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Raul
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7Pero, cuando recéis, no seáis palabreros como los paganos, que se imaginan que por hablar mucho les harán más caso. 8No seáis como ellos, que vuestro Padre sabe lo que os hace falta antes que se lo pidáis. 9Vosotros rezad así: Padre nuestro del cielo, proclámese ese nombre
tuyo, 10llegue tu reinado, realícese en la tierra tu designio del
cielo; 11nuestro pan del mañana dánoslo hoy
12y perdónanos nuestras
deudas, que también nosotros perdonamos a nuestros deudores;
13y no nos dejes ceder a la
tentación, sino líbranos del Malo.
14Pues si perdonáis sus culpas a los demás, también
vuestro Padre del cielo os perdonará a vosotros. 15Pero si no
perdonáis a los demás, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras
culpas.
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vv. 7-8: Pero, cuando recéis, no seáis palabreros
como los paganos, que se imaginan que por hablar mucho les harán más caso.
8No seáis como ellos, que vuestro Padre sabe lo que os hace falta
antes que se lo pidáis.
«El cielo» designa la esfera divina
indicando su trascendencia e invisibilidad; «lo escondido» subraya solamente su
invisibilidad. La oración que se hace en lo profundo obtiene el contacto con el
Padre. La palabrería en la oración indica falta de fe. El hecho de que el
Padre sepa lo que necesita el que ora, muestra que la oración dispone al hombre
para recibir los dones que Dios quiere concederle.
v. 9: vosotros rezad así: Padre nuestro del cielo,
proclámese ese nombre tuyo,
Propone Jesús el modelo de petición: «Padre
nuestro»: nueva relación de los discípulos con Dios, que no es solamente
individual, sino comunitaria. Son los hijos, o los ciudadanos del reino, los que
se dirigen al Padre, que es su rey. La mención de este Padre eclipsa la de todo
padre humano, él es el único que merece ese nombre. La conducta de este Padre es
la que guía la de los discípulos (5,48).
«Padre» es el nombre de Dios en la
comunidad cristiana, el único que aparece en esta oración. Pronunciarlo supone
el compromiso de portarse como hijos, reconocerlo por modelo, como fuente
de vida y de amor. El término «Padre» se aplicaba a Dios en el AT (Jr 3,19; cf.
Ex 4,22; Dt 14,1; Os 11,1), pero su sentido era muy diferente, pues el «padre»
en la cultura judía era ante todo una figura autoritaria.
La expresión «que estás en los cielos»
(«del cielo») no separa al Padre de los discípulos; indica solamente la
trascendencia y la invisibilidad de Dios.
El Padre nuestro se divide en dos partes
(6,9-10.11-13). La primera tiene como centro al Padre (tu nombre, tu
reinado, tu designio); la segunda, a la comunidad (nuestro, dánoslo, etc.).
En la primera parte la comunidad pide por la extensión del reino a la humanidad
entera. En la segunda lo hace por sí misma.
La comunidad pide, por tanto, que la
humanidad reconozca a Dios como Padre; por el paralelo con 5,16, sin embargo, es
ella la que tiene que obtener, con su actividad, ese reconocimiento. La petición
supone, por tanto, el compromiso de la comunidad a realizar las «buenas
obras» (5,16; cf. 5,7-9) y pide la eficacia de su actividad en el mundo. No se
encierra en sí misma. La experiencia de Dios como Padre de que ella goza, quiere
que se extienda a todos los hombres. Antes que pensar en sí misma, la comunidad
se preocupa por la humanidad que la rodea.
v. 10a: llegue tu reinado,
El contenido de esta petición formula
lo mismo de manera diversa. El reinado de Dios, del que ya tiene experiencia la
comunidad (5,3.10), debe extenderse a todo hombre. Dado que la puerta del reino
es la primera bienaventuranza, la comunidad pide la aceptación del mensaje
de Jesús, que funda el reinado de Dios. Al mismo tiempo, ella es la que,
con su modo de vida, hace presente en el mundo ese mensaje (5,12: profetas).
Implícitamente pide su fidelidad al mensaje de las bienaventuranzas y a la
práctica de la actividad que requiere, por la que se va creando la nueva
sociedad y va dando ocasión a la liberación de los
hombres.
v. 10b: realícese en la tierra tu designio del
cielo;
La palabra "designio" (en griego. thelêma) manifiesta una voluntad concreta que
puede referirse al individuo o a la historia. La frase formula nuevamente
la anterior («llegue tu reinado»; por eso se omite en Lc 11,2); significa, por
tanto, el cumplimiento del designio histórico de Dios sobre la humanidad,
anunciado en 5,18.
