Miércoles 20
de marzo de 2002

Alejandra

 

COMENTARIOS

  1. Juan Mateos, Nuevo Testamento (Notas a este evangelio). Ediciones Cristiandad 2ª Ed., Madrid.
  2. Diario Bíblico. Cicla (Confederación Internacional Claretiana de Latinoamérica), distribuido en España por Ediciones El almendro, Córdoba


EVANGELIO
Juan 8, 31-42
(trad. Juan Mateos, Nuevo Testamento, Ediciones Cristiandad 2ª Ed., Madrid, 1987)

31Dijo entonces Jesús a los judíos que le habían dado crédito:

-Vosotros, para ser de verdad mis discípulos, tenéis que ateneros a ese mensaje mío; 32conoceréis la verdad y la verdad os hará libres.

33Reaccionaron contra él:

-Somos linaje de Abrahán y nunca hemos sido es­clavos de nadie: ¿cómo dices tú: «Llegaréis a ser libres»?

34Les replicó Jesús:

-Pues sí, os aseguro que todo el que practica el pe­cado es esclavo. 35Ahora bien, el esclavo no se queda en la casa para siempre, el hijo se queda para siempre. 36Por tanto, si el Hijo os da la libertad, seréis realmente libres.

37Ya se que sois linaje de Abrahán, y, sin embargo, tra­táis de matarme a mí, porque ese mensaje mío no os cabe en la cabeza. 38Yo propongo lo que he visto personal­mente junto al Padre, y también vosotros hacéis lo que ha­béis aprendido de vuestro padre.

39Le repusieron:

-Nuestro padre es Abrahán.

Les respondió Jesús:

-Si fuerais hijos de Abrahán, realizaríais las obras de Abrahán; 40en cambio, tratáis de matarme a mí, hombre que os he estado proponiendo la verdad que aprendí de Dios. Eso no lo hizo Abrahán. 41Vosotros realizáis las obras de vuestro padre.

Le replicaron entonces:

-Nosotros no hemos nacido de prostitución; un solo padre tenemos, Dios.

42Les replicó Jesús:

-Si Dios fuera vuestro padre, me querríais a mí, por­que yo estoy aquí procedente de Dios; y tampoco he ve­nido por decisión propia, fue él quien me envió.                                 

  

COMENTARIO 1


A los judíos que le han dado su fe-adhesión, Jesús los invita a practicar su mensaje; no bastan adhesiones de principio; hay que atenerse a su mensaje (v. 31); no es posible dar crédito a Jesús sin sacar las consecuencias. La práctica del men­saje / amor, rompiendo con el orden injusto, les dará la libertad (v. 32), pues comunica el Espíritu / vida (3,34), dando la experiencia de la vida / verdad: en ella el hombre percibe a Dios como Padre y a sí mismo como hijo. Esta nueva relación hace libres. Así se constituye el verda­dero discípulo.

La libertad que comunica Jesús sobrepasa la mera posibilidad de op­ción; sitúa al hombre en su verdadero rango: lo hace partícipe de la libertad del Padre; como él, es señor de sí mismo. Quien no tiene experiencia del Padre es esclavo, porque concibe a Dios como un Soberano que somete al hombre, legitimando con eso toda tiranía.

Los judíos reaccionan con indignación contra Jesús: "Somos linaje de Abrahán y nunca hemos sido es­clavos de nadie: ¿cómo dices tú: «Llegaréis a ser libres»?". Orgullo de raza (v.33); según ellos, basta pertenecer al linaje de Abrahán para ser libre. Pero el linaje no garantiza la libertad, pues no impide que cometan el pecado, dando su adhesión a un sistema esclavizador.

No basta, por tanto, la descendencia para ser hijo (v. 37), hay que demostrarlo con el modo de obrar. Al quererlo matar a él se oponen al Padre, el Dios que ama al hombre (v. 38). Jesús les insinúa que tienen otro padre que no es Abrahán ni tampoco Dios. Pero ellos reaccionan afirmando su ascendencia: "Nuestro padre es Abrahán" (v. 39).

Jesús les responde: "Si fuerais hijos de Abrahán, realizaríais las obras de Abrahán; en cambio, tratáis de matarme a mí, hombre que os he estado proponiendo la verdad que aprendí de Dios. Eso no lo hizo Abrahán. Vosotros realizáis las obras de vuestro padre" (vv. 39-40). Ellos no tienen por padre a Abrahán, pues no se por­tan como él.

Al fin, cuando comprenden que los acusa de idolatría (v. 41: no hemos nacido de prostitución), se profe­san fieles al único Dios, pero tampoco son hijos de Dios, porque no quieren a Jesús.           

 

COMENTARIO 2 


El que ama como Jesús, es libre, por más que  otros pretendan dominarlo. Así nos hace libres el hijo con su propia libertad, capaz de llevarlo hasta entregarse a la muerte por nuestra salvación. Los interlocutores de Jesús insisten en su dignidad de hijos, descendientes del patriarca Abrahán pertenecientes a un pueblo que ha reivindicado siempre sus privilegios ante las poderosos del mundo. Pero Jesús les muestra que no basta con esta descendencia carnal, genética. La verdadera descendencia es la del corazón. Sólo es verdadero hijo de Abrahán el que hace la voluntad de Dios, escucha su Palabra y obedece, como hizo el patriarca hace tantos siglos, como hizo el mismo Jesús. Ellos insisten diciéndose entonces hijos de Dios, pero Jesús les rebate mostrándoles su incapacidad para recibir al enviado de Dios. Pero no son propiamente los judíos los destinatarios de este tenso diálogo de Jesús con sus contrincantes. Somos nosotros los que hemos de aprender a valorar la verdad del amor y el compromiso, a defender nuestra libertad de hijos de Dios, no sometidos a esclavitud de ningún ídolo del mundo, por poderoso o brillante que éste sea, orgullosos no de nuestra nacionalidad o de nuestra raza, lengua o cultura,  sino de nuestra simple humanidad, don de Dios que compartimos con todos los seres humanos.


 

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