Domingo 23
de junio de 2002

DÉCIMO SEGUNDO DOMINGO DE TIEMPO ORDINARIO

Marcial

Evangelio : Mateo 10, 26-33 

Primera lectura: Jeremías 20, 10-13
Salmo responsorial: 68, 8-10.14-17.33-35
Segunda lectura: Romanos 5, 12-15

 

COMENTARIOS

  1. R. J. García Avilés, Llamados a ser libres, "Seréis dichosos". Ciclo A. Ediciones El Almendro, Córdoba 1991
  2. J. Mateos - F. Camacho, El Evangelio de Mateo. Lectura comentada, Ediciones Cristiandad, Madrid.
  3. Diario Bíblico. Cicla (Confederación internacional Claretiana de Latinoamérica). 

 


EVANGELIO
Mateo 10, 26-33
(trad. Juan Mateos, Nuevo Testamento , Ediciones El Almendro, Córdoba, 1987)

26Conque no les tengáis miedo, porque nada hay cu­bierto que no deba descubrirse ni nada escondido que no deba saberse; 27lo que os digo de noche, decidlo en pleno día, y lo que escucháis al oído, pregonadlo desde la azotea.

28Tampoco tengáis miedo de los que matan el cuerpo pero no pueden matar la vida; temed si acaso al que puede acabar con vida y cuerpo en el fuego.

29¿No se venden un par de gorriones por unos cuartos? Y, sin embargo, ni uno solo caerá al suelo sin que lo sepa vuestro Padre. 30Pues, de vosotros, hasta los pelos de la cabeza están contados. 31Conque no tengáis miedo, que vosotros valéis más que todos los gorriones juntos. 32En conclusión: Por todo el que se pronuncie por mí ante los hombres, me pronunciaré también yo ante mi Pa­dre del cielo, 33pero al que me niegue ante los hombres, lo negaré yo a mi vez ante mi Padre del cielo.

 

  COMENTARIO 1


UN EVANGELIO «MODERADITO»

El mundo en el que vivimos es el menos moderado que existir pudiera. ¿Se puede decir que es moderado un mundo que se gasta la mayor parte de sus recursos en preparar su des­trucción? ¿O son moderadas las sociedades que consumen más de lo que necesitan y tiran lo mucho que les sobra mientras otros grupos humanos rabian de hambre? Y los títeres del im­perialismo, a quienes no les importa eliminar o hacer desapa­recer a las personas o a los pueblos demasiado radicales, ¿serán ellos los moderados? Pero estas cosas no se pueden decir. Son cosas que suenan a radicales; y entre gente civilizada el radi­calismo es, por lo menos, de mal gusto. En eso sí hay que ser moderados. ¿Hasta para anunciar el evangelio?

 

LA ULTIMA BIENAVENTURANZA

«Dichosos los que viven perseguidos por su fidelidad, porque ésos tienen a Dios por Rey» (Mt 5,10).

 

Jesús promete la felicidad a sus discípulos, a todos aque­llos que se decidan a poner en práctica su mensaje. Pero Jesús no oculta nunca que felicidad no significa ausencia de proble­mas. En medio de una sociedad claramente egoísta, organizada en beneficio de los menos y a costa de los más, el simple in­tento de realizar las propuestas del mensaje de Jesu's, la sola pretensión de vivir como hermanos, provocará la oposición de los que disfrutan de privilegios y acarreará todo tipo de acu­saciones, de amenazas, de conflictos, de persecuciones a quie­nes tengan esa osadía, ese atrevimiento.

 

«Mirad que yo os mando como ovejas entre lobos...» (Mt 10,6).

