(TL) Dichosos los pobres por el espíritu,
porque de estos es el reino de los cielos
(TT) Dichosos aquellos que deciden vivir pobres
porque éstos tienen a Dios por rey
(TP) Cuantos eligen compartir todo lo que tiene:
¡Dichosos! Porque Dios cuida de ellos 2
5,3a: dichosos 3
En griego clásico, el adjetivo "dichoso" usado al principio
para subrayar la feliz condición de los dioses 4, pasó después
a designar el estado de los hombres que en el más allá sería
semejante al de sus divinidades 5. Más tarde, en época helenística,
el término "beato" indicará un hombre "feliz"
6 y se utilizará como fórmula de congratulación. En los
LXX, "dichoso" 7 se pone en relación con todo lo que se consideraba
que hacía feliz al hombre: riqueza, hijos, honores, etc. 8. Nunca se
usa "dichoso" como atributo de Dios 9.
Las bienaventuranzas abundan en el libro de los Salmos 10, donde se proclama
dichoso al hombre que teme a Dios 11, que medita su ley 12, que practica siempre
la justicia (Sal 106,3) y que tiene cuidado del pobre (Sal 41,2).
Cuando la bienaventuranza no se refiere a una situación presente favorable,
sino que sirve de augurio para una futura, tiene el valor de una bendición
13.
La diferencia existente entre "bendición" y "bienaventuranza"
se expresa en el Salmo 128, donde la bienaventuranza se considera efecto de
la bendición divina 14. De hecho se declara dichoso 15 el hombre que
ha sido bendecido por el Señor 16 mediante el don de una mujer fecunda,
abundancia de hijos y larga vida 17.
La construcción utilizada por Mateo ("dichosos" /"porque")
aparece solo tres veces en los LXX 18. En el Nuevo Testamento, el verbo "llamar
/ proclamar dichoso" aparece sólo dos (Lc 1,48; Sant 5,11), mientras
el sustantivo "bienaventuranza", ausente de los evangelios, se encuentra
sólo tres veces 19. Más numeroso es el uso de "dichoso"
20, siempre dirigido a personas. Según el uso judío de concebir
los miembros del cuerpo como sedes autónomas de la vida, algunas veces,
en los evangelios, se declara "dichosa" incluso una parte del cuerpo:
"Dichosos vuestros ojos porque ven y vuestros oídos porque oyen!
(Mt 13,16). "¡Dichoso el vientre que te llevó y los pechos
que te criaron! (Lc 11,27) 21.
Una lista de bienaventuranzas se encuentra en el "evangelio de la montaña"
de Mt 5,3-10 y en Lc 6,20,22 22. En el evangelio de Juan aparecen dos bienaventuranzas
claramente interdependientes: la práctica del amor mutuo, expresado en
la disponibilidad para "lavaros los pies los unos a los otros" (Jn
13,14), formulada en la primera bienaventuranza ("¿Lo entendéis?
Pues dichosos vosotros si lo cumplís") (Jn 13,17), es condición
para la percepción de la presencia de Jesús, vivo y vivificante
en la comunidad, como se dice en la segunda bienaventuranza: "Dichosos
los que, sin haber visto, llegan a creer" (Jn 20,29).
los pobres
El término griego elegido por Mateo 23, indica un individuo, injustamente
reducido a la miseria, cuya existencia depende de la generosidad de otro 24.
Un pobre que, víctima de cuantos lo explotan (Sal 35,10; 73,21-22), pone
toda su confianza en Dios, el único del que espera recibir ayuda: "Si
el afligido grita, el Señor lo oye y lo salva de sus angustias"
(Sal 34,7; cf. 25,16;69,30;86,1; 109,22) 25.
por el espíritu
Usado en la Biblia como imagen de la potencia y movilidad del viento 26, el
término "espíritu" 27 tiene entre otros significados,
a saber:
- energía divina que sostiene la actividad creadora 28;
- fuerza destructora contraria a la actividad divina 29;
- impulso interior que empuja al hombre a la acción30.
Según este uso, cuando Mateo utiliza el término "espíritu"
para expresar la acción de una energía divina que potencia, santifica
e inspira al hombre 31, lo indica como "Espíritu santo" 32,
"Espíritu de Dios" 33, "Espíritu del Padre"
34. Cuando el evangelista quiere referirse a una fuerza negativa, que aliena
a la persona, la indica como "espíritu impuro" 35. Finalmente,
el "espíritu", en Mateo puede indicar un impulso que hace capaz
al hombre de determinadas elecciones o acciones 36; "el espíritu
es animoso... (Mt 46,41b).
En la bienaventuranza examinada, excluyendo obviamente la fuerza impura, el
término "espíritu", podría indicar ya la energía
humana ya la divina. Pero apareciendo el Espíritu de Dios, en Mateo,
calificado casi siempre 37, el único significado del término usado
por el evangelista es el de "impulso interior" del hombre.
¿Pobres por necesidad o por elección?
Quiénes sean los "pobres", objeto de la bienaventuranza, depende
del significado que se de a la expresión "de espíritu"
38. Tal expresión ausente en el AT 39 y presente solamente en Mateo en
el Nuevo Testamento 40 puede interpretarse como:
- deficiencia del individuo (pobres de espíritu);
- actitud espiritual (pobres en espíritu / en el espíritu)
- elección existencial (pobres por el espíritu).
1) Pobres de espíritu
La pobreza se refiere a una carencia del individuo: insuficiencia "de espíritu"
en el sentido de inteligencia, cultura, personalidad. El "pobre de espíritu"
es "el hombre modesto cuya inteligencia está como disminuida 41.
Parece poco creíble que Jesús exalte a condición envidiable
("dichosos") las deficiencias de la persona 42. Será más
bien tarea de los creyentes suplir los límites de estos individuos: "Animad
a los apocados, sostened a los débiles" (1 Tes 5,14).
2) Pobres en / en el espíritu
El acento se pone en una actitud "espiritual" hacia la pobreza, que
puede referirse a tres diferentes categorías de personas:
- Los que aceptan la categoría de pobres: los resignados.
La dificultad de convencer a cuantos están en situaciones de pobreza
sufrida y resignada de que su condición es expresión de la predilección
de Dios ("Dichosos")43 ha proyectado la promesa de las bienaventuranzas
al futuro ultraterreno. Cuantos son ya pobres, serán recompensados por
los sufrimientos sufridos en la tierra con el gozo de una condición beatífica
en el más allá. Modelo de esta pobreza es Lázaro, el mendigo
protagonista de la parábola de Lucas (16,19-31) 44.
