|
Salomón
|
|
COMENTARIOS |
|
|
|
|
430s han enseñado que se mandó: «Amarás a tu prójimo...» (Lv 19,18) y odiarás a tu enemigo. 44Pues yo os digo: Amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persiguen, 45para ser hijos de vuestro Padre del cielo, que hace salir su sol sobre malos y buenos y manda la lluvia sobre justos e injustos. 46Si queréis sólo a los que os quieren, ¿qué recompensa merecéis? ¿No hacen eso mismo también los recaudadores? 47Y si mostráis afecto sólo a vuestra gente, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen eso mismo también los paganos? 48Por consiguiente, sed buenos del todo, como es bueno vuestro Padre del cielo. |
v. 43: 0s han enseñado que se mandó: «Amarás a tu
prójimo...» (Lv 19,18) y odiarás a tu enemigo.
Ultimo y supremo ejemplo de la limpieza de
corazón: el amor a los enemigos. En la frase citada por Jesús al principio, el
primer miembro: «amarás a tu prójimo» es cita de Lv 19,18; el segundo: «odiarás
a tu enemigo» pertenece a los principios esenios (cf. Sal 139,19-22).
vv. 44-47: Pues yo os digo: Amad a vuestros
enemigos y rezad por los que os persiguen,
45para ser hijos de vuestro Padre del cielo, que hace salir su
sol sobre malos y buenos y manda la lluvia sobre justos e injustos. 46Si queréis sólo a los que os
quieren, ¿qué recompensa merecéis? ¿No hacen eso mismo también los
recaudadores? 47Y si mostráis afecto sólo a vuestra gente, ¿qué
hacéis de extraordinario? ¿No hacen eso mismo también los
paganos?
Para los discípulos no hay lugar a
distinciones. Ellos, que sufren la persecución (5,10-12), no pueden
dejarse llevar del odio.
Jesús propone unas nuevas relaciones
humanas, que excluyen en absoluto la violencia. En lugar del odio, el deseo del
bien (amor, oración).
«Ser hijo de Dios» significa parecerse a él
en el modo de obrar (cf. 5,9). Los discípulos tienen por distintivo el amor
universal, no pueden conformarse al uso de la sociedad (recaudadores, paganos),
que discrimina entre amigos y enemigos.
v. 48: Por consiguiente, sed buenos del todo, como
es bueno vuestro Padre del cielo.
Con esta frase Jesús descalifica la
«perfección» propuesta por los letrados, que consistía en la observancia de la
Ley Lo que hace al hombre perfecto (bueno del todo) y semejante al Padre es el
amor que no conoce excepciones.
COMENTARIO 2
La
última de las antítesis, que sirve de coronación a la enseñanza de Jesús sobre
la nueva legislación, se dirige a la determinación de las personas a las que
debe alcanzar el amor de los integrantes de la comunidad. Como en las anteriores
se comienza con una formulación del precepto antiguo: “Amarás a tu prójimo y
odiarás a tu enemigo”.
Esta
doble formulación no se encuentra expresada de este modo en la antigua
legislación. Su primera parte referida al prójimo puede leerse en Lv 19,18. En
la comprensión de Israel, el prójimo es todo integrante del pueblo, el
compatriota perteneciente al mismo pueblo de Dios y con quien es necesario crear
lazos de comunión para la construcción de la historia
salvífica.
Un
mandato de odio, tal como aparece en la segunda parte de la formulación, no se
encuentra en la legislación israelita. La forma verbal empleada puede
perfectamente traducirse como “podrás odiar a tu enemigo”. Pero de la obligación
de amar al prójimo frecuentemente se sacaba la consecuencia más extrema frente a
quienes no eran integrantes del pueblo: los miembros de los pueblos vecinos y
los enemigos declarados de Dios y de su alianza eran objeto del odio del fiel
israelita.
La
nueva propuesta amplía el círculo de los destinatarios del amor. La realidad no
puede desconocer que la existencia de la comunidad cristiana suscita por su
mismo estilo de vida oposición y agresividad. En su horizonte siempre es posible
descubrir la presencia de enemigos y perseguidores. Y sin embargo, se exige que
ellos sean incluidos en el amor de los integrantes de la comunidad. Y esto hasta
tal punto que también ellos estén presentes en la oración de los creyentes.
El
negar de esta forma toda limitación al amor cristiano, la exigencia de su
universalización se fundamenta en la universalidad del acción benéfica de Dios,
que debe ser considerado por los miembros de la comunidad primeramente y sobre
todo como Padre.
Esta
característica de Dios había sido revelada ya respecto a los que “obran la
paz”(5, 9), y su reconocimiento aparecía ligado a las buenas obras de los
integrantes de la comunidad (5, 16). A partir de aquí dominará el discurso de
Jesús hasta el final del capítulo sexto (5, 45.48; 6,
1.4.6.8.9.14.15.18.26.32).
El
descubrimiento de la filiación implica una exigencia de comportamiento, una
fidelidad que lleva al creyente a expresar adecuadamente la herencia recibida.
Dios, en quien su vida se ha originado, es aquel que es capaz de hacer salir el
sol y dar la lluvia para todos, buenos y malos, justos e
injustos.
La
no-exclusión de ningún ser humano de la acción benéfica divina fundamenta la
realización de acciones completas , perfectas, derivada de la perfección del
Padre (v. 48). Y también fundamenta el llamado a realizar acciones “perfectas”
por parte de los miembros de la comunidad cristiana.
Este
se convierte el carácter distintivo de reconocimiento frente al comportamiento
de publicanos y paganos. Los primeros aman a quienes los aman, los segundos
saludan a los de su misma condición. La justicia cristiana exige algo más para
su realización perfecta: la semejanza al Padre que lleva a realizar las propias
acciones benéficas en favor de todo hombre y mujer.
FUNDACIÓN ÉPSILON
www.elalmendro.org
epsilon@elalmendro.org