 

Jesús no esconde la incomodidad de estos conflictos. Aca­ba de decir a sus discípulos que los envía «como ovejas en medio de lobos» y que recibirán ataques de todos los lados: de los tribunales civiles y religiosos, de reyes y gobernadores: «Os llevarán a los tribunales, os azotarán en las sinagogas y os conducirán ante gobernadores y reyes por mi causa» (10, 17-18). Son las instituciones que manejan el poder de este mundo las que se van a oponer a que este mundo cambie, a que este mundo se arregle. Incluso la familia, cuando en ella se instale la ideología del poder: «Un hermano entregará a su hermano a la muerte y un padre a su hijo; los hijos denuncia­rán a sus padres y los harán morir. Todos os odiarán por causa mía...» (10,21-22). No. No faltarán los conflictos, como no le faltaron al mismo Jesús.

 

PERDER EL MIEDO...

Pero en medio de esas persecuciones Jesús no va a dejar solos a los suyos. Ni tampoco el Padre, que estará ejerciendo su función de buen rey para con ellos y, en medio de esos con­flictos, mantendrá su promesa de felicidad para los que hayan tomado la decisión de seguir a Jesús. Porque si para Dios son importantes todas las criaturas del mundo, hasta los pájaros más pequeños (Mt 6,26), ¡cuánto más lo serán los que inten­tan vivir como hijos suyos, explicando a los demás cómo es el Padre y cómo los que quieran ser sus hijos pueden vivir como hermanos!

Y estando defendidos por el Padre, por el autor y dueño de la vida, ¿qué miedo van a dar los señores de la muerte? Además, aquel que dé la cara por Jesús y se juegue la vida por difundir su mensaje puede estar seguro de que Jesús dará la cara por él cuando lo necesite.

Hay que perder el miedo. No porque seamos más valientes que nadie, sino porque sabemos con qué aliados contamos.

 

... Y NO LA VOZ

«Conque no les tengáis miedo a los hombres, porque nada hay cu­bierto que no deba descubrirse ni nada escondido que no deja saberse; lo que os digo en la noche, decidlo en pleno día, y lo que escucháis al oído, pregonadlo desde la azotea».

 

Es verdad que nunca dice Jesús que la actitud de los suyos deba ser el buscar el choque: «Sed cautos como serpientes y sencillos como palomas» (Mt 10,16b). El conflicto no es bue­no, no hace feliz a nadie y siempre que se pueda habrá que evitarlo. Pero sin abandonar la tarea que tenemos encomen­dada.

Porque el peligro en el que podríamos caer, quizá con la intención de evitar los conflictos, es el de perder la voz: callar­nos todo lo que tenemos que decir para no molestar o, lo que sería mucho peor, limar las asperezas del mensaje de Jesús para tener contentos a todos. Eso sería ocultar y mantener en secreto lo que debe ser proclamado desde las azoteas, a la luz del día.

 

NI MIEDO NI INCONSCIENCIA

Resumiendo: el compromiso cristiano supone determina­dos riesgos. Decir a los ricos que Dios no está de su parte, a los poderosos que su poder ni viene de Dios ni les pertenece a ellos, a los jerarcas religiosos que «sólo a Dios el honor y la gloria», y que su función sólo tiene sentido si es de hecho un servicio a los pobres, los preferidos de Dios, y no les da dere­cho a ningún tipo de privilegios..; decir que todos los hom­bres somos iguales y que Dios quiere que eso sea una realidad de hecho...; decir que la única riqueza justa es aquella que se reparte y se comparte...; decir que Dios no está con los que hacen, preparan o negocian con la guerra, sino con los que trabajan por la paz...; decir todo eso puede traernos conflic­tos, incomodidades, persecuciones. Vendrán. No hay que bus­carlos, no hay que ser inconscientes. Pero tampoco callarse por miedo.

 

 

COMENTARIO 2


vv. 26-28: Conque no les tengáis miedo, porque nada hay cu­bierto que no deba descubrirse ni nada escondido que no deba saberse; 27lo que os digo de noche, decidlo en pleno día, y lo que escucháis al oído, pregonadlo desde la azotea.28Tampoco tengáis miedo de los que matan el cuerpo pero no pueden matar la vida; temed si acaso al que puede acabar con vida y cuerpo en el fuego.