- Los que son conscientes de su pobreza espiritual: los humildes.
La pobreza de espíritu se entiende como pobreza "de corazón"
(Mt 5,8a); de condición negativa exterior del hombre, se transforma en
una actitud positiva interior: la humildad 45. Esta interpretación no
tiene en cuenta la dificultad de una bienaventuranza que, dirigida a los humildes,
hable, sin embargo, de pobres, lo que no se justifica por los términos
empleados por el evangelista 46. Si la bienaventuranza se refiriese a la humildad,
el autor habría escrito: "dichosos los pobres de corazón",
en lugar "de espíritu”.
- Cuantos no están apegados a sus bienes: los “desprendidos”.
De las tres hipótesis planteadas, esta interpretación, que no
exige la renuncia efectiva a los propios bienes, es la que ha tenido más
éxito, y se comprende bien el por qué. La pobreza a la que invita
la bienaventuranza, se entiende como actitud interior de quien, incluso estando
claramente en posesión de los propios bienes, está "desprendido
espiritualmente" de ellos: la pobreza de espíritu se transforma
en espíritu de pobreza 48.
El modelo de esta actitud se identifica con la figura del "rico-bueno",
ausente del Nuevo Testamento, que se debe buscar en el Antiguo. Como ejemplos
de esta "pobreza en el espíritu" se indican no sólo
Abrahán y Job, los cuales, incluso disponiendo de enormes riquezas, se
considera que estuvieron despegados espiritualmente de ellas, sino incluso Salomón,
el rey que, como escribe la Biblia, "superó a todos los reyes de
la tierra en riqueza y sabiduría" (1Re 10,23) 49.
Por el contexto del discurso de la montaña y del evangelio de Mateo,
se verá que no se puede ser "pobres en el espíritu"
sin ser materialmente pobres 50. Jesús no se contenta con pedir al rico
el desprendimiento "espiritual" de los bienes propios, sino un abandono
efectivo, radical e inmediato: "vete a vender lo que tienes y dáselo
a los pobres..." (Mt 19,21) 51.
En el Nuevo Testamento los ricos (y la riqueza) aparecen siempre bajo una luz
negativa. Para éstos no hay lugar en el reino: "Os aseguro que con
dificultad va a entrar un rico en el reino de Dios. Lo repito: Más fácil
es que entre un camello por el ojo de una aguja que no que entre un rico en
el reino de Dios" (Mt 19,23-24) 52.
En los evangelios, solamente dos hombres "ricos" se presentan de modo
positivo y son aquellos que, una vez oído el mensaje de Jesús,
ha renunciando coherentemente a su riqueza:
- José de Arimatea. El evangelista lo califica de "discípulo
de Jesús" (Mt 27,57), lo que significa que también él
ha abanadonado todo para seguirlo: "todo aquél de vosotros que no
renuncia a todo lo que tiene no puede ser discípulo mío"
(Lc 14,33; cf. Mt 6,24; 19,21.29).
- Zaqueo. El rico, jefe de recaudadores, es descrito por Lucas "bajo de
estatura" (Lc 19,3). El evangelista no trata de darnos un retrato físico
del personaje descrito, sino moral. El rico no está "a la altura"
de Jesús. Zaqueo, una vez que ha comprendido que su riqueza es el impedimento
para percibir la presencia del Señor, da la mitad de sus bienes a los
pobres y se compromete a restituir "cuatro veces más" a cuantos
había extorsionado (Lc 19,2.8).
3) Pobres por el espíritu
En este caso 54, la opción por la pobreza es la consecuencia de una decisión
libre interior que hace entrar voluntariamente al creyente en la condición
de pobre 55.
Contrariamente a cuanto afirma el fatalismo popular 56, el Señor no ha
"creado" a los pobres 57. Éstos se han vuelto tales a causa
de la avaricia de los ricos 58.
Proclamando a los pobres "dichosos", Jesús no pretende idealizar
o sublimar su condición 59, sino que pide a sus discípulos una
elección valiente que haga posible eliminar las causas que provocan la
pobreza.
La decisión interior ("por el espíritu"), que motiva
la opción por la pobreza, nace de la experiencia del amor del Señor
que se prolonga en un amor generoso a los hermanos: "El que ama al prójimo
debe, pues, pedir y hacer lo posible para que su prójimo tenga las cosas
que él tiene"60. No se elige vivir pobres para experimentar en lo
sucesivo la protección del Señor, sino que es precisamente el
haber conocido la solicitud de Dios lo que permite una elección en la
que se manifiesta tangiblemente la confianza en el Padre (cf Mt 6,25-34; 16,8-10)
61: "Vuestra conducta sea desinteresada conformándose con lo que
uno tiene, pues él ha dicho "Nunca te dejaré, nunca te abandonaré""
(Dt 31,6). Con eso podemos decir animosos: "El Señor está
conmigo, no temo; ¿qué podrá hacerme un hombre?" (Heb
13,5-6; cf Dt 31,6; Sal 118,6).
Mediante el uso del plural ("los pobres", "ésos"),
el evangelista indica que el Señor no llama a una pobreza individual,
ascética, que favorezca la santificación del individuo concreto,
sino que lanza a todos una propuesta capaz de trasformar radicalmente la sociedad
(Mt 13,33): Jesús invita a todos los creyentes a hacerse voluntariamente
pobres para que ninguno lo sea 62.
Modelo de opción voluntaria por la pobreza, como signo visible de la
confianza que se tiene en el Padre, es Jesucristo que: "siendo rico, se
hizo pobre por vosotros para enriqueceros con su pobreza" (2Cor 8,9) 63.
A semejanza de la expresión evangélica de Mateo 19,30 64, la invitación
a la pobreza expresada en la bienaventuranza se puede parafrasear: "Todos,
aunque sean ricos, que se hagan pobres, para que todos, aunque sean pobres,
se hagan ricos".
Ponerse de parte de los últimos de la sociedad no sólo no disminuye
la dignidad de la persona, sino que la asciende a la misma cualidad del actuar
divino: "Yo, el Señor" que soy el primero, yo estoy con los
últimos" (Is 41,4; cf Jn 13,12-14).
