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CORPUS CHRISTI Evangelio : Marcos 4, 35-40 Primera lectura: 38,1.8-11 |
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35Aquel día, caída ya la tarde, les dijo: -Crucemos al otro lado. 36Dejando a la multitud, se lo llevaron tal como estaba, en la barca, aunque otras barcas estaban con él. 37Sobrevino un fuerte torbellino de viento; las olas se abalanzaban contra la barca, y la barca empezaba ya a llenarse; 38él se había puesto en la popa, sobre el cabezal, a dormir. Lo despertaron y le dijeron: -Maestro, ¿no te importa que perezcamos? 39Una vez despierto, conminó al viento diciéndole al mar: -¡Silencio, estáte callado! Cesó el viento y sobrevino una gran calma. 40Él les dijo: -¿Por qué sois cobardes? ¿Aún no tenéis fe?
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CORREN MALOS VIENTOS
Jesús había dejado establecido que el reino de Dios, el proyecto que él había vendo a poner en marcha, estaba abierto a todos los hombres: un árbol no muy alto, pero con anchas ramas, a cuyo abrigo pudieran cobijarse todos los pájaros del cielo. Y no deja pasar el tiempo para poner por obra lo que, en teoría, ya estaba claro: “Crucemos al otro lado”, dice a sus discípulos, indicando la ribera oriental del lago de Cafarnaún, tierra de paganos. Jesús ya había entrando en contacto y había aceptdo en su grupo a personas que, desde el punto de vista religioso, no eran consideradas como pertenecientes al pueblo de Dios: Leví, el de Alfeo, recaudador de impuestos, es uno de los ejemplos que elige Marcos para dejar testimonio de este hecho, y otros muchos recaudadores y descreídos que se sentaban a la mesa con Jesús, con gran escándalo de los fariseos. Pero ahora se trata de hacer una visita a quienes no son israelitas ni desde el punto de vista religioso ni en cuanto a la raza.
SE LO LLEVARON
El grupo de seguidores de Jesús que desde siempre habían sido israelitas ortodoxos parece que entendieron su proyecto sólo a medias. El evangelio no dice, al menos directamente, si se llevaban bien o mal los dos grupos (los que habían sido buenos israelitas, a los que Marcos llama “los discípulos” o “los doce”, y el resto de “los que estaban con él”, que habían sido considerados, y todavía lo eran para muchos, como gente de mal vivir); pero lo que es cierto, por lo que se puede adivinar en este episodio, es que había una cierta desconfianza de los buenos de siempre hacia el otro grupo. Y los buenos de siempre no creyeron oportuno que personas que no tenían una buena reputación asistieran a la presentación en el extranjero del proyecto de Jesús; la ocasión, pensarían, era suficientemente importante como para que las cosas se hicieran como se debía. Y para evitar fallos… secuestraron a Jesús: “Dejando a la multitud, se lo llevaron tal como estaba, en la barca, aunque otras barcas estaban el él.” Así podían ellos controlar que la presentación del reino de Dios a los paganos se hiciera de acuerdo con las más puras tradiciones de su pueblo. En realidad, lo que pretenden es monopolizar a Jesús e incluso manipularlo. En este momento lo que de verdad quieren es anunciarse a sí mismo, subordinando la radical novedad del mensaje de Jesús a su mentalidad y sus tradiciones, a las que no estaban dispuestos a renunciar de ningún modo. Después, cuando reciban el Espíritu, tras completar un largo proceso de conversión, darán la vida por fidelidad a Jesús; pero, en este momento, su actitud puede tener consecuencias muy graves: están poniendo en peligro la misión de Jesús y la realización del proyecto de Dios para la humanidad: “Sobrevino un fuerte torbellino de viento; las olas se abalanzaban contra la barca, y la barca empezaba ya a llenarse.”
MALOS VIENTOS
…él se había puesto en la popa, sobre el cabezal, a dormir. Lo despertaron y le dijeron:
-Maestro, ¿no te importa que perezcamos?
