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Onofre
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17¡No penséis que he venido a echar abajo la Ley ni los Profetas! No he venido a echar abajo, sino a dar cumplimiento: 18porque os aseguro que antes que desaparezcan el cielo y la tierra, ni una letra ni una coma desaparecerá de la Ley antes que todo se realice. 19Por tanto, el que se exima de uno solo de esos mandamientos mínimos y los enseñe así a los hombres, será llamado mínimo en el reino de Dios; en cambio, el que los cumpla y enseñe, ése será llamado grande en el reino de Dios.
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v. 17: ¡No penséis que he venido a echar abajo la
Ley ni los Profetas! No he venido a echar abajo, sino a dar cumplimiento...
. Jesús quiere deshacer un malentendido y
una decepción. Quienes conocen la grandeza de las promesas del AT, que se
han traducido en la expectativa mesiánica, pueden sentirse defraudados ante
el horizonte que presenta Jesús. Una comunidad de pobres y perseguidos no parece
responder a la expectativa de felicidad y prosperidad anunciadas. Jesús afirma
que su misión («he venido») no consiste en echar abajo el AT (la Ley m los
Profetas) como promesa del reinado de Dios sino todo lo contrario dar
cumplimiento a esas promesas.
«Echar abajo»: el verbo griego kataluô significa «echar abajo, demoler,
derribar» un edificio, no abolir una ley, En Mt se usa siempre del templo (24,2;
26 61 27 40).
«La Ley y los Profetas» es un modo de
designar el conjunto del AT. El doble complemento excluye también el sentido de
«derogar» como si se tratara solo de preceptos legales.
«Dar cumplimiento». El verbo griego plerôsai es utilizado continuamente por
Mt para indicar el cumplimento de profecías (1,22; 2,15.17.23 4 14 8 17 12 17
etc.). Su relación con los Profetas» es clara; pero también tiene relación con
«la Ley» es decir, con los escritos de Moisés, pues se pensaba que el Mesías
había de realizar el éxodo definitivo, del que el realizado por Moisés era
sólo tipo. De hecho, Mt considera la Ley y los Profetas como profecía del
reinado de Dios (cf. 11,13). La misión de Jesús es positiva, no negativa; viene
precisamente a dar cumplimiento a las promesas del reinado de Dios contenidas en
el AT.
v. 18: porque os aseguro que antes que desaparezcan
el cielo y la tierra, ni una letra ni una coma desaparecerá de la Ley antes que
todo se realice.
. Jesús confirma solemnemente lo dicho («os
aseguro»). Todo lo contenido en la Escritura (lit. «la Ley»; otro modo de
designar el AT, que pone el énfasis en la obra de Moisés) se realizará hasta en sus mínimos detalles, antes
que desaparezca el mundo visible. No se trata, pues, en el texto de observar una
ley, sino de realizar una promesa (cf. 6,10: «realícese en la tierra tu designio
del cielo», que equivale a la llegada del reino mencionada inmediatamente
antes).
El término «la Ley» se refiere en
particular al nuevo éxodo y a la entrada en la nueva tierra prometida. El éxodo
liberador comienza con la muerte de Jesús y queda abierto para toda la
humanidad. No hay lugar, por tanto, a decepción alguna por lo que Jesús ha
dicho. El programa propuesto por él es el único eficaz para llevar a cabo
el designio de Dios anunciado en el AT. El malentendido que disipa Jesús
revelaba una mentalidad particular: la de aquellos que esperaban un reinado
de Dios implantado desde arriba, sin colaboración humana. Jesús ha expuesto
en su programa (las bienaventuranzas) que esta colaboración es indispensable
para crear la sociedad humana justa que es el reinado de Dios y la tierra
prometida a la que conduce su éxodo.
v.19: Por tanto, el que se exima de uno solo de
esos mandamientos mínimos y los enseñe así a los hombres, será llamado
mínimo en el reino de Dios; en cambio, el que los cumpla y enseñe, ése será
llamado grande en el reino de Dios.
De ahí la necesidad para los discípulos de
practicar cada una de las bienaventuranzas antes propuestas. «Esos
mandamientos mínimos»: «esos» (en griego, touton) no puede referirse a los
mandamientos de la Ley, no mencionados antes, sino a los expuestos por Jesús, es
decir, a las bienaventuranzas, código de la comunidad del reino. Para
referirse a los de la Ley -ni la letra ni el acento son mandamientos-, el
texto deberla decir «sus mandamientos». El nombre «mandamientos» indica
precisamente que las bienaventuranzas toman el lugar de los de la antigua Ley.
El calificativo «mínimos»
corresponde a lo expresado por Jesús en 11,30: «Mi yugo es llevadero y mi
carga ligera.»
