|
DÉCIMO SEGUNDO DOMINGO
DE TIEMPO ORDINARIO Marcial Evangelio : Mateo 10, 26-33 Primera lectura: Jeremías 20, 10-13
|
|
COMENTARIOS
|
|
|
|
26Conque no les tengáis miedo, porque nada hay cubierto que no deba descubrirse ni nada escondido que no deba saberse; 27lo que os digo de noche, decidlo en pleno día, y lo que escucháis al oído, pregonadlo desde la azotea. 28Tampoco tengáis miedo de los que matan el cuerpo
pero no pueden matar la vida; temed si acaso al que puede acabar con vida
y cuerpo en el fuego. 29¿No se venden un par de gorriones por unos
cuartos? Y, sin embargo, ni uno solo caerá al suelo sin que lo sepa
vuestro Padre. 30Pues, de vosotros, hasta los pelos de la
cabeza están contados. 31Conque no tengáis miedo, que vosotros
valéis más que todos los gorriones juntos. 32En conclusión: Por
todo el que se pronuncie por mí ante los hombres, me pronunciaré también
yo ante mi Padre del cielo, 33pero al que me niegue ante
los hombres, lo negaré yo a mi vez ante mi Padre del
cielo. |
UN EVANGELIO
«MODERADITO»
El mundo en el que vivimos es el menos
moderado que existir pudiera. ¿Se puede decir que es moderado un mundo que se
gasta la mayor parte de sus recursos en preparar su destrucción? ¿O son
moderadas las sociedades que consumen más de lo que necesitan y tiran lo mucho
que les sobra mientras otros grupos humanos rabian de hambre? Y los títeres del
imperialismo, a quienes no les importa eliminar o hacer desaparecer a
las personas o a los pueblos demasiado radicales, ¿serán ellos los moderados?
Pero estas cosas no se pueden decir. Son cosas que suenan a radicales; y entre
gente civilizada el radicalismo es, por lo menos, de mal gusto. En eso sí
hay que ser moderados. ¿Hasta para anunciar el
evangelio?
LA ULTIMA
BIENAVENTURANZA
«Dichosos los que viven perseguidos por su
fidelidad, porque ésos tienen a Dios por Rey» (Mt 5,10).
Jesús promete la felicidad a sus
discípulos, a todos aquellos que se decidan a poner en práctica su mensaje.
Pero Jesús no oculta nunca que felicidad no significa ausencia de
problemas. En medio de una sociedad claramente egoísta, organizada en
beneficio de los menos y a costa de los más, el simple intento de realizar
las propuestas del mensaje de Jesu's, la sola pretensión de vivir como hermanos,
provocará la oposición de los que disfrutan de privilegios y acarreará todo tipo
de acusaciones, de amenazas, de conflictos, de persecuciones a quienes
tengan esa osadía, ese atrevimiento.
«Mirad que yo os mando como ovejas entre
lobos...» (Mt 10,6).
Jesús no esconde la incomodidad de estos
conflictos. Acaba de decir a sus discípulos que los envía «como ovejas en
medio de lobos» y que recibirán ataques de todos los lados: de los tribunales
civiles y religiosos, de reyes y gobernadores: «Os llevarán a los tribunales, os
azotarán en las sinagogas y os conducirán ante gobernadores y reyes por mi
causa» (10, 17-18). Son las instituciones que manejan el poder de este mundo las
que se van a oponer a que este mundo cambie, a que este mundo se arregle.
Incluso la familia, cuando en ella se instale la ideología del poder: «Un
hermano entregará a su hermano a la muerte y un padre a su hijo; los hijos
denunciarán a sus padres y los harán morir. Todos os odiarán por causa
mía...» (10,21-22). No. No faltarán los conflictos, como no le faltaron al mismo
Jesús.
PERDER EL
MIEDO...