Una vez despierto, conminó al viento diciéndole al mar:
-¡Silencio, estate callado
Cesó el viento y sobrevino una gran calma. El les dijo:
-¿Por qué sois cobardes? ¿Aún no tenéis fe?
Naturalmente. Si el proyecto consiste en convertir este mundo de hermanos, no se puede empezar con exclusiones. Por eso su acción amenaza con arruinar toda la misión de Jesús. Esta amenaza está representada por la violencia del viento que pronto se levanta y hace peligrar la estabilidad de la barca. No se trata de una casualidad: el mal viento (el mal espíritu) lo llevaban ellos dentro: era su exclusivismo, su dogmatismo y eran sus métodos. Era que, creyendo estar bien con Dios, se sentían muy seguros de sí mismos y despreciaban a los demás: estaban contaminados con la ideología (la levadura) dirá Jesús poco después) de los fariseos. Por eso Jesús se desentiende de la travesía, y por eso, con Jesús ajeno, la barca no puede navegar y está a punto de hundirse. Los discípulos han actuado por su cuenta y riesgo, no han contado con Jesús y han intentado monopolizarlo y manipularlo. Es cierto que Jesús escogió a los doce de ellos como símbolo del nuevo pueblo de Israel; pero eso no les daba derecho a convertirse en jueces del resto de los seguidores de Jesús y a considerarse como los únicos con derecho a compartir su misión. Su actitud es tan peligrosa que, como Jesús no lo arregle, todo se va a ir a pique. Pero Jesús sólo actuará cuando le devuelvan la iniciativa.
Esa es la tormenta que Jesús tiene que calmar, y ésa es la falta de fe que reprocha a los discípulos que lo habían secuestrado. Por eso Jesús clama el mar y el viento con las mismas palabras con las que hace callar a los espíritus inmundos.
No olvidemos que el evangelio no se escribió para criticar los hechos del pasado, sino para enmendar el presente y prevenir el futuro:”donde hay un cristiano, hay humanidad nueva; lo viejo ha pasado…” (2 Cor 5,17).
v. 35 Aquel día, caída la tarde, les dijo: «Crucemos al otro lado».
Después de exponer el mensaje universalista de Jesús, Mc saca sus consecuencias y anticipa al tiempo de la vida histórica de Jesús la misión entre los paganos, que comenzó en realidad después de su muerte (aquel día, como en 2,20, indica el de la muerte de Jesús).
v. 36 Dejando a la multitud, se lo llevaron mientras estaba en la barca, aunque otras barcas estaban con él.
Pero la misión tropieza con dificultades provocadas por el grupo judaizante, representado por los discípulos (38: Maestro). De hecho, este grupo quiere monopolizarla (se llevaron a Jesús mientras estaba en la barca), para conducirla según las categorías del judaísmo (superioridad de Israel, salvación de los paganos a través y por subordinación a Israel), e impide que el grupo no israelita tome parte en ella (aunque otras barcas estaban con él).
v. 37 Entonces sobrevino un fuerte torbellino de viento; las olas se abalanzaban contra la barca, y la barca se iba llenando.
El torbellino de viento es figura del mal espíritu de los discípulos: las tesis judaizantes exasperan a los paganos (las olas se abalanzaban) y corre peligro la misión y la existencia misma del grupo (la barca).
v. 38 El se había puesto en la popa, sobre el cabezal, a dormir. Lo despertaron y le dijeron: «Maestro, ¿no te importa que perezcamos?»
Jesús se echa a dormir (= no se deja sentir su presencia). Los discípulos están, sin embargo, tan convencidos de su ideología que se extrañan del fracaso y reprochan a Jesús su falta de apoyo, sin reconocer que son ellos los culpables.
v. 39 Una vez despierto, conminó al viento (y se lo dijo al mar): «¡Silencio, estáte callado!» Cesó el viento y sobrevino una gran calma.
