Sábado 4
de mayo de 2002

Mónica

 

COMENTARIOS

  1. Juan Mateos , El evangelio de Juan. Texto y comentario . Ediciones El almendro, Córdoba 2002 (en prensa). 
  2. Diario Bíblico . Cicla (Confederación Internacional Claretiana de Latinoamérica), distribuido en España por Ediciones El almendro, Córdoba


EVANGELIO
Juan 15, 18-21
(trad. Juan Mateos , Nuevo Testamento , Ediciones Cristiandad 2ª Ed., Madrid, 1987)

18Cuando el mundo os odie, tened presente que pri­mero me ha odiado a mí. 19Si pertenecierais al mundo, el mundo os querría como a cosa suya, pero como no pertenecéis al mundo, sino que, al elegiros, yo os saqué del mundo, por eso el mundo os odia.

20Acordaos del dicho que yo mismo os cité: «No es un siervo más que su señor». Si a mí me han perseguido, tam­bién a vosotros os perseguirán ;si han vigilado mi mensaje, también el vuestro lo vigilarán. 21Todo eso lo harán contra vosotros por ser de los míos, porque no quieren reconocer al que me envió.

                                                                                                                              

  

COMENTARIO 1


v. 18-19: Cuando el mundo os odie, tened presente que pri­mero me ha odiado a mí. 19Si pertenecierais al mundo, el mundo os querría como a cosa suya, pero como no pertenecéis al mundo, sino que, al elegiros, yo os saqué del mundo, por eso el mundo os odia.

El mundo, nombre colectivo, designa al circulo o sis­tema de poder que organiza la sociedad, y a sus adeptos. En este con­texto designa a todo sistema injusto. El favor o la desgracia ante «el mundo» depende de la aceptación o no de sus valores; los discípulos han roto con él, al optar por Jesús, opción confirmada por su elección. Éste es el éxodo al que Jesús invita: el paso de la esclavitud a la libertad (8,36), de la muerte a la vida (5,24).

vv. 20-21: Acordaos del dicho que yo mismo os cité: «No es un siervo más que su señor». Si a mí me han perseguido, tam­bién a vosotros os perseguirán ;si han vigilado mi mensaje, también el vuestro lo vigilarán. 21Todo eso lo harán contra vosotros por ser de los míos, porque no quieren reconocer al que me envió.

Jesús repite la primera parte del proverbio citado antes (13,16: el amor significa servicio mutuo), para mostrarles que la persecución es la consecuencia inevitable de la práctica del servicio a los hombres (cf. 5,16). La actitud de los partidarios del sistema ante Jesús y los suyos es la de sospecha continua (vigilarán), porque la propuesta de una alternativa los irrita y los alarma. Los dirigentes se han negado a reconocer que Jesús era el enviado del Padre (v. 21).    

COMENTARIO 2 


Ayer interrumpimos la lectura de Hechos por celebrarse la fiesta de los apóstoles Felipe y Santiago que tiene lecturas propias. Hoy la reanudamos, dándonos cuenta de que se han omitido en la lectura litúrgica algunos pasajes importantes para comprender lo que sigue. En primer lugar omitimos el pasaje del envío de una delegación de la iglesia madre de Jerusalén encargada de presentar el llamado “decreto apostólico” a las comunidades de Antioquia (Hch 15, 22-35). La delegación estaba compuesta por un tal Judas, apodado Barsabás, y nunca más mencionado en la obra, y Silas, ambos designados como “dirigentes”. Más tarde se les llamará también “profetas” (15, 32), es decir: intérpretes de las Escrituras y mediadores de la acción del Espíritu. Pablo y Bernabé hacen naturalmente parte de la comitiva. Ellos debían comunicar de viva voz, como era usual en la época, el contenido del decreto y de la carta que lo acompañaba. Así lo hicieron, consolidando además la fe y la vida de la iglesia de Antioquía. Otro pasaje omitido es el del comienzo del llamado 2º viaje misionero (15, 36-41) en el cual los compañeros del 1er viaje, Bernabé y Pablo, se separan a causa de Juan Marcos, el que los había abandonado apenas tocada la costa de Anatolia. Se nos informa que Pablo, tomando ahora como acompañante a Silas, se dirige por tierra a visitar las comunidades de Siria y de Cilicia.

En el pasaje que leímos hoy vemos a Pablo visitando nuevamente las comunidades de Derbe y Listra, no se mencionan las cercanas Iconio y Antioquía de Pisidia. En Listra Pablo recluta a un joven cristiano llamado Timoteo, hijo de judía y pagano, que habría sido circuncidado por Pablo para no ofender a los judíos de la región. La noticia contrasta con todo lo que se nos ha dicho que había sido decidido en Jerusalén, y con la actitud de Pablo frente a la circuncisión, tal y como la conocemos por sus propias cartas (véase por ejemplo: Rm 4, 9-12; Gál 5, 2-6; 6, 11-18).