Pero en medio de esas persecuciones Jesús
no va a dejar solos a los suyos. Ni tampoco el Padre, que estará ejerciendo su
función de buen rey para con ellos y, en medio de esos conflictos,
mantendrá su promesa de felicidad para los que hayan tomado la decisión de
seguir a Jesús. Porque si para Dios son importantes todas las criaturas del
mundo, hasta los pájaros más pequeños (Mt 6,26), ¡cuánto más lo serán los que
intentan vivir como hijos suyos, explicando a los demás cómo es el Padre y
cómo los que quieran ser sus hijos pueden vivir como
hermanos!
Y estando defendidos por el Padre, por el
autor y dueño de la vida, ¿qué miedo van a dar los señores de la muerte? Además,
aquel que dé la cara por Jesús y se juegue la vida por difundir su mensaje puede
estar seguro de que Jesús dará la cara por él cuando lo
necesite.
Hay que perder el miedo. No porque seamos
más valientes que nadie, sino porque sabemos con qué aliados
contamos.
... Y NO LA
VOZ
«Conque no les tengáis miedo a los hombres,
porque nada hay cubierto que no deba descubrirse ni nada escondido que no
deja saberse; lo que os digo en la noche, decidlo en pleno día, y lo que
escucháis al oído, pregonadlo desde la azotea».
Es verdad que nunca dice Jesús que la
actitud de los suyos deba ser el buscar el choque: «Sed cautos como serpientes y
sencillos como palomas» (Mt 10,16b). El conflicto no es bueno, no hace
feliz a nadie y siempre que se pueda habrá que evitarlo. Pero sin abandonar la
tarea que tenemos encomendada.
Porque el peligro en el que podríamos caer,
quizá con la intención de evitar los conflictos, es el de perder la voz:
callarnos todo lo que tenemos que decir para no molestar o, lo que sería
mucho peor, limar las asperezas del mensaje de Jesús para tener contentos a
todos. Eso sería ocultar y mantener en secreto lo que debe ser proclamado desde las azoteas, a la luz del
día.
NI MIEDO NI
INCONSCIENCIA
Resumiendo: el compromiso cristiano supone
determinados riesgos. Decir a los ricos que Dios no está de su parte, a los
poderosos que su poder ni viene de Dios ni les pertenece a ellos, a los jerarcas
religiosos que «sólo a Dios el honor y la gloria», y que su función sólo tiene
sentido si es de hecho un servicio a los pobres, los preferidos de Dios, y no
les da derecho a ningún tipo de privilegios..; decir que todos los
hombres somos iguales y que Dios quiere que eso sea una realidad de
hecho...; decir que la única riqueza justa es aquella que se reparte y se
comparte...; decir que Dios no está con los que hacen, preparan o negocian con
la guerra, sino con los que trabajan por la paz...; decir todo eso puede
traernos conflictos, incomodidades, persecuciones. Vendrán. No hay que
buscarlos, no hay que ser inconscientes. Pero tampoco callarse por
miedo.
COMENTARIO 2
vv. 26-28: Conque no les tengáis miedo, porque nada hay
cubierto que no deba descubrirse ni nada escondido que no deba saberse;
27lo que os digo de noche, decidlo en pleno día, y lo que escucháis
al oído, pregonadlo desde la azotea.28Tampoco tengáis miedo de los
que matan el cuerpo pero no pueden matar la vida; temed si acaso al que puede
acabar con vida y cuerpo en el fuego.
