Viernes 2 de Junio de 2006


 

COMENTARIOS

  1. Juan Mateos , El evangelio de Juan. Texto y comentario . Ediciones El almendro, Córdoba 2002 (en prensa). 
  2. Diario Bíblico . Cicla (Confederación Internacional Claretiana de Latinoamérica), distribuido en España por Ediciones El almendro, Córdoba

EVANGELIO

Juan 21, 15-19

(trad. Juan Mateos , Nuevo Testamento , Ediciones El almendro, Córdoba)

15Cuando acabaron de almorzar, le preguntó Jesús a Simón Pedro:

-Simón de Juan, ¿me amas más que éstos?

Le respondió:

-Señor, sí; tú sabes que te quiero.

Le dijo:

-Apacienta mis corderos.

16Le preguntó de nuevo, por segunda vez:

-Simón de Juan, ¿me amas?

Le respondió:

-Señor, sí; tú sabes, que te quiero.

Le dijo:

-Pastorea mis ovejas.

17La tercera vez le preguntó:

-Simón de Juan, ¿me quieres?

Pedro se puso triste porque la tercera vez le había preguntado: «¿Me quieres?», y le respondió:

-Señor, tú lo sabes todo, tú sabes que te quiero.

Le dijo:

-Apacienta mis ovejas. 18Si te lo aseguro: Cuando eras joven, tú mismo te ponías el cinturón e ibas adonde querías; pero cuando llegues a viejo, extenderás los brazos y otro te pondrá el cinturón para llevarte adonde no quieres.

19Esto lo dijo indicando con qué clase de muerte iba a manifestar la gloria de Dios.

Y dicho esto, añadió:

-Sígueme.

  

COMENTARIO 1


15 Cuando acabaron de almorzar, le preguntó Jesús a Simón Pedro: «Simón de Juan, ¿me amas más que éstos?» Le respondió: «Señor, sí; tú sabes que te quiero». Le dijo: «Apacienta mis corderos».

En el episodio anterior, Jesús no se ha hecho eco de los gestos de Pedro ni le ha hablado a él en particular. Sólo terminada la comida con todos se dirige a él, de modo parecido a como había actuado con Tomás (20,27). En ambos casos evita que el problema personal de uno interfiera en su contacto con la comunidad.

Jesús toma la iniciativa (le preguntó). No ha sido suficiente el proceder de Pedro en el episodio anterior.

Nunca ha llamado Jesús a Pedro por su sobrenombre, ni tampoco ahora. Vuelve a usar el apelativo que había empleado en su primera entrevista, aunque simplificado: Simón de Juan (1,42: Simón hijo de Juan). Como allí se vio, alude en primer lugar a la relación de Pedro con Juan Bautista. Pedro, que era discípulo del Bautista y que, por tanto, había roto con la institución judía, no había escuchado, sin embargo, su testimonio acerca del Mesías. Su postura era la del reformista: esperaba un Mesías que tomase el poder para renovar las instituciones. No ha aceptado, en cambio, al Mesías que, en lugar de dominar por la fuerza, se pone al servicio de los hombres hasta dar la vida por ellos.

Ha pretendido destacarse del grupo ostentando ser el primero en la adhesión a Jesús (6,68s; 13,6.37; 18,8-11). A pesar de la cobardía revelada en sus negaciones, ahora, en la misión, ha vuelto a tomar la iniciativa, para llevar a todos al fracaso (21,3), y más tarde se ha encargado él solo de tirar de la red con el pescado (21,11).

La pregunta de Jesús (¿me amas más que éstos?), enfrenta a Pedro con su actitud, en presencia de los demás (éstos). Le pregunta si puede aducir el único título capaz de justificar su pretensión de ser el primero: un amor a él mayor que el de los demás. Pedro no podrá afirmar eso, siendo el único de ellos que lo ha negado.

Por eso, la respuesta de Pedro, aunque es afirmativa, evita toda comparación, que, dado su historial, resultaría en disfavor suyo. Su obstinación ha cedido; reconoce que no hay fundamento para su pretensión de singularidad.

Con el verbo que emplea (te quiero), diferente del que ha usado Jesús (¿me amas...?), profesa su cariño de amigo. Empieza a comprender: Jesús es el centro, pero sin ser el superior que se impone ni el señor que domina.