 Instrucción sobre el temor, que desarrolla la última bien­aventuranza (5,10). Ante la amenaza que supone la sociedad, no hay que amedrentarse. El mensaje no puede ocultarse, y procla­marlo es la labor de los discípulos. No les recomienda Jesús que se enfrenten con los perseguidores, pero sí que no cesen por nin­gún motivo de propagar el mensaje. Lo que un tiempo ha estado escondido, tiene que llegar a saberse en todas partes. No hay motivo para vivir en el miedo, pues los hombres pueden su­primir la vida física (el cuerpo), pero no la persona (psykhê =  el yo vivo, consciente y libre). Jesús vuelve a insistir en que la muerte no es una derrota (28; cf. 10,22). En caso de que hubiese que te­mer a alguien, ese temor estaría justificado sólo respecto a Dios Creador, el único que podría destruir al hombre.

vv. 29-31: ¿No se venden un par de gorriones por unos cuartos? Y, sin embargo, ni uno solo caerá al suelo sin que lo sepa vuestro Padre. 30Pues, de vosotros, hasta los pelos de la cabeza están contados. 31Conque no tengáis miedo, que vosotros valéis más que todos los gorriones juntos.

Pero para los discípulos Dios es Padre (5,9) y Jesús exhorta a la confianza en él; nada de lo que sucede se le esconde, ni siquiera las cosas más mínimas, como la muerte de los pajarillos. Su amor abraza la creación entera. De la vida de los que trabajan con Jesús, la solicitud de su amor («vuestro Padre») hace que no se les escape nada (cabellos); por eso, la confianza en él ha de ser total. Explica Jesús qué significa «tener a Dios por Rey» en medio de la persecución (5,10).

vv. 32-33: En conclusión: Por todo el que se pronuncie por mí ante los hombres, me pronunciaré también yo ante mi Pa­dre del cielo, 33pero al que me niegue ante los hombres, lo negaré yo a mi vez ante mi Padre del cielo. Concluye la exhortación.

De la postura que tome el dis­cípulo ante los hombres depende su suerte final. El que, sin miedo, se pronuncia por Jesús es quien resiste hasta el fin y corona su vida con éxito (se salva). Quien se acobarda y niega a Jesús, está abocado a la ruina, acaba en el fracaso. Mt presenta la doble suerte del discípulo en términos de una declaración de Jesús ante el Padre. La fidelidad del discípulo a Jesús en la persecución (5,10.11) es la que lo salva a través de la muerte.

 

 

COMENTARIO 3


El pasaje de la Carta a los Romanos (Rom 5, 12-15) describe la situación de la humanidad a partir del pecado del primer ser humano. Desde entonces, el pecado ha comenzado a actuar en la humanidad y se ha convertido en la causa que origina la presencia de la muerte en la vida personal y social de los seres humanos.

La entronización del pecado en el mundo convierte a éste en un lugar de muerte. Esta puede ser considerada en su doble dimensión de muerte padecida, y peor aún, de muerte infligida a los demás por el ser humano y por la sociedad dominada por el pecado.

De allí que la propuesta de Vida que es el núcleo del mensaje evangélico sea considerada en este contexto como una amenaza a este mundo dominado por la muerte. Ante el anuncio evangélico la respuesta del mundo de la muerte es la agresividad dirigida contra los portadores del mensaje de Dios de la Vida.

En realidad, este planteamiento de la explicación del mal a partir de un primer pecado (original) es mítico, y resultaría insostenible si se quisiera apurar demasiado su fuerza argumentativa. Ideado prácticamente por san Agustín en un contexto tan lejano (en tiempo y en cultura) a nosotros, puede ser conveniente dejar de hablar de él con el “realismo” con que muchas veces parece darse a entender cuando se habla en el púlpito o en el ambón, sin el rigor que la participación de un público crítico exigiría. Al menos, sería importante no hablar ya nunca del tema sin hacer explícita la advertencia de que se trata de un pensamiento mítico y simbólico por una parte, y sin dejar de esforzarnos por encontrar otro lenguaje y otros símbolos que sustituyan al lenguaje y los símbolos ya gastados.