Instrucción sobre el temor, que
desarrolla la última bienaventuranza (5,10). Ante la amenaza que supone la
sociedad, no hay que amedrentarse. El mensaje no puede ocultarse, y
proclamarlo es la labor de los discípulos. No les recomienda Jesús que se
enfrenten con los perseguidores, pero sí que no cesen por ningún motivo de
propagar el mensaje. Lo que un tiempo ha estado escondido, tiene que llegar a
saberse en todas partes. No hay motivo para vivir en el miedo, pues los hombres
pueden suprimir la vida física (el cuerpo), pero no la persona (psykhê =
el yo vivo, consciente y libre). Jesús vuelve a insistir en que la
muerte no es una derrota (28; cf. 10,22). En caso de que hubiese que temer
a alguien, ese temor estaría justificado sólo respecto a Dios Creador, el único
que podría destruir al hombre.
vv. 29-31: ¿No se venden un par de gorriones por unos
cuartos? Y, sin embargo, ni uno solo caerá al suelo sin que lo sepa vuestro
Padre. 30Pues, de vosotros, hasta los pelos de la cabeza están
contados. 31Conque no tengáis miedo, que vosotros valéis más que
todos los gorriones juntos.
Pero para los discípulos Dios es Padre
(5,9) y Jesús exhorta a la confianza en él; nada de lo que sucede se le esconde,
ni siquiera las cosas más mínimas, como la muerte de los pajarillos. Su amor
abraza la creación entera. De la vida de los que trabajan con Jesús, la
solicitud de su amor («vuestro Padre») hace que no se les escape nada
(cabellos); por eso, la confianza en él ha de ser total. Explica Jesús qué
significa «tener a Dios por Rey» en medio de la persecución
(5,10).
vv. 32-33: En conclusión: Por todo el que se pronuncie
por mí ante los hombres, me pronunciaré también yo ante mi Padre del cielo,
33pero al que me niegue ante los hombres, lo negaré yo a mi vez ante
mi Padre del cielo. Concluye la exhortación.
De la postura que tome el discípulo
ante los hombres depende su suerte final. El que, sin miedo, se pronuncia por
Jesús es quien resiste hasta el fin y corona su vida con éxito (se salva). Quien
se acobarda y niega a Jesús, está abocado a la ruina, acaba en el fracaso. Mt
presenta la doble suerte del discípulo en términos de una declaración de Jesús
ante el Padre. La fidelidad del discípulo a Jesús en la persecución (5,10.11) es
la que lo salva a través de la muerte.
COMENTARIO 3
El
pasaje de la Carta a los Romanos (Rom 5, 12-15) describe la situación de la
humanidad a partir del pecado del primer ser humano. Desde entonces, el pecado
ha comenzado a actuar en la humanidad y se ha convertido en la causa que origina
la presencia de la muerte en la vida personal y social de los seres humanos.
La
entronización del pecado en el mundo convierte a éste en un lugar de muerte.
Esta puede ser considerada en su doble dimensión de muerte padecida, y peor aún,
de muerte infligida a los demás por el ser humano y por la sociedad dominada por
el pecado.
De
allí que la propuesta de Vida que es el núcleo del mensaje evangélico sea
considerada en este contexto como una amenaza a este mundo dominado por la
muerte. Ante el anuncio evangélico la respuesta del mundo de la muerte es la
agresividad dirigida contra los portadores del mensaje de Dios de la
Vida.
En
realidad, este planteamiento de la explicación del mal a partir de un primer
pecado (original) es mítico, y resultaría insostenible si se quisiera apurar
demasiado su fuerza argumentativa. Ideado prácticamente por san Agustín en un
contexto tan lejano (en tiempo y en cultura) a nosotros, puede ser conveniente
dejar de hablar de él con el “realismo” con que muchas veces parece darse a
entender cuando se habla en el púlpito o en el ambón, sin el rigor que la
participación de un público crítico exigiría. Al menos, sería importante no
hablar ya nunca del tema sin hacer explícita la advertencia de que se trata de
un pensamiento mítico y simbólico por una parte, y sin dejar de esforzarnos por
encontrar otro lenguaje y otros símbolos que sustituyan al lenguaje y los
símbolos ya gastados.
