Domingo 16
de junio de 2002

DÉCIMO PRIMER DOMINGO DE TIEMPO ORDINARIO

Efrén

Evangelio : Mateo 9, 36 - 10,8 

Primera lectura: Éxodo 19, 2-6
Salmo responsorial: 99, 2-3.5
Segunda lectura: Romanos 5, 6-11

 

COMENTARIOS

  1. R. J. García Avilés, Llamados a ser libres, "Seréis dichosos". Ciclo A. Ediciones El Almendro, Córdoba 1991
  2. J. Mateos - F. Camacho, El Evangelio de Mateo. Lectura comentada, Ediciones Cristiandad, Madrid.
  3. Diario Bíblico. Cicla (Confederación internacional Claretiana de Latinoamérica). 

 


EVANGELIO
Mateo 9, 36 - 10,8
(trad. Juan Mateos, Nuevo Testamento , Ediciones El Almendro, Córdoba, 1987)

36Viendo a las multitudes, se conmovió, porque anda­ban maltrechas y derrengadas como ovejas sin pastor.

37Entonces dijo a sus discípulos:                    

-La mies es abundante y los braceros pocos; por eso, 38rogad al dueño que mande braceros a su mies.

10 1Y llamando a sus doce discípulos, les dio autoridad sobre los espíritus inmundos para expulsarlos y curar todo achaque y enfermedad.

2Los nombres de los doce apóstoles son éstos: en pri­mer lugar, Simón, el llamado Pedro, y su hermano Andrés; Santiago Zebedeo y su hermano Juan; 3Felipe y Bartolomé, Tomás y Mateo el recaudador, Santiago Alfeo y Tadeo, 4Simón el fanático y Judas Iscariote, el mismo que lo entregó.

5A estos doce los envió Jesús con estas instrucciones:

-No toméis el camino de los paganos ni entréis en ciudad de samaritanos; 6mejor es que vayáis a las ovejas descarriadas de Israel. 7Por el camino proclamad que está cerca el reinado de Dios,  8curad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, echad demonios. De balde lo recibisteis, dadlo de balde.

 

  COMENTARIO 1


UNA NUEVA HUMANIDAD

Los profetas de Israel anunciaron tiempos de armonía y paz entre los hombres. Su anuncio se realiza plenamente con la misión de Jesús: él forma un nuevo pueblo, invitando a los hombres a unirse por encima de razas, ideologías o de cual­quier otra barrera que los separe. Y a los que aceptan su invi­tación les encarga la tarea de continuar invitando a otros hom­bres a formar parte de esta nueva humanidad.

 

COMO OVEJAS SIN PASTOR

«Que no quede la comunidad del Señor como rebaño sin pastor» (Nm 27,17). Esta fue la petición que hizo Moisés a Dios cuando supo que su muerte estaba cerca. El había sido un guía político y religioso para el pueblo, él lo había condu­cido de la esclavitud a la libertad; ahora llegaba el momento de su muerte, y le pedía al Dios liberador, con cuya fuerza y en nombre del cual había dirigido a los israelitas, que éstos no quedaran desasistidos, que alguien ocupara su lugar para ser el instrumento mediante el cual Dios siguiera consolidando la liberación obtenida y garantizara que no se volvería a la esclavitud de la que acababan de salir.

Israel tenía que ser una primera muestra del modelo de convivencia que Dios quería para toda la humanidad, modelo basado en «abrir las prisiones injustas, hacer saltar los cerrojos de los cepos, dejar libres a los oprimidos, romper todos los cepos, partir tu pan con el hambriento, hospedar a los pobres sin techo, vestir al que ves desnudo y no cerrarte a tu propia carne» (Is 58,6-7). Este modelo tendría como resultado un mundo en el que «el lobo y el cordero irán juntos y la pantera se tumbará con el cabrito, el novillo y el león engordarán jun­tos; un chiquillo los pastorea; la vaca pastará con el oso, sus crías se tumbarán juntas...» (Is 11,6-7).

Pero a lo largo de la historia, los que habían asumido el papel de pastores dejaron de lado, una y otra vez, su respon­sabilidad respecto al pueblo y se dedicaron a apacentarse a sí mismos: « ¡Ay de los pastores de Israel que se apacientan a sí mismos... No fortalecen a las débiles, ni curan a las enfer­mas, ni vendan a las heridas, ni recogen las descarriadas, ni buscan las perdidas y maltratan brutalmente a las fuertes... »

Por eso Dios había anunciado que las cosas iban a cambiar y que un enviado suyo «reinará como rey prudente y adminis­trará la justicia y el derecho en el país...» (Jr 23,5).

