Jueves 28
de marzo de 2002

JUEVES SANTO

Octavio

 

 

COMENTARIOS

  1. Juan Mateos, Nuevo Testamento (Notas a este evangelio). Ediciones Cristiandad 2ª Ed., Madrid.
  2. Diario Bíblico. Cicla (Confederación Internacional Claretiana de Latinoamérica), distribuido en España por Ediciones El almendro, Córdoba


EVANGELIO
Juan 13, 1-15
(trad. Juan Mateos, Nuevo Testamento, Ediciones Cristiandad 2ª Ed., Madrid, 1987)

13 1Antes de la fiesta de Pascua, consciente Jesús de que había llegado su hora, la de pasar del mundo este al Padre, él, que había amado a los suyos que estaban en medio del mundo, les demostró su amor hasta el fin.

2Mientras cenaban (el Enemigo había ya inducido a Judas de Simón Iscariote a entregarlo), 3consciente de que el Padre lo había puesto todo en sus manos y que de Dios procedía y con Dios se marchaba, 4se levantó de la mesa, dejó el manto y, tomando un paño, se lo ató a la cintura. 5Echó luego agua en el barreño y se puso a lavarles los pies a los discípulos y a secárselos con el paño que llevaba ceñido.

6A1 acercarse a Simón Pedro, éste le dijo:

-Señor, ¿tú a mí lavarme los pies?

7Jesús le replicó:

-Lo que yo estoy haciendo tú no lo entiendes ahora, pero lo comprenderás dentro de algún tiempo.

8Le dijo Pedro:

-No me lavarás los pies jamás.

Le repuso Jesús:

-Si no dejas que te lave, no tienes nada que ver conmigo.

9Simón Pedro le dijo:

-Señor, no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza.

10Jesús le contestó:

-El que ya se ha bañado no necesita que le laven más que los pies. Está enteramente limpio. También vosotros estáis limpios, aunque no todos.

11(Es que sabía quién lo iba a entregar, por eso dijo: «No todos estáis limpios».)

12Cuando les lavó los pies, tomó su manto y se recostó de nuevo a la mesa. Entonces les dijo:

-¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? 13Vosotros me llamáis Maestro y Señor, y con razón, porque lo soy. 14Pues si yo, el Señor y el Maestro, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros.

15Es decir, os dejo un ejemplo para que igual que yo he hecho con vosotros, hagáis también vosotros.                                                                

  

COMENTARIO 1


"Antes de la fiesta de Pascua, consciente Jesús de que había llegado su hora, la de pasar del mundo este al Padre, él, que había amado a los suyos que estaban en medio del mundo, les demostró su amor hasta el fin" Esta frase inicial introduce, no sólo el discurso de la cena, sino toda la narración de la entrega y muerte de Jesús, hasta sus pala­bras en la cruz (19,30).

Se omite toda mención de lugar; ya no se nombra a Jerusalén, pues esta Pascua será la de Jesús, la que permitirá el éxodo de las tinieblas a la luz, pasar de este mundo al Padre, el éxodo personal de Jesús, la llegada a la tierra prometida. Jesús  no va a la muerte (su hora) arrastrado por las circunstancias; va a dar su vida voluntariamente (consciente). "Los suyos (Israel) no lo acogieron» (1,11); Jesús tiene ahora otros a quienes llama los suyos, los que le han dado su adhesión. Su amor hasta el fin será la nueva Escritura (cf. Dt 31,24); amor y fidelidad (1,14) la característica de la nueva comunidad.

"Mientras cenaban (el Enemigo había ya inducido a Judas de Simón Iscariote a entregarlo" (v. 2)... Se trata de una cena ordinaria; la cena cristiana no es una continuación de la judía. El Enemigo/diablo, el dinero-poder, es el principio de homicidio y mentira que inspira al círculo dirigente (8,44); engendra hombres que son «enemigos/diablos» (6,70). La ambición y la codicia (12,6: «ladrón») inducen a Judas a la traición.

              Jesús tiene plena conciencia (v. 3) de su misión (3,35), de su origen  y de su itinerario y meta: el don total de sí, en el que Dios está plenamente presente como vida absoluta.

"Consciente de que el Padre lo había puesto todo en sus manos y que de Dios procedía y con Dios se marchaba, se levantó de la mesa, dejó el manto y, tomando un paño, se lo ató a la cintura. Echó luego agua en el barreño y se puso a lavarles los pies a los discípulos y a secárselos con el paño que llevaba ceñido." (vv. 3-5). 