Nos hacemos últimos por medio de la elección de la pobreza, con
la finalidad de dar dignidad a los últimos 65, realizando así,
por medio de una fraternidad de iguales, la "comunidad de los santos-pobres",
título de honor con el que la iglesia primitiva gustaba designarse a
sí misma 66.
""A los pobres los tenéis siempre con vosotros" (Mt 26,11)
67. En la comunidad cristiana, los "pobres" no están situados
fuera de ella, sino dentro. Éstos no son el objeto de una saludable actividad
benéfica, sino expresión constante ("siempre") del generoso
compartir de cuanto se tiene (Mt 14,16.19).
Aunque minoritaria respecto a la más cómoda interpretación
de un desprendimiento "espiritual" de los propios bienes, esta elección
voluntaria de la pobreza "por el espíritu" es abundantemente
atestiguada en los Padres de la Iglesia 68.
Clemente de Alejandría pone claramente en relación la bienaventuranza
de la pobreza con aquella de los que tienen hambre y sed de justicia (Mt 5,6):
"No se dice 'dichosos los pobres' solamente, sino dichosos los que han
querido hacerse pobres por la justicia..." 69.
Basilio de Cesarea escribe en la "Regulae brevius": "Estos pobres
de espíritu no se han hecho pobres por ninguna otra razón a no
ser por la enseñanza del Señor que ha dicho: "ve, vende lo
que tienes y dáselo a los pobres" (Mt 19,2170); y Cromacio de Aquilea,
comentando las bienaventuranzas afirma que "no toda pobreza es dichosa,
porque con frecuencia es consecuencia de la necesidad... Dichosa es, pues, la
pobreza espiritual, esto es, aquella de quienes se hacen pobres por Dios en
el espíritu y en la voluntad, renunciando a los bienes del mundo, y dando
generosamente sus propios bienes 71".
Los pobres de Lucas
Ausente en el pasaje paralelo de Lc 6,20, esta expresión ("de espíritu"),
indudablemente añadida por Mateo, no cambia el sentido de la bienaventuranza
de Lucas ni "espiritualiza" la condición de pobreza.
En el evangelio de Lucas, la proclamación "Dichosos los pobres"
no tiene un sentido genérico, sino bien determinado. Con el uso de la
segunda persona, el evangelista subraya que Jesús se dirige únicamente
a los discípulos ("vosotros los pobres") que ya han dejado
"todo" para seguirlo:
"Ellos sacaron las barcas a tierra, Jesús, dirigiendo
la mirada a sus
y, dejándolo todo, discípulos, dijo: Dichosos vosotros
lo siguieron los pobres, porque tenéis a Dios por
(Lc 5,11, cf 5,28) Rey (Lc 6,20)
Igualmente, en Mateo, la bienaventuranza no se dirige a los
pobres convertidos en tales por la sociedad, sino solamente a cuantos han hecho
(o harán) la elección de "dejarlo todo" para seguir
a Jesús en la construcción del reino.
La diferencia entre los dos evangelistas es la siguiente:
- para Lucas la pobreza es una situación que los discípulos han
elegido ya (Lc 5,11);
- para Mateo, la pobreza es la condición a elegir para entrar en el reino
de Dios 72.
¿UN REINO "DE LOS CIELOS" O "EN LOS CIELOS?
5,3b: porque ésos
El pronombre ("ésos") reviste una importancia especial para
la comprensión de ésta y de las otras bienaventuranzas.
Mientras el uso de la tercera persona 73 ("Dichosos los pobres") tiene
un aire universal que hace la invitación válida para todos los
hombres y para todos los tiempos, el pronombre es selectivo: "éstos",
y no otros, son el objeto de la bienaventuranza 74. La invitación a formar
parte del reino se dirige a todos, pero sólo cuantos unen a la respuesta
un compromiso concreto, pertenecen a él: (Mt 22,14) 75.
tienen
El uso del presente manifiesta una realidad ya en acción y señala
el preciso momento en el que Dios comienza a ejercitar su realeza sobre cuantos
deciden ser pobres: "ésos tienen a Dios por Rey" (lit. "de
ésos es el reino de los cielos") 76. Más aún, el evangelista,
mediante esta forma verbal, subraya que los efectos positivos del "reino"
(anunciado como inminente en Mt 4,17) 77 se vuelve a manifestar cada vez que
haya individuos que elijan vivir pobres. El "reino de los cielos",
para hacerse realidad, está condicionado de hecho por la respuesta de
cuantos entren libremente en la condición de pobres, y únicamente
sobre éstos podrá el Padre ejercer su realeza.
Finalmente, el uso del presente, impide reenviar el ingreso en el reino a un
futuro lejano 78. Toda interpretación de consuelo tranquilizador para
"el más allá" está fuera de lugar. La esperanza
futura, anunciada por los profetas, se vuelve realidad presente gracias a Jesús
y a cuantos acogen su programa 79.
Con la aceptación de la primera bienaventuranza, el reino prometido está
ya presente 80: este no debe "venir", sino crecer y "extenderse"
81, y los hombres deben decidir si pertenecer a él o no 82.
La "buena noticia" que esperan los pobres
"El Espíritu del Señor está sobre
mí,
porque el Señor me ha ungido.
Me ha enviado para dar
la buena noticia a los pobres" 83 (Is 61,1).
Lo que en el profeta Isaías era solamente anuncio, en Jesús se
hace realidad: "los pobres reciben la buena noticia" (Mt 11,5).
Esta "buena noticia", que los pobres esperan, contiene ya lo que ella
misma anuncia: el fin de su pobreza. El efecto del reino de Dios sobre los pobres,
se manifiesta concretamente en un cambio radical de su existencia, paralelo
a las otras señales de la acción de Jesús y de los discípulos:
"Ciegos ven y cojos andan,
leprosos quedan limpios y sordos oyen,
muertos resucitan" (Mt 11,5) 84.
A cada situación presente de sufrimiento, el evangelista
no contrapone otra futura de bienaventuranza, sino un cambio que puede ser constatado
por todos, pues ya se está realizando: "Id a contarle a Juan lo
que estáis viendo y oyendo..." (Mt 11,4; cf 10,8; Lc 7,22; Mc 16,17).
Proclamando "dichosos" a los pobres, Jesús no pretende gratificar
a los miserables, promoviéndolos a la categoría espiritual de
"dichosos", sino asegurarles que su indigencia ha llegado ya a término
porque otros han elegido compartir con ellos todo lo que tienen 85.