Jesús, que se definirá como «el modelo de pastor» según el evangelio de Juan (Jn 10,11.14), realiza plenamente ese anuncio; desde el principio de su actividad, su preocupación se centra en eliminar las esclavitudes y los sufrimientos del pueblo: «Recorría todos los pueblos y aldeas, enseñando en las sinagogas de ellos, proclamando la buena noticia del Reino y curando todo achaque y enfermedad»; y en el desarrollo de esa actividad puede constatar que la situación descrita por Ezequiel no ha cambiado demasiado: «Viendo a las multitu­des, se conmovió, porque andaban maltrechas y derrengadas como ovejas sin pastor».

 

MUCHOS PASTORES

Cambiando la imagen del rebaño por la de la tierra de labor, Jesús se dirige a sus discípulos para invitarlos a unirse a la tarea de defender la libertad, la dignidad y la vida de los hombres: «La mies es abundante y los braceros pocos; por eso, rogad al dueño que mande braceros a su mies. Y llaman­do a sus doce discípulos, les dio autoridad sobre los espíritus inmundos para expulsarlos y curar todo achaque y enfer­medad».

El número «doce» era el número de Israel, del pueblo de Dios; estos doce discípulos simbolizan al nuevo pueblo que empieza a formarse como consecuencia de la proclamación de la buena noticia.

Por un lado, ellos son la semilla de una humanidad nueva en la que quedan superadas todas las barreras con las que los hombres se separan y se marginan unos a otros: ideologías, manifestaciones religiosas, razas... Entre ellos está Mateo, que había sido recaudador (Mt 9,9-12), por lo que no se le con­sideraba miembro del pueblo de Israel; y estaban Simón Pedro y Simón el fanático, que es posible que hubieran pertenecido al partido de los nacionalistas fanáticos; de cuatro sabemos que eran pescadores (Simón Pedro, Andrés, Santiago Zebedeo y Juan: Mt 4,18-22); uno de ellos fue el que entregó a Jesús a la muerte. De los demás no sabemos prácticamente nada: en ese grupo de desconocidos podemos incluirnos nosotros.

 

DADLO GRATIS

Por otro lado, a ellos encomienda Jesús la tarea de propo­ner a todos los hombres que se integren en este proyecto de una nueva humanidad en la que el anuncio de los antiguos profetas se debe ver realizado y superado con creces. Y ése es el encargo que nos hace también a todos los que hemos deci­dido seguirlo: «Proclamad que está cerca el reinado de Dios, curad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, echad demonios».

Al principio, esta tarea de liberación interior («echad de­monios») y exterior («curad enfermos, resucitad muertos, lim­piad leprosos...») se reduce al pueblo de Israel; después de su muerte, la misión se ampliará a «todas las naciones» (Mt 28,19-20).

La comunidad de seguidores de Jesús se convierte así, como tal grupo, en pastor de la humanidad. Naturalmente que esta tarea no debe significar ningún privilegio, ni ningún po­der sobre los hombres; es, en el sentido más estricto de la palabra, un servicio de defensa de la vida, la libertad y la feli­cidad de las gentes, una propuesta apasionada, pero siempre respetuosa, dirigida a todo el que sienta la necesidad de buscar un modo de vivir alternativo al que nos ofrece el mundo este.

Esta es una tarea que compete a todos los seguidores de Jesús. Y el hecho de que haya en la Iglesia personas que se entregan a esta tarea con una especial dedicación no puede ser una excusa para los demás.

Lo que no parece que pretenda formar Jesús es una casta de profesionales de lo religioso. A los doce, y a todos los que habrán de seguir después, les dice que acepten la solidaridad de quienes los reciban («Cuando entréis en un pueblo o aldea, averiguad quién hay allí que se lo merezca y quedaos en su casa hasta que os vayáis»), pero que no acepten una paga por el anuncio del mensaje de libertad y vida que deben procla­mar; la buena noticia ha de ser siempre un regalo, un don, una muestra de solidaridad y amor: «De balde lo recibisteis, dadlo de balde».

 

COMENTARIO 2


v. 36: Viendo a las multitudes, se conmovió, porque anda­ban maltrechas y derrengadas como ovejas sin pastor.

«Las multitudes están como ovejas sin pastor». La frase alude a Nm 27,17, donde Moisés nombra a Josué precisamente para que el pueblo no se disperse. Nadie se ocupa de este pueblo que se encuentra en situación desesperada.

v: 37: Entonces dijo a sus discípulos: -La mies es abundante y los braceros pocos...