Jesús conmina al viento como a un espíritu inmundo (cf. 1,25; «silencio»: alusión al espíritu fariseo, cf. 3,4) y cesa la tempestad. Es decir, al hacer callar las pretensiones judías (el viento) y proponerse a los paganos (y se lo dijo al mar) el auténtico mensaje, el de la igualdad de todos los pueblos, cesa toda hostilidad (y sobrevino una gran calma): la aceptación es tan grande e inmediata que hace patente la fuerza divina del mensaje de Jesús.
v. 40 El les dijo: «¿Por qué sois cobardes? ¿Aún no tenéis fe?»
Reprocha a los discípulos su cobardía, que nace de su falta de adhesión (¿Aún no tenéis fe?). Temen que ese proceder con el mundo pagano signifique perder para siempre la posibilidad de llevar adelante los ideales judíos, lo que ven como su fracaso como individuos y como pueblo.
v. 41 Les entró un miedo atroz y se decían unos a otros: «Pero entonces, ¿quién es éste, que hasta el viento y el mar le obedecen?»
Temen ahora por sí mismos (les entró un miedo atroz). Dominar el mar era propio de Dios (Sal 107,29s); no entienden al Hombre-Dios (¿Quién es éste?), pero sienten miedo del poder de Jesús y de posibles represalias por su conducta anterior.
La perícopa encierra un mensaje permanente para la comunidad cristiana. Enseña que no se puede discriminar entre los pueblos ni se puede mezclar el mensaje de Jesús con elementos culturales ajenos a él, por entrañables que sean. Los que pretenden monopolizar a Jesús o manipular su mensaje muestran carecer de verdadera adhesión: no se adhieren ellos al mensaje de Jesús; quieren, por el contrario, que éste se adapte a su ideología.
Cuando la comunidad actúa sin contar con Jesús, él queda inactivo. No se le puede ignorar en la misión: ésta no predica una estructura ni un sistema religioso, sino la persona y el mensaje de Jesús: el del amor de Dios a todos los hombres y pueblos por igual, con el propósito de comunicarles vida.
Job es el símbolo de la paciencia y la resistencia. Se siente asediado por todas partes. Dios lo interpela haciéndole caer en cuenta que él es el Señor de la historia. Las dificultades de la vida no podrán derrotar a quien pone toda su confianza en Dios.
El salmo 106 está en esta misma línea. Canta la misericordia de Dios que escuchó el clamor de sus hijos, apaciguó la tempestad y los condujo a nuevo puerto.
El evangelio no fue escrito como una crónica periodística o histórica, sino como una reflexión de fe con la mirada puesta en Jesús, en el ambiente de las nacientes comunidades cristianas. Éstas van creciendo en medio de conflictos y dificultades. Están insertas en el devenir de la historia. Se encuentran asediadas por muchas amenazas internas y externas. Son como una barca pequeña navegando en alta mar en aguas turbulentas. Cunde la desesperación y el desencanto. Entonces Jesús cuestiona su falta de fe y valentía. Es el sentido del evangelio que hoy leemos.
El llamado «relato de la tempestad calmada» presenta las dificultades por las que atravesaba la Iglesia primitiva en el contexto del imperio romano. El mar es símbolo de peligro; es una amenaza para quienes viven cerca de él, porque saben que por ahí vienen los perseguidores. La comunidad es esa pequeña nave que navega a la deriva. Frente a las persecuciones se siente tambalear. La fe de muchos naufraga ante las amenazas y las presiones del medio. Entonces es cuando hay que recordar que Jesús no ha abandonado la barca. El navega con ellos. Es capaz de derrotar la tempestad. La certeza de la presencia de Jesús fortalece la frágil fe de la comunidad.
Por nuestra parte, nosotros nos sentimos amenazados de muchas formas. La injusticia, la violencia y la corrupción por una parte. El consumismo, el relativismo y el sensualismo por otra. Sentimos la tentación de ceder. Fácilmente caemos en el pesimismo y la resignación. Desistimos de todo esfuerzo y dejamos que la historia empuje la barca a su propio viento. El ambiente nos ahoga y nos sentimos perdidos, desorientados o perplejos. Las palabras de Pablo resultan alentadoras: en la muerte de Jesús hemos muerto también nosotros, y tenemos la firme esperanza de participar en su esperanza. La certeza de que Jesús camina con nosotros nos puede ayudar a vencer los miedos y las incertidumbres, y a «remar mar adentro, hacia aguas profundas».