El término «designio» incluye dos momentos,
la decisión y la ejecución, a los que corresponden las especificaciones «en el
cielo, en la tierra». La decisión está tomada en el cielo (Dios), pero tiene que
ejecutarse en la tierra. La frase significa, pues, «realícese en la tierra el
designio que tú has decidido en el cielo». La preposición «como» del
original indica el deseo de que ese designio se realice exactamente como está
decidido.
La comunidad vuelve a pedir por el mundo;
su primera preocupación es la misión que Jesús le
confía.
Las tres primeras peticiones tienen igual
contenido. La experiencia de vida impulsa a desear que esa vida se
extienda. Sólo después pasa el grupo cristiano a preocuparse de sí
mismo.
v. 11: nuestro pan del mañana dánoslo hoy
La palabra «pan», es un semitismo usado por
«alimento» (cf. Gn 18,5-8). «El pan del mañana» o «venidero» alude al banquete
mesiánico en la etapa final del reino (8,11), cuya etapa histórica se realiza en
el grupo de discípulos («nuestro pan»). Se pide, por tanto, que la unión y
alegría propias de ]a comunidad final sean un hecho en la comunidad
presente. Jesús mismo describió su presencia con los discípulos como un
banquete de bodas, oponiéndose a la tristeza del ayuno practicado por los
discípulos de Juan y los fariseos (9,14-15).
La unión simbolizada por el banquete es la
amistad (cf. 9,15: «los amigos del novio»). Este es el vinculo que une a los
miembros de la comunidad, y que se expresará en la
eucaristía.
v. 12: y perdónanos nuestras deudas, que también
nosotros perdonamos a nuestros deudores...
Unica petición que incluye una exigencia
para la comunidad. La partícula griega hôs indica motivo («que/ya que») más que
comparación («como»): el perdón del Padre está condicionado al perdón mutuo,
expresión del amor. Quien se cierra al amor de los otros se cierra al amor de
Dios que se manifiesta en el perdón. En este pasaje y en 5,14s Mateo no emplea
el término «pecados», sino «deudas» o «fallos», porque en el evangelio, «los
pecados» representan el pasado que queda borrado con la adhesión a Jesús
(cf. 9,6). La división en la comunidad impide la presencia en ella del amor del
Padre. Se pide, pues, la manifestación continua de ese amor, aduciendo por
motivo la práctica del amor que se traduce en el perdón mutuo. «Los deudores»
incluyen a los enemigos y perseguidores (5,43ss). La comunidad pretende vivir la
perfección a que Jesús la exhortaba (5,48).
v. 13: y no nos dejes ceder a la tentación, sino
líbranos del Malo.
«No nos dejes ceder a la tentación», lit.
«no nos hagas entrar/no nos introduzcas»... El arameo no distingue entre
las formas «hacer» y «dejar hacer». El sentido permisivo está exigido por
el paralelo con la frase siguiente (omitida por Lc 11,4). El sentido es: «haz
que no entremos (cedamos / caigamos) en tentación» o, de modo más
castellano, «no nos dejes ceder a la tentación» (cf.
26,41).
«Tentación» no lleva artículo en el
original. No se trata, por tanto, de una tentación única y determinada. El
término remite a las tentaciones de Jesús en el desierto, único lugar donde en
Mt ha aparecido antes este tema. Allí, «el diablo» o «Satanás» era llamado
«el tentador»; aquí, «el Malo» (cf. 5,37); la tentación es su obra. La relación
con la escena del desierto aclara el sentido de «tentación» en este pasaje:
se refiere a las mismas que experimentó Jesús. Aquéllas pretendían desviar su
mesianismo e impedir la liberación del hombre; Jesús, sin embargo,
respondió a cada una de ellas con un texto sin carácter mesiánico, aplicable a
todo hombre. El Mesías es «el Hombre», como quedó expresado en la escena del
bautismo (3,16). La comunidad puede experimentar en su misión, que continúa la
de Jesús, las mismas tentaciones que éste: la del ateísmo práctico, usando de
sus dones para propio beneficio, sin atender al plan de Dios (4,3); la del
providencialismo que hace caer en la irresponsabilidad (4,6) y, sobre todo, la
de la gloria y el poder (4,8s). Ceder a esta última equivaldría a prestar
homenaje a Satanás (4,9), renunciando a la misión
liberadora.
