Sábado 8
de junio de 2002

CORAZÓN DE MARÍA

Armando - Medardo

 

COMENTARIOS

  1. J. Mateos-F. Camacho, Marcos. Texto y Comentario. Ediciones El Almendro. Córdoba
  2. Diario Bíblico. Cicla (Confederación Internacional Claretiana de Latinoamérica), distribuido en España por Ediciones El almendro, Córdoba


EVANGELIO
Marcos 12, 38-44
(trad. Juan Mateos, Nuevo Testamento , Ediciones El Almendro, Córdoba)

38Entre lo que enseñaba, dijo:

-¡Cuidado con los letrados! Esos que gustan de pa­searse con sus vestiduras y de las reverencias en la calle, 39de los primeros asientos en las sinagogas y de los pri­meros puestos en los banquetes; 40esos que se comen los hogares de las viudas con pretexto de largos rezos. Esos tales recibirán una sentencia muy severa.

41Se sentó enfrente de la Sala del Tesoro y observaba cómo la gente iba echando monedas en el tesoro; muchos ricos echaban en cantidad. 42Llegó una viuda pobre y echó dos ochavos, que hacen un cuarto. 43 Convocando a sus discípulos, les dijo:

-Esa viuda pobre ha echado en el tesoro más que na­die, os lo aseguro.  44Porque todos han echado de lo que les sobra; ella, en cambio, sacándolo de su falta, ha echado todo lo que tenía, todos sus medios de vida.

  

COMENTARIO 1


 

           

v. 38:  Entre lo que enseñaba, dijo: «¡Cuidado con los letrados! Esos que gus­tan de pasearse con sus vestiduras y de las reverencias en la calle,»...

Jesús previene al pueblo contra los letrados (¡Cuidado!) y pone en evi­dencia su conducta. Muestran un ansia desmedida de honores: visten de manera especial para señalar su categoría y recibir muestras de respeto (vestiduras, reverencias) y aceptan con gusto las señales de deferencia (pri­meros puestos). Al reconocimiento de su superioridad corresponde la sumisión del pueblo.

 

v. 39:  ... «de los primeros asientos en las sinagogas y de los primeros puestos en los banquetes»;...

Por su deseo de preeminencia y prestigio, quieren ser siempre «pri­meros», ponerse por delante de los demás. Es lo contrario de lo que debe suceder entre los seguidores de Jesús (9,35; 10,44). Subrayando su supe­rioridad, crean la desigualdad y afirman su poder sobre el pueblo. Y eso en todos los terrenos: lugares públicos (la calle), asamblea religiosa (las sinagogas), actos sociales (los banquetes).

 

v. 40:  ... «esos que se comen los hogares de las viudas con pretexto de largos rezos. Esos tales recibirán una sentencia muy severa.»

En el ámbito privado, utilizan la religión para aprovecharse de gente desamparada e indefensa, cuyo prototipo eran las mujeres viudas (cf. 7,6s). Ellos, los hombres ejemplares, se hacen intercesores ante Dios; disfrazan su ansia de dinero de buena obra, y sus víctimas tienen todavía que estarles agradecidas por la injusticia de que son objeto. Su sentencia será muy severa porque explotan a los más desvalidos usando el nombre de Dios.

Jesús no hace acusaciones vagas e imprecisas, invita a la gente a darse cuenta de lo que tienen ante los ojos. Quiere que el pueblo adquie­ra espíritu crítico y así se haga libre: que no se someta a superioridades inmerecidas, que no tribute respetos impuestos, que dé a las personas su valor real. La apariencia de virtud de los letrados es falsa, en realidad están muy lejos de Dios (cf. 7,6s). Si el pueblo es capaz de ver los hechos, no se dejará guiar por tales maestros.

 

v. 41:  Se sentó enfrente de la Sala del Tesoro y observaba cómo la gente iba echando monedas en el tesoro; muchos ricos echaban en cantidad.

Terminados los encuentros con los dirigentes, Jesús se sienta ante la Sala del Tesoro, punto neurálgico del templo explotador. Su postura lo presenta como antagonista permanente de ese lugar, que almacena el expolio hecho al pueblo por los dirigentes.

La multitud, aunque ha quedado impresionada por la enseñanza de Jesús en la que denunciaba la explotación (11,18), y a pesar de ser vícti­ma de ésta, sigue apoyando al templo (iba echando monedas). El halo reli­gioso de que la institución se rodea tiene más fuerza que la denuncia de Jesús. Un grupo numeroso, los ricos, contribuyen con grandes sumas de dinero (echaban en cantidad); su generosidad muestra que aprueban los métodos de la institución injusta y la sostienen con gusto.

