Miércoles 19
de junio de 2001

Romualdo 

 

COMENTARIOS

  1. J. Mateos-F. Camacho El evangelio de Mateo. Lectura comentada, Ediciones Cristiandad, Madrid
  2. Diario Bíblico . Cicla (Confederación Internacional Claretiana de Latinoamérica), distribuido en España por Ediciones El almendro, Córdoba


EVANGELIO
Mateo 6, 1-6
(trad. Juan Mateos , Nuevo Testamento , Ediciones Cristiandad 2ª Ed., Madrid, 1987)

6  1Cuidado con hacer vuestras obras de piedad delante de la gente para llamar la atención: si no, os quedáis sin recompensa de vuestro Padre del cielo.

2Por tanto, cuando des limosna no lo anuncies a toque de trompeta como hacen los hipócritas en las sinagogas y en la calle para que la gente los alabe. Ya han recibido su recompensa, os lo aseguro. 3Tú, en cambio, cuando des li­mosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace la de­recha, 4para que tu limosna quede escondida; y tu Padre, que ve lo escondido, te recompensará.

5Cuando recéis, no hagáis como las hipócritas, que son amigos de rezar de pie en las sinagogas y en las esquinas para exhibirse ante la gente. Ya han recibido su recom­pensa, os lo aseguro. 6Tú, en cambio, cuando quieras re­zar, métete en tu cuarto, echa la llave a tu puerta y rézale a tu Padre que está en lo escondido; y tu Padre, que ve lo escondido, te recompensará.

 

  

COMENTARIO 1


v. 1. Enuncia Jesús el principio general: las obras de piedad no deben practicarse para ganar prestigio ante los hombres y, con ello, adquirir una posición de poder o privilegio. Quienes así obran se privan de la comunicación divina, cesa la relación de hijo-Padre con Dios. Como en 5,12, «la recompensa» consiste en el ejercicio del reinado de Dios sobre los hombres. «Obras de piedad»: dikaiosunê denota en el contexto la fidelidad del hombre a Dios (cf. 3,15; 5,20), expresada según la norma farisea, en las prácticas de piedad: limosna, oración, ayuno.

 

vv. 2-4. Primera obra de piedad, la limosna. «Hipócrita» es el que finge ejecutando una acción que no corresponde a su actitud in­terior. La limosna practicada para obtener buena fama entre los hombres obtiene un premio humano, la fama misma. La limosna no debe tener publicidad alguna, sino quedar «en lo escondido», en la esfera del Padre. Su recompensa es la comunicación personal del Padre. Excluye Jesús todo interés torcido en la ayuda al prójimo (5,7.8), según corresponde a «los limpios de corazón». Su premio será la experiencia de Dios en la propia vida (5,8).

 

vv. 5-6. Segunda obra de piedad, la oración. La oración de los «hipócritas» pretendía también exhibir ante los hombres su piedad personal, con la misma finalidad que la limosna pública. Tal ora­ción es inútil, pues no obtiene la comunicación divina («ya han recibido su recompensa»). Esa oración se realiza en lo más profundo del hombre, donde no llega la mirada de los demás. «Tu cuarto», el más retirado de la casa, y «tu puerta» («echa la llave a tu puerta») son metáforas para designar lo profundo de la inte­rioridad. «El Padre que está en lo escondido» está en paralelo con «vuestro Padre que está en los cielos» (6,1). «El cielo» designa, pues, la esfera divina indicando su trascendencia e invisibilidad; «lo escondido» subraya solamente su invisibilidad. La oración que se hace en lo profundo obtiene el contacto con el Padre. La pala­brería en la oración indica falta de fe. El hecho de que el Padre sepa lo que necesita el que ora, muestra que la oración dispone al hombre para recibir los dones que Dios quiere concederle.

 

COMENTARIO 2  


Luego de establecer las leyes fundamentales que rigen las relaciones sociales entre los seres humanos, Jesús pasa a proclamar las leyes que se refieren a la relación con Dios. En el mismo plano que las anteriores ellas también pertenecen al ámbito de la “justicia” mencionada al comienzo de las dos series de obligaciones en 5, 20 y 6, 1.

La forma de entablar la relación con Dios surge de la intimidad familiar, conforme a su atributo de Padre. Y consiguientemente desde esa intimidad se deriva la confianza y sobre todo la sinceridad. Para ello se pasa a examinar sucesivamente la forma de actuar los tres pilares de la piedad judía de la época: limosna, oración y ayuno.

Esa sinceridad fundamental en la relación religiosa debe impedir la instrumentalización de la práctica religiosa. Por ello aquí también se contraponen dos formas de actuación.

La primera consiste en actuar delante de las personas para ser notados por ellas (v. 1) al sonar de la trompeta en lugares públicos (v. 2) y mostrándose en los lugares públicos (v. 5).

La segunda consiste en una actuación que se realiza en lo escondido (v. 4), en una habitación interna de la casa con la puerta cerrada (v. 6), lugares a los que se dirige la mirada del Padre.

De esta forma se describen no tanto los lugares más o menos secretos de una actuación sino que se trata de purificar la motivación de la acción. No se prohíbe que las buenas obras sean conocidas sino se busca purificar la motivación de modo que ellas no se realicen en vistas del aplauso y la consideración de los semejantes.

Este aplauso y aprobación humana funciona ya en el presente como retribución e impide todo otro tipo de retribución, en este caso, la de Dios.

Por el contrario la justicia que se exige a los miembros de la comunidad está ligada íntimamente a los intereses de Dios y debe buscar en El la aprobación que surge de su amor de Padre. Limosna, oración y ayuno sólo pueden ser eficaces si son capaces de sacar al ser humano del propio egoísmo, de los propios intereses, de la búsqueda de ventajas y privilegios propios. Cuando no se realizan con este espíritu encierran aún más en sí mismo y por consiguiente no pueden alcanzar el objetivo para el que han sido propuestas.

La salida realizada en lo externo, ante la opinión pública, en los lugares públicos ha impedido la otra salida hacia el Padre que sólo puede realizarse en el olvido de sí mismo, en el desconocimiento de una mano de la actuación de la otra y en el lugar más recóndito de la casa.

Esta diafanidad de la relación religiosa implica a toda la persona en las prácticas consideradas y no pueden ser fruto de una actuación externa a la persona, a una máscara en que la persona, como en el teatro, es definido por una máscara. Hipocresía y sinceridad se oponen y están al origen de dos formas de práctica religiosa. Pueden conducir a la autenticidad personal que sólo se realiza en el ámbito íntimo de la relación con el Padre o pueden conducir a la manipulación de Dios que es utilizado al servicio de los propios egoísmos e intereses.

La advertencia de Jesús sigue siendo válida en un mundo donde muchas veces la religiosidad sirve para enmascarar el olvido de Dios y de la justicia del Reino.


 

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