; 5en la Ley nos mandó Moisés apedrear a esta clase de mujeres; ahora bien, ¿tú qué dices?

6Esto se lo decían con mala idea, para poder acusarlo. Jesús se inclinó y se puso a escribir con el dedo en el suelo.

7Como persistían en su pregunta, se incorporó y les dijo:

-Aquel de vosotros que no tenga pecado, sea el pri­mero en tirarle una piedra.

8Él, inclinándose de nuevo, siguió escribiendo en el suelo.

9Al oír aquello, se fueron saliendo uno a uno, empe­zando por los ancianos, y lo dejaron solo con la mujer, que seguía allí en medio.

10Se incorporó Jesús y le preguntó:

-Mujer, ¿dónde están?, ¿ninguno te ha condenado?

11Respondió ella:

-Ninguno, Señor.

Jesús le dijo:

-Tampoco yo te condeno. Vete y, en adelante, no vuelvas a pecar.                               

  

COMENTARIO


La sabiduría y la bondad divinas se manifiestan en Jesucristo. A Él le traen a una adúltera, digna de la lapidación según las normas de la ley de Moisés.  Pero Dios no quiere la muerte del pecador sino que se convierta y viva. Acercándonos ya a la celebración de la Pascua, la Escritura nos propone esta escena de misericordia y de perdón divinos, frente a la intransigencia hipócrita de nuestros juicios. Tal vez los inquisidores de la historia olvidaron leer, o no  oyeron nunca este pasa­je. En lo profundo de nuestro cora­zón acecha un inquisidor, dispuesto a condenar al otro, a pedir sobre él el castigo divino, olvidándose del perdón de Jesús, y de los propios pecados, quizá mucho mas graves...

En esta semana que la liturgia llama "de pasión' por ser una sentida y profunda reflexión sobre la entrega de Jesús al dolor y a la muerte para alcanzar  el perdón y la vida, estamos llamados a convertirnos de nuestros pecados, a perdonar a quien nos ha ofen­dido y a pedir perdón humildemente por nuestras  propias fallos, para merecer participar en la victoria de Cristo sobre el mal y la muerte. Vayamos preparando la Semana Santa, la «semana mayor», ya inminente.            


 

 FUNDACIÓN ÉPSILON
www.elalmendro.org
epsilon@elalmendro.org