En todo caso, los enviados del Evangelio, el justo perseguido del salmo interleccional, los profetas como en el caso de la lectura de Jeremías, o los apóstoles como en el texto de Mateo, constatarán a cada paso de su camino la presencia de fuerzas negativas que intentarán acabar con su actuación como forma de que la Causa del Reino (que es la causa del amor, de la justicia, de los pobres, de la fraternidad) no continúe su crecimiento, porque atenta contra sus “intereses”. No hay “fuerza oscuras”, ni “elementos demoníacos” tras estas persecuciones a Jeremías o a Jesús o a cualquiera de los profetas. No es preciso remontarse a un supuesto pecado original para explicar lo que es mucho más sencillo, cotidiano y palmario.

Pero el corazón humano que pone su confianza en Dios y en sus valores encuentra en la Palabra de Dios una exhortación a la confianza. Como ante el furor homicida del Faraón en la gesta liberadora de Dios, Jeremías y los seguidores de Jesús reciben la seguridad de un oráculo de salvación cuyo contenido fundamental es el “no teman” que puede ayudarlos a superar todos los obstáculos que encuentren en su camino.

Ni los dirigentes de Israel, ni los de ninguna otra sociedad hostil pueden impedir la eficacia del Proyecto divino. El mensaje, se señala en el Evangelio, no puede ocultarse, y la tarea propia de los seguidores de Jesús es la difusión de este mensaje.

La recomendación de Jesús no se dirige a que el discípulo busque primeramente el enfrentamiento con los perseguidores, sino a que el discípulo no desfallezca en su tarea de construir el Reino, aunque ello suscite oposición y rechazo.

La proclamación de ese Reino se convierte así en revelación del designio salvífico de Dios que no puede ser mantenido oculto. El miedo, por tanto, no puede ser motivación para el actuar del discípulo de Jesús.

Para fundamentar esta actuación apostólica se oponen en el texto evangélico, dos tipos de pérdidas que pueden afectar a los seres humanos: Por un lado, encontramos la amenaza de supresión de la vida física que los perseguidores pueden causar; por el otro, la supresión de la vida personal que tiene su origen en Dios y depende de Este.

Para tomar una decisión sabia respecto a estas pérdidas posibles que amenazan la existencia humana se invita a dirigir la atención al comportamiento de Dios frente a los vivientes. Su actitud frente a ellos es la de un Padre que ama todo lo creado, incluso lo que parece mínimo y sin importancia en las transacciones humanas, como son los pájaros.

Esa contemplación de ese Padre que da la Vida debe suscitar en los discípulos una confianza total. Su cercanía respecto a una comunidad comprometida con su querer asegura a sus integrantes la atención de Dios a las cosas mínimas de la existencia, a las que se evoca con la mención de los cabellos.

Su alejamiento, por el contrario, conduciría la destrucción de la existencia humana (v. 28). La mención sobre el fracaso total de la existencia ante el juicio definitivo al que se alude con el fuego, es un peligro incomparablemente mayor que el que pueden representar los perseguidores.

Esa intervención decisiva de Dios en la vida de cada ser humano, se hace criterio para juzgar el valor del comportamiento del discípulo respecto a la proclamación del mensaje. Quien es capaz de seguir firme sin temor a lo que los seres humanos puedan causar en su existencia, realiza una vida en comunión con Dios y con Jesús que sólo puede ser coronada con el éxito. Por el contrario, aquel que frente a las amenazas se acobarda y cede a la presión de los perseguidores renegando de Jesús, se dirige a un fracaso pleno y definitivo.

