LA TRANSFIGURACIÓN. EL ESTADO DEFINITIVO DEL HOMBRE (9,2-13)
(Mt 17,1-13; Lc 9,28-36)
J. Mateos - F. Camacho. Marcos. Texto y comentario. Ediciones El Almendro. Córdoba, 1994, pp. 170-173
Ante la violenta reacción de Pedro, portavoz del grupo de discípulos, a la predicción sobre el destino del Hijo del hombre (8,32), Jesús quiere convencerlos, mediante una experiencia extraordinaria, de que aceptar incluso la muerte por procurar a otros vida y plenitud humana no significa el fracaso del hombre y de su proyecto vital, sino que, por el contrario, asegura el éxito definitivo de la existencia.
2 A los seis días Jesús se llevó consigo a Pedro, a Santiago y a Juan, los hizo subir a un monte alto, aparte, a ellos solos, y se transfiguró delante de ellos...
Jesús toma consigo a los tres discípulos más representativos y que mayor resistencia ofrecen al mensaje (3,16s, sobrenombres; cf. 5,37); quiere mostrarles el estado final del Hombre, que, con su entrega, ha superado la muerte (cf. 8,31.35). El monte alto es símbolo de una importante (altura) manifestación divina; la precisión aparte alude, como en los contextos anteriores (4,34; 7,33), a la incomprensión de estos discípulos. La escena anticipa lo que será la condición de resucitado.
3-4 ... sus vestidos se volvieron de un blanco deslumbrador, como ningún batanero en la tierra es capaz de blanquear. Se les apareció Elías con Moisés; estaban conversando con Jesús.
El blanco deslumbrador imposible de obtener en este mundo simboliza la gloria de la condición divina (cf. 16,5): Jesús se manifiesta en la plenitud de su condición de Hombre-Dios. Dos personajes, Elías (los profetas) y Moisés (la Ley), que representan el AT en su totalidad, se aparecen para ser vistos por los discípulos, pero no hablan con ellos, sino con Jesús; el verbo conversar aparece en Ex 34,35 para indicar que Moisés recibía instrucciones de Dios: ahora es todo el AT el que las recibe de Jesús; él es el punto de llegada, la meta a la que tendía toda la revelación anterior: el AT no tiene ya un mensaje directo para los cristianos, su validez o caducidad se juzga a partir de Jesús. Los discípulos deberían comprenderlo.
5 Reaccionó Pedro diciéndole a Jesús: «Rabbí, viene muy bien que estemos aquí nosotros; podríamos hacer tres chozas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías».
La reacción de Pedro es característica: Rabbí (en Mc, sólo en boca de Pedro, 9,5; 11,21, y de Judas, 14,45) era el título honorífico de los maestros de la Ley, fieles a la tradición judía: muestra Pedro que la visión no ha cambiado su mentalidad, sigue apegado a esa tradición. Ofrece Pedro la colaboración de los tres (podríamos hacer) y pretende poner en pie de igualdad a Jesús, Moisés y Elías (tres chozas), es decir, integrar el mesianismo de Jesús en las categorías del AT: Moisés (liberación de Israel con muerte de los enemigos), Elías (celo reformador y violento, 1 Re 18,40; 19,14ss; 2 Re 1,9-12; Eclo 48,1ss; cf. Mc 1,29-31). No ve en la gloria que se ha manifestado un estado final, cree que pertenece a la vida histórica de Jesús y desea que se ponga al servicio de la restauración de Israel.
6 Es que no sabía cómo reaccionar, porque estaban aterrados.
El ofrecimiento de Pedro a colaborar ha sido un intento de congraciarse a Jesús; de hecho, los tres discípulos sienten terror ante la gloria que se manifiesta en él, que, dada su anterior resistencia, sienten como una amenaza. No comprenden que la visión es un acto de amor de Jesús, que pretende liberarlos de los ideales mezquinos y exclusivistas que limitan su horizonte y les impiden su desarrollo humano.
7-8 Se formó una nube que los cubría, y hubo una voz desde la nube: «Este es mi Hijo, el amado: escuchadlo». Y de pronto, al mirar alrededor, ya no vieron a nadie mas que a Jesús solo con ellos.
La nube es símbolo de la presencia divina (cf. Ex 40,34-38). La voz revela a los discípulos la identidad de Jesús (cf. 1,11) y refrenda su enseñanza: es el único a quien deben escuchar (cf. Dt 18,15.18). El AT queda ya sin voz propia; escuchando a Jesús, la comunidad cristiana integra o descarta la doctrina del AT. Termina la manifestación.
9 Mientras bajaban del monte les advirtió que no contasen a nadie lo que habían visto hasta que el Hijo del hombre resucitase de la muerte.
Como los discípulos la han interpretado mal, no deben divulgar su error. Lo que se ha manifestado es la gloria definitiva del Hombre dotado de la condición divina, «el Hijo del hombre». Esta denominación, de sentido extensivo, indica que la misma condición gloriosa deberá extenderse a sus seguidores. Para los tres discípulos, Sólo después de la muerte de Jesús, que mostrará la calidad de su mesianismo, podrá encontrar su contexto interpretativo. Pero debería prepararlos para la escena de Getsemaní (14,33).
10 Ellos se atuvieron a este aviso, aunque discutían entre sí qué significaba aquel «resucitar de la muerte».
Los discípulos han disociado de la muerte de Jesús la visión que acaban de tener; esperan esa gloria para su vida mortal. Por eso no comprenden qué pueda significar resucitar de la muerte. A pesar de la anterior predicción de Jesús (8,31), siguen esperando el triunfo terreno.
11 Entonces le hicieron esta pregunta: «¿Cómo dicen los letrados que Elías tiene que venir primero?»
En la misma línea, ante una realidad tan gloriosa y tan potente, los discípulos ya no ven necesario, en contra de la doctrina de los letrados, que Elías tenga que preparar la situación antes que el Mesías comience a actuar (cf. Mal 3,23; Prov 48,10). No hace falta precursor.
12-13 El les repuso: «¡De modo que Elías viene primero. y lo pone todo en orden! Entonces, ¿cómo está escrito que el Hijo del hombre va a padecer mucho y ser despreciado? Os digo mas: no sólo Elías ha venido ya, sino que lo han tratado a su antojo, como estaba escrito de él».
Jesús les contesta: Contra lo que piensan los letrados, ningún Elías va a poner orden en Israel, y la prueba es que el Mesías-Hijo del hombre va a padecer mucho (8,31) y a ser despreciado (Sal 89,39, del rey Mesías). Jesús asimila Juan Bautista a la figura de Elías (1,6) y compara el trato que Juan ha recibido de Herodías (6,17.27) con el que Elías recibió de Jezabel (1 Re 19,2-10). Al predecir de nuevo el destino del Hijo del hombre, Jesús vuelve a invalidar la expectación de triunfo que albergan los discípulos; por otro lado, les da a entender que la obra de Dios en el mundo no se realiza avasallando la libertad humana, como esperaban los fariseos que hiciera Elías, sino que está sujeta a vicisitudes según la actitud de los hombres.
Al utilizar de nuevo la denominación «el Hijo del hombre» recuerda Jesús a los discípulos que todo el que aspire a la plenitud humana y se proponga fomentarla en otros será objeto de persecución por parte de los poderes religiosos judíos.