Aquéllos que la sociedad ha hecho pobres son proclamados "dichosos",
porque habrá quién se cuide de ellos. A quien se hace responsable
de la felicidad de su propio hermano, Jesús le garantiza que el Padre
mismo se cuidará de su felicidad (cf Mt 6,33; 25,34-40).
La diferencia entre los pobres a los que se dirige el profeta Isaías
y los de la bienaventuranza de Mateo es que, mientras que para los primeros
la confianza puesta en Dios es consecuencia de un estado de pobreza del que
esperan salir 86, para los segundos la fe en el Padre es el motivo que los empuja
a entrar en la condición de pobreza 87.
Dios por Rey (lit. "el reino de los cielos")
El término “reino” indica los súbditos o el territorio
sobre los que el soberano ejercita su señorío” 88.
La petición, por parte del pueblo de Israel, de ser gobernado por un
rey la consideró Dios una traición (“no me quieren a mí
por rey”, 1Sam 8,7), y a pesar de que el profeta Samuel había puesto
en guardia al pueblo sobre todos los peligros que traería consigo la
instauración de la monarquía (1Sam 8,10-22), Israel pidió
insistentemente tener “un rey que nos gobierne, como se hace en todas
las naciones” (1Sam 8,5). Dios, que respeta la libertad del hombre, aun
cuando ésta vaya contra su voluntad, concedió a su pueblo esta
forma de gobierno que pronto resultó ser un desastre descomunal 90.
El primer rey, Saúl, no se contentó con el poder que tenía,
sino que trató de tener también el oficio sacerdotal masacrando
a todos los sacerdotes de Nob, “la ciudad de los sacerdotes” (1Sam
22,19). Rechazado a causa de esto por Dios (1Sam 15,11), enloqueció (1Sam
16,14) y se suicidó (1Sam 31,4). Lo suplantó su yerno, un jefe
de bandidos sin prejuicios, llamado David 91, que había conseguido casarse
con la hija de Saúl, Micol, llevando, como regalo de bodas, doscientos
“prepucios de los Filisteos” (1Sam 18,25-27). Adúltero y
asesino (2Sam 11), el Señor lo maldijo y no le permitió construir
el templo diciéndole: “Has derramado mucha sangre en mi presencia”
(1Cr 22,8).
La monarquía terminó con el tercer rey, Salomón, que ascendió
al trono después de haber asesinado al heredero legítimo, su hermano
Adonías (1Re 2,15). Déspota megalómano, Salomón
obligó al pueblo a trabajos forzados para construir el Templo (en siete
años) y su suntuosa casa regia (trece años)92. Murió del
modo más miserable para un hebreo, como idólatra (1Re 11,4-5),
ganándose en la Biblia un juicio muy severo: “Hizo lo que el Señor
reprueba y no siguió fielmente al Señor” (1Re 11,6). Le
sucedió su hijo, el presuntuoso Roboán. Prepotente como su padre,
pero menos inteligente; al pueblo, que le pedía que fuese más
humano que Salomón 93, respondió con arrogancia: “Si mi
padre os impuso un yugo pesado, yo os lo aumentaré; que mi padre os castigó
con azotes, pues yo lo haré a latigazos” (2Cr 10,14).
Como su padre, Roboán “abandonó la Ley del Señor”
y arrastró al pueblo a la infidelidad a Dios (2Cr 12,1), y su despotismo
fue la causa del cisma que puso prácticamente fin a la monarquía
(1Re 12,3ss). De hecho aunque ésta continuaría todavía
por un tiempo, en el Norte con diez tribus y en el Sur con las dos restantes,
la supervivencia de la institución monárquica sería una
historia trágica, en la que los reyes se sucederían matándose
unos a otros, permaneciendo en el trono insignificantes períodos de tiempo.
Ocozías reinó en Judá sólo un año (2Re 8,25),
Joacaz y Jeconías solamente tres meses cada uno (2Re 23,31; 24,8). En
el Norte, Zimri, reinaría apenas siete días (1Re 16,15). Más
suerte tuvieron Zacarías, que reinó seis meses (2Re 15,8) y Salún,
un mes en Samaría (2Re 15,13).
El pueblo, que había sufrido las consecuencias de todos estos trágicos
fracasos, terminó proyectando en Dios 94 el ideal de un rey que fuese
de verdad el defensor de los pobres y de los oprimidos 95 y en cuyo reino se
administrase una justicia perfecta 96. Las esperanzas suscitadas por el oráculo
del profeta Ezequiel contra los malos pastores habían alimentado en el
pueblo la espera de un reino, en el que Dios mismo cuidase de su gente (Ez 43)
97.
“Padre de huérfanos y defensor de viudas” (Sal 68,6; cf.
146,9). Dios inauguraría su reinado con una manifestación de amor
hacia todos los marginados (Mi 4,6-7), representados por las categorías
de viuda, huérfano y extranjero, personas que más que otros tienen
dificultades para obtener justicia 98. Mantenido por estas esperanzas, el anuncio
de la llegada del reinado (Mt 4,17; 3,2), se presenta al pueblo en realidad
como la tan deseada “buena noticia”, fuente de felicidad para cuantos
han sido víctimas de toda clase de injusticia. De las cuatro veces que
aparece en Mateo la expresión “buena noticia” 99, tres está
en relación directa con el “reino” 100.
Ahora Jesús lleva a término la buena noticia. Él certifica
que el reino de Dios esperado se hace realidad inmediata para cuantos acogen
la invitación expresada en la primera bienaventuranza.
La necesidad de la elección voluntaria de la pobreza, para que el reinado
de Dios comience, hace comprender que éste no puede ser impuesto, sino
solamente propuesto por Dios y aceptado por el hombre. Cuantos acogen a Dios
como único rey en su vida no son gobernados mediante la imposición
de leyes que hay que obedecer 102, sino con la incesante comunicación
de su Espíritu 103 que hace capaz al hombre de llegar a ser hijo suyo
105.
Contrariamente a la esperanza del mundo judío, según la cual el
reino se manifestaría de modo espectacular con una intervención
divina (Lc 19,11), el reino propuesto por Jesús “no está
sujeto a cálculos” (Lc 17,21). Su realización de hecho no
se debe a una extraordinaria manifestación de poder por parte de Dios105,
sino que exige la activa participación del hombre: “Enmendaos,
que el reinado de Dios está cerca” (Mt 4,17).