Ante este espectáculo, Jesús expone la situación a sus discípulos. Usa un término (gr. therismos) que significa «mies» y «sie­ga». Se usa en 13,30.39, aplicado a la separación final entre buenos y malvados, y «la siega» se atribuye a los ángeles. «Los braceros» u obreros de que habla Jesús ejercen, pues, en la historia la mis­ma actividad que «los ángeles» harán en el momento final. Se ve ahora el sentido de «los ángeles» que servían a Jesús, es decir, colaboraban con él, en la escena del desierto: eran figura de los que colaboran en su misión. La alusión indica que comienza el tiempo escatológico, la etapa final de la historia, inaugurada con la presencia de Jesús y la cercanía del reinado de Dios.

v. 38: por eso, rogad al dueño que mande braceros a su mies.

La petición se dirige al dueño de la mies, el Padre. Jesús no pide al Padre que envíe segadores, pero recomienda a los discípu­los que lo hagan. Es una manera de prepararlos a la misión que sigue. La petición les hará tomar conciencia de la necesidad y los dispondrá a responder a la llamada de Jesús.

 

v. 10, 1: Y llamando a sus doce discípulos, les dio autoridad sobre los espíritus inmundos para expulsarlos y curar todo achaque y enfermedad.

Mateo no describe la institución de los Doce. Su puesto lo ocupan las bienaventuranzas, donde establece el estatuto de la nueva alianza y, por tanto, funda el nuevo Israel. «Sus doce dis­cípulos», nombrados por primera vez, son, por tanto, la figura representativa del Israel mesiánico. El número doce alude a la plenitud escatológica de Israel. En su estadio final, el pueblo ele­gido comprende tanto a israelitas como a «pecadores» e incluirá también a los paganos.

Para la misión, los hace participar de su autoridad sobre «los espíritus inmundos». Es la primera vez que aparece en Mt esta expresión, aunque se ha mencionado a los «espíritus» que Jesús expulsaba en 8,16. Se repetirá en 12,43.45. El texto de 8,16 prueba que estos espíritus equivalen a «los demonios».

Jesús capacita a los discípulos para vencer la resistencia al men­saje opuesta por las ideologías que dominan al hombre. Según la construcción del texto, parece que los espíritus inmundos están también en relación con las enfermedades. Esto mostraría que estas enfermedades son efecto de la adhesión a ideologías contra­rias al plan de Dios.

 

v. 2: Los nombres de los doce apóstoles son éstos: en pri­mer lugar, Simón, el llamado Pedro, y su hermano Andrés; Santiago Zebedeo y su hermano Juan; 3Felipe y Bartolomé, Tomás y Mateo el recaudador, Santiago Alfeo y Tadeo, 4Simón el fanático y Judas Iscariote, el mismo que lo entregó.

Los doce discípulos son llamados ahora los doce apóstoles o enviados (sólo aquí en Mt). Esto significa que la misión es propia de todo discípulo de Jesús, y que todo el Israel mesiánico está llamado a la misión de «pescadores de hombres», anunciada a Simón y Andrés en 4,19.

El Israel mesiánico se concreta en doce nombres, entre los cuales, como primero, destaca Simón, al que llamaban Piedra / Pe­dro. De nuevo aparece esta cláusula (cf. 4,18) que menciona el sobrenombre de Simón, sin que se explique su origen. Pedro y los tres siguientes se mencionan en el mismo orden de 4,18-22, explicitando también el parentesco que los une.

Sigue un grupo de siete, de los cuales el único conocido es Mateo el recaudador (9,9). La inclusión de este «pecador» en la lista de los doce anuncia la integración de los paganos en el Israel mesiánico; para Mt, la comunidad cristiana universal es la plenitud de Israel. Los demás de este grupo de siete no han sido nombrados antes ni lo serán después en el relato evangélico. Representan el pueblo anónimo que da su adhesión a Jesús. El último de los siete se llama, como Pedro, Simón, y está caracterizado por el calificativo «el fanático» o «zelota», por pertenecer, como Simón Pedro (8,14s), a círculos nacionalistas exaltados. El último de la lista es Judas Iscariote, el traidor. Su figura volverá a aparecer en el relato de la pasión (26,14.25.47; 27,3).