Confianza ante las dificultades y peligros, incluso ante la amenaza de la vida física, deben hacer superar toda tentación que induzca a renegar de Jesús y de su Evangelio. La comunión con El es el valor más importante de toda vida humana y a ella está ligada la auténtica realización de la existencia.

Las resistencias al mensaje deben ser consideradas como elemento normal, dadas las condiciones de muerte introducidas por el pecado en la historia humana. A pesar de ellas y en medio de ellas es necesario asumir una actitud de coraje que impida cualquier retroceso o desfallecimiento en la proclamación evangélica. Solamente en la indisoluble asociación con Jesús, demostrada en una fidelidad a su mensaje frente a toda prueba, es posible realizar plenamente la propia vida.

 

 

Para la revisión de vida

       ¿Tengo miedo a la cruz? ¿Sufro en mi vida alguna forma de persecución? ¿Temo a la persecución, aunque sea en su forma mínima de “temor al qué dirán”? ¿O, como Jeremías, sigo adelante convencido y sin temor a la cruz?

 

Para la reunión de grupo

La cruz, la persecución por el evangelio… forman parte de la existencia cristiana. ¿Qué cruz, qué persecución por el evangelio? ¿Cuándo se puede decir que estamos ante una persecución por el evangelio? ¿Cuáles son sus causas? ¿Qué cruz y qué persecución no tienen que ver con el evangelio?

Jeremías es el caso típico de un profeta que tiene que aguantar la persecución de sus contemporáneos, a los que resulta incómoda su predicación profética. Y Jeremías clama a Dios preguntándose por qué se ha metido en ese conflicto que no desea, pero acaba manteniéndose fiel a su misión a pesar de las dificultades. ¿Tiene un paralelismo con Jesús?

A pesar de los eslóganes, el teólogo José Ignacio González Faus afirma que este pontificado es un pontificado dominado fundamentalmente por el miedo. Someta a crítica ese pensamiento. ¿Qué miedos puede estar teniendo la Iglesia oficial de hoy? ¿Qué faltas de confianza pueden estar causando la situación actual?

 

Para la oración de los fieles

Por la Iglesia, para que avance sin temor en medio de las dificultades del mundo y mantenga siempre viva su confianza en el amor del Padre. Oremos.

Por todos los cristianos perseguidos a causa de su fe y de su defensa de los pobres, para que no tengan miedo a quienes sólo pueden matar el cuerpo, pero no el alma. Oremos.

Por todos los que trabajan por el bien de los demás y la promoción de la paz y la justicia, para que las dificultades e incomprensiones no les hagan perder el ánimo y la constancia en su trabajo. Oremos.

Por todos los que tienen miedo a declarar públicamente su fe, para que el Señor les dé su fuerza y su valor. Oremos.

Por todos los gobernantes, para que pongan todo su empeño en conseguir la paz, la libertad, la justicia y el bien común. Oremos.

Por todos nosotros, para que nuestro compromiso con el prójimo sea cada día más auténtico y decidido. Oremos.

 

Oración comunitaria

       Señor, te pedimos que camines siempre a nuestro lado para que nunca cedamos ante las dificultades y reveses de la vida, sintamos siempre tu fuerza animándonos y sigamos trabajando con ilusión y alegría, cada día, para construir tu Reino. Por Jesucristo.

 

       Oh Dios, que nos has creado como somos: a la vez corporales y espirituales, limitados en el tiempo y en nuestra capacidad, visitados frecuentemente por el dolor y acosados por el mal en todas sus formas. Queremos asumir de forma adulta y con coraje esta nuestra forma de ser, sin pensar que tú nos envías el bien y el mal, ni que nos vas a librar de uno u otro a base de multiplicar nuestras súplicas… Tú sabes todo lo que necesitamos, y nosotros sabemos que nuestras oraciones no aumentan un ápice tu amor generoso y total hacia tus hijos e hijas… Te expresamos nuestra decisión de asumir con madurez nuestras responsabilidades ante las limitaciones y los propios problemas que nos rodean. Como Jesús, nuestro modelo.


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