Jueves 13
de junio de 2001

Antonio de Padua 

 

COMENTARIOS

  1. J. Mateos-F. Camacho El evangelio de Mateo. Lectura comentada, Ediciones Cristiandad, Madrid
  2. Diario Bíblico . Cicla (Confederación Internacional Claretiana de Latinoamérica), distribuido en España por Ediciones El almendro, Córdoba


EVANGELIO
Mateo 5, 20-26
(trad. Juan Mateos , Nuevo Testamento , Ediciones Cristiandad 2ª Ed., Madrid, 1987)

20porque os digo que, si vuestra fidelidad no se sitúa muy por encima de la de los letrados y fariseos, no entráis en el reino de Dios.

21Os han enseñado que se mandó a los antiguos: «No matarás (Ex 20,13), y si uno mata será condenado por el tribunal». 22Pues yo os digo: Todo el que esté peleado con su hermano será condenado por el tribunal; el que lo in­sulte será condenado por el Consejo; el que lo llame rene­gado será condenado al fuego del quemadero.

23En consecuencia, si yendo a presentar tu ofrenda al altar, te acuerdas allí de que tu hermano tiene algo contra ti, 24deja tu ofrenda allí, ante el altar, y ve primero a re­conciliarte con tu hermano; vuelve entonces y presenta tu ofrenda.

25Busca un arreglo con el que te pone pleito, cuanto antes, mientras vais todavía de camino; no sea que te en­tregue al juez, y el juez al guardia, y te metan en la cárcel. 26Te aseguro que no saldrás de allí hasta que no pagues el último cuarto.

 

  

COMENTARIO 1


v. 20: porque os digo que, si vuestra fidelidad no se sitúa muy por encima de la de los letrados y fariseos, no entráis en el reino de Dios.

 Da Jesús la razón de lo que acaba de decir: la fidelidad de los suyos ha de situarse muy por encima de la de los letrados y fariseos. La fidelidad se entiende de modo intensivo y extensivo, en calidad y totalidad. Es insuficiente el legalismo, que se contenta con guardar preceptos; pero el discípulo no puede ser negligente en la práctica de su compromiso. La puerta para «entrar en el reino de Dios» es precisamente la primera bienaventuranza. A ella se refiere, por tanto, esta fidelidad.

vv. 21-22: Os han enseña do que se mandó a los antiguos: «No matarás (Ex 20,13), y si uno mata será condenado por el tribunal». 22Pues yo os digo: Todo el que esté peleado con su hermano será condenado por el tribunal; el que lo in­sulte será condenado por el Consejo; el que lo llame rene­gado será condenado al fuego del quemadero.

. Comienza una sección (5,21-48) en que Jesús ataca la concepción de la Ley mantenida por los letrados, primera de las dos categorías mencionadas en el versículo anterior. Esta sección se compone de seis antítesis entre la doctrina que éstos enseñan y las correcciones o aboliciones que hace Jesús. Éste no pretende radicalizar la ley de Moisés, sino, frente a ella, sacar las consecuencias que derivan para la conducta de un principio mucho más exigente: el bien del hombre y la crea­ción de una sociedad nueva donde rigen las relaciones humanas propias del amor mutuo. En lugar de casuística, Jesús requiere la limpieza de corazón, la actitud interior de amor a los demás y el trabajo por la paz, manifestación de esa actitud.

La primera antítesis trata del mandamiento «No matarás» (Ex 20,13), «no cometer homicidio», y de la pena que se le asignaba, la condena pronunciada por un tribunal de 23 miembros.

Jesús plantea la exigencia desde otro punto de vista. No basta abstenerse de la acción externa; la actitud interna, estar airado con el hermano, merece ya el juicio. Para el reino se requiere la disposición benévola y favorable a los demás (5,8: «limpios de corazón»). La mala actitud interior se manifiesta en el insulto; en el reino de Dios, el desprecio manifestado es reato que requiere un tribunal más elevado que el mismo homicidio, el Consejo su­premo. Cuando el insulto llega a excluir al otro del propio trato («renegado», cf. Dt 32,6, donde se aplica al pueblo de hijos degenerados), merece la pena definitiva.