Ni siquiera afirma Pedro categóricamente su amistad con Jesús; se remite al conocimiento que éste tiene (tú sabes); él puede juzgar de la veracidad de su afirmación. En la Cena, pensaba Pedro que su juicio valía más que el de Jesús y que éste no lo conocía lo bastante para apreciar sus capacidades (13,37: ¿por qué razón no soy capaz de seguirte ya ahora?). Ahora rectifica; Jesús lo conoce mejor que él mismo.

Ante la declaración de amistad de Pedro, Jesús le pide una muestra de ella, que no puede consistir más que en su entrega a los demás (14,21.23). De hecho, apacentar significa procurar alimento, que es vida. En la misión, los discípulos, como Jesús, han de dar el doble alimento: el pan que se acaba y el que dura dando vida definitiva; es decir, en su don han de darse ellos mismos (6,27); así, en ese amor se hará presente el de Jesús y del Padre, comunicando vida.

En este pasaje usa Jesús dos términos: corderos, que designa a los pequeños; ovejas, a los grandes, englobando la totalidad del rebaño (10,1ss). Es decir, la misión se dirige a toda clase de hombres, sin discriminación basada en su importancia. Sin embargo, en primer lugar menciona a los pequeños, contraponiéndose a la pretensión de Pedro de ser el primero. La prueba del amor de Pedro será ponerse al servicio de los más humildes.

Esta primera exhortación de Jesús se opone directamente a la actitud de Pedro en el lavado de los pies, cuando consideraba indigno de Jesús ponerse al servicio de sus "inferiores". Pedro ha de aceptar esta lección y actuar en consecuencia.

Los corderos son de Jesús (mis corderos); llevar a pastar significa colaborar con él en la labor de dar vida a los hombres, y esto sólo puede hacerse en unión con él, que es la vida (14,6) y el dador de vida (10,10). La invitación de Jesús significa, por tanto, que Pedro, como todo discípulo, debe tomar por norma de su actividad la actuación histórica de Jesús.

Pedro, que, con su actitud, había llevado a la comunidad al fracaso en la misión, tiene que aprender cómo ésta se ejerce.


16 Le preguntó de nuevo, por segunda vez: «Simón de Juan, ¿me amas?» Le respondió: «Señor, sí; tú sabes que te quiero». Le dijo: «Pastorea mis ovejas».

Al repetir el apelativo: Simón de Juan, recuerda de nuevo Jesús a Pedro la actitud que lo llevó a negarlo. Su pregunta es ahora más breve e incisiva. No compara ya adhesiones, va más a fondo; le pregunta si realmente está identificado con él, si de verdad lo toma por modelo, renunciando a todo otro ideal o prototipo de Mesías que se hubiese forjado. Igual respuesta de Pedro, afirmando su vinculación a Jesús como amigo y remitiéndose a su saber.

El encargo que Jesús le da ahora difiere del anterior en las dos palabras principales: en lugar de "apacentar", usa el verbo "pastorear"; en vez de "corderos", dice "ovejas". La frase recoge el tema expresado en 10,11: Yo soy el modelo de pastor. El pastor modelo se entrega él mismo por las ovejas. Jesús está indicando a Pedro la necesidad de seguir sus pasos, de estar dispuesto a dar la vida por los hombres. Sus palabras hacen alusión directa a la negación de Pedro, pues éste negó a Jesús precisamente por miedo a seguirlo arriesgando su vida, cuando Jesús iba a darla (18,17). Pide Jesús a Pedro que le demuestre su amor siguiendo el camino que no se atrevió a seguir entonces; que, en el ejercicio de la misión, de su labor con los hombres, esté dispuesto a dar la vida como él.

Las dos metáforas usadas por Jesús en este pasaje: "apacentar" y "pastorear", describen lo ya expresado con las de "comer su carne" y "beber su sangre". Es decir, que el discípulo, al recibir el don de Jesús, toma por norma su vida y actividad (carne) y su entrega en la cruz (sangre), expresión de su amor hasta el extremo. En otras palabras, Jesús exhorta a Pedro a traducir en su vida el compromiso de la eucaristía en la que acaba de participar.

Las palabras mis ovejas recuerdan que Jesús tiene ovejas que no están en el recinto de Israel, es decir, que pertenecen a otros pueblos (10,16). También esos hombres aceptarán su mensaje y habrán de formar un solo rebaño con los de origen judío. Esa misión fuera de Israel toca a los discípulos. Queda excluido el nacionalismo que impregnaba la idea mesiánica de Pedro. Oveja de Jesús es todo hombre, de cualquier pueblo, dispuesto a responder a su mensaje, aunque no lo conozca todavía.

