|
|
|
COMENTARIOS |
|
|
|
|
35Mientras enseñaba en el templo, abordó Jesús la cuestión preguntando: -¿Cómo dicen los letrados que el Mesías es sucesor de David? 36David mismo, movido por el Espíritu Santo, dice:
Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi derecha, mientras hago de tus enemigos estrado de tus pies (Sal 110,1)
37David mismo lo llama Señor; entonces, ¿de dónde sale que es sucesor suyo? La multitud, que era grande, disfrutaba escuchándolo.
|
v. 35 Mientras enseñaba en el templo, abordó Jesús la cuestión preguntando: «¿Cómo dicen los letrados que el Mesías es hijo de David?»
Después de las controversias y preguntas, Jesús reanuda su enseñanza en el templo (11,17). Desde la entrada en Jerusalén y la aclamación mesiánica de la multitud (11,9s), estaba pendiente la cuestión de su mesianismo. Ahora Jesús la aborda, poniendo públicamente en duda la validez de la doctrina que los letrados enseñan al pueblo sobre el Mesías, al que llaman hijo/sucesor de David.
Muchos textos del AT que hablaban de la dinastía de David se habían aplicado al Mesías (2 Sm 7,16, promesa de Dios a David; Is 9,6; 11,1; Ez 34,24) y sobre ellos se basaba la doctrina de un Mesías descendiente y sucesor de David, un segundo David, rey guerrero y victorioso, que restauraría la gloria de Israel como nación, liberando con la fuerza al pueblo del dominio extranjero. La gente ha aclamado a Jesús, viendo en él a ese Mesías e identificando su llegada con la del «reinado de nuestro padre David» (11,10). Tal había sido también la invocación del ciego, figura de los discípulos, a la salida de Jericó (10,47: «¡Hijo de David, Jesús!»).
v. 36 «David mismo, movido por el Espíritu Santo, dice: "Dijo el Señor a mi Señor: siéntate a mi derecha, hasta que ponga a tus enemigos bajo tus pies"».
Jesús va a refutar esta doctrina con palabras atribuidas a David mismo. Cita el Sal 110,1, texto bien conocido e interpretado en sentido mesiánico, del que Jesús afirma que fue pronunciado bajo la inspiración del Espíritu, lo que equivale a decir que refleja el designio de Dios. El argumento de Jesús es el siguiente: no puede ser hijo / sucesor de David ni un segundo David, aquel a quien David llama «Señor», pues, al llamarlo así, David se proclama vasallo de ese futuro rey. En consecuencia, el Mesías no será sólo rey de Israel ni David será su modelo: será muy superior a él en dignidad y su reino será mucho más vasto que el de David. Israel será vasallo de ese reino.
v. 37 «David mismo lo llama Señor; entonces, ¿de dónde sale que es hijo suyo?» La multitud, que era grande, disfrutaba escuchándolo.
Jesús rechaza así el mesianismo davídico nacionalista, fomentado por la enseñanza oficial (letrados) y deshace todo equívoco en el pueblo sobre su propio mesianismo. La restauración del trono de David y la hegemonía de Israel sobre los demás pueblos no son más que una ilusión y son incompatibles con el designio universal de Dios (cf. 8,33: «la idea de Dios»; 3,14: Israel, al servicio de los demás pueblos).
La descalificación que hace Jesús de la enseñanza de los letrados encuentra un eco favorable en la multitud que lo escucha. La frase (disfrutaba escuchándolo) es, sin embargo, paralela a la que usó Mc (6,20) acerca de Herodes. Este escuchaba con gusto a Juan Bautista, pero acabó dándole muerte. También la multitud que ahora escucha con gusto a Jesús acabará poniéndose del lado de sus opresores para darle muerte (15,11-13). A la larga, el nacionalismo y la violencia tendrán más atractivo para ella que la propuesta de Jesús.
Jesús remata los episodios de esta semana con este pasaje en que declara al Mesías superior al Rey David. Debió ser motivo de escándalo para los ilustres hombres administradores de la conciencia religiosa del pueblo. Sí David es el prototipo de Liberador, caudillo, héroe ¿cómo es posible que el Mesías – Jesús- se vaya a declarar superior a él? ¡Osado atrevimiento!
El Mesías esperado por el pueblo y el Mesías anunciado por Jesús no son lo mismo. Para ellos y sus jefes el Mesías tendría que encarnar las mismas características de David que llevó al pueblo a la prosperidad política y económica, según la mentalidad de la época.
El Mesías encarnado en Jesús va a restaurar el plan salvífico de Dios pero desde dentro del Corazón humano. Desde luego que tendrá que surgir un nuevo orden social como fruto de la conversión del corazón. Pero Jesús está convencido que mientras no haya una profunda y conversión no podrán haber verdaderos cambios. Cambiemos el corazón y comprometámonos decididamente en la construcción de un mundo más humano de acuerdo a los valores evangélicos que profesamos.
FUNDACIÓN ÉPSILON
www.elalmendro.org
epsilon@elalmendro.org