Sábado 1
de junio de 2002

Justino

 

COMENTARIOS

  1. J. Mateos-F. Camacho, Marcos. Texto y Comentario. Ediciones El Almendro. Córdoba
  2. Diario Bíblico. Cicla (Confederación Internacional Claretiana de Latinoamérica), distribuido en España por Ediciones El almendro, Córdoba


EVANGELIO
Marcos 11, 27-33
(trad. Juan Mateos, Nuevo Testamento , Ediciones El Almendro, Córdoba)

27Llegaron de nuevo a Jerusalén y, mientras paseaba por el templo, se le acercaron los sumos sacerdotes, los letrados y los senadores 28y le preguntaron:

-¿Con qué autoridad actúas así?, o sea, ¿quién te ha dado la autoridad para actuar así?

29Jesús les contestó:

-Os voy a hacer una pregunta; contestádmela y os diré con qué autoridad actúo así. 30El bautismo aquel de Juan, ¿era cosa de Dios o cosa humana? Contestadme.

31Ellos razonaban, diciéndose unos a otros:

-Si decimos «de Dios», dirá: «Y, entonces, ¿por qué no le creísteis?»; 32pero si decimos «cosa humana»...

(Tenían miedo del pueblo, porque todo el mundo pensaba que Juan había sido realmente un profeta.)

33Y respondieron a Jesús:

No lo sabemos.

Jesús les replicó:

-Pues tampoco yo os digo con qué autoridad actúo así.

  

COMENTARIO 1


 

v. 27 a Y llegaron de nuevo a Jerusalén

Llegada a Jerusalén, donde se prevén reacciones a la denuncia del templo hecha el día antes por Jesús.

v. 27b Mientras él paseaba por el templo, se le acercaron los sumos sacerdo­tes, los letrados y los senadores...

Aunque los dirigentes traman su muerte (11,18), Jesús se pasea solo por el templo, sin que se mencionen sus discípulos. Mientras que los dirigentes tienen miedo de él (11,18), él no lo tiene de ellos.

Se le acercan los tres grupos que componían el Sanedrín o Gran Con­sejo, exponentes de los tres poderes: el religioso-político (los sumos sacerdotes, aristocracia sacerdotal), el intelectual (los letrados, teólo­gos y juristas) y el económico (los senadores, aristocracia civil). La presen­cia de los tres grupos, el Consejo en pleno, indica la gravedad de la situación.

v. 28 ... y le preguntaron: «¿Con qué autoridad actúas así?, o sea, ¿quién te ha dado la autoridad para actuar así?»

Le hacen dos preguntas: la primera quiere saber qué clase de autori­dad se atribuye Jesús para hacer lo que hace, la segunda, quién se la ha dado. A su entrada en Jerusalén Jesús ha sido aclamado como Mesías, y la expulsión de los mercaderes era fácil de interpretar como un gesto mesiánico. Los dirigentes no consideran por un momento si la actuación de Jesús estaba justificada, si su denuncia correspondía a un abuso real. Pero, como representantes y custodios de la institución, afirman tener autoridad legftima, procedente en último término de Dios, y tienen dere­cho a saber de labios de Jesús qué títulos ostenta que justifiquen su actuación. Intentan llevarlo al terreno jurídico.

vv. 29-31  Jesús les contestó: «Os voy a hacer una pregunta; contestádmela y os diré con qué autoridad actúo así. El bautismo aquel de Juan, ¿era cosa de Dios o cosa humana? Contestadme». Ellos razonaban, diciéndose unos a otros: «Si decimos "de Dios", dirá: "Y entonces, ¿por qué no le creísteis?"»

Jesús quiere desenmascarar la mala voluntad de los dirigentes, que impide toda posibilidad de diálogo. Hace su pregunta, aunque prevé que no van a contestarla (contestádmela y os diré), porque cualquier res­puesta los comprometería. Los dirigentes quieren juzgar sobre la proce­dencia del mesianismo de Jesús, pero no pueden hacerlo sin definirse antes sobre la procedencia del bautismo de Juan, precursor de Jesús. Les pide una opinión sobre la actividad de Juan Bautista, que tampoco tenía credenciales jurídicas. La pregunta que les hace: ¿era cosa de Dios o cosa humana?, es la misma que puede hacerse sobre su pretensión mesiánica. Y está claro que ellos, los administradores de la «cueva de bandidos», no han hecho caso de la exhortación de Juan a la enmienda.

vv. 31-32 ... pero si decimos «cosa humana» ... (Tenían miedo del pueblo, por­que todo el mundo pensaba que Juan había sido realmente un profeta.)

Los dirigentes se muestran inseguros, ponderando los pros y los contras de cada alternativa. Querrían decir que el bautismo de Juan era cosa humana, pero no se atreven, tienen miedo al pueblo si contradicen una persuasión arraigada (que había sido un profeta). En cualquier caso ven amenazado su poder.

v. 33  Y respondieron a Jesús: «No lo sabemos». Jesús les replicó: «Pues tam­poco yo os digo con qué autoridad actúo así».

Optan por no pronunciarse, mostrando su mala fe. Sus motivaciones nada tienen que ver con Dios, cuya invitación han rechazado en la perso­na de Juan: buscan conservar su poder y salvaguardar sus intereses. Para ello, lo más conveniente es mantener una postura ambigua que no los comprometa. Con ello, sin embargo, no podrán condenar el mesianismo de Jesús ni desautorizarlo. Tendrán que tolerar su enseñanza y, más tarde, prenderlo a traición.

Jesús no responde a la mala fe.

 

 

 

COMENTARIO 2 


Esta vez se acercan a Jesús representantes de los tres poderes: el religioso (sumos sacerdotes), el ideológico (letrados) y el económico (senadores, por lo común, saduceos que conformaban la aristocracia civil). Lo que van a preguntarle debe tener gran importancia, pues afecta a todos por igual. Están preocupados seriamente por saber con qué autoridad actúa Jesús y de quién proviene su autoridad, pues su modo de hablar y de actuar de Jesús cuestiona el de ellos y su autoridad.

Jesús, consciente de la mala voluntad de quienes le preguntan, les responde con una pregunta que desenmascara su manera de proceder ambigua: El bautismo de Juan, les pregunta, ¿era cosa de Dios o cosa humana? Contéstenme. Pero ellos no responden, porque si dicen que era cosa de Dios, serían responsables de no haberse convertido, y si cosa humana, la gente se les echaría encima porque consideraban a Juan un profeta.

Por eso, a quien se niega a dialogar dando la callada por respuesta, Jesús no dará respuesta alguna. Él sabe de sobra que lo único que les interesa es conservar su poder y continuar aprovechándose del pueblo. Y ellos intuyen que Jesús los conoce. Así que por el momento tendrán que seguir tolerando la enseñanza de Jesús hasta que encuentren el momento de entregarlo a traición y consigan condenarlo a muerte embaucando y engañando al pueblo. El poder tiene siempre una estrategia de ambigüedad pretendida con la única finalidad de perpetuarse a cualquier precio. ¿Somos conscientes de ello?


 

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