 

vv. 5-8: A estos doce los envió Jesús con estas instrucciones: -No toméis el camino de los paganos ni entréis en ciudad de samaritanos; 6mejor es que vayáis a las ovejas descarriadas de Israel. 7Por el camino proclamad que está cerca el reinado de Dios, 8curad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, echad demonios. De balde lo recibisteis, dadlo de balde.

 

Jesús envía a los «Doce», es decir, al Israel mesiánico que re­presenta a todos sus discípulos, dándoles instrucciones para la mi­sión. Por el momento, limita ésta a Israel, que se encuentra en situación lastimosa (cf. 9,36; 15,24; Ez 34). No ha llegado aún la hora de la misión universal (26,13; 28,19). La proclamación de los Doce tiene el mismo contenido que la de Jesús (4,17), pero sin la exhortación a la enmienda. Dan escuetamente la buena noticia. Su proclamación va acompañada de toda clase de señales. El sig­nificado de éstas es el mismo que el de las realizadas por Jesús. El ha resucitado a la hija del jefe (9,18-26), ha limpiado a un le­proso (8,2-4), ha curado enfermos (8,16; 9,35), ha expulsado demo­nios (9,32s). El significado es liberar a los habitantes de Galilea de las doctrinas que los tienen postrados y privados de vida. Estas obras se realizan con «las ovejas descarriadas de Israel»; son, por tanto, una expresión de la ayuda que el discípulo debe prestar (5,7).

Jesús añade ahora un aviso: la idea de lucro ha de estar ausente de esta actividad. Se hace, por tanto, con «limpieza de corazón» (5,8), sin segundas intenciones.

 

COMENTARIO 3


La liturgia del presente domingo está centrada en torno a la relación entablada entre Dios y su pueblo y la finalidad asignada por Dios a esa relación. Los textos señalan la iniciativa de Dios que se comunica gratuitamente con los seres humanos y que les encomienda a éstos una misión.

En el pasaje evangélico que nos ocupa podemos señalar tres partes: En la primera, se exponen las carencias y necesidades de la multitud colocada delante de Jesús y la actitud de éste frente a ella (9, 36-38); la segunda presenta el llamado y la institución de los Doce (10, 1-4); la tercera, por boca de Jesús, señala los requisitos necesarios (10, 5-8) con el objeto de que los Doce puedan dar respuesta adecuada a aquellas carencias y necesidades.

El inicio nos muestra la situación de la multitud por medio del recurso a comparaciones. Estas presentan imágenes corrientes tomadas de la vida campesina: los israelitas son como ovejas sin pastor y como una mies necesitada de obreros para la cosecha. Dicha multitud despierta en Jesús el sentimiento de la compasión, compasión que la segunda lectura señala como una constante de toda su actividad salvífica y describe en términos de una acción realizada en favor de aquellos que eran enemigos. La reconciliación, fruto de la acción de Cristo, manifiesta la gratuidad de la acción divina lo mismo que la acción de Dios que, en el Antiguo Testamento, ha conducido al pueblo desde la esclavitud de Egipto ante su presencia en el Sinaí. Es también la misma compasión que el domingo pasado Jesús nos inculcaba retomando la predicación profética (Os 6,6 = Mt 9,13)

No hay en ninguno de los llamados, según aparece en las tres lecturas, mérito propio previo a la llamada. Todo es acción de la libre iniciativa divina que crea para los convocados un ámbito sacral a tal punto que al pie del Sinaí pueden ser llamados “pueblo sagrado regido por sacerdotes” y esa elección se prolonga en un Nuevo Pueblo llamado a compartir los mismos sentimientos frente a la multitud. Desde este marco debe entenderse la mención de los Doce en el texto evangélico.

De los 12 se señalan particularizadamente los nombres. De algunos de ellos ya el evangelista ha relatado precedentemente la vocación: la doble pareja de hermanos: Simón llamado Pedro y Andrés y los hijos del Zebedeo al inicio de la actividad de Jesús, y Mateo el publicano en el capítulo precedente. Los nombres de los restantes tienen como finalidad señalar la fundación de un nuevo Israel, el Israel mesiánico. A él pertenecen israelitas observantes y pecadores.

Pero tanto el sentimiento de los llamados, cuanto las acciones que se les invita a realizar están en función de la misión en favor de la multitud.

Por única vez en el evangelio de Mateo se les da el nombre de Enviados o Apóstoles. Los discípulos, título que refleja su condición permanente, son capacitados para esa nueva función y esto se realiza por medio de la transmisión del poder de expulsar los espíritus impuros y de sanar las dolencias. La función de todos ellos, por tanto, es la de participar en la misión de Jesús en favor de la multitud.