 

v. 42:  Llegó una viuda pobre y echó dos ochavos, que hacen un cuarto.

A la gente y a los ricos se contrapone la figura de una viuda pobre, miembro débil, indefenso, de la sociedad (viuda, 12,40) y sin relieve social (pobre). Su oferta es insignificante; no es en realidad una contribu­ción al sostenimiento del templo, sino un acto de devoción, un símbolo de amor.

 

v. 43:  Convocando a sus discípulos, les dijo: «Os aseguro que esa viuda pobre ha echado en el tesoro mas que nadie»,...

Jesús convoca a los discípulos, que no habían comprendido su exi­gencia de dejar la riqueza (10,23-26). Les enseña a interpretar los hechos: compara el comportamiento de los ricos y el de la viuda pobre. Su dicho es solemne (Os aseguro) y enuncia una paradoja: lo que es menos vale más, lo poco del pobre vale más que lo mucho del rico. Va a explicarlo a continuación.

 

v. 44:  «Porque todos han echado de lo que les sobra; ella, en cambio, sacándo­lo de su falta, ha echado todo lo que tenía, todos sus medios de vida».

Da un juicio general: todos han echado de lo que les sobra: es una multitud que no se entrega, para la que Dios no es el valor supremo. Dar de lo superfluo significa no dar lo esencial, que es la persona. No son los ricos de Israel quienes valen a los ojos de Dios, sino los que ponen su confianza en él.

Con su óbolo, la viuda se da a sí misma; hace de Dios el valor supre­mo, por encima de su propia persona, y hace depender su vida de él, pues no tiene más medios de subsistencia. Las expresiones; todo lo que tenía, todos sus medios de vida reflejan el mandamiento principal cita­do antes por Jesús (12,30: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu cora­zón, etc.»). Este ha de ser el criterio de los discípulos: una entrega par­cial, como la de los ricos, aunque muy aparente, tiene menos valor que una entrega total, aunque de apariencia modesta. Lo que vale es la totali­dad del don. La viuda es ejemplo de un amor total a Dios, expresado en el total desprendimiento del dinero; es la antítesis de los dirigentes, infieles a Dios por su amor al dinero.

La viuda representa al Israel fiel a Dios. Los discípulos, en cambio, estiman más la gloria que la entrega. Cuando se trató el tema de la rique­za, ellos se extrañaron de la exigencia de Jesús al rico y se preguntaban: «Entonces, ¿quién puede subsistir?» (10,26); la respuesta que les dio Jesús: «Con Dios todo es posible» (10,27), es la que se hace patente en el comportamiento de la viuda, que da todo lo que tenía para vivir. Esta con­fianza equivale a la del discípulo (10,21: «tendrás en Dios tu tesoro»). En ella, no en el esplendor, está la verdadera gloria de Israel.

 

COMENTARIO 2 


Jesús se sienta frente a la Sala del Tesoro, corazón del templo judío y expresión del sistema explotador del mismo, pues éste se alimenta no sólo del dinero de los ricos, sino también del de los pobres que deben comprar animales para ofrecerlos a Dios y de este modo obtener su perdón.

En el evangelio de hoy se oponen dos actitudes: la de los letrados y los ricos y la de la viuda pobre. Los letrados, de los que hay que guardarse, buscan la ostentación, les gusta ser respetados y ocupar los primeros puestos en la vida litúrgica (sinagoga) y en la vida social (banquetes), pero, sobre todo, son amantes del dinero de los seres más desamparados, como las viudas cuyos bienes se comen con pretexto de largos rezos. Los ricos, por su parte, dan a Dios del dinero que les sobra, pero no se entregan a él en totalidad, pues Dios no es para ellos el valor supremo.

La viuda, por su parte, no sólo no se queda con lo de los demás, sino que da a Dios todo lo que tiene, lo que ella necesita para vivir, afirmando con esto que Dios es el valor supremo y que su vida no depende del dinero, sino de ese Dios que da la vida a quien se entrega a él por amor. Esta viuda sabe que el primer mandamiento es amar al Señor con todo su corazón y lo pone en práctica dando de lo que le hace falta para vivir y confiando en la generosidad de ese Dios que da la vida a todos.

Jesús aprecia este gesto frente al de los ricos, pues el Dios de Jesús no quiere corazones partidos, sino la entrega total a él. La viuda sabe que tendrá en Dios su tesoro, pero los ricos prefieren reservar parte de su tesoro como garantía de vida y seguridad.. Por eso, dice el evangelio que “esos tales recibirán una sentencia severísima”.


 

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