Para la comunidad formada, Jesús es el único pastor (10,16), por ser su centro (20,19.26), de donde irradian el amor y la vida (17,24). Para la misión, es el modelo de pastor (10,11), porque él se entrega por las ovejas.


17 La tercera vez le preguntó: «Simón de Juan, ¿me quieres?» Pedro se puso triste porque la tercera vez le había preguntado: “¿Me quieres?”, y le respondió: «Señor, tú lo sabes todo, tú sabes que te quiero». Le dijo: «Apacienta mis ovejas.

La expresión La tercera vez, que se repite inmediatamente después, pone en estrecha relación esta pregunta de Jesús con su predicción de la triple negación de Pedro (13,38: me habrás negado tres veces). Con la triple pregunta, Jesús está llevando a Pedro a una rectificación total.

Al preguntarle Jesús si lo amaba, Pedro había profesado dos veces su cariño a Jesús como amigo (21,15.16: tú sabes que te quiero). Jesús cambia ahora el verbo "amar", que había utilizado antes, por el verbo usado por Pedro mismo: ¿me quieres? Con eso lo hace fijarse en lo que ha dicho y le pregunta si está seguro de lo que afirma. No omite tampoco en esta ocasión llamarlo Simón de Juan, recordándole una vez más su antigua postura, que era la antítesis de lo que Jesús le pide que acepte ahora.

Con su pregunta, Jesús hace recapacitar a Pedro; "ser amigo” significa renunciar al ideal que él se había forjado de un Mesías de poder (18,10), a una relación de inferior a superior (13,6-8), a un trabajo de siervos o asalariados al servicio de un señor (15,15).

La pregunta de Jesús, que parece mostrar desconfianza hacia sus afirmaciones anteriores, entristece a Pedro, pues le hace recordar su obstinación. Es la única vez que aparece en el episodio el sobrenombre de Pedro ("Piedra"), indicando que es el momento decisivo para él. La pregunta ha resumido toda su historia de oposición al designio de Jesús. Es ahora cuando se da cuenta cabal de lo que había hecho. De ahí su tristeza.

La frase con la que Pedro se remite a Jesús: tú lo sabes todo, es otra rectificación (cf. 13,37s). Como se ha dicho, en la Cena había pretendido conocerse mejor que Jesús mismo (13,27s). Ahora comprende que Jesús no necesita declaraciones de lealtad, pues sabe lo que hay dentro del hombre (2,25). Ve que no tiene secretos para Jesús y que éste conoce perfectamente cuál es la calidad de su adhesión.

La invitación de Jesús, que toma un término de cada una de las dos anteriores (v.15: apacienta; v. 16: mis ovejas), las sintetiza. Pide a Pedro que considere misión suya hacer que los seres humanos, pequeños y grandes, encuentren la vida y que, para eso, esté dispuesto a entregarse hasta el final. Es la misión de todos los miembros de la comunidad y el significado de la frase que pronunció Jesús después de infundirles el Espíritu: Igual que el Padre me ha enviado a mí, os envío yo también a vosotros (20,21).

Antes de invitar a Pedro a seguirlo, Jesús le ha hecho comprender en qué consiste ser discípulo.


18-19a Sí, te lo aseguro: Cuando eras joven, tú mismo te ponías el cinturón e ibas adonde querías; pero cuando llegues a viejo, extenderás los brazos y otro te pondrá el cinturón para llevarte adonde no quieres». Esto lo dijo indicando con qué clase de muerte iba a manifestar la gloria de Dios.

Jesús predice a Pedro que, como él, dará su vida en la cruz. Llegará a morir con Jesús como los dos que fueron crucificados con él (19,18.32). Así se asociará hasta el final a la misión del pastor.

Jesús caracteriza al Pedro del pasado (Cuando eras joven) como el que actuaba a su arbitrio, eligiendo él mismo sus metas (ibas adonde querías). Le anuncia, sin embargo, un hecho futuro (cuando llegues a viejo) que va a condicionar su presente. Extender los brazos significa ser atado al travesaño de la cruz (patibulum), para llevarlo a hombros hasta el lugar de la ejecución (adonde no quieres), donde estaba clavado el poste vertical. Pedro tiene que aceptar desde ahora la suerte que le espera en el seguimiento de Jesús y obrar con coherencia. Si la cruz, el suplicio infamante, va a ser el desenlace de su vida, ya desde ahora debe renunciar a todo afán de protagonismo. Y ha de orientar su vida hacia un servicio que pueda culminar, como el de Jesús, en la suprema manifestación de su amor por el hombre.

