Jueves 21
de marzo de 2002

Clemencia

 

COMENTARIOS

  1. Juan Mateos, Nuevo Testamento (Notas a este evangelio). Ediciones Cristiandad 2ª Ed., Madrid.
  2. Diario Bíblico. Cicla (Confederación Internacional Claretiana de Latinoamérica), distribuido en España por Ediciones El almendro, Córdoba


EVANGELIO
Juan 8, 51-59
(trad. Juan Mateos, Nuevo Testamento, Ediciones Cristiandad 2ª Ed., Madrid, 1987)

51Pues sí, os lo aseguro: Quien cumpla mi mensaje, no sabrá nunca lo que es morir.

52Replicaron entonces los dirigentes:

-Ahora estamos seguros de que estás loco. Abrahán murió y los profetas también, ¿y tú sales diciendo que quien cumpla tu mensaje no probará nunca la muerte? ¿Acaso eres tú más que nuestro padre Abrahán, que mu­rió? También los profetas murieron. ¿Quién pretendes ser?

54Repuso Jesús:

-Si yo mismo me procurase gloria, mi gloria no valdría nada; es mi Padre quien me la procura, el que vosotros decís que es vuestro Dios, 55aunque nunca lo habéis conocido. Yo, en cambio, sé quién es y, si negase saberlo, sería un mentiroso parecido a vosotros. Pero sé quién es y cumplo su mensaje. 56Abrahán, vuestro padre, saltó de gozo porque iba a ver este día mío, lo vio y se llenó de alegría.

57Los dirigentes le replicaron:

-¿No tienes todavía cincuenta años y has visto a Abrahán en persona?

58Les contestó Jesús:

-Pues sí, os lo aseguro: Desde antes que existiera Abrahán, soy yo lo que soy.

59Cogieron piedras para tirárselas, pero Jesús se ocultó saliendo del templo.                                      

  

COMENTARIO 1


Jesús les expone el fruto del amor al hombre, de las exigencias de Dios: "Quien cumpla mi mensaje, no sabrá nunca lo que es morir" (v. 51).

A los que lo quieren matar quiere atraerlos a la vida. La actividad en favor del hom­bre ("quien cumpla mi mensaje"),  a la que lleva el Espíritu, es fuente de vida, hasta el punto de excluir toda experiencia de muerte. Ésta no existe para el que sigue a Jesús. La muerte física no interrumpe la vida ni es una experiencia de destrucción. La vida que Jesús comunica no conoce fin (3,16; 4,34; 5,21).

Pero los judíos no responden a la invitación de Jesús y continúan oponiéndose a él: "ahora sabemos que estás loco", dicen (v. 52). Piensan haber encontrado la prueba final de su locura, pues según ellos, hasta los hombres más cercanos a Dios (Abrahán y los profetas) han muerto.

Por eso insisten en la idea de la muerte inevitable (v. 53) y le preguntan de nuevo por su identidad: "¿Quién pretendes ser?" (v. 53); no piensan por un momento que sea el Mesías. Jesús no pretende arrogarse títulos (v. 54); le basta el amor / gloria del Pa­dre que resplandece en él; pero ellos no han conocido a Dios (v. 55), o lo que es igual, no practican la jus­ticia y el derecho (Jr 22,15b-17; Os 4,1-2); nunca las han practicado. Jesús sabe que Dios es el Padre cuyo designio es comunicar vida al hombre.

Por eso se distancia de nuevo de ellos llamando a Abrahán "vuestro padre" (v. 56); él no quiere particularismos; no reconoce más Padre que Dios, que lo es de todos. En tiempos de Jesús se pensaba que, cuando Dios hizo alianza con Abrahán, le había revelado el lejano futuro, que podía incluir los días del Mesías. Abrahán habría visto ese futuro, pero Jesús es superior a Abrahán por ser el cumplimiento de la promesa que Dios hizo a Abrahán: "Abrahán, vuestro padre, -dice Jesús- saltó de gozo porque iba a ver este día mío, lo vio y se llenó de alegría". Abrahán se alegró al ver ese futuro; pero ellos se enfurecen con Jesús: no son, por tanto, hijos de Abrahán. Tampoco entienden la alusión mesiánica y respon­den con el sarcasmo: "¿No tienes todavía cincuenta años y has visto a Abrahán en persona?" (57). A los cincuenta años terminaba la vida activa. Ahora cambian la perspectiva: no preguntan si Abrahán vio el día de Jesús / el Mesías, sino si Jesús ha visto a Abrahán.

Y Jesús hace una declaración solemne: "Pues sí, os lo aseguro: Desde antes que existiera Abrahán, soy yo lo que soy" (v.58). Jesús no se detiene en la cuestión que ellos proponen, su afirmación es más genérica y también toma pie de las opiniones del tiempo sobre el Mesías Se afirmaba que, desde antes de la creación, Dios había concebido el proyecto de Israel, la Ley y el Mesías. Jesús, el Mesías, fue siempre un determinante de la historia, pues en él había de brillar la gloria / amor de Dios (17,1) y realizarse su proyecto (1,14). Y como no pueden tolerar que Jesús se haga superior a Abrahán, dice el evangelista que " cogieron piedras para tirárselas, pero Jesús se ocultó saliendo del templo" (v. 51).            

 

COMENTARIO 2 


A nosotros no nos escandaliza la afirmación de Jesús de que Él existe antes de Abrahán, ni la de que Abrahán vio el día de su encarnación y de su glorifi­cación y se llenó de gozo. Pero no se trata de simples afirmaciones ni de fórmulas teológicas. Los cristianos guardamos la palabra de Jesús y esperamos por ella tener la vida eterna. Guardar esa palabra es vivirla cada día, hacerla realidad en nuestro trato con los demás, realizar el mandato de Jesús de amar a los hermanos con un amor como el suyo, capaz de llegar hasta la muerte. Y amar a todos los seres humanos, incluso a los enemigos, con el amor con que Dios Pa­dre los ama a todos por igual.

Tener la vida eterna es saber que nuestro destino se realiza plenamente en la vida inmortal de Dios. Que en Él llegan a la perfección nuestros anhelos, afectos, ilusiones, sueños y utopías más queridos. Que Él supera todos nuestros males y todos nuestros lími­tes. Desde Abrahán hasta nosotros, todos los seres humanos nos gozamos en el día de Cristo, porque fue el día de nuestra salvación que vamos a conmemorar solemnemente la semana entrante...

 


 

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