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LUNES
SANTO
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12 1Jesús, seis días antes de la Pascua, fue a Betania, donde estaba Lázaro, el muerto al que él había levantado de la muerte. 2Le ofrecieron allí una cena, y Marta servía; Lázaro era uno de los que estaban reclinados con él a la mesa. 3Entonces María, tomando una libra de perfume de nardo auténtico de mucho precio, le ungió los pies a Jesús y le secó los pies con el pelo. Y la casa se llenó de la fragancia del perfume. 4Pero Judas
Iscariote, uno de sus discípulos, el que iba a entregarlo,
dijo: 5-¿Por qué razón no
se ha vendido ese perfume por trescientos denarios de plata y no se ha
dado a los pobres? 6Dijo esto no porque
le importasen los pobres, sino porque era un ladrón, y como tenía la
bolsa, se llevaba lo que echaban. 7Dijo entonces
Jesús: -¡Déjala!, que lo
guarde para el día de mi sepultura; 8pues a los pobres los
tenéis siempre entre vosotros, en cambio a mí no me vais a tener
siempre. 9Una gran multitud de
judíos se enteró de que estaba allí y fueron no sólo por Jesús, sino
también para ver a Lázaro, al que había levantado de la
muerte. 10Los sumos sacerdotes, por su parte, acordaron matar también a Lázaro, 11porque debido a él muchos de aquellos judíos se marchaban y daban su adhesión a Jesús. |
La Pascua que se va a celebrar es la de Jesús, por eso el evangelista no alude a ella como "la pascua de los judíos" (como en 2,13; 6,4; 11,55). Betania es el lugar de la comunidad de Jesús. Allí está Lázaro, muerto y vivo al mismo tiempo; es la comunidad de Jesús donde la vida ha vencido a la muerte. En Betania le ofrece una cena (13,2.4; 21,10) (2), que sustituye al banquete fúnebre. La cena es una acción de gracias a Jesús por el don de la vida. Marta representa a la comunidad donde el amor se traduce en servicio. Lázaro, que se había marchado con el Padre (11,1ss.), está presente en la comunidad, lugar de la presencia del Padre (14,23); la representa en cuanto vencedora de la muerte.
María (v. 3), ungiendo los pies de Jesús, representa a la comunidad en su relación íntima con Jesús. Su gesto muestra su agradecimiento por el don de la vida; el precio del perfume es símbolo de su amor sin tasa. Ella asume el papel de Esposa respecto a Jesús, el Esposo (3,29) (Cant 1,12: el perfume de nardo). El perfume simboliza el amor de la comunidad por Jesús; la expresión "le secó los pies con el pelo" alude al Cantar de los Cantares (7,6), significando el amor de Jesús por los suyos. Tras la unción "la casa se llenó de la fragancia del perfume", fragancia del amor / Espíritu, perfume de Vida e inmortalidad, que tiene por centro a Jesús.
Pero no todos los discípulos aceptan el mensaje (vv. 4-5). Judas no comprende el servicio ni el amor; como pretexto, pone la actividad externa de la comunidad por encima de la expresión de su propia vida; como si se pudiese amar a otros sin experimentar el amor de Jesús y de los miembros del grupo. Pretende oponer los pobres a Jesús.
Judas es mentiroso y ladrón (v. 6): en realidad no opone Jesús a
los pobres, sino a su propio interés. Le molesta el amor demostrado porque
impide su provecho personal. El que pretende ocuparse de los pobres, en vez de
compartir (6,11), se apropia de lo ajeno ("se llevaba lo que echaban").
El homenaje que tributa la comunidad a Jesús tiene por motivo la victoria de la vida sobre la muerte. A través de su muerte, Jesús va a vincularse con todos los pobres, oprimidos, perseguidos de este mundo. El amor que Jesús comunica lleva a la comunidad a acoger a los pobres, a los que tiene con ella y en medio de ella.
Dice el evangelista que "una gran multitud de judíos se enteró de que estaba allí y fueron no sólo por Jesús, sino también para ver a Lázaro, al que había levantado de la muerte". Allí (v. 9), en la comunidad. No sólo Jesús, sino también su comunidad, representada por Lázaro, el muerto-vivo, se convierte en centro de atracción.
"Los sumos sacerdotes, por su parte, acordaron matar también a Lázaro, porque debido a él muchos de aquellos judíos se marchaban y daban su adhesión a Jesús" (v.10). Esta es la repercusión de este testimonio entre los adictos a la institución judía. Las autoridades religiosas reaccionan, sin vacilar ante un nuevo homicidio (v. 10); se proponen suprimir también al grupo de los que poseen esa vida, cuya realidad provoca el éxodo de sus partidarios (v. 11).
Se ungía con aceite perfumado a los reyes, a los sacerdotes e incluso a algunos profetas. Se ungía también a los muertos, se les bañaba y perfumaba antes de envolverlos en el sudario con que se les enterraba.
Jesús interpreta así el gesto de María: es la unción anticipada de su cuerpo que va a ser torturado, muerto y sepultado. Es la unción del Siervo de Dios, no para ejercer el poder despóticamente como los reyes, ni para ofrecer el culto formalístico de los sacerdotes del templo de Jerusalén. Es una unción para el servicio hasta la muerte, para la entrega de amor a la humanidad toda, culminación del ministerio de Jesús, de su enseñanza y de sus milagros, signos de la misericordia de Dios.
Dispuestos ya para las celebraciones pascuales de esta Semana Santa nos debemos preguntar ¿qué homenaje vamos a rendir a Jesús en esta ocasión? No será simplemente el incienso o las flores y palmas con las que solemnizamos estos días, los hermosos cantos, las procesiones acompañadas de luces y de músicas marciales, la impresión de las hermosas imágenes de la pasión que han labrado nuestros artistas... Hemos de rendir homenaje a Jesús por su pascua en nuestros hermanos pobres y necesitados. En compromisos de solidaridad y de servicio. Sin esto, las solemnidades litúrgicas no serán más que paganismo.
FUNDACIÓN ÉPSILON
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