La exhortación a la enmienda106, que precede a la proclamación
de las bienaventuranzas, requiere un cambio radical en la escala de valores
que regula el comportamiento de la persona dando la preeminencia absoluta al
bien del hombre 107: en la progresiva maduración del individuo la conversión
se hará posible e influirá positivamente en la sociedad.
Esta exigencia de un cambio interior, demuestra que, para hacerse realidad,
el reino no tiene necesidad de súbditos pasivos, sino de activos colaboradores
108. Haciendo depender su realización de la libre aceptación del
hombre y de su cambio interior, este reino no solo en su inicio, sino también
en el momento de su máximo crecimiento, será una realidad modesta,
casi inadvertida para los ojos del mundo (Mt 7,13).
A las sorprendentes profecías del AT, donde el reino de Dios se presentaba
mediante las soberbias imágenes de un “magnífico cedro”,
plantado sobre “un monte elevado y señero” (Ez 17,22-24),
el evangelista opone la modesta metáfora de “un grano de mostaza...
la más pequeña de las semillas” que “cuando crece
sale por encima de las hortalizas” (Mt 13,31.32) 109.
El reino es una realidad poco aparente y, en cualquier caso, ni siquiera parangonable
a las expectativas de gloria y de predominio soñadas por los profetas
(Is 60; 61,5-6). En la intención de Jesús, el reino de Dios, incluso
en el momento de su máximo desarrollo, no llamará la atención,
como tampoco resalta por su apariencia un arbusto un poco más alto que
las otras hortalizas del huerto (Mc 4,32) 110. Pero si el grupo que ha aceptado
la invitación de las bienaventuranzas puede parecer poca cosa frente
a las enormes dimensiones de los problemas del mundo, no por esto su acción
no será eficaz. Jesús asegura que la constante práctica
del amor hará posible la maduración de la humanidad, igual que
“la levadura que metió una mujer en medio quintal de harina...
acabó por fermentar toda la masa” (Mt 13,33).
El reino “de los cielos”
Para indicar la nueva realidad que comienza con la aceptación de la primera
bienaventuranza, los evangelistas usan la imagen del “reino de Dios”
111.
Mateo es el único que usa la expresión “reino de los cielos”
112, en lugar de “reino de Dios”, según la tendencia, típica
de los escribas, a usar sustitutos para evitar pronunciar y escribir el nombre
divino. En el judaísmo, de hecho, el temor hacia el sagrado tetragrama
114 hace que se evite sistemáticamente usar el nombre de Dios. En lugar
de éste se empleaba la expresión “el cielo” 115. En
la literatura rabínica se encuentra siempre la fórmula “reino
de los cielos”.
Por tanto Mateo, escribiendo “reino de los cielos”, no proyecta
a un lejano futuro las promesas de Jesús (un reino “en” los
cielos, sino que se refiere al reino de Dios ya presente, tema conductor del
“evangelio de la montaña” 116 elemento de unidad y clave
de interpretación de las bienaventuranzas. La promesa de la pertenencia
al “reino de los cielos”, no garantiza a cuantos deciden vivir pobres
que en el futuro sean “dichosos” en los cielos (“en el más
allá”), sino el ejercicio inmediato de la paternidad divina 117.
Dios mismo se cuida de cuantos, por amor, acogen la bienaventuranza propuesta
por Jesús: a la opción por la pobreza para enriquecer a los otros,
responde el Padre comunicando toda su riqueza: “Mi Dios, por su parte,
cubrirá todas vuestras necesidades con sus inagotables riquezas por medio
del Mesías Jesús” (Fil 4,19).
La certeza de la protección divina anula los efectos negativos que la
opción por la pobreza podría llevar consigo e impide que los creyentes
puedan llegar a encontrarse en una situación de indigencia. La fidelidad
a la opción por la pobreza para construir el reino de Dios es causa de
bienestar y no de privaciones 118: “Buscad primero que reine su justicia,
y todo eso se os dará por añadidura” (Mt 6,33; cf. 6,25.33);
“todo aquél que por causa mía ha dejado casa, o hermanos
o hermanas, o padre o madre, o hijos o tierras, recibirá cien veces más...”
(Mt 19,28-29; cf Eclo 34,15-17).
La experiencia de la constante protección del Padre hace que dos términos
contrapuestos, llamados a contradecirse y anularse (dichosos / pobres), no sólo
convivan en la bienaventuranza, sino que sean paradójicamente el uno
condición para la existencia del otro: la felicidad es garantizada en
la opción por la pobreza, y esta condición, considerada en el
mundo hebreo como un castigo divino 119, se transforma en fuente de bendición.
Para el evangelista, el rechazo de la riqueza (Mt 13,22), que se deduce de la
opción por la pobreza, pone la bienaventuranza en relación con
el primer mandamiento de la Alianza. En ambos se requiere no conocer otro señorío
que no sea el de Dios, rechazando la adoración de otros dioses 120:
“Yo soy el Señor, tu Dios, que te saqué
de Egipto, de la esclavitud. No tendrás otros dioses rivales míos”
(Ex 20,2-3; cf. Dt 5,6).
Nadie puede estar al servicio de dos señores, porque o aborrecerá
a uno y querrá al otro, o bien se apegará a uno y despreciará
al otro. No podéis servir a Dios y al dinero” (Mt 6,24; cf. Lc
16,9.11.13).
La opción por la pobreza, que nace de la experiencia
del amor de Dios que se prolonga en el del prójimo, es ciertamente la
traducción concreta del mandamiento que Jesús considera el más
importante del Antiguo Testamento: “Amarás al Señor tu Dios
con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente (Dt 6,5). Éste
es el mandamiento principal y el primero, pero hay un segundo no menos importante:
Amarás a tu prójimo como a ti mismo (Lv 19,18). De estos dos mandamientos
penden la Ley entera y los Profetas” (cf. Mt 5,43; 19,19; Rom 13,9; Gál
5,14).
La decisión voluntaria de entrar en la condición de pobres es
presentada por el evangelista como bienaventuranza principal y condición
para la existencia de todas las otras 121. Las siete bienaventuranzas que siguen
no son sino la presentación de las situaciones (Mt 5,4-6) y de las consecuencias
(Mt 5,7-10) de la opción por la pobreza. Por esto la primera bienaventuranza
se explica en cada uno de sus pormenores a lo largo de todo el sermón
de la montaña y del evangelio de Mateo 122. Este particular interés
hace pensar que también en la primitiva comunidad ha existido la tendencia
a “espiritualizar” la invitación a la pobreza, entendiéndola
como “desapego” ético de los bienes, aunque sin dejar de
poseerlos.
