Viernes 22
de marzo de 2002

Lea

 

COMENTARIOS

  1. Juan Mateos, Nuevo Testamento (Notas a este evangelio). Ediciones Cristiandad 2ª Ed., Madrid.
  2. Diario Bíblico. Cicla (Confederación Internacional Claretiana de Latinoamérica), distribuido en España por Ediciones El almendro, Córdoba


EVANGELIO
Juan 10, 31-42
(trad. Juan Mateos, Nuevo Testamento, Ediciones Cristiandad 2ª Ed., Madrid, 1987)

31Los dirigentes cogieron de nuevo piedras para ape­drearlo. 32Les replicó Jesús:

-Muchas obras excelentes os he hecho ver, que son obras del Padre; ¿por cuál de ellas me apedreáis?

33Le contestaron los dirigentes:

-No te apedreamos por ninguna obra excelente, sino por blasfemia; porque tú, siendo un hombre, te haces Dios.

34Les replicó Jesús:

-¿No está escrito en vuestra Ley: «Yo he dicho: Sois dioses»? 35Si llamó dioses a aquellos a quienes Dios dirigió su palabra, y ese pasaje no se puede suprimir, 36de mí, a quien el Padre consagró y envió al mundo, ¿vosotros decís que blasfemo porque he dicho: «Soy hijo de Dios»? 37Si yo no realizo las obras de mi Padre, no me creáis; 38pero si las realizo, aunque no me creáis a mí, creed a las obras; así sabréis de una vez que el Padre está identificado con­migo y yo con el Padre.

39Otra vez intentaron prenderlo, pero se les escapó de las manos.

40Se fue esta vez al otro lado del Jordán, al lugar donde Juan había estado bautizando al principio, y se quedó allí. 41Acudieron a él muchos y decían:

-Juan no realizó ninguna señal, pero todo lo que dijo Juan de éste era verdad.

42Y allí muchos le dieron su adhesión.                                            

  

COMENTARIO 1


Dice el evangelista que "los dirigentes cogieron de nuevo piedras para ape­drearlo". Jesús les replicó: "Muchas obras excelentes os he hecho ver, que son obras del Padre; ¿por cuál de ellas me apedreáis?"  Pero ellos  no lo apedrean por sus  obras, sino por blasfemia, porque, siendo un hombre, se hace Dios (vv.30-33).

Jesús se distancia de ellos y dice: "¿No está escrito en vuestra Ley: «Yo he dicho: Sois dioses»? Si llamó dioses a aquellos a quienes Dios dirigió su palabra, y ese pasaje no se puede suprimir, de mí, a quien el Padre consagró y envió al mundo, ¿vosotros decís que blasfemo porque he dicho: «Soy hijo de Dios»? Si yo no realizo las obras de mi Padre, no me creáis; pero si las realizo, aunque no me creáis a mí, creed a las obras; así sabréis de una vez que el Padre está identificado con­migo y yo con el Padre" (vv. 34-37).

Jesús no considera suya la ley, sino que la llama "vuestra Ley" (v. 34; cf. 7,19; 8,17; 15,25). Según esa ley, ellos son "dioses", apelativo que indica una particular semejanza con Dios; en el AT se aplicaba a los que reflejaban el poder de un Dios justiciero (los jefes en cuanto jueces); por eso Jesús se distancia del texto que cita (Sal 82,6) (vuestra Ley), pues la semejanza con Dios no está en el poder, sino en la actividad del amor (37-38).

Y continúa desafiándolos: "Si yo no realizo las obras de mi Padre, no me creáis; pero si las realizo, aunque no me creáis a mí, creed a las obras; así sabréis de una vez que el Padre está identificado con­migo y yo con el Padre" (vv. 37-38a): la calidad del hombre se prueba por la de sus obras; él demuestra ser enviado e Hijo de Dios con las obras que realiza. Ellos, los embusteros y asesinos (8,44; 10,1.8.10), no pueden de ningún modo representar a Dios. Las creden­ciales jurídicas de que se glorían no cuentan; las únicas que atestiguan una misión divina no son siquiera las palabras (no me creáis), sino las obras. De ellas deben deducir la unidad entre Jesús y el Padre (v.38b); ambos tienen el mismo objetivo, dar vida al hombre.

Y como no tienen respuesta, intenta prenderlo (v. 39). Como de cos­tumbre, apelan a la violencia (7,30; 8,20.59). Jesús sale definitivamente del templo.

Después de la ruptura definitiva con la institución, Jesús efectúa la segunda etapa de su éxodo, el paso del Jordán, que recuerda el de Josué con el pueblo israelita para entrar en la tierra prometida (Jos 3-4). A su comunidad, -nueva tierra prometida-, la sitúa fuera del país judío que lo rechaza (se quedó allí). Muchos lo si­guen en su éxodo (v. 41), la nueva comunidad empieza a existir.               

 

COMENTARIO 2 


Ante el intento de apedrearlo por parte de sus contrincantes, Jesús les pregunta por cuál de las  bue­nas obras que les ha hecho ver de parte del Padre lo van a ejecutar. La lapidación era el castigo por gravísimos pecados, entre otros el de blasfemia. La contrarréplica de Jesús es contundente, las obras  que hace en nombre del Padre demuestran la validez de su pretensión: "el Padre está en mí y yo en el Padre”.

Esta es la gran diferencia entre la fe judía y la fe cristiana: que nosotros, los cristianos, afirmamos que en Jesús de Nazaret se hizo presente el mismo Dios en nuestro mundo, su bondad y su amor misericordioso, especialmente para con los pobres y los pequeños. En cambio los judíos no pueden aceptar el carácter divi­no de la persona de Jesús pues para ellos sería la negación de sus más profundas convicciones.

El evangelio de San Juan quiere explicar a sus lectores quién es realmente Jesús, en nombre de quién viene y actúa. También quiere explicarles por qué los judíos de su tiempo, sus autoridades más exactamente, llegaron a crucificarlo: porque no entendieron sus palabras ni interpretaron sus gestos y sus milagros.

Todo esto nos debe llevar a valorar nuestra fe cris­tiana y a testimoniaría como Jesús: con nuestras palabras de bondad y de perdón y con nuestras obras de amor para con los demás.

 


 

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