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Eliseo
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27Os han enseñado que se mandó: «No cometerás adulterio» (Éx 24,14). 28Pues yo os digo: Todo el que mira a una mujer casada excitando su deseo por ella, ya ha cometido adulterio con ella en su interior. 29Y si tu ojo derecho te pone en peligro, sácatelo y
tíralo; más te conviene perder un miembro que ser echado entero en el
fuego. 30Y si tu mano derecha te pone en peligro,
córtatela y tírala; más te conviene perder un miembro que ir a parar
entero al fuego. 31Se mandó también: «El que repudia a su mujer, que le dé acta de divorcio» (Dt 24,1). 32Pues yo os digo: todo el que repudia a su mujer, fuera del caso de unión ilegal, la empuja al adulterio, y el que se case con la repudiada comete adulterio.
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vv. 27-30: Os han enseñado que se mandó: «No cometerás
adulterio» (Éx 24,14). 28Pues yo os digo: Todo el que mira a una
mujer casada excitando su deseo por ella, ya ha cometido adulterio con ella
en su interior. 29Y si tu ojo derecho te pone en peligro, sácatelo y
tíralo; más te conviene perder un miembro que ser echado entero en el fuego.
30Y si tu mano derecha te pone en peligro, córtatela y tírala;
más te conviene perder un miembro que ir a parar entero al
fuego.
Con el sexto mandamiento, la Ley prohibía
la acción externa, el adulterio. Jesús vuelve a insistir en la limpieza de
corazón (en su interior, en su
corazón). «Mujer» significa «mujer casada». El adulterio es una injusticia y lo
mismo el deseo de cometerlo. «El ojo» simboliza el deseo; «la mano», la acción.
Ceder al impulso de uno u otra lleva al hombre a la muerte. Hay que eliminar el
mal deseo con la pureza del corazón (5,8); la mala acción con la ayuda al
prójimo (5,7).
vv. 31-32: Se mandó también: «El que repudia a su
mujer, que le dé acta de divorcio» (Dt 24,1). 32Pues yo os digo: todo
el que repudia a su mujer, fuera del caso de unión ilegal, la empuja al
adulterio, y el que se case con la repudiada comete
adulterio.
El repudio es una injusticia contra la
mujer. No basta el documento legal para justificar la acción. La mujer
sigue ligada al marido que abusivamente la despidió. «Fuera del caso de unión
ilegal»: el griego porneia puede
significar la inmoralidad en general, la prostitución, la frecuentación de
prostitutas (1 Cor 6,18) y la unión entre parientes prohibida por la Ley (Lv
18,6-8; 1 Cor 5,1). En este pasaje hay que optar entre una traducción que
atribuya culpa a la mujer (inmoralidad, prostitución) y la de «matrimonio
ilegal». La primera (mujer culpable) haría el texto contradictorio. Hay que
optar, por tanto, por la segunda. También el repudio procede del corazón no
limpio (cf. 15,19).
COMENTARIO 2
Luego
de presentar el nuevo sentido del quinto mandamiento se pasa a exponer el
significado que debe asumir el siguiente, “no cometer adulterio” y a él va
unido, por la cercanía temática, la consideración de la legislación
matrimonial.
Tenemos
así dos enseñanzas, expresadas igualmente con la oposición entre lo que fue
dicho a los antiguos y la afirmación de Jesús. Esta se desarrolla de nuevo en
cada caso en la sucesión de dos etapas. Una ley obligatoria y general
(denominada apodíctica), seguida de una ley casuística, donde se presenta un
caso límite que demuestra hasta que punto debe llegar el cumplimiento de la
anterior.
La
primera de esas enseñanzas (vv. 27-30) se inicia reproduciendo el mandamiento de
Ex 20, 14 y Dt 5, 18. A partir de esa formulación, Jesús amplía los límites que
debe asignarse al concepto de adulterio. No se trata solamente de una acción
exterior, sino que engloba la raíz de esa acción. No sólo el “cometer”(v. 27)
sino también el “desear” (v. 28) está comprendido en su significación. Este
desear ya es un “cometer adulterio en el corazón”.
El
caso que se presenta a continuación concierne a la manera de comportarse frente
a las partes del cuerpo que colaboran en el despertar del deseo pecaminoso. En
ambos casos se le añade la misma determinación: “ojo derecho”, “mano derecha” y
con ella se quiere señalar el que era considerado más digno en aquella
época.
Para
motivar la dureza de la acción “cortar y arrojar”, se recurre al horizonte del
juicio divino con la mención de la gehena, lugar donde se quema la basura de la
ciudad y, por analogía, lugar donde se quemarán las acciones dignas de
reprobación en el juicio divino.
La
segunda enseñanza (vv. 31-32) considera la práctica del repudio existente en
Israel. Las principales causas que permiten esa decisión según el libro del
Deuteronomio son: la prisionera de guerra que se ha dejado de amar (Dt 21,
10-14), la carencia de virginidad de la esposa previa al matrimonio (22, 13-21)
y “el hecho vergonzoso” (Dt 24, 1). Sobre toda esta última motivación era objeto
de discusión. Algunos reservaban la decisión para causas de suma gravedad,
mientras otros la ampliaban a otras no tan importantes.
Jesús
se aparta de las discusiones mencionadas e insiste en la amenaza que representa
el repudio para la institución matrimonial.
El
que “repudia a la propia esposa” la expone al adulterio, no sólo a ella sino a
quien se una a ella en una nueva unión conyugal. Sin embargo, la mención de una
causa permitida de adulterio definida como “fornicación” presenta una dificultad
todavía no solucionada definitivamente. Se puede pensar con algunos que se trata
del “hecho vergonzoso” de Dt 21,1, un adulterio o infidelidad manifiesta, puede
tratarse según otra opinión de uniones no permitidas por la Ley que deben por
consiguiente disolverse. O puede tratarse de un privilegio existente en la
comunidad de Mateo, análogo al permitido en las comunidades paulinas (cf1 Cor 7,
15-16).
En
todo caso , Jesús quiere afirmar el sentido fundamental del matrimonio y,
consiguientemente, de la dignidad e igualdad de los cónyuges. Resalta la defensa
de la mujer en una sociedad cuya suerte estaba frecuentemente expuesta a la
arbitrariedad del marido.
FUNDACIÓN ÉPSILON
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