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Guillermo
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COMENTARIOS |
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6No deis lo sagrado a los perros ni les echéis vuestras perlas a los cerdos, no sea que las pisoteen, y además se vuelvan y os destrocen. 12En resumen: Todo lo que querríais que hicieran los
demás por vosotros, hacedlo vosotros por ellos, porque eso significan la
Ley y los Profetas. 13Entrad por la puerta angosta; porque ancha es la puerta y amplia la calle que llevan a la perdición, y muchos entran por ellas. 14¡Qué angosta es la puerta y qué estrecho el callejón que llevan a la vida! Y pocos dan con ellos. |
v. 6: No deis lo sagrado a los perros ni les
echéis vuestras perlas a los cerdos, no sea que las pisoteen, y además se
vuelvan y os destrocen.
Prudencia. No hay que comunicarlo todo a
los hombres de mala voluntad. Aunque el discípulo no excluya a nadie de su amor
(5,38.43-48), no por eso ha de ser ciego a la actitud de los demás. El perro y
el cerdo eran animales impuros; podrían representar a los que no son «limpios
(puros) de corazón», es decir, a los que por buscar su propio interés cometen la
injusticia contra el prójimo. «Lo santo» es lo que pertenece a Dios;
«vuestras perlas» designa la misma realidad como patrimonio de los discípulos y
destacando su inmenso valor. El mensaje, propuesto a los que por su modo de
proceder son enemigos declarados de él, puede provocar reacciones
violentas.
v. 12: En resumen: Todo lo que querríais que
hicieran los demás por vosotros, hacedlo vosotros por ellos, porque eso
significan la Ley y los Profetas.
La Ley y los Profetas (= el AT),
considerados antes como profecía del reinado de Dios (5,17), son presentados
ahora como código de moralidad. Jesús resume toda la enseñanza moral de esos
escritos en el amor que busca el interés del prójimo como el propio. El amor al
prójimo requiere iniciativa más allá de la casuística. El principio no puede
considerarse exclusivo de la cultura judía; representa una norma de
moralidad universal. Jesús no viene a fundar una nueva doctrina moral, sino a
infundir el Espíritu (3,11); éste hará que el hombre llegue a una entrega tan
total como la suya.
La Ley y los Profetas eran profecía del
reinado de Dios que va a ser realidad por la obra de Jesús y los suyos (5,17s;
cf. 11,13). De ellos se deduce también la norma de moralidad que ha de regir en
la nueva sociedad humana (el reinado de Dios) y cuya práctica hará posible Jesús
comunicando su Espíritu.
vv. 13-14: Entrad por la puerta angosta; porque ancha
es la puerta y amplia la calle que llevan a la perdición, y muchos entran
por ellas. 14¡Qué angosta es la puerta y qué estrecho el callejón que
llevan a la vida! Y pocos dan con ellos.
. Expone Jesús la necesidad de la decisión
personal para entrar en el reino (= la vida). No hay que dejarse arrastrar por
lo que todos hacen; hay que salirse de la corriente para atinar con la vida. No
es difícil entrar por la puerta angosta; sólo que la mayoría de los hombres,
deslumbrados por lo más aparente, ni se da cuenta de que
existe.
COMENTARIO 2
La
liturgia une dos pasajes separados en el Evangelio. El v. 6, de difícil
comprensión y que se presenta un poco al margen de su contexto y los vv. 12-14
que ofrecen sucesivamente la llamada “regla de oro” y luego la enseñanza sobre
los dos tipos de puertas y los dos tipos de caminos.
Mt
7, 6 consigna la irracionalidad de dos acciones que , por ello, se prohíbe
realizar: dar las cosas santas a los perros y arrojar las perlas delante de los
cerdos. En ambos casos nos encontramos con dificultades en la compresión de las
afirmaciones: en ambos casos no se encuentra una justificación plausible sea
para la reacción agresiva en el caso de los animales, mencionados en primer
término, cuanto en la naturaleza de la segunda acción. Se ha propuesto el
recurso a un original arameo en que en vez de cosa santa habría que leer “aro”,
“pendiente”, y traducir “dar” y “arrojar”, respectivamente por “colgar” y
“adornar” o “delante de” por “nariz”. La imagen indicaría, entonces, no colgar
en el cuello de los canes ni en la nariz de los cerdos ya que esta acción puede
provocar la reacción agresiva de unos y otros. En todo caso, la expresión debe
entenderse como una enseñanza de moderación y discreción en la presentación del
mensaje evangélico.
Mt
7, 12-14. por el contrario está constituido por sentencias con un sentido
claramente comprensible. El v.12 se dirige a reglamentar las relaciones
interpersonales a por medio de la “regla de oro”. El comportamiento hacia los
otros debe ser el que deseamos que ellos tengan respecto a nosotros. Este
comportamiento debe ser comprendido como la síntesis de todo el sermón de la
montaña, en cuanto compendia toda la ley y los profetas. El amor a sí mismo no
es el principio al que se debe subordinar toda acción frente a los demás sino la
medida que debe alcanzar. Se trata del mismo principio que en otros lugares del
Evangelio es formulado como “Amarás al prójimo como a ti mismo”(cf 19, 19; 22,
39). Por consiguiente se exhorta a construir la propia vida desde el principio
de la colaboración con los demás y, para ello, se exige un compromiso social y
comunitario ilimitado.
La
enseñanza de las dos puertas y los dos caminos (vv. 13-14), que sigue a
continuación, es una urgente advertencia en orden a la aceptación del mensaje de
Jesús y sus consecuencias. La reacción no puede consistir en una aceptación
teórica ni puede agotarse con un entusiasmo inicial. Exige una práctica
coherente que entraña dificultades significadas por la afirmación referidas a
los calificativos que reciben la puerta y el camino: “estrecha” y “angosta”. El
tono perentorio de la exhortación refleja la situación de crisis de una
comunidad seducida por la vida cómoda y los placeres. La adecuación al entorno
era un riesgo real de la comunidad significado por “la anchura de la puerta” y
“la amplitud del camino”. Frente a ese riesgo se recuerda que no es posible
“adecuarse a la figura de este mundo que pasa” si se quiere mantener la
fidelidad al mensaje evangélico.
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