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Martes 27 de Junio de 2006
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EVANGELIO
(trad. Juan Mateos, Nuevo Testamento, Ediciones El Almendro, Córdoba ) |
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6No deis lo sagrado a los perros ni les echéis vuestras perlas a los cerdos, no sea que las pisoteen, y además se vuelvan y os destrocen. 12En resumen: Todo lo que querríais que hicieran los demás por vosotros, hacedlo vosotros por ellos, porque eso significan la Ley y los Profetas. 13Entrad por la puerta angosta; porque ancha es la puerta y amplia la calle que llevan a la perdición, y muchos entran por ellas. 14¡Qué angosta es la puerta y qué estrecho el callejón que llevan a la vida! Y pocos dan con ellos.
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v. 6: No deis lo sagrado a los perros ni les echéis vuestras perlas a los cerdos, no sea que las pisoteen, y además se vuelvan y os destrocen.
Prudencia. No hay que comunicarlo todo a los hombres de mala voluntad. Aunque el discípulo no excluya a nadie de su amor (5,38.43-48), no por eso ha de ser ciego a la actitud de los demás. El perro y el cerdo eran animales impuros; podrían representar a los que no son «limpios (puros) de corazón», es decir, a los que por buscar su propio interés cometen la injusticia contra el prójimo. «Lo santo» es lo que pertenece a Dios; «vuestras perlas» designa la misma realidad como patrimonio de los discípulos y destacando su inmenso valor. El mensaje, propuesto a los que por su modo de proceder son enemigos declarados de él, puede provocar reacciones violentas.
v. 12: En resumen: Todo lo que querríais que hicieran los demás por vosotros, hacedlo vosotros por ellos, porque eso significan la Ley y los Profetas.
La Ley y los Profetas (= el AT), considerados antes como profecía del reinado de Dios (5,17), son presentados ahora como código de moralidad. Jesús resume toda la enseñanza moral de esos escritos en el amor que busca el interés del prójimo como el propio. El amor al prójimo requiere iniciativa más allá de la casuística. El principio no puede considerarse exclusivo de la cultura judía; representa una norma de moralidad universal. Jesús no viene a fundar una nueva doctrina moral, sino a infundir el Espíritu (3,11); éste hará que el hombre llegue a una entrega tan total como la suya.
La Ley y los Profetas eran profecía del reinado de Dios que va a ser realidad por la obra de Jesús y los suyos (5,17s; cf. 11,13). De ellos se deduce también la norma de moralidad que ha de regir en la nueva sociedad humana (el reinado de Dios) y cuya práctica hará posible Jesús comunicando su Espíritu.
v.v. 13-14: Entrad por la puerta angosta; porque ancha es la puerta y amplia la calle que llevan a la perdición, y muchos entran por ellas. 14¡Qué angosta es la puerta y qué estrecho el callejón que llevan a la vida! Y pocos dan con ellos.
. Expone Jesús la necesidad de la decisión personal para entrar en el reino (= la vida). No hay que dejarse arrastrar por lo que todos hacen; hay que salirse de la corriente para atinar con la vida. No es difícil entrar por la puerta angosta; sólo que la mayoría de los hombres, deslumbrados por lo más aparente, ni se da cuenta de que existe.
El camino de Jesús es estrecho y difícil. Lamentablemente nosotros siempre buscamos caminos fáciles. Tendemos a huir del dolor, como dice la canción. Evadimos el conflicto que provoca el evangelio. Pero Jesús nos propone un camino lleno de dificultades y tropiezos. No porque los queramos sino porque asumir la vida con seriedad y coherencia siempre va a traer muchas dificultades. Así lo hizo Jesús, así lo hicieron los discípulos, así lo han hecho muchos hombres y mujeres a lo largo de la historia, particularmente de nuestra América Latina.
Vivir coherentemente significa asumir el estilo de vida de Jesús. Eso lo sabemos de sobra. La cuestión está en vivirlo con autenticidad y audacia. Los Santos y mártires hicieron del evangelio su forma de vida, de tal manera que se les ha considerado «evangelio viviente». Sin embargo, nada de eso es posible contando solo con las propias fuerzas. Es el Espíritu el que trabajo día y noche en nosotros para que, a pesar de nuestra debilidad, podamos asumir el evangelio en libertad radical.
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