Dejó el manto (v. 4) y tomó el manto (v.12) están en paralelo con 10,17s: «en­tregar la vida / recobrarla». Un paño es símbolo del servicio; va a enseñar a los suyos qué significa el amor leal. Lavar los pies es signo de acogida y deferencia (v. 5). Jesús les muestra su amor, que es el del Padre, que se ejerce en el servicio al hombre desde abajo. Ni el deseo de hacer bien puede justificar ponerse por encima del hombre; esto equivaldría a ponerse por encima de Dios, que sirve al hombre y lo eleva hasta sí. Jesús, el Señor, se hace servidor para dar a los suyos categoría de señores. Su servicio, por tanto, se propone dar libertad  y crear así la igual­dad, eliminando todo rango. Todos han de ser libres y, con su servicio, seguir creando libertad e igualdad.

"A1 acercarse a Simón Pedro, éste le dijo: -Señor, ¿tú a mí lavarme los pies?" (v. 6). Pedro se extraña y protesta. Llama a Jesús "Señor", título de superioridad, en contraste con «lavar», servicio de un inferior. Ha com­prendido que la acción de Jesús invierte el orden de valores admitido. Para él, Jesús debe ocupar el trono de Israel: él es súbdito, no admite la igualdad. Jesús no se extraña de la protesta de Pedro (v. 8), pero éste in­siste con una negativa rotunda: mantiene aún los principios de la sociedad injusta, donde cada uno mantiene el propio rango.

"Le repuso Jesús: -Si no dejas que te lave, no tienes nada que ver conmigo". Si Pedro no admite el amor que crea la igualdad, no puede es­tar con Jesús, no puede participar de su Espíritu; quien rechaza el servicio como rasgo distintivo del grupo queda excluido de la unión con él.

"Simón Pedro le dijo: -Señor, no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza" (v. 9). La reacción de Pedro muestra su adhesión personal a Jesús, pero también que no entiende su manera de obrar. Está dispuesto a hacer lo que mande, pero por ser voluntad del jefe, no por convicción. Piensa que el lavado es purificatorio, que elimina algún obstáculo para estar con Jesús. No aceptaba la acción como servicio, la acepta como rito religioso.

Por eso Jesús corrige la interpretación de Pedro: "El que ya se ha bañado no necesita que le laven más que los pies. Está enteramente limpio. También vosotros estáis limpios, aunque no todos" (v. 10). No se trata de un rito pu­rificatorio, sino de servicio (v. 4.5: el paño ceñido). Es hacer propio el mensaje lo que purifica al hombre (15,3). El único motivo que puede separarlo de Dios es la negativa a hacer caso al Hijo (3,36). Jesús co­noce la actitud del traidor (vv. 10-11).

"Cuando les lavó los pies, tomó su manto y se recostó de nuevo a la mesa. Entonces les dijo: -¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? (v. 12)

Tomar el manto equivale a recobrar la vida -(10,17s). Jesús no se quita el paño, señal de su servicio, que continuará para siempre. Vuelve a la posición de hombre libre (se recostó a la mesa) con el paño puesto: el ser­vicio no disminuye la libertad ni la dignidad del hombre.

Lo que hace Jesús, el Maestro y el Señor (v. 13), es válido para todos y para todo tiempo (14-l5). Jesús no es Señor por imposición alguna; su segui­miento es una asimilación a él (6,53s: «comer su carne»), no una obediencia. Con su acción, les ha dado la experiencia de ser amados y les ha enseñado a amar como él (Maestro). El servicio no nace del sentido del deber, sino de la espontaneidad del amor.

           

 

COMENTARIO 2 


Durante la cena, Jesús lo que hace es un gesto de humilde y rendido servicio a sus discípulos: les lava los pies para que estén bien dispuestos para la cele­bración del banquete.

Él mismo interpreta su gesto: han sido servidos humildemente por quien ellos consideran "el Maes­tro" y "el Señor". ¿Cómo no van a servirse mutua­mente, con humildad y fervor? Este servicio fraterno, a imitación del Señor, es la forma eficaz del amor en la Iglesia.

No se trata de puros sentimientos sin proyección concreta y dinámica. La fe y la caridad son, deben ser, operantes. Deben traducirse en actos reales de servicio, como el que prestó Jesús a sus discípulos. Así se hará real el mandamiento que con tanta solem­nidad hoy celebramos: "ámense unos a otros como yo los he amado", Un amor capaz de llegar hasta la muerte como el de Cristo y como el de los mártires de Cristo. El amor que debe identificar a la Iglesia. El amor que es Dios, en el que habita Dios. Por eso hoy canta la Iglesia el antiguo himno: "Donde hay caridad y amor allí está Dios", Pascua, Eucaristía, Amor, Servicio, Sacerdocio... los más grandes temas se dan cita en este Jueves sagrado.

 


 

 FUNDACIÓN ÉPSILON
www.elalmendro.org
epsilon@elalmendro.org