En
todo caso, los enviados del Evangelio, el justo perseguido del salmo
interleccional, los profetas como en el caso de la lectura de Jeremías, o los
apóstoles como en el texto de Mateo, constatarán a cada paso de su camino la
presencia de fuerzas negativas que intentarán acabar con su actuación como forma
de que la Causa del Reino (que es la causa del amor, de la justicia, de los
pobres, de la fraternidad) no continúe su crecimiento, porque atenta contra sus
“intereses”. No hay “fuerza oscuras”, ni “elementos demoníacos” tras estas
persecuciones a Jeremías o a Jesús o a cualquiera de los profetas. No es preciso
remontarse a un supuesto pecado original para explicar lo que es mucho más
sencillo, cotidiano y palmario.
Pero
el corazón humano que pone su confianza en Dios y en sus valores encuentra en la
Palabra de Dios una exhortación a la confianza. Como ante el furor homicida del
Faraón en la gesta liberadora de Dios, Jeremías y los seguidores de Jesús
reciben la seguridad de un oráculo de salvación cuyo contenido fundamental es el
“no teman” que puede ayudarlos a superar todos los obstáculos que encuentren en
su camino.
Ni
los dirigentes de Israel, ni los de ninguna otra sociedad hostil pueden impedir
la eficacia del Proyecto divino. El mensaje, se señala en el Evangelio, no puede
ocultarse, y la tarea propia de los seguidores de Jesús es la difusión de este
mensaje.
La
recomendación de Jesús no se dirige a que el discípulo busque primeramente el
enfrentamiento con los perseguidores, sino a que el discípulo no desfallezca en
su tarea de construir el Reino, aunque ello suscite oposición y
rechazo.
La
proclamación de ese Reino se convierte así en revelación del designio salvífico
de Dios que no puede ser mantenido oculto. El miedo, por tanto, no puede ser
motivación para el actuar del discípulo de Jesús.
Para
fundamentar esta actuación apostólica se oponen en el texto evangélico, dos
tipos de pérdidas que pueden afectar a los seres humanos: Por un lado,
encontramos la amenaza de supresión de la vida física que los perseguidores
pueden causar; por el otro, la supresión de la vida personal que tiene su origen
en Dios y depende de Este.
Para
tomar una decisión sabia respecto a estas pérdidas posibles que amenazan la
existencia humana se invita a dirigir la atención al comportamiento de Dios
frente a los vivientes. Su actitud frente a ellos es la de un Padre que ama todo
lo creado, incluso lo que parece mínimo y sin importancia en las transacciones
humanas, como son los pájaros.
Esa
contemplación de ese Padre que da la Vida debe suscitar en los discípulos una
confianza total. Su cercanía respecto a una comunidad comprometida con su querer
asegura a sus integrantes la atención de Dios a las cosas mínimas de la
existencia, a las que se evoca con la mención de los
cabellos.
Su
alejamiento, por el contrario, conduciría la destrucción de la existencia humana
(v. 28). La mención sobre el fracaso total de la existencia ante el juicio
definitivo al que se alude con el fuego, es un peligro incomparablemente mayor
que el que pueden representar los perseguidores.
Esa
intervención decisiva de Dios en la vida de cada ser humano, se hace criterio
para juzgar el valor del comportamiento del discípulo respecto a la proclamación
del mensaje. Quien es capaz de seguir firme sin temor a lo que los seres humanos
puedan causar en su existencia, realiza una vida en comunión con Dios y con
Jesús que sólo puede ser coronada con el éxito. Por el contrario, aquel que
frente a las amenazas se acobarda y cede a la presión de los perseguidores
renegando de Jesús, se dirige a un fracaso pleno y
definitivo.
Confianza
ante las dificultades y peligros, incluso ante la amenaza de la vida física,
deben hacer superar toda tentación que induzca a renegar de Jesús y de su
Evangelio. La comunión con El es el valor más importante de toda vida humana y a
ella está ligada la auténtica realización de la
existencia.
