Sábado 22
de junio de 2001

Paulino de Nola - Tomás Moro 

 

COMENTARIOS

  1. J. Mateos-F. Camacho El evangelio de Mateo. Lectura comentada, Ediciones Cristiandad, Madrid
  2. Diario Bíblico . Cicla (Confederación Internacional Claretiana de Latinoamérica), distribuido en España por Ediciones El almendro, Córdoba


EVANGELIO
Mateo 6, 24-34
(trad. Juan Mateos , Nuevo Testamento , Ediciones Cristiandad 2ª Ed., Madrid, 1987)

24Nadie puede estar al servicio de dos señores, porque aborrecerá a uno y querrá al otro, o bien se apegará a uno y despreciará al otro. No podéis servir a Dios y al dinero.

25Por eso os digo: No andéis preocupados por la vida pensando qué vais a comer o a beber, ni por el cuerpo, pensando con qué os vais a vestir. ¿No vale más la vida que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? 26Fijaos en los pájaros: ni siembran, ni siegan, ni almacenan; y, sin embargo, vuestro Padre celestial los alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellos? 27y ¿quién de vosotros, a fuerza de preocuparse, podrá añadir una hora sola al tiempo de su vida?

28Y ¿por qué andáis preocupados por el vestido? Daos cuenta de cómo crecen los lirios del campo, y no trabajan ni hilan. 29y os digo que ni Salomón, en todo su fasto, es­taba vestido como cualquiera de ellos. 30Pues si a la hierba, que hoy está en el campo y mañana se quema en el horno, la viste Dios así, ¿no hará mucho más por voso­tros, gente de poca fe?

31Conque no andéis preocupados pensando qué vais a comer, o qué vais a beber, o con qué os vais a vestir. 32Son los paganos quienes ponen su afán en esas cosas. Ya sabe vuestro padre del cielo que tenéis necesidad de todo eso. 33Buscad primero que reine su justicia, y todo eso se os dará por añadidura.

34Total, que no andéis preocupados por el mañana, porque el mañana se preocupará de si mismo. A cada día le basta su dificultad.    

  

COMENTARIO 1


v. 24. Jesús penetra hasta el fondo de las antítesis expuestas an­tes (acumular/no acumular riqueza; generosidad/tacañería). Está en juego la fidelidad a Dios o la idolatría. Aunque el hombre pre­tenda concordar su fidelidad a Dios con el apego al dinero, esto no es más que apariencia. Su verdadero dueño es el dinero (mam­mona = la riqueza, el lucro). La opción por Dios y contra el dinero está expresada en la primera bienaventuranza.

 

vv. 25-34. Las tres perícopas anteriores explicaban el sentido de la pobreza evangélica (19-21.24) o la condición para poder practi­carla (22s). En ésta se explica la segunda parte de la primera bienaventuranza, cómo se manifiesta el reinado de Dios sobre los que hacen esa opción. La opción por la pobreza no conduce a la miseria; produce, en cambio, la felicidad («dichosos») porque el reinado de Dios se ejerce sobre ellos. La figura de Dios-rey se explicita en la de Dios-Padre.

Comienza la perícopa enunciando el principio general: el dis­cípulo que ha renunciado a todo no está obsesionado por lo ma­terial. De los dones que ha recibido de Dios, la vida, a cuyo servicio está el alimento, vale más que éste, y el cuerpo más que el ves­tido que lo protege. El Padre, que ha dado lo más, dará también lo menos. A los que han renunciado a la riqueza para ser fieles al único Dios, Jesús los exhorta a tener confianza en la eficacia del amor del Padre.

Pone ante los ojos de los discípulos dos testimonios de la generosidad del Padre con sus criaturas y construye un argumento a fortiori: Si el Padre se ocupa tan eficazmente de seres que valen mucho menos que el hombre, cuánto más se ocupará de los que han renunciado a toda otra seguridad.

«Una hora sola al tiempo de su vida» (27), lit. «un codo solo a su edad». El hebreo expresaba frecuentemente la duración tem­poral en términos de longitud (cf. Sal 36,9). La interpretación de helikía como «estatura» es incongruente, pues añadir un codo a la propia estatura sería algo extraordinario, mientras el contexto y Lc 12,26 interpretan la añadidura como algo insignificante.

Después de las dos comparaciones vuelve Jesús al tema inicial. Hacer de lo material la máxima preocupación de la vida es propio de los paganos que no conocen al verdadero Dios (31-33). Si el Padre sabe lo que necesitan los suyos, su amor se lo procurará.