«El quemadero», la ge­henna, tomó su nombre del valle Gehinnon, y era el gran quema­dero de basuras de Jerusalén; había pasado a ser símbolo del castigo definitivo, concebido como la destrucción por el fuego.

vv. 23-24: En consecuencia, si yendo a presentar tu ofrenda al altar, te acuerdas allí de que tu hermano tiene algo contra ti, 24deja tu ofrenda allí, ante el altar, y ve primero a re­conciliarte con tu hermano; vuelve entonces y presenta tu ofrenda.

Jesús pasa ahora a exponer el lado positivo de la actitud de los que trabajan por la paz. Hay que recomponer la unidad rota por alguna ofensa, y eso tiene prioridad sobre todo acto de culto (cf. 12,7). Inútil acercarse a Dios si existe división.

v. 25: Busca un arreglo con el que te pone pleito, cuanto antes, mientras vais todavía de camino; no sea que te en­tregue al juez, y el juez al guardia, y te metan en la cárcel. 26Te aseguro que no saldrás de allí hasta que no pagues el último cuarto.

Advierte Jesús sobre las consecuencias para el que está en falta de no reconocer ni procurar la reconciliación. Cuando no se ataja la discordia, su efecto recaerá sobre el que no ha querido dar el paso para lograr la paz.

 

COMENTARIO 2  


El texto se inicia con la confrontación entre la justicia de los escribas y fariseos y la justicia exigida a los discípulos. El contexto ofrece la oportunidad para desarrollar el sentido más profundo de la Ley cristiana. Por eso la mirada se detiene primeramente en los deberes sociales (c.5) para pasar luego (c.6) a las obras religiosas.

Los primeros se presentan a partir de la oposición entre “lo que fue dicho a los antiguos” y el “yo les digo” de Jesús (vv.21. 27. 31. 33. 38. 43).

La actividad legislativa de Jesús, en este campo lo conecta con Moisés que en el Sinaí transmitió la ley divina a Israel.

La primera de las oposiciones concierne a la enseñanza del quinto mandamiento. Frente a la formulación de la ley antigua propone una nueva ley de mayor exigencia y con la misma validez universal en los vv. 21-22.

El mandamiento “no matarás” pilar fundamental en el ethos (moralidad) del clan desarrolla el respeto a la vida prohibiendo la realización de actos que puedan amenazar la existencia del semejante. Los tribunales tienen la obligación de velar por este derecho fundamental de todo integrante del pueblo.

Jesús propone una interpretación más exigente de esta disposición que abarca no solamente las acciones culpables en ese orden sino la raíz de donde brotan esas acciones: el sentimiento e interioridad del ser humano. La prohibición del homicidio incluye en la nueva interpretación la prohibición de todo sentimiento de ira y animosidad contra el hermano.

El respeto de la vida debe llevar a evitar también lo que más allá del homicidio pueda significar menoscabo de la dignidad de vida para el prójimo y, por consiguiente, de la maledicencia, insulto, desprecio. Dios aparece como garante de ese derecho fundamental de todo “hermano” y se extiende a las palabras más frecuentes que, a su respecto, brotan en momentos de animosidad.

Luego de haber presentado la nueva formulación de la antigua ley, Jesús pasa a exponer su concreción en forma de un caso. Este pertenece indudablemente al derecho casuístico , indudablemente subordinado a la formulación anterior (absoluta y taxativa) y quiere indicar hasta que punto debe llevarse su observancia. Se trata por consiguiente de una explicitación que indica la radicalidad de su aplicación con la ayuda de un ejemplo.

El acercamiento al Señor de la vida, implica la pacificación con el hermano. No solamente quien ha ofendido está obligado a la reconciliación sino también quien ha sufrido una ofensa. Se subraya el carácter urgente de este deber ante el cual pierde importancia el tener o no tener a favor la razón en el conflicto. Cada uno está llamado a la superación de cualquier tipo de división comunitaria que le afecte.

Este exigencia se fundamenta luego, desde la conveniencia personal, presentando los daños que el conflicto puede crear para el que se ve en ellos implicado. Sin embargo, no debemos entender que se trata de un irenismo, de un eludir conflictos a cualquier precio. El ejemplo sirve para recordarnos las exigencias que brotan de la necesidad de construir la comunidad desde la reconciliación con quien es hermano y que necesita de nuestros actos para desarrollar su ámbito comunitario de vida en plenitud.    


 

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