Las
resistencias al mensaje deben ser consideradas como elemento normal, dadas las
condiciones de muerte introducidas por el pecado en la historia humana. A pesar
de ellas y en medio de ellas es necesario asumir una actitud de coraje que
impida cualquier retroceso o desfallecimiento en la proclamación evangélica.
Solamente en la indisoluble asociación con Jesús, demostrada en una fidelidad a
su mensaje frente a toda prueba, es posible realizar plenamente la propia vida.
Para
la revisión de vida
¿Tengo
miedo a la cruz? ¿Sufro en mi vida alguna forma de persecución? ¿Temo a la
persecución, aunque sea en su forma mínima de “temor al qué dirán”? ¿O, como
Jeremías, sigo adelante convencido y sin temor a la cruz?
Para
la reunión de grupo
La
cruz, la persecución por el evangelio… forman parte de la existencia cristiana.
¿Qué cruz, qué persecución por el evangelio? ¿Cuándo se puede decir que estamos
ante una persecución por el evangelio? ¿Cuáles son sus causas? ¿Qué cruz y qué
persecución no tienen que ver con el evangelio?
Jeremías
es el caso típico de un profeta que tiene que aguantar la persecución de sus
contemporáneos, a los que resulta incómoda su predicación profética. Y Jeremías
clama a Dios preguntándose por qué se ha metido en ese conflicto que no desea,
pero acaba manteniéndose fiel a su misión a pesar de las dificultades. ¿Tiene un
paralelismo con Jesús?
A
pesar de los eslóganes, el teólogo José Ignacio González Faus afirma que este
pontificado es un pontificado dominado fundamentalmente por el miedo. Someta a
crítica ese pensamiento. ¿Qué miedos puede estar teniendo la Iglesia oficial de
hoy? ¿Qué faltas de confianza pueden estar causando la situación actual?
Para
la oración de los fieles
Por
la Iglesia, para que avance sin temor en medio de las dificultades del mundo y
mantenga siempre viva su confianza en el amor del Padre.
Oremos.
Por
todos los cristianos perseguidos a causa de su fe y de su defensa de los pobres,
para que no tengan miedo a quienes sólo pueden matar el cuerpo, pero no el alma.
Oremos.
Por
todos los que trabajan por el bien de los demás y la promoción de la paz y la
justicia, para que las dificultades e incomprensiones no les hagan perder el
ánimo y la constancia en su trabajo. Oremos.
Por
todos los que tienen miedo a declarar públicamente su fe, para que el Señor les
dé su fuerza y su valor. Oremos.
Por
todos los gobernantes, para que pongan todo su empeño en conseguir la paz, la
libertad, la justicia y el bien común. Oremos.
Por
todos nosotros, para que nuestro compromiso con el prójimo sea cada día más
auténtico y decidido. Oremos.
Oración
comunitaria
Señor, te
pedimos que camines siempre a nuestro lado para que nunca cedamos ante las
dificultades y reveses de la vida, sintamos siempre tu fuerza animándonos y
sigamos trabajando con ilusión y alegría, cada día, para construir tu Reino. Por
Jesucristo.
Oh Dios,
que nos has creado como somos: a la vez corporales y espirituales, limitados en
el tiempo y en nuestra capacidad, visitados frecuentemente por el dolor y
acosados por el mal en todas sus formas. Queremos asumir de forma adulta y con
coraje esta nuestra forma de ser, sin pensar que tú nos envías el bien y el mal,
ni que nos vas a librar de uno u otro a base de multiplicar nuestras súplicas…
Tú sabes todo lo que necesitamos, y nosotros sabemos que nuestras oraciones no
aumentan un ápice tu amor generoso y total hacia tus hijos e hijas… Te
expresamos nuestra decisión de asumir con madurez nuestras responsabilidades
ante las limitaciones y los propios problemas que nos rodean. Como Jesús,
nuestro modelo.
FUNDACIÓN ÉPSILON
www.elalmendro.org
epsilon@elalmendro.org