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Cirilo de
Jerusalén |
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Diario Bíblico. Cicla (Confederación Internacional Claretiana de Latinoamérica), distribuido en España por Ediciones El almendro, Córdoba |
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8 1Jesús se fue al Monte de los Olivos. 2Al alba se presentó
de nuevo en el templo y acudió a él el pueblo en masa; él se sentó y se
puso a enseñarles. 3Los letrados y los
fariseos le llevaron una mujer sorprendida en adulterio y, poniéndola
en medio, 4le dijeron: -Maestro, esta
mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio; 5en la Ley
nos mandó Moisés apedrear a esta clase de mujeres; ahora bien, ¿tú qué
dices? 6Esto se lo decían
con mala idea, para poder acusarlo. Jesús se inclinó y se puso a escribir
con el dedo en el suelo. 7Como persistían en
su pregunta, se incorporó y les dijo: -Aquel de vosotros
que no tenga pecado, sea el primero en tirarle una
piedra. 8Él, inclinándose de
nuevo, siguió escribiendo en el suelo. 9Al oír aquello, se
fueron saliendo uno a uno, empezando por los ancianos, y lo dejaron
solo con la mujer, que seguía allí en medio. 10Se incorporó Jesús
y le preguntó: -Mujer, ¿dónde
están?, ¿ninguno te ha condenado? 11Respondió
ella: -Ninguno,
Señor. Jesús le
dijo: -Tampoco yo te condeno. Vete y, en adelante, no vuelvas a pecar. |
La sabiduría y la bondad divinas se manifiestan en Jesucristo. A Él le traen a una adúltera, digna de la lapidación según las normas de la ley de Moisés. Pero Dios no quiere la muerte del pecador sino que se convierta y viva. Acercándonos ya a la celebración de la Pascua, la Escritura nos propone esta escena de misericordia y de perdón divinos, frente a la intransigencia hipócrita de nuestros juicios. Tal vez los inquisidores de la historia olvidaron leer, o no oyeron nunca este pasaje. En lo profundo de nuestro corazón acecha un inquisidor, dispuesto a condenar al otro, a pedir sobre él el castigo divino, olvidándose del perdón de Jesús, y de los propios pecados, quizá mucho mas graves...
En esta semana que la liturgia llama "de pasión' por ser una sentida y profunda reflexión sobre la entrega de Jesús al dolor y a la muerte para alcanzar el perdón y la vida, estamos llamados a convertirnos de nuestros pecados, a perdonar a quien nos ha ofendido y a pedir perdón humildemente por nuestras propias fallos, para merecer participar en la victoria de Cristo sobre el mal y la muerte. Vayamos preparando la Semana Santa, la «semana mayor», ya inminente.
FUNDACIÓN ÉPSILON
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