La gloria de Dios, que es su amor, resplandece en el amor total del hombre, como lo hizo en la cruz de Jesús. Y la muerte de Pedro, como la de Jesús, no será una derrota, pues en la manifestación de Dios brilla la vida. La muerte de Pedro será su resurrección.




COMENTARIO 2

El diálogo de Jesús con Pedro se encuadra en el ambiente de la eucaristía que acaba de celebrarse. Jesús se dirige al discípulo para resolver la cuestión que estaba pendiente desde las negaciones. Quiere curar la actitud que lo había llevado a renegar de él. Pedro ha buscado siempre destacar entre sus compañeros, pero manteniendo su idea mesiánica frente a la de Jesús. Dispuesto a dar la vida por un líder, no aceptaba ni comprendía el comportamiento de éste. Esperaba una salvación por la fuerza, no por el amor. Jesús lo va llevando a rectificar paso por paso.

Jesús llama a Pedro «Simón (hijo de) Juan», aludiendo a su pasado en el que fue discípulo de Juan Bautista, el profeta que había roto con la institución judía, pero que anunciaba su reforma, esperando que un Mesías tomase el poder para renovar las instituciones.

Y lo llama así porque Pedro todavía no ha entendido que, en lugar de dominar por la fuerza, el mesías -que es Jesús- se ha puesto al servicio de la humanidad hasta dar la vida por ellos. Su adhesión a Jesús no es todavía verdadera; Pedro está anclado en el pasado y tiene un falsa idea del mesías. Si Pedro quiere ser el primero (¿me amas más que éstos? le pregunta Jesús) tiene que seguir el camino del maestro; sin embargo, en la pasión llega a negarlo, no queriendo ser identificado como uno de los que andaban con él.

Pedro no responde afirmativamente a esta primera pregunta, sino que apela al conocimiento que Jesús tiene de él, evitando todo tipo de rivalidad o competencia: «Sí, tú sabes que te quiero». Por tres veces responderá lo mismo ante la insistencia de Jesús, reconociendo que si Jesús fue el maestro y el señor y se puso a lavar los pies a los discípulos, en la nueva comunidad ya no hay primero ni último, o mejor, quien desee ser el primero debe hacerse último.

A la primera respuesta de Pedro, Jesús le encomienda «apacentar» a los corderos, o lo que es igual, procurar alimento, que es vida. En la misión, los discípulos, como Jesús, han de dar el doble alimento: el pan que se acaba y el que dura dando vida definitiva; es decir, en su don han de darse ellos mismos; así, en ese amor se hará presente el de Jesús y del Padre, comunicando vida.

Con el verbo que emplea Pedro en su respuesta a Jesús (tú sabes que te quiero) profesa éste su cariño de amigo y empieza a comprender que Jesús es el centro, pero sin ser el superior que se impone, ni el señor que domina.

En la segunda pregunta, Jesús no hace referencia a los demás: Simón ¿me amas? Le pregunta si realmente está identificado con él, si de verdad lo toma por modelo, renunciando a todo otro ideal o prototipo de Mesías que se hubiese forjado. Y Pedro responde lo mismo. Si es verdad que lo ama, Pedro deberá convertirse en pastor, como Jesús (pastorea a mis ovejas), comprometiéndose a dar la vida por las ovejas, sean o no del redil, sean judíos o no; su misión deberá ser universal.

En la tercera pregunta Jesús utiliza el mismo verbo que Pedro: ¿me quieres?, para hacerlo recapacitar. El verbo «querer» designa el cariño entre amigos: "ser amigo» de Jesús significa aceptar a Jesús como es y renunciar al ideal que él se había forjado de un Mesías de poder, a una relación de inferior a superior, a un trabajo de siervos o asalariados al servicio de un señor.

Jesús pide a Pedro –a quien llama esta vez con este sobrenombre -que indica su resistencia a aceptar el mensaje de Jesús-, que considere misión suya hacer que los seres humanos, pequeños y grandes, encuentren la vida y que, para eso, esté dispuesto a entregarse hasta el final.

Y esto es lo que hará al fin este Simón de Juan para convertirse en Simón de Jesús. Jesús predice a Pedro que, como él, dará su vida en la cruz. Llegará a morir con Jesús como los dos que fueron crucificados con él. Así se asociará hasta el final a la misión del pastor.



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