Sábado 24 de Junio de 2006

 

 

COMENTARIOS

  1. Josep Rius-Camps, El Éxodo del Hombre libre. Catequesis sobre el Evangelio de Lucas, Ediciones El Almendro, Córdoba 1991
  2. Diario Bíblico. Cicla (Confederación Internacional Claretiana de Latinoamérica), distribuido en España por Ediciones El almendro, Córdoba


EVANGELIO
Lucas 1, 57-66
(trad. Juan Mateos, Nuevo Testamento , Ediciones El Almendro, Córdoba)

57A Isabel se le cumplió el tiempo de dar a luz y tuvo un hijo. 58Sus vecinos y parientes se enteraron de lo bueno que había sido el Señor con ella y compartían su alegría.

59A los ocho días fueron a circuncidar al niño y empezaron a llamarlo Zacarías, por el nombre de su padre. 60Pero la madre intervino diciendo:

-¡No!, se va a llamar Juan.

61Le replicaron:

-Ninguno de tus parientes se llama así.

62Y por señas le preguntaban al padre cómo quería que se llamase. 63El pidió una tablilla y escribió: «Su nombre es Juan», y todos quedaron sorprendidos. 64En el acto se le soltó la lengua y empezó a hablar bendiciendo a Dios.

65Toda la vecindad quedó sobrecogida; corrió la noticia de estos hechos por toda la sierra de Judea 66y todos los que los oían los conservaban en la memoria, preguntándose:

-¿Qué irá a ser este niño?

Porque la fuerza del Señor lo acompañaba.

 

 

COMENTARIO 1


ALBRICIAS POR EL NACIMIENTO DE UN NIÑO

NO ESPERADO

«A Isabel se le cumplió el tiempo de dar a luz y tuvo un hijo. Sus vecinos y parientes se enteraron de lo generoso que había sido el Señor con ella y compartían su alegría» (1,57-58). A pesar de lo lacónico de la noticia, ésta se esparció todo alrededor por el círculo familiar y el vecindario. Hasta ese momento no se habían enterado de que Dios ya había librado a Isabel de su «vergüenza», de la esterilidad de la religión judía, «ante los hombres». María, en cambio, se había enterado por los canales del Espíritu. El nacimiento del fruto de su vientre llenará a «muchos» de alegría (cf. 1,14), como en el caso del nacimiento de Isaac (Gn 25,5-7). Ambos hijos fueron concebidos en la «vejez».

FRACASA EL INTENTO DE ENCUADRAR A JUAN

EN LA TRADICION PATRIA

«A los ocho días fueron a circuncidar al niño y empezaron a llamarlo Zacarías, por el nombre de su padre» (1,59). Con el rito de la circuncisión, el hijo varón llevará en su cuerpo la señal indeleble de la alianza establecida por Dios con su pueblo (Gn 17,10-13). Según la tradición patria, el primogénito debía llevar el nombre de su padre, como heredero de la tradición de que éste es portador. Por eso se dice que «empezaron a llamarlo Zacarías». Pero los planes de Dios no coinciden con los de su pueblo.

«Pero la madre intervino diciendo: "¡No!, se va a llamar Juan." Le replicaron: "Ninguno de tu parentela se llama así." Y por señas le preguntaban al padre cómo quería que se llamase. El pidió una tablilla y escribió: "Su nombre es Juan", y todos quedaron sorprendidos. En el acto se le soltó la lengua y empezó a hablar bendiciendo a Dios» (1,60-64).

Se ha consumado la ruptura que había profetizado el ángel (1,13). La «sordomudez» (le preguntaban «por señas», escribió «en una tablilla») de Zacarías cesa en el preciso instante en que se cumple la promesa. Dar nombre equivale a reconocer de hecho que el proyecto de Dios sobre Juan se ha hecho realidad. El «castigo» de Zacarías no era un castigo físico. Fue consecuencia de su incredulidad y oposición al proyecto de Dios. Ahora ya puede hablar, pues está en sintonía con el plan de Dios. La bendición aquí enunciada se explicitará en el cántico que veremos a continuación.

«Toda la vecindad quedó sobrecogida de temor; corrió la noticia de estos hechos por la entera sierra de Judea, y todos los que lo oían los conservaban en la memoria, preguntándose:

"¿Qué irá a ser este niño?" Porque la fuerza del Señor lo acompañaba» (1,65-66). A pesar de su vecindad, nadie comprende lo que está ocurriendo. Pero tampoco se cierran a cal y canto a lo que será de él, como fue el caso de Zacarías. Simplemente, como no lo entienden, pero no lo rechazan de plano, guardan en su memoria (lit. «ponían en su corazón») la pregunta sobre cuál va a ser la misión que llevará a cabo en Israel, misión realmente extraordinaria, pues tienen conciencia de que «la mano/fuerza del Señor está con él», igual que se ha predicado de María (1,28).

Tenemos una capacidad inmensa para almacenar en la memoria las experiencias que nos sacan de quicio, pero que borramos al instante queriendo encontrar soluciones sin movernos de nuestros parámetros religiosos. Guardándolas en la memoria, y por acumulación de experiencias sin respuesta, podremos un día darnos cuenta de que nuestras preguntas son fruto muchas veces de planteamientos equivocados, que nunca hemos cuestionado por miedo a perder nuestras propias seguridades.

COMENTARIO 2


Juan, el hijo de Zacarías e Isabel, prepara la llegada de Jesús, el Hijo de Dios, invitando a la conversión personal y colectiva y bautizando con agua. Su nacimiento se enmarca dentro de lo que podemos llamar los hechos maravillosos de Dios. El anuncio de su nacimiento deja mudo a su padre. Su madre Isabel, una anciana estéril, es bendecida por Dios con el don de la fecundidad. La elección de su nombre no sigue la tradición de su pueblo. Se llamará Juan porque el es signo tangible de la misericordia de Dios para con su pueblo. En este pequeño niño Dios va a realizar obras maravillosas. Así lo pone de manifiesto el cántico de Zacarías.

Una vez más Dios nos enseña que el se vale de lo imposible e insignificante para comunicar su amor entrañable y misericordioso a su Pueblo. Hoy encontramos en nuestras comunidades personas sencillas, hasta insignificantes a nuestros ojos acostumbrados al triunfalismo, en las que Dios va realizando su plan de salvación. También a través de hechos de la vida cotidiana se nos manifiesta Dios. Abramos bien los ojos para captar el paso de Dios a través de lo pequeño, imposible e insignificante.


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