Viernes 21
de junio de 2001

Luis Gonzaga 

 

COMENTARIOS

  1. J. Mateos-F. Camacho El evangelio de Mateo. Lectura comentada, Ediciones Cristiandad, Madrid
  2. Diario Bíblico . Cicla (Confederación Internacional Claretiana de Latinoamérica), distribuido en España por Ediciones El almendro, Córdoba


EVANGELIO
Mateo 6, 19-23
(trad. Juan Mateos , Nuevo Testamento , Ediciones Cristiandad 2ª Ed., Madrid, 1987)

19Dejaos de amontonar riquezas en la tierra, donde la polilla y la carcoma las echan a perder, donde los ladrones abren boquetes y roban. 20En cambio, amontonaos riquezas en el cielo, donde ni polilla ni carcoma las echan a perder, donde los ladrones no abren boquetes ni roban. 21Porque donde tengas tu riqueza tendrás el corazón.

22La esplendidez da el valor a la persona. Si eres des­prendido, toda tu persona vale; 23en cambio, si eres ta­caño, toda tu persona es miserable. Y si por valer tienes sólo miseria. ¡qué miseria tan grande!   

  

COMENTARIO 1


vv. 19-21: Dejaos de amontonar riquezas en la tierra, donde la polilla y la carcoma las echan a perder, donde los ladrones abren boquetes y roban. 20En cambio, amontonaos riquezas en el cielo, donde ni polilla ni carcoma las echan a perder, donde los ladrones no abren boquetes ni roban. 21Porque donde tengas tu riqueza tendrás el corazón.

Comienza la explicación del contenido de la primera bienaventuranza, que se extiende hasta el final del capítulo (6,34). En esta primera perícopa precisa Jesús que la pobreza propia del reino consiste en la renuncia efectiva a la riqueza. La riqueza «en el cielo» es Dios mismo (cf. 19,21). Acumulación de dinero y reino de Dios son incompatibles, pues el que acumula dinero está necesariamente apegado a él.

El hombre se define por los valores que estima y las segurida­des que busca; ellos orientan su vida y marcan su personalidad.

vv. 22-23: La esplendidez da el valor a la persona. Si eres des­prendido, toda tu persona vale; 23en cambio, si eres ta­caño, toda tu persona es miserable. Y si por valer tienes sólo miseria. ¡qué miseria tan grande!

Para traducir esta perícopa hay que interpretar los modismos semíticos que contiene. El primero y más evidente es «el ojo perverso», que en hebreo significa la envidia (cf. 20,15), o la tacañería (Dt 15,9; Eclo 14,10). Se le opone «el ojo simple» o «generoso» (Prov. 11,25 LXX; 2 Cor 8,2), es decir, «la generosidad, el desprendimiento». La oposición entre «tacaño» y «desprendido» muestra que la perícopa se refiere al dinero, según el tema gene­ral de la sección (6,19-34). «Lámpara», reasumido más adelante por «luminoso», indica el valor positivo que la generosidad comunica al hombre (cuerpo  persona). El castellano, como el hebreo, asi­milan la generosidad a la luminosidad: «espléndido», «esplendidez». La esplendidez (= el ojo en su función positiva) da valor (= luz, lámpara) a la persona (cuerpo). En contexto de tacañería, el anti­valor (= tinieblas) se expresa por «miseria».

Lo opuesto a acumular riquezas (vv. 19-21) es compartir lo que se tiene, obra de la generosidad o esplendidez. El apego al dinero hace del hombre un miserable; es precisamente el despego que se traduce en el don, el que da valor a la persona. Jesús pone el valor de la persona en el desprendimiento, que manifiesta el amor, su falta de valor en la tacañería, que se cierra al amor. La gene­rosidad es condición para la ayuda a los demás y para el cumpli­miento de la pobreza a la que Jesús llama.

 

COMENTARIO 2  


Las situaciones de impotencia ponen en peligro la autoestima. En dichas situaciones se presenta la necesidad de revalorización de ésta. Se presentan delante de cada una diversas posibilidades para lograr ese objetivo. Frecuentemente el camino elegido asume la forma de una búsqueda de la afirmación propia por medio de la acumulación.

Frente a este riesgo que amenaza a todo integrante de la comunidad cristiana, las palabras de Jesús se dirigen a determinar el valor del “tesoro” en que el ser humano puede colocar el sentido de la vida y, de esa forma, a precisar la posibilidad auténtica de realización humana.

Desde esta perspectiva los vv. 19-20 colocan el planteamiento en que el problema debe situarse contraponiendo los tesoros de la tierra y los tesoros del cielo. Desde esta definición, se sacan las consecuencias en los v. 21-23 a base del recurso a los órganos físicos del ser humano profundizando el sentido de las búsquedas humanas y situándolas en relación con los valores que surgen de las actitudes frente a los bienes.

El ser humano busca su “seguridad”, de ella espera condiciones de vida capaces de posibilitar una existencia ligada a una permanencia más o menos larga en el tiempo. Por ello se vuelve a los bienes materiales que puedan ofrecerle esa seguridad. La existencia se convierte en acumulación de bienes materiales. Este atesoramiento se revela como ilusorio en cuanto estos bienes están expuestos a un doble peligro derivado de la naturaleza misma de las cosas adquiridas (la “polilla” y el “herrumbre”) y de la actuación de la codicia de los semejantes (“ladrones que excavan y roban”).

Frente a esos bienes perecederos, Jesús propone la búsqueda de bienes que no corren el mismo riesgo. Se trata de los “tesoros del cielo” cuya existencia no sufre esas amenazas.

Del tipo de bienes elegidos depende la naturaleza de la vida humana. El ser humano puede colocar su “corazón”(v. 21) en cosas que no pueden superar el paso del tiempo y que arrastran también su vida en su desaparición, o puede adquirir permanencia y vencer el desgaste de los días colocando su tesoro en valores permanentes.

El ojo, expresión externa del deseo interno del corazón, puede a partir de éste último ser considerado como enfermo o como sano. La “codicia” causa la enfermedad del ser humano porque desnaturaliza el sentido de las cosas materiales a las que considera solamente como objeto de apropiación. Su finalidad es determinar el sentido de todo deseo auténtico y cuando está viciado sume en oscuridad toda la vida. La codicia falsea el sentido de la vida y lleva a una existencia de tinieblas.

Por el contrario, el ojo sano, suministra la posibilidad de la realización de la propia existencia en sabiduría. La vida se entiende como búsqueda apasionada de los bienes permanentes, de los valores del “Reino de Dios y su justicia”, únicos que pueden construir una vida en verdadera seguridad.

A una comunidad que estaba fuertemente tentada a dirigir sus preocupaciones a la obtención de riquezas (se mencionan en el evangelio banqueros, grandes cantidades de dinero, compra y venta) se recuerdan los únicos valores dignos de justificar el compromiso total de la propia vida.


 

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