Temas clásicos relacionados con este tipo de milagros de Jesús, centrados en la acción sobre la naturaleza, que tal vez ya perdieron su aliciente, son los de la posibilidad misma del milagro, las relaciones entre Dios y la naturaleza, y el tema de la oración de petición, cuando la petición se centra en una acción sobre la naturaleza. Formulamos estos temas en el apartado «para la reunión de grupo»
El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 39 de la serie «Un tal Jesús», de los hnos. López Vigil. El guión y su comentario pueden ser tomados de aquí: http://www.untaljesus.net/texesp.php?id=1200039
Puede ser escuchado aquí: http://www.untaljesus.net/audios/cap39b.mp3
Para la revisión de vida
Con frecuencia entendemos el amor que nuestra fe nos pide como una cuestión de sentimientos; pero, de ser así, ¿cómo entender el amor al enemigo, que nos pide Jesús? El amor cristiano no es tanto un sentimiento del corazón como una actitud de vida ante el prójimo, sea amigo o enemigo. ¿Cómo muestro yo mi amor a Dios y al prójimo, con sentimentalismos o, como Él nos dice, cumpliendo su voluntad?; ¿vivo mi fe como un «asunto del corazón» o como un asunto de mi vida entera?; ¿recuerdo y vivo aquello de «obras son amores y no buenas razones»?
Para la reunión de grupo
Tres preguntas graduales:
Un primer tema digno de afrontar y estudiar es el de la historicidad de los «textos» neotestamentarios que nos narran milagros como éste del Evangelio de hoy. ¿Son textos históricos? ¿Son simbólicos? ¿Las dos cosas?
Otra cuestión es la posibilidad misma de los «milagros en la naturaleza» (no ya los narrados por los evangelios, sino todos): ¿es posible el milagro como interrupción divina de las leyes naturales? No se pregunta si Dios «tiene más fuerza que los elementos naturales»... sino «si es concebible que Dios intervenga»... ¿Cómo lo vemos?
Una tercera cuestión es la de la «oración de petición»: ¿Podemos pedirle a Dios un milagro? ¿Tiene sentido? ¿Puede ser que alguien crea que no tiene sentido, y que no sea porque le falte fe, sino porque cree en otro tipo de relación entre Dios y la realidad? Expliquémonos.
Para la oración de los fieles
Por la Iglesia, para que siempre sea consciente de que su vida no está en sus normas e instituciones sino en dejarse llegar por el Espíritu, y no se anuncie a sí misma sino el Reino de Dios. Roguemos al Señor.
Por todos los creyentes, para que sintamos siempre el gozo y la alegría de haber recibido la Buena Noticia y sintamos también el impulso de anunciarla a los demás. Roguemos al Señor.
Por todos los que ya no esperan nada ni de Dios ni de los seres humanos, para que nuestro testimonio les abra una puerta a la esperanza. Roguemos al Señor.
Por los jóvenes, esperanza del mundo del mañana, para que se preparen a construir un mundo mejor, más solidario, más justo y más fraterno. Roguemos al Señor.
Por todos los pobres del mundo, para que con nuestra fraternidad solidaria, seamos causa real de su esperanza en verse libres de sus limitaciones. Roguemos al Señor.
Por todos nosotros, para que formemos una verdadera comunidad en la que se alimente nuestra fe y nuestra esperanza, de modo que podamos transmitir nuestro amor a los demás. Roguemos al Señor.
Oración comunitaria
Dios, Padre nuestro, que en Jesús de Nazaret, nuestro hermano, has hecho renacer nuestra esperanza de un cielo nuevo y una tierra nueva; te pedimos que nos hagas apasionados seguidores de su Causa, de modo que sepamos transmitir a nuestros hermanos, con la palabra y con las obras, las razones de la esperanza que nos sostiene. Por Jesucristo.
FUNDACIÓN ÉPSILON
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