Viernes 29
de marzo de 2002

VIERNES SANTO

Gladys

 

 

COMENTARIOS

  1. Juan Mateos, Nuevo Testamento (Notas a este evangelio). Ediciones Cristiandad 2ª Ed., Madrid.
  2. Diario Bíblico. Cicla (Confederación Internacional Claretiana de Latinoamérica), distribuido en España por Ediciones El almendro, Córdoba


EVANGELIO
Juan 18, 1-19
(trad. Juan Mateos, Nuevo Testamento, Ediciones Cristiandad 2ª Ed., Madrid, 1987)

18 1Dicho esto, salió Jesús con sus discípulos al otro lado del torrente Cedrón, donde había un huerto; allí entró él, y sus discípulos. 2(También Judas, el que lo entregaba, co­nocía el lugar, porque muchas veces se había reunido allí Jesús con sus discípulos.)

3Entonces Judas cogió la cohorte y guardias de los sumos sacerdotes y de los fariseos y llegó allí con faroles, antorchas y armas.

4Jesús, entonces, consciente de todo lo que se le venía encima, salió y les dijo:

-¿A quién buscáis?

5Le contestaron:

-A Jesús el Nazoreo.

Les dijo:

-Soy yo.

(También Judas, el que lo entregaba, estaba presente con ellos.)

6Al decirles. "Soy yo", se echaron atrás y cayeron a tierra.

7Les preguntó de nuevo:

-¿A quién buscáis?

Ellos dijeron:

-A Jesús el Nazoreo.

8Replicó Jesús:

-Os he dicho que soy yo; pues si me buscáis a mí, dejad que se marchen éstos.

9Así se cumplieron las palabras que había dicho: "De los que me entregaste, no he perdido a ninguno".

 

10Entonces, Simón Pedro, que llevaba un machete, lo sacó, agredió al siervo del sumo sacerdote y le cortó el ló­bulo de la oreja derecha. El siervo se llamaba Malco.

11Jesús le dijo a Pedro:

-Mete el machete en su funda. El trago que me ha mandado beber el Padre, ¿voy a dejar de beberlo?

12Entonces, la cohorte, el comandante y los guardias de las autoridades judías prendieron a Jesús, lo ataron 13y lo condujeron primero a presencia de Anás, porque era suegro de Caifás, que era sumo sacerdote el año aquel. 14Era Caifás el que había persuadido a los dirigentes judíos de que convenía que un solo hombre muriese por el pueblo.

15Seguía a Jesús Simón Pedro y, además, otro discí­pulo. El discípulo aquel le era conocido al sumo sacerdote y entró junto con Jesús en el atrio del sumo sacerdote. 16Pedro, en cambio, se quedó junto a la puerta, fuera.

Salió entonces el otro discípulo, el conocido del sumo sacerdote; se lo dijo a la portera y condujo a Pedro dentro. 17Le dice entonces a Pedro la sirvienta que hacía de portera:

-¿Acaso eres también tú discípulo de ese hombre?

Dijo él:

-No lo soy.

18Se habían quedado allí los siervos y los guardias, que, como hacía frío, teñían encendidas unas brasas, y se calentaban. (Estaba también Pedro con ellos allí parado y calentándose.)

19Entonces, el sumo sacerdote interrogó a Jesús acerca de sus discípulos y de su doctrina.

                                                                    

  

COMENTARIO 1


vv. 1-14.  Dicho esto enlaza la Pasión con el discurso de la cena, en particular con la oración de Jesús (cap. 17). Primera mención de un huerto (1), lugar de vida y fecundidad; será también un huerto el lugar donde lo crucifiquen y lo sepulten (19,41s). La muerte va a situarse en el ámbito de la vida. Lugar habitual de reunión para Jesús y los suyos (2); la comunidad de Jesús se encuentra en la esfera de la vida.

Se hace resaltar el número de las fuerzas que intervienen en el pren­dimiento (3): peligro que representa Jesús para «el mundo», intensidad de la violencia de éste y magnitud del odio (7,7; 15,18-25). Acuden todos los componentes de la oposición a Jesús. Judas hace de jefe, es figura «del jefe del orden este»  (14,30), representa a los círculos de po­der. Faroles y antorchas, caminan en la tiniebla; llevan armas, Instru­mentos de muerte. Se identifican tinieblas y muerte. Quieren extinguir la luz/vida (1,5).

Jesús sale (4); los que llegan no entran en el huerto, lugar de la vida. No se dirige a Judas, sino al grupo entero. El Nazareno/Nazoreo (5) señala al descendiente de David (alusión a Is 11,1; Jr 23,5; 33,15; Zac 3,8 y 6,12: «el Germen»). Soy yo, se identifica como Mesías (1,20; 6,20). Última mención del traidor; queda alineado con los enemigos de Jesús. Echarse atrás (6), lenguaje simbólico para significar derrota (Sal 27,2; 35,4; 56, 10; 70,13); caer a tierra, derrota total. La entrega de Jesús vence al mundo (14,30; 16,33). No intenta escapar (7). Pone a salvo a sus amigos, por quienes va a dar la vida (15,15) (8-9).