El evangelista excluye de modo categórico tal interpretación.
La pobreza a la que invita Jesús no lleva consigo una relación
diferente con los bienes propios, sino el abandono real de los mismos. Intentar
conciliar la confianza en Dios y en la riqueza será la nota característica
de los "fariseos que son amigos del dinero" (Lc 16,14a) 123.
Para entrar en la condición de "pobres-dichosos", no basta
con la renuncia a la acumulación de bienes, sino que hay que llegar a
no considerar lo que se posee como exclusivamente propio124. Solamente esta
actitud permite estar siempre dispuestos a compartir generosamente lo que se
es y lo que se tiene.
El don de los bienes propios, si no es expresión de lo que se es, se
degrada en humillante beneficencia, y el don de sí mismos, si no está
acompañado de lo que se tiene, se convierte en fácil filantropía125.
El apego al dinero despoja al hombre de todo valor, y lo sumerge en tinieblas.
Al contrario, la generosidad, manifestando y haciendo concreto el amor, da valor
a la persona, la vuelve "espléndida"126 y la llena de alegría,
como recuerda Pablo en la bienaventuranza pronunciada por Jesús y no
referida por los evangelios: "Os hice ver en todo que hay que trabajar
para socorrer a los necesitados, acordándoos de aquellas palabras del
Señor Jesús cuando dijo: "Hay más dicha en dar que
en recibir" (Hch 20,35).
Consciente de la delicadeza y de la importancia de una bienaventuranza de la
que depende la realización del reino, Mateo la vuelve a proponer más
veces en su evangelio, formulándola de modo narrativo, contraponiendo
cada vez el abandono voluntario de los propios bienes al deseo de riqueza:
-La invitación a entrar en la condición de pobreza: "dichosos
los pobres de espíritu" (5,3a) es contrapuesta por el evangelista
a la prohibición: "dejaos de acumular riquezas en la tierra"
(6,19a). Los efectos positivos de la pertenencia al "reino de los cielos"
(5,3b) se expresan poniendo en Dios la propia seguridad: "amontonaos riquezas
en el cielo" (6,10)127 [Véase tabla III].
La opción por la pobreza se reformula en la parábola del "tesoro
escondido en el campo" (Mt 13,44-46), con la necesidad de "vender
todos los bienes". La felicidad, que lleva consigo la bienaventuranza,
se expresa en el "estar lleno de alegría", mientras que la
consiguiente pertenencia al reino corresponde a la adquisición del tesoro
o a la perla de gran valor, metáforas para el "reino de los cielos"
[Véase tabla IV].
-En Mateo 19,16-24, el evangelista formula de modo negativo la bienaventuranza:
la riqueza es obstáculo para seguir a Jesús y para ingresar en
el reino. La negativa a abandonarla es causa de tristeza. La posesión
de las riquezas y la pertenencia al reino son incompatibles [Tabla/Cuadro V).
Los "ay" dirigidos a los ricos
"Pero, ¡ay de vosotros, los ricos, porque ya habéis recibido
vuestro consuelo! (Lc 6,24).
En Mateo no encontramos, contrapuesta a las bienaventuranzas, la serie de cuatro
"ay" formulados por Lucas 128, pero la denuncia de la riqueza es igualmente
clara y radical.
De las nueve veces que aparece en Mateo el término "dinero"
129, en siete se contempla bajo una luz siniestra: instrumento de la traición
de Jesús 130, con dinero se tratará de impedir el anuncio de la
resurrección: "Éstos se reunieron con los senadores, llegaron
a un acuerdo y dieron a los soldados una suma considerable, encargándoles:
- Decid que sus discípulos fueron de noche y robaron el cuerpo mientras
vosotros dormíais. Y si esto llega a oídos del gobernador, nosotros
lo calmaremos y os sacaremos de apuros. Los soldados aceptaron el dinero y siguieron
las instrucciones" (Mt 28,12-15).
No sólo la posesión de la riqueza, sino el mismo deseo ("la
seducción de la riqueza") (Mt 13,22) es causa del fracaso del mensaje
del Señor: "lo ahogan y se queda estéril" (Mt 13,22).
Aunque el hombre se hace ilusiones con poder administrar y disfrutar de la riqueza,
en realidad es ésta la que lo domina y lo destruye: "la codicia
pierde al hombre" (Eclo 14,9b) 131. El culto a "mammón",
el dios-dinero es una de las formas más terribles de alienación
y causa de apostasía del único y verdadero Dios. Raíz de
todas las injusticia, el dinero hace imposible la práctica del compartir
y, consiguientemente, la entrada en el reino 133: "Más fácil
es que entre un camello por el ojo de una aguja que no que entre un rico en
el reino de Dios" (Mt 19,24).
Resumiendo los datos expuestos hasta ahora, podemos afirmar que la elección
voluntaria de la pobreza, expresada con la aceptación de la primera bienaventuranza,
- realiza la comunión 134: "En la multitud de los creyentes todos
pensaba y sentían lo mismo: nadie consideraba suyo nada de lo que tenía,
sino que lo poseían todo en común." (Hch 4,32). Pablo comenta:
"No se trata de aliviar a otros pasando vosotros estrecheces, sino que,
por exigencia de la igualdad, en el momento actual vuestra abundancia remedie
la falta que ellos tienen, para que un día la abundancia de ellos remedie
vuestra falta, y así haya igualdad" (2 Cor 8,13-14).
-manifiesta los efectos del reino: "Los apóstoles daban testimonio
de la resurrección del Señor Jesús con mucho vigor; todos
ellos eran muy bien vistos, porque entre ellos no había ningún
indigente, ya que los que poseían campos o casas los vendían,
llevaban el producto de la venta y lo ponían a disposición de
los apóstoles; luego se distribuía según lo que necesitaba
cada uno" (Hch 4,33-35).
-y responde al designio de Dios sobre el pueblo: "Es verdad que no habrá
pobres entre los tuyos, porque te bendecirá el Señor, tu Dios,
en la tierra que el Señor, tu Dios, va a darte para que la poseas en
heredad" (Dt 15,4; Hch 4,34; cf Mt 5,5).