Las frases «será llamado mínimo/grande en
el reino de Dios» no indican jerarquía en el reino; son expresiones judías que
designan la exclusión del reino o la pertenencia a él. La exigencia de
Jesús es, por tanto, total; no se puede pertenecer al reino si no se practican
todas y cada una de las bienaventuranzas que tocan al discípulo. Jesús se
refiere principalmente a la primera y a la última, que invitan a la opción y a
la fidelidad a ella; de éstas nacen la disposición y la actividad en favor de
los otros (5,6-9).
Estos «mínimos» o excluidos del reino de Dios reaparecen bajo diversas imágenes en otros pasajes del evangelio: son los falsos profetas (7,15), los árboles dañados que dan fruto dañado (7,17s), los que invocan a Jesús y actúan en su nombre, pero cometen la iniquidad (7,21-23; cf. 13,41), la cizaña en el campo (13,38), los peces que se excluyen (13,48s), el invitado sin traje de fiesta (22,12s). La imagen del árbol (7,17s) los pone en relación con el dicho de Juan Bautista (3,10): son los que no han hecho una verdadera enmienda, los que no han roto con la injusticia del pasado (3,8).
COMENTARIO 2
La
transmisión de comportamientos y de formas de vida suele exigir personas que
cumplan esa función en un determinado grupo humano. Dichas personas están
expuestas al riesgo de disociación entre su enseñanza y su práctica. Cuando ese
ámbito es el específicamente religioso, las personas encargadas de la enseñanza
pueden cuidar más del aprecio de los demás que de la autenticidad de la relación
con Dios. La incoherencia se convierte así en oposición a la misma
religiosidad.
Esta
actitud se podía descubrir en algunos dirigentes judíos del tiempo de Jesús y ,
posteriormente, en la dirigencia farisea del ámbito en que desarrollaba su vida
la comunidad de Mateo. Pero también es un peligro que acecha a las comunidades
cristianas y a sus dirigentes. De ahí el interés de hacer presente la enseñanza
de Jesús en este punto.
El
texto en el v.19 coloca en relación con la Ley dos actividades: la práctica y la
enseñanza o, conforme a sus palabras, “hacer y enseñar”. Ambas actividades en
este marco dicen algo acerca de realización de la vida en la justicia (v.20). De
la mención de los fariseos en este último versículo y de la crítica de Mateo al
fariseísmo se puede definir la justicia insuficiente de estos como de
“incoherencia”: “dicen y no hacen” como se consigna en 23,
3b.
La
vida en justicia para la comunidad no se juega a nivel de las expresiones
verbales sino fundamentalmente en las acciones de cada uno de sus miembros.
Sin
embargo, ese v.19 distingue entre dos formas de relación entre enseñanza y
práctica religiosa. Se caracteriza la integralidad de la justicia que permite
distinguir dos categorías de persona según la atención al “más pequeño de los
mandamientos”.
Sin
embargo, Mateo no pretende presentar un nuevo legalismo para la comunidad. Ya
desde el v.17 se tiene presente la actuación de Jesús, su misión que es el
fundamento de toda práctica comunitaria.
Dicha
misión, frente a la Ley, surge de la afirmación de uno de los dos términos
opuestos que se mencionan: abolir y cumplir. “No he venido a abolir...sino a
cumplir”. Pero esa Ley se presenta con un sentido particular en Mateo. El
cumplimiento está referido a las promesas, a lo dicho por Dios a través de los
profetas y, en este caso de la Ley. Por tanto debemos entender “La ley y los
profetas” como la expresión histórica del designio divino.
De
esta forma nos encontramos con la coherencia del mismo Dios que “cumple” su
Palabra y nos encontramos con la suprema coherencia de Jesús que lleva a
plenitud esa Palabra divina.
Esa
coherencia abarca las mínimas disposiciones del querer de Dios, y eso de tal
forma que tiene una firmeza superior a la firmeza del curso natural de las cosas
a la que se evoca con la mención de “cielo y tierra”.
Por
consiguiente, desde la coherencia de Dios y de Jesús, se invita a la comunidad
cristiana de aquella época y- a toda comunidad cristiana a lo largo del tiempo-
a asumir plenamente la voluntad salvífica que se nos manifiesta en las palabras
de la Escritura y que deben hacerse vida en la existencia de cada
creyente.
La glorificación de Dios que precede inmediatamente a estos versículos (v.16), está íntimamente ligada al testimonio coherente de los miembros de la comunidad cristiana que deben ser capaces de transmitir la enseñanza de una salvación experimentada ya en la propia vida.
FUNDACIÓN ÉPSILON
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