La primera preocupación de los discípulos debe ser que sea rea­lidad la justicia del reino. «Que reine su justicia», lit. «el reinado y su justicia (la del Padre)». En la traducción se pueden conectar los términos «reinado» y «justicia» considerándolos como hendía­dis. Dikaiosyne puede significar aquí la relación entre los hombres según la voluntad de Dios expresada por Jesús, las justas relaciones humanas, o bien la relación de los discípulos con el Padre según el programa expuesto por Jesús (las bienaventuranzas), es decir, la fidelidad a Dios. En uno y otro caso el reinado se hace realidad, porque una y otra son inseparables: la fidelidad a Dios se muestra en la fidelidad al hombre, en la labor de la comunidad en el mundo. Jesús, que ha quitado a los discípulos la preocupa­ción por el objetivo inmediato, la subsistencia (6,25-32), les recuerda el objetivo primario de la existencia del grupo, el trabajo por la paz (5,9), la extensión del reinado de Dios (primera parte del Pa­drenuestro), que se verifica en la nueva relación humana. Cuando la comunidad trabaja así (5,9), no tiene que preocuparse por su vida material; de ésta se ocupa el Padre.

Termina la perícopa con un dicho-resumen con el que Jesús expresa la liberación del agobio. Hay que vivir en el presente, sin agobios por el mañana (cf. v. 27). El mañana se preocupará de sí mismo, no faltará en él la solicitud del Padre. Basta al discípulo enfrentarse con la dificultad día por día, y experimentar en ella la eficacia de su amor.

 

COMENTARIO 2  


La necesidad de la opción entre la sociedad comercial opulenta y la sociedad alternativa que Jesús propone es en realidad una opción entre dos tipos de servicio. En las organizaciones del primer tipo domina el dios dinero, o dicho con nuestras palabras el ídolo omnipotente del mercado. Frente a ella, se yergue la sociedad construida en torno a la soberanía de Dios, de su Reino. La opción entre ambas es ineludible. El ser humano no puede evitar el servicio de uno u otro tipo.

El servicio a la sociedad comercial introduce en el propio horizonte el ámbito de la angustia y de la preocupación por las cosas indispensables a la vida propia en ese tipo de sociedad. Alimento, bebida, vestido se convierten en doloroso interrogante de la que depende el futuro de la existencia. El texto constata la afanosa búsqueda de respuesta en esos órdenes propia de la sociedad imperial romana ya que todas estas cosas la buscan los paganos.

Frente a esta servidumbre angustiante, el servicio de Dios asegura el desarrollo de una vida digna. El creador ofrece la posibilidad de vida para sus creaturas aparentemente más insignificantes: las aves del cielo y los lirios del campo.

Ni unas ni otras participan del círculo comercial en la búsqueda de alimento y vestido. Las primeras “no siembran, ni cosechan, ni guardan en bodegas”, los últimos no “trabajan ni tejen”. Y sin embargo obtienen de Dios su nutrición y un vestido cuyo esplendor supera a los reyes de la tierra.

La conciencia del valor de la vida humana, superior a la de las aves y a la de la flores, lleva a superar toda preocupación angustiante de la circularidad monetaria de esa sociedad.

El proyecto de Jesús se estructura sobre otro tipo de búsqueda: el Reino de Dios y su justicia desde donde pueden crearse las condiciones necesarias para el desarrollo de toda vida. La renuncia de la acumulación que hacen los pájaros, la despreocupación de las flores por su esplendor, fundamentan una actuación de confianza en el Padre que “conoce las necesidades de su comunidad” y que salva del interrogante angustioso sobre el futuro que, frecuentemente justifica la necesidad del atesorar.

Con la renuncia a la sociedad opulenta, capaz de asegurar la vida en el futuro, se introduce una nueva posibilidad de existencia basada en la liberalidad de Dios desde donde se puede construir una sociedad de la liberalidad. Esta nueva sociedad desplaza el eje desde el “precio” sobre el que se constituye la sociedad comercial a la gratuidad del don. El valor precio cede lugar al valor personal de quienes valen más que pájaros y flores. En este nuevo tipo de sociedad la preocupación por el futuro se convierte en agradecimiento por el presente y es capaz de ofrecer un servicio en libertad que salva de la angustia de la búsqueda desenfrenada de la posesión.

Este nuevo camino de construcción social aparece como locura para quienes se sienten cómodamente integrados en la sociedad del comercio pero es capaz de ofrecer los criterios de una auténtica racional en la relación social. Para su aceptación sólo se requiere el descubrimiento de Dios como el Padre, origen de todo don y de toda gracia, único que puede ofrecer la capacidad de entender la vida propia como don y como gracia.


 

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