Notas 5,3
(TG) Makárioi hoi ptókhoi tô pneúmati, hoti
(TE) Dichosos los pobres de espíritu, porque
autôn estin he basileía tôn ouranôn
de esos es el reino de los cielos
.
2 Stock propone la siguiente traducción: "Dios, el omnipotente rey
y pastor,
está totalmente de vuestra parte", Stock, K., Discorso della Montagna.,
132.
3 Conservamos en la traducción de makarios el clásico "dichoso"
(en lugar del más expresivo "feliz") por ser un término
consagrado por el uso.
4 "hoi mákares". Homero emplea este adjetivo principalmente
como atributo de los dioses: Od V, 7; VIII, 306. 526; X, 259, XIV, 83; XVIII,
426; XXII, 371.377; XXIV, 99, y sólo ocho veces para los hombres, cf
Hauck, F., "makarios", GLNT VI (1970) 977-988; cf Dupont, J., Les
béatitudes, II, (Paris: Gabalda, 1969) 326; Id., " 'Béatitudes'
égyptiennes", Bib 47 (1966) 185-222; Hadot, P., "Les modèles
de bonheur proposés par les philosophes antiques", VSpir 698 (1992)
33.
5 "Antes del fin de sus días no llames a ninguno dichoso [makáridse]"
(Ecclo 11,28); cf Flavio Josefo., GJ, V, 11, 3; cf Hauck, F., makarios, 977-978;
Dupont, J., "Béatitudes", 187-191.
6 Cf Busto Saiz, J. R., "Macarismos desarrollados: un tipo de poema sapiencial",
Simposio Bíblico Español, Salamanca, 1982 (Madrid: Universidad
Complutense, 1984) 346; Dupont, J., Les béatitudes, II, 328.
7 makarios traduce el hebreo 'ashrê, plural constructo de césher
que indica la plenitud del bienestar; cf Lipinski, L., "Macarismes et psaumes
de congratulation" RB 75 (1968) 321. Dupont, J., Les béatitudes,
II, 328-329. El término deriva tal vez de la raíz 'ashar "andar",
atestiguada en hebreo, ugarítico y árabe (cf Pr 4,14b; 23,19).
Cf Cazelles, H., " 'ashrê", GLAT I (1988) 967. El término
"dichoso" se usaba probablemente como exclamación litúrgica
augural en relación con la peregrinación al templo (en el sentido
deuteronomista de la partida para el exilio y del retorno de éste. Tal
acto hacía "dichoso" al creyente; Busto Saiz, J. R., "Macarismos
desarrollados", 347. Cf Cazelles, H., 'ashrê, 969-970.
8 Cf Dt 33,29; 1 Re 10,8; 2 Cr 9,7; Job 5,17; Sal 1,1; 2,12; 32,1.2; 33,12;
34,9; 40,5; 41,2; 65,5; 72,17; 84,5.6.13; 89,16; 94,12; 106,3; 112,1; 119,1
2; 127,5; 128,1; 137,8.9; 144,15; 146,5; Prov 3,13; 8,32.34; 16,20; 20,7; 28,14.;
Ecl 10,17; Is 30,18; 32,20; 56,2; Dn 12,12.
9 Cf Bertram, G., "makarios", GLNT VI (1970) 985. Solamente en el
NT encontramos "bienaventurado" como atributo de Dios: "Según
el evangelio de la gloria de Dios bienaventurado, que me han confiado "
(1 Tm 1,11); "A su debido tiempo lo manifestará Dios bienaventurado
y único soberano, rey de reyes y señor de señores "
(1 Tm 6,15).
10 Con esta palabra se abre el Sal 1,1 y se cierra el Sal 2; está presente
en los salmos que concluyen las colecciones I (41,2), III (89,16) y IV (106,3)...
es mucho más frecuente en el último libro (8 veces en particular
en 119,1-2)", Cazelles, H., 'ashrê, 969-970.
11 Cf Sal 112,1; 128,1 2.
12 Cf Sal 1,1; 94,12; 119,1 2.
13 Cf Keller, C., "Les <béatitudes de l'Ancien Testament>",
Maqqél Shâqédh, La Branche d'Amandier. Hommage à
Wilhelm Vischer, (Montpellier, 1960) 92; Soebo, M., " 'ashar", DTAT
I (1978) 225-227.
14 Cf Sal 32,1-2; 33,12; 40,5; 84,5; 89,16; 119,1; 146,5; Is 30,18.
15 "Dichoso el que teme al Señor" (Sal 128,1).
16 "Esta es la bendición del hombre que respeta al Señor"
(Sal 128,4).
17 "Tu mujer como parra fecunda en la intimidad de tu casa, tus hijos como
brotes de olivo alrededor de tu mesa... que veas a los hijos de tus hijos"
(Sal 128,3.5; cf Gen 1,22.28; 9,1; 17,16.20; 22,17; 24,35; 28,3; Dt 7,13.14;
20,4; etc).
18 "Y Lía dijo: ¡Qué felicidad! Las mujeres me felicitarán
[makarídsousin] (Gen 30,13); "Dichosos [makárioi]... cuantos
se afligen por tus pruebas: se alegrarán por ti" (Tob 13,16); "Dichosos
[makárioi] nosotros, Israel, que conocemos lo que agrada al Señor
" (Bar 4,4).
19 Cf Rom 4,6.9; Gál 4,15.
20 Cf Mt 5,3.4.5.6.7.8.9.10.11; 11,6; 13,16; 16,17; 24,46; Lc 1,45; 6,20.21ab.
22; 7,23; 10,23; 11,27.28; 12,37.38.43; 14,14.15; 23,29; Jn 13,17; 20,29; Hch
20,35; 26,2; Rom 4,7.8; 14,22; 1 Cor 7,40; 1 Tim 1,11; 6,15; Tit 2,13; Sant
1,12.25; 1 Pe 3,14; 4,14; Ap 1,3; 14,13; 16,15; 19,9; 20,6; 22,7.14.
21 Cf Hauck, F., makarios, 991.
22 En Mateo se encuentran cuatro bienaventuranzas más (cf Mt 11,6; 13,16;
16,17; 24,46), y doce en Lucas (cf Lc 1,45.48; 7,23; 10,23; 11,27.28; 12,37.38.43;
14,14.15; 23,29). En Marcos el tema de las bienaventuranzas está completamente
ausente.