La tentación del brillo y del poder se
opone frontalmente a la primera y última bienaventuranzas. Es la opción por la
pobreza y, con ella, la renuncia al brillo y al poder, la que hace inmunes a la
tentación. El Malo es la personificación del poder mundano, que excita la
ambición. Que el Padre no permita que la comunidad ceda a sus halagos es la
petición final del Padrenuestro. Lo contrario sería la ruina de la
comunidad de Jesús.
vv. 14-15: Pues si perdonáis sus culpas a los demás,
también vuestro Padre del cielo os perdonará a vosotros. 15Pero si no
perdonáis a los demás, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras
culpas.....
Insiste Jesús en la necesidad del perdón. La unión en la comunidad es condición esencial de su existencia, pues sólo ella asegura la experiencia del amor del Padre. No es que Dios se niegue a perdonar; es el hombre que no perdona quien se hace in capaz de recibir el amor.
COMENTARIO 2
Después
de haber establecido las diferencias entre la oración del cristiano y una
oración de la dirigencia farisea, conforme al mismo criterio que rige para la
limosna (que, luego se aplicará también al ayuno cristiano), las palabras de
Jesús presentan el carácter distintivo de la plegaria frente a la práctica
pagana y ofrece la forma de concreta de su realización.
En
primer lugar se contrapone el “hablar mucho de los paganos” (v. 7) al
conocimiento que Dios tiene de la necesidad de sus fieles “antes que se lo
pidan”.
La
multiplicación de palabras que buscan obtener los beneficios de un soberano
omnipotente, “el cansar a los dioses” de los testimonios romanos de la misma
época, no es el camino adecuado para la comunión con Dios. Con ellos se pretende
normalmente conseguir lo que se pide y, por lo mismo, el ser humano se encierra
en su propia voluntad.
El
auténtico acercamiento a Dios sólo puede realizarse a partir de una relación
filial de confianza con un Padre que conoce nuestras necesidades y desde este
principio brota la enseñanza de la oración del Padre
nuestro.
El
carácter de esta oración expresa la relación de intimidad entre Dios que es ante
todo Padre y la comunidad de hijos. Las primeras palabras de la invocación
reflejan la voluntad de un crecimiento de intimidad entre el tú de Dios( Padre,
tu nombre, tu Reino, tu voluntad) y el nosotros de la familia comunitaria
(nuestro, da a nosotros, nuestro pan, nuestras deudas, nuestros deudores, no nos
deje caer en la tentación, líbranos del mal).
Conforme
a la introducción del v.7 se afirma la paternidad de Dios, su conocimiento de
las necesidades familiares, la comunión de vida en el seno de la misma familia.
Por ello la primera parte de la oración no se dirige a señalar el interés
propio, ni siquiera el de la comunidad sino el interés del jefe de la familia a
Quien nos sentimos profundamente unidos.
Tres
peticiones expresarán este interés principal de la comunidad por la causa divina
y conciernen al Nombre, al Reino, al querer divino.
La
primera de ellas se formula mediante la búsqueda de la santificación del Nombre.
El sentido de la petición debe ser comprendido desde el significado del Nombre
en la mentalidad de Israel. Con el término se designa el ser mismo a quien se le
atribuye, en este caso el ser de Dios. Este es concebido como trascendente, es
un Dios “santo” pero cuya santidad se ha manifestado y, por consiguiente, se
pide que Dios sea reconocido, que sus derechos sean aceptados en la
humanidad.
Con
esta primera petición se asocian las del v.10: Se trata del anhelo de que el
Reino de Dios se manifieste plenamente en la historia humana y que esa
manifestación se concrete en la realización de su voluntad en la tierra de los
seres humanos.
Sólo
desde esta centralidad de Dios en la existencia pueden adquirir sentido las
necesidades propias de la comunidad. La necesidad del pan para todos, la
creación de un ámbito de perdón y la fuerza necesaria para vencer el mal en la
propia vida son intereses no solamente de la comunidad sino que son los mismos
intereses de Dios.
Los
intereses de Dios y de la comunidad ligada a su actuación es la preocupación
fundamental que debe brotar en toda oración auténtica.
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