Pedro no ha comprendido la alternativa de Jesús ni su designio (1,42; 13,8) (10), que no consiste en triunfar dando muerte, sino en en­tregarse para comunicar vida. Está dispuesto a arriesgar la suya para mostrar su amor a Jesús (13,37), pero quiere impedir que Jesús le mani­fieste el suyo. No ha superado la tentación de hacerlo rey (6,15; 12,13) y no acepta su muerte (12,34). El siervo, determinado, representante ca­lificado; le cortó el lóbulo, etc, figura para indicar la destitución del sumo sacerdote (cf. Éx 29,20; Lv 8,23), máxima autoridad religioso-po­litica. Malco, en aram. «rey», el poder político en manos de la jerarquía sacerdotal.

Jesús detiene a Pedro (11). La aceptación de la muerte entra en el designio del Padre: presentar, ante el odio y la violencia, la alternativa del amor. El Padre no ha destinado a Jesús a la muerte; su misión era dar testimonio de su amor a los hombres. Pero en el mundo de la tinie­bla opresora la muerte violenta era inevitable y ella va a  manifestar hasta el máximo la maldad del mundo y el amor de Dios. Jesús no busca el dolor, pero lo acepta cuando es consecuencia ineludible del tes­timonio del amor y la denuncia de la opresión. No responde al odio con el odio ni combate la violencia con la violencia, para no imitar, aun a costa de la vida, la maldad del sistema opresor. Muestra así que Dios es puro amor y ajeno a toda violencia.

Insiste Jn en la complicidad de todos los poderes, civiles y religiosos (12). En el momento decisivo, todos descubren su verdadero rostro: son los enemigos del hombre y de la vida. Lo ataron, cf. Is 3,9-10. Anás (13) había sido sumo sacerdote en los años 6-15, y sus cinco hijos lo fueron después de él. Conocido por su ambición, riqueza y codicia. Es el personaje más importante del tiempo, el verdadero poder, detrás de los que ejercen la función en cada momento (Caifás, el año aquel); representa «al Enemigo» (8,44), del que Caifás es instrumento. Quieren ejecutar el acuerdo el Consejo (11,53) (14).

 

vv. 15-19. Pedro no hace caso del aviso que le había dado Jesús (13,36); no está preparado para seguirlo. Otro discípulo, innominado, pero asociado a Pedro, como en 13,23s; 20,2.4; 21,7.20-22; es el predi­lecto de Jesús, el modelo de discípulo. (15). Era conocido como discí­pulo por el sumo sacerdote, aludiendo al dicho de Jesús en 13,35: “En esto conocerán todos que sois discípulos míos, etc.”. El que experimen­taba el amor de Jesús (13,23. «el discípulo predilecto») responde a ese amor aceptando el riesgo de seguir a Jesús hasta el fin (entró con Jesús).

Contraste con Pedro (16). El otro va a ofrecerle la oportunidad de declararse discípulo y seguir a Jesús en su entrega; Pedro no entra es­pontáneamente, se deja conducir (cf. 1,42). No lleva el distintivo del discípulo (13,35), hay que preguntarle si lo es (17), y tiene que defi­nirse. Jesús ha defraudado su expectación mesiánica; ya no se siente vinculado a él. Al romper con Jesús, Pedro se encuentra mezclado con sus enemigos (18); no habiendo alcanzado la libertad, está entre los siervos; frío, símbolo de muerte.

Contraste con lo que ocurre en el patio. El sumo sacerdote (19), el poder supremo, quiere saber quiénes apoyan a Jesús, su influjo (sus dis­cípulos) y qué doctrina propone.             

 

COMENTARIO 2 


La muerte de Jesús quedó indisolublemente unida a la celebración pascual, conmemoración de la liberación de Egipto, de la obra salvadora de Dios a favor de su pueblo. Este día, siguiendo una antigua tradición eclesial, no se celebra la eucaristía sino que se comul­ga con las hostias consagradas ayer, Jueves Santo, y guardadas en el monumento.

Hoy, en el relato de Juan, Jesús no es una víctima inconsciente a merced de sus verdugos: incluso las te­rribles escenas de la flagelación, coronación de espinas y revestimiento del manto de púrpura, aparecen como una verdadera entronización, en la cual Jesús es pre­sentado por la soldadesca y por el procurador romano como el verdadero rey judío. Aquí, en San Juan, Jesús confía a su madre al cuidado del discípulo amado y rinde voluntariamente la cabeza para entregar el espí­ritu.

La escena de la lanzada por la que los soldados querían asegurarse de la muerte del crucificado es convertida por el evangelista en un signo salvífico.

Del costado abierto de Jesús brotan la sangre y el agua de la eucaristía y del bautismo, los dos sacra­mentos que dan vida a la Iglesia. Como del costado abierto de Adán en el paraíso, nace la madre de todos los vivientes, Eva.

Viernes Santo: Pasión, Calvario, Muerte. Día car­gado por el peso de la Cruz y por nuestros pecados. Día de la muerte sin rencor, de la muerte empapada de amor y de perdón a los enemigos.

 


 

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