Ahora ha crecido el equipo misionero de Pablo pues, aparte de algunos otros que no habrán sido mencionados, sabemos ciertamente lo acompañaban Silas y Timoteo. Es que Pablo no es un misionero solitario, un “francotirador”, sino que va siempre acompañado de otros misioneros, conformando un verdadero equipo en el cual se distribuyen las funciones, no pocas, de una empresa de evangelización de semejantes proporciones. Todo un modelo y una ejemplo de evangelización para nosotros. Y estos compañeros serán estables, Silas, llamado también Silvano, será mencionado en diversos lugares del NT: 1Tes 1, 1; 2Tes 1, 1; 2Cor 1, 19; 1Pe 5, 12. Aparece como co-remitente de varias cartas y como compañero o discípulo de Pedro. Lo mismo sucede con Timoteo: acompañará al apóstol en el resto de sus viajes misioneros y será el destinatario de dos de las cartas pastorales, en donde lo encontramos como dirigente de las comunidades cristianas de la isla de Creta.

En la 2ª parte de la lectura se nos da un itinerario misionero regido por el Espíritu Santo. Es El quien decide a dónde deben ir los apóstoles. Impidiéndoles detenerse en otras provincias de Anatolia: Asia, Frigia, Galacia, Misia y Bitinia, los orienta claramente hacia la costa del mar Egeo, a una pequeña población llamada Troas, cerca del emplazamiento de la antigua Troya. Allí Pablo tiene una visión nocturna: un macedonio que lo llama pidiéndole ayuda para su pueblo. Macedonia se encontraba al otro lado del mar, en territorio europeo, en un país situado al norte de Grecia, en la basta península Balcánica. Interpretada la visión como un aviso devino, los misioneros se aprestan a embarcarse para Europa, portadores del evangelio, la “Buena Noticia” de nuestro Señor Jesucristo.

Curiosamente el redactor de Hechos al final del pasaje que acabamos de leer, comienza a hablarnos en 1ª persona del plural: “intentamos pasar a Macedonia”. ¿Es que él iba personalmente en el grupo? De quién se trataría? A partir de este momento se suceden en el texto varios de estos pasajes llamados “pasajes nosotros”, por estar en 1ª persona del plural: 16, 10-17; 20, 5- 21, 18; 27, 1- 28, 16. Muchos pensaron que se trataba de Lucas, a quien se atribuye el libro, como ya sabemos. Estaría utilizando una especie de diario de viaje, y se habría unido al grupo evangelizador precisamente en Troas. Otros piensan que es simplemente un artificio literario para darle mayor viveza al relato. Quedamos informados.

En la lectura evangélica, que sigue siendo del evangelio de san Juan, Jesús anuncia a sus discípulos que experimentarán el odio del mundo, como El mismo lo ha experimentado. Nos extraña esta concepción pesimista y negativa del mundo en boca de Jesús, pero es que en el 4º evangelio se emplea un lenguaje que estaba muy en boga a finales del siglo 1º de nuestra era. Era el lenguaje dualista que presentaba las cosas en forma de oposiciones: cielo y tierra, arriba y abajo, bien y mal, Dios y Demonio, carne y espíritu. Uno de los polos era concebido como bueno y positivo, el otro como malo y negativo.

Este lenguaje ya era conocido en el mundo judío antes de Jesucristo: aparece reflejado en los escritos de Qumrán, en buena parte de la literatura apócrifa apocalíptica de los judíos e, incluso, en algunos pasajes sapienciales o apocalípticos del AT. Cuando Jesús habla del mundo que lo odia y que también odiará a sus discípulos, no se está refiriendo al cosmos, al universo como creación de Dios, pues este es bueno y refleja la sabiduría, la bondad y la belleza del creador. Se está refiriendo en cambio al entramado de los poderes y los intereses de la historia, por ejemplo al Imperio Romano con todas sus injusticias sociales y económicas; o a la orgullosa cultura helenista que imperaba en la época y que era el soporte de la organización política; o a las comunidades judías extremadamente nacionalistas, fatuamente orgullosas de sus tradiciones anquilosadas; o a la actitud cerrada de tantas personas egoístas, vanidosas, avaras, crueles e insensibles que se opondrían necesariamente a la predicación evangélica.

Jesús anuncia a sus discípulos el odio del mundo que se manifestará en persecuciones, como las que Él mismo ha sufrido, como han sido constantes a lo largo de la historia del cristianismo. Persecuciones que en lugar de detener el ímpetu evangelizador de la Iglesia, la lanzan a nuevos horizontes, a nuevas fronteras, confortada por el Espíritu de Jesucristo.


 

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