Martes 18
de junio de 2001

Salomón 

 

COMENTARIOS

  1. J. Mateos-F. Camacho El evangelio de Mateo. Lectura comentada, Ediciones Cristiandad, Madrid
  2. Diario Bíblico . Cicla (Confederación Internacional Claretiana de Latinoamérica), distribuido en España por Ediciones El almendro, Córdoba


EVANGELIO
Mateo 5, 43-48
(trad. Juan Mateos , Nuevo Testamento , Ediciones Cristiandad 2ª Ed., Madrid, 1987)

430s han enseñado que se mandó: «Amarás a tu pró­jimo...» (Lv 19,18) y odiarás a tu enemigo. 44Pues yo os digo: Amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persiguen,  45para ser hijos de vuestro Padre del cielo, que hace salir su sol sobre malos y buenos y manda la lluvia sobre justos e injustos.

46Si queréis sólo a los que os quieren, ¿qué recompensa merecéis? ¿No hacen eso mismo también los recauda­dores? 47Y si mostráis afecto sólo a vuestra gente, ¿qué ha­céis de extraordinario? ¿No hacen eso mismo también los paganos? 48Por consiguiente, sed buenos del todo, como es bueno vuestro Padre del cielo.  

  

COMENTARIO 1


v. 43: 0s han enseñado que se mandó: «Amarás a tu pró­jimo...» (Lv 19,18) y odiarás a tu enemigo.

Ultimo y supremo ejemplo de la limpieza de corazón: el amor a los enemigos. En la frase citada por Jesús al principio, el primer miembro: «amarás a tu prójimo» es cita de Lv 19,18; el segundo: «odiarás a tu enemigo» pertenece a los principios ese­nios (cf. Sal 139,19-22).

vv. 44-47: Pues yo os digo: Amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persiguen,  45para ser hijos de vuestro Padre del cielo, que hace salir su sol sobre malos y buenos y manda la lluvia sobre justos e injustos. 46Si queréis sólo a los que os quieren, ¿qué recompensa merecéis? ¿No hacen eso mismo también los recauda­dores? 47Y si mostráis afecto sólo a vuestra gente, ¿qué ha­céis de extraordinario? ¿No hacen eso mismo también los paganos?

Para los discípulos no hay lugar a distin­ciones. Ellos, que sufren la persecución (5,10-12), no pueden de­jarse llevar del odio.

Jesús propone unas nuevas relaciones humanas, que excluyen en absoluto la violencia. En lugar del odio, el deseo del bien (amor, oración).

«Ser hijo de Dios» significa parecerse a él en el modo de obrar (cf. 5,9). Los discípulos tienen por distintivo el amor universal, no pueden conformarse al uso de la sociedad (recaudadores, paganos), que discrimina entre amigos y enemigos.

v. 48: Por consiguiente, sed buenos del todo, como es bueno vuestro Padre del cielo.

Con esta frase Jesús descalifica la «perfección» propuesta por los letrados, que consistía en la observancia de la Ley Lo que hace al hombre perfecto (bueno del todo) y semejante al Padre es el amor que no conoce excepciones.

 

COMENTARIO 2  


La última de las antítesis, que sirve de coronación a la enseñanza de Jesús sobre la nueva legislación, se dirige a la determinación de las personas a las que debe alcanzar el amor de los integrantes de la comunidad. Como en las anteriores se comienza con una formulación del precepto antiguo: “Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo”.

Esta doble formulación no se encuentra expresada de este modo en la antigua legislación. Su primera parte referida al prójimo puede leerse en Lv 19,18. En la comprensión de Israel, el prójimo es todo integrante del pueblo, el compatriota perteneciente al mismo pueblo de Dios y con quien es necesario crear lazos de comunión para la construcción de la historia salvífica.

Un mandato de odio, tal como aparece en la segunda parte de la formulación, no se encuentra en la legislación israelita. La forma verbal empleada puede perfectamente traducirse como “podrás odiar a tu enemigo”. Pero de la obligación de amar al prójimo frecuentemente se sacaba la consecuencia más extrema frente a quienes no eran integrantes del pueblo: los miembros de los pueblos vecinos y los enemigos declarados de Dios y de su alianza eran objeto del odio del fiel israelita.

La nueva propuesta amplía el círculo de los destinatarios del amor. La realidad no puede desconocer que la existencia de la comunidad cristiana suscita por su mismo estilo de vida oposición y agresividad. En su horizonte siempre es posible descubrir la presencia de enemigos y perseguidores. Y sin embargo, se exige que ellos sean incluidos en el amor de los integrantes de la comunidad. Y esto hasta tal punto que también ellos estén presentes en la oración de los creyentes.

El negar de esta forma toda limitación al amor cristiano, la exigencia de su universalización se fundamenta en la universalidad del acción benéfica de Dios, que debe ser considerado por los miembros de la comunidad primeramente y sobre todo como Padre.

Esta característica de Dios había sido revelada ya respecto a los que “obran la paz”(5, 9), y su reconocimiento aparecía ligado a las buenas obras de los integrantes de la comunidad (5, 16). A partir de aquí dominará el discurso de Jesús hasta el final del capítulo sexto (5, 45.48; 6, 1.4.6.8.9.14.15.18.26.32).

El descubrimiento de la filiación implica una exigencia de comportamiento, una fidelidad que lleva al creyente a expresar adecuadamente la herencia recibida. Dios, en quien su vida se ha originado, es aquel que es capaz de hacer salir el sol y dar la lluvia para todos, buenos y malos, justos e injustos.

La no-exclusión de ningún ser humano de la acción benéfica divina fundamenta la realización de acciones completas , perfectas, derivada de la perfección del Padre (v. 48). Y también fundamenta el llamado a realizar acciones “perfectas” por parte de los miembros de la comunidad cristiana.

Este se convierte el carácter distintivo de reconocimiento frente al comportamiento de publicanos y paganos. Los primeros aman a quienes los aman, los segundos saludan a los de su misma condición. La justicia cristiana exige algo más para su realización perfecta: la semejanza al Padre que lleva a realizar las propias acciones benéficas en favor de todo hombre y mujer.


 

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