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SÁBADO SANTO
Amadeo
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28 1Pasado el sábado, al clarear el primer día de la semana, María Magdalena y la otra María fueron a ver el sepulcro. 2De pronto la tierra tembló violentamente, porque el ángel del Señor bajó del cielo y se acercó, corrió la losa y se sentó encima. 3Tenía aspecto de relámpago y su vestido era blanco como la nieve. 4Los centinelas temblaron del miedo y se quedaron como muertos. 5El ángel habló a las
mujeres -Vosotras, no
tengáis miedo Ya se que buscáis a Jesús el crucificado; 6no
está aquí, ha resucitado, como tenía dicho. Venid a ver el sitio donde
yacía, 7y después id aprisa a decir a sus discípulos que ha
resucitado de la muerte y que va delante de ellos a Galilea; allí lo verán. Esto es
todo. 8Con miedo, pero con
mucha alegría, se marcharon a toda prisa del sepulcro y corrieron a
anunciárselo a los discípulos. 9De pronto Jesús les salió al
encuentro y las saludó diciendo: -¡Alegraos! Ellas se acercaron
y se postraron abrazándole los pies. 10Jesús les
dijo: -No tengáis miedo; id a avisar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán. |
vv. 1-7. El primer día de la semana (lit. «el uno de la semana») hace alusión, como en todos los evangelistas, al primer día de la creación (Gn 1,5). Comienza el mundo nuevo, la creación definitiva. Las dos mujeres, las mismas que habían sido testigos de la sepultura, han observado el descanso judío; no han roto aún con la institución que ha crucificado a Jesús. Van a visitar el sepulcro y esto las hace testigos de los sucesos.
El temblor de tierra, como en la crucifixión (27,51), es señal de la teofanía o manifestación divina. Anticipadas por la oración de Getsemaní y la transfiguración, la muerte de Jesús y su resurrección muestran los dos aspectos complementarios de la misma teofanía: la muerte a manos de sus enemigos manifiesta el amor que da su vida (debilidad del amor); el sepulcro vacío, señal de la resurrección, el amor que da vida (fuerza del amor).
El sepulcro va a ser abierto por «el ángel del Señor», que ha cobrado tanto relieve en la infancia de Jesús (1,20; 2,13.19). El ángel va revestido de la gloria divina (color blanco); aparta la losa, quitando la separación entre el mundo de los vivos y el de los muertos (cf. 22,32). Jesús no ha quedado prisionero de la muerte. La aparición inutiliza la vigilancia de los guardias, que los sumos sacerdotes y fariseos habían querido asegurar (27,66).
El ángel es mensajero. Ellas buscan a Jesús el crucificado, es decir, piensan que Jesús está definitivamente muerto. De hecho, habían ido a visitar el sepulcro sin esperar nada extraordinario, pensando que allí estaba encerrado el cuerpo de Jesús. La alusión del ángel a las predicciones de la resurrección implica un reproche a las mujeres y a los discípulos.
El ángel ha corrido la losa para que pueda constatarse que Jesús no está en el sepulcro. Las mujeres deben ser testigos del hecho, para comunicarlo inmediatamente a los discípulos. La cita en Galilea para después de la resurrección había sido dada por Jesús camino de Getsemaní (26,32). El ángel la confirma.
«Esto es todo» (7), lit. «he aquí, os he dicho», fórmula conclusiva como, en estilo oratorio, «he dicho».
v. 8. Al contrario que en Mc, el miedo está mezclado de gran alegría, y van a cumplir el encargo, pero ellas mismas tienen un encuentro con Jesús. El saludo de éste («alegraos») es el ordinario de la cultura griega, traducido en 27,29 por «salud». En este contexto, sin embargo, recuerda la recomendación de Jesús a los discípulos para el tiempo de persecución (5,12): «alegraos y regocijaos, que Dios os va a dar una gran recompensa». La recompensa allí anunciada es la vida que supera la muerte, visible ahora en Jesús.
v. 10. Jesús las exhorta a no temer. Su resurrección es sólo causa de alegría. Repite el encargo del ángel y llama a los discípulos «sus hermanos». Ahora, cuando está disponible el Espíritu, puede llamarlos así: el Espíritu los hace hijos del mismo Padre.
COMENTARIO 2
La exacta percepción femenina de los acontecimientos, percepción presente en todo el relato de la Pasión-Resurrección (mujer de Betania, esposa de Pilato, mujeres de Galilea en el Calvario y en el sepulcro), las hace más sensibles a la comprensión del acontecimiento pascual. Por ello reciben del ángel la aprobación y el anuncio que plenifica su intuición: "¿Buscan a Jesús el crucificado?, no está aquí, ha resucitado como había dicho".
Pero junto a ello se les encomienda una misión. Deben transmitir una palabra a los discípulos. Han sido testigos de que la piedra del sepulcro ha sido corrida y deben atestiguar este hecho a los discípulos. La cita en Galilea dada por Jesús es confirmada por el ángel. En esa tierra, paradigma de la muerte y de las tinieblas causadas por la explotación y opresión de los poderes imperiales, es posible ahora el encuentro con Jesús. Los integrantes de la comunidad cristiana reaccionan con temor y alegría. Sentimientos entremezclados que les ayudan a actuar el anuncio pascual tomando distancia del sepulcro y de la muerte y marchando al encuentro del Resucitado...
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