Por consiguiente, se les encomienda la realización de las obras cumplidas ya por Jesús en los capítulos precedentes. Esta íntima asociación con su Maestro es la característica más importante de la tarea que se les asigna.

Antes de la lista de los nombres, el evangelista anticipa el sentido del envío. Y este tema se retoma y se desarrolla a partir de 10,5.

En esta parte final, se señala el ámbito en que se debe realizar esa misión. En este momento de la actividad de Jesús, los discípulos deben limitarse a las multitudes israelitas. Por ello se les recomienda el evitar las regiones habitadas por paganos o por samaritanos.

Frente a “las ovejas perdidas de la casa de Israel” los discípulos deben anunciar la presencia del Reino. Dicha presencia del Reino supone un combate contra las potencias del mal. La acción de los discípulos es acorde a los poderes que Jesús le ha conferido en 10,1: victoria sobre toda marginación curando enfermedades, resucitando muertos, purificando leprosos.

La última parte de 10,8 enuncia de forma general el modo de desarrollar esa misión, que se presentará en los versículos siguientes. La gratuidad del don capaz de revelar la gratuidad de lo recibido.

El designio salvador de Dios, gratuito en su origen, debe por tanto ser conservado en el ámbito de la gratuidad. Frente a la sociedad en la que todo tiene su precio se muestra la dinámica de la actuación del Reino en la vida de los seres humanos. Esta dinámica se origina en una iniciativa de Dios y de su Ungido referida a “los que no tienen precio (des-preciados)” y coloca una escala de valores distinta como alternativa a la sociedad que, en su egoísmo, los seres humanos han construido.

La comunidad cristiana está al servicio de este proyecto de la libre voluntad de Dios y debe ser capaz de expresar esos nuevos valores.

 

 

Para la revisión de vida

       Jesús envía a sus apóstoles con unas instrucciones muy claras: “Proclamen que el Reino de los Cielos está cerca. Curen enfermos, resuciten muertos, limpien leprosos, arrojen demonios. Gratis han recibido, denlo gratis”. Yo, ¿a qué creo que me ha enviado Jesús en medio del mundo?

 

Para la reunión de grupo

Se compadeció Jesús, porque «los vio que estaban cansados y decaídos, como ovejas sin pastor»… ¿Qué sentiría Jesús si mirara hoy este planeta con esa muchedumbre de 6.000 millones de personas? ¿Ovejas sin pastor?

Jesús siente que hay pocos obreros para «cosechar»…Algún teólogo ha señalado que la metáfora o el símbolo de la evangelización como “siembra” no figura en el evangelio, que Jesús siempre que se refiere a la misión habla más bien de “cosechar”… ¿Qué sugerencias nos provoca esta constatación? ¿Será que Jesús es más optimista que nosotros?

«No vayan a tierras extranjeras ni entren en ciudades de los samaritanos…». Está claro que Jesús no fue “misionero ad gentes”, no estuvo por ir a convertir a nadie fuera de Israel… Y hay consenso entre los exégetas en que el final del evangelio de Marcos, por ejemplo, es un añadido que no formaba parte del evangelio original…). ¿Jesús quiere que los cristianos vayamos a otros pueblos de otras religiones? ¿Por qué? ¿A hacer qué?

 

Para la oración de los fieles

Para que la Iglesia respete y defienda siempre la dignidad de todas las personas, como los hijos e hijas de Dios que todos somos. Oremos.

Para que nuestra sociedad favorezca las relaciones de igualdad, justicia, tolerancia y respeto. Oremos.

Para que todos los que nos confesamos cristianos seamos conscientes de la misión que Dios nos encomienda y demos los frutos de derecho y justicia que espera de nosotros. Oremos.

Para que todos nosotros vivamos nuestra condición de elegidos no como excusa para buscar privilegios, sino como motivo y aliciente para estar en primera línea en la lucha por la paz, la justicia y la fraternidad. Oremos.

Para que los gobernantes busquen siempre y en todo el bien de los pueblos cuyos destinos tienen que regir. Oremos.

Para que nuestra comunidad descubra día a día el amor liberador y transformador que recibimos de Dios. Oremos.

 

Oración comunitaria

       Señor, te pedimos que vayas transformando nuestra vida, de manera que desaparezca de nuestro corazón toda duda, todo temor y toda vacilación, y que así podamos ser instrumentos de tu amor, de modo que las personas y las sociedades vivan llenas de esperanza, de justicia y de paz. Por Jesucristo Nuestro Señor.


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