23 Ptôkhós (del verbo ptôssô, relacionado con ptôssein,
"encogerse de miedo", Hom., Od. 18,363; Hes., Op. 395), traduce el
hebreo (canawîm, de la raíz canaw ("estar curvado", "escondido"),
diferenciándose del pénês, el que vive con estrecheces.
Cf Hauck, F., "ptôkhós" GLNT XI (1977) 712-715. Guelich,
R.A., The Sermon on the Mount, 69. en el NT, el "pobre" se indica
siempre con ptôkhós (cf Mt 5,3; 11,5; 19,21; 26,9.11; Mc 10,21;
12,42.43; 14,5.7; Lc 4,18; 6,20; 7,22; 14,13.21; 16,20.22; 18,22; 19,8; 21,3;
Jn 12,5.6.8; 13,29; Rom 15,26; 2 Cor 6,10; Gál 2,10; 4,9; Sant 2,2.3.5.6;
Ap 3,17; 13,16) y nunca con pénês (aparece únicamente en
2 Cor 9,9 como cita del Sal 112,9). Cuando ptôkhós traduce canaw,
en citas (cf Lc 4,18), o alusiones al AT (cf Mt 11,5; Lc 7,22), a la situación
social se añade la nota religiosa de la confianza en Dios.
24 En los LXX encontramos 99 veces ptôkhós como traducción
de canî (38 x veces) (cf 2 Sam 22,28); dal (23x) (cf Lv 14,21); 'ebión
(11x) (cf Dt 24,14); rash (9x) (cf 1 Sam 18,23); canaw (4x) (cf Nm 12,3); helcah
(1x) (cf Sal 10,14); carcar (1x) (cf Sal 102,18); qatán (1x) (cf Est
1,20). El mismo vocablo se traduce indiferentemente con pénês que
con ptôkhós que llegan a ser equivalentes (cf Sal 112,9; Is 3,14;
Am 5,11). Cf Bammel, E., " ptôkhós" GLNT XI (1977) 718;
Ranon, A., ""Evangelizare pauperibus" nei Salmi e nei Sapienziali",
Evangelizare pauperibus Atti della XXIV Settimana Biblica (Brescia: Paideia,
1978) 107; Martin-Achard, R., "Yahvé et les canawîm"
TZ 21 (1965) 350.
25 "Yo soy pobre y desgraciado, pero el Señor cuida de mí
" (Sal 40,18; cf 25,16; 34,7; Is 66,2). "El pobre se ha convertido
en el cliente de Dios" Gelin, A., Les pauvres de Yahvé (Paris: Cerf,
1953) 29. Cf Guelich, R.A., The Sermon on the Mount 69.
26 Cf Gen 3,8; Éx 10,19; 14,21; 15,8; 1 Re 19,11; Job 4,15; 21,18; 30,22;
41,8; Sal 78,39; Is 17,13; 32,2; 41,16; Jr 4,11; Os 4,19, etc.
27 pneûma, del verbo pnéô "soplar", traduce el
hebreo ruah, "viento", "respiración", (378 veces
en el AT); cf Albertz, R., Westermann, C., "ruah" DTAT II (1982) 654-655.
28 Cf Gen 1,2; Job 33,4; Sal 33,6; 104,30; Is 32,15; 44,3; Ez 37,9.10.14.
29 Cf Mt 10,1; 12,43; Mc 1,23.26; 3,11.30; 5,2.8.13; 6,7; 7,25; 9,25; Lc 4,33;
4,36; 6,18; 8,29; 9,42; Hch 5,16; 8,7; Ap 16,13; 18,2.
30 Cf Jr 51,11; Esd 1,1.5; 1 Cr 5,26; 2 Cr 36,22; Job 32,8.18; Sab 5,3. El hebreo
ruah, puede significar la fuerza que se manifiesta en la respiración
como vitalidad dinámica del hombre, y "puede designar la entera
escala de la sensibilidad humana, desde las emociones más fuertes hasta
la ausencia de cualquier esfuerzo vital", Albertz, R., Westermann, C.,
"ruah", 661.664.667.
31 Cf Mt 4,1; 3,11; Mt 22,43.
32 Mt 1,18.20; 3,11; 12,32; 28,19; cf Mc 1,8; 3,29; 12,36; 13,11; Lc 1,15.35.41.67;
2,25.26; 3,16.22; 4,1; 10,21; 11,13; 12,10.12; Jn 1,33; 14,26; 20,22.
33 Mt 3,16; 12,[18] 28; cf "El Espíritu del Señor" (Lc
4,18).
34 Mt 10,20.
35 Mt 10,1 (cf 8,16); 12,43.[45]; cf Mc 1,23.26.27; 3,11.30; 5,2.8.13; 6,7;
7,25; 9,17.20.25; Lc 4,33.36; 6,18; 7,21; 8,2.29; 9,39.42; 10,20; 11,24.26;
13,11.
36 Para "espíritu", como fuerza interior del hombre, cf Mc
2,8; 8,12; 14,38; Lc 1,47.80; 8,55; 23,46; Jn 13,21; Rom 1,9; 2,29; 8,4.5.13.16;
12,11; 1 Cor 4,21; 14,2.14-16; 2 Cor 12,13; 2 Tim 1,7; 1 Cr 5,26; Esd 1,1; Ag
1,14. Cf Camacho, F., La proclama del reino, 60.
37 Cf notas nn. 32, 33, 34.
38 tô pneúmati: ¿dativo "instrumental" o "de
relación"?
39 Según Flusser, "pobre de espíritu" proviene de Is
66,2: "En ése pondré mis ojos: en el humilde y en el que
tiene el espíritu abatido"". Cf Flusser, D., "Blessed
Are the Poor in Spirit..." IEJ 10 (1960) 5.
40 Encontramos una expresión formulada como la de la bienaventuranza
en 1 Cor 7,34 ("para dedicarse (la no casada) a él en cuerpo y en
alma" (en griego tô pneúmati- espíritu)" , donde
se refiere al espíritu humano, cf Stock, K., Discorso della Montagna,
26. Fuera del NT encontramos tal vez un paralelo en Qumrán: en la Regla
de la Guerra de los hijos de la luz contra los hijos de las tinieblas (IQM 14,7),
se encuentra la expresión canawê ruah; cf Flusser, D., "Some
Notes to the Beatitudes" en Judaism and the Origins of Christianity (Jerusalem:
The Magnes Press, 1988) 115. 37; cf IQH 14,3; Dupont, J., "Les ptôkhoi
tô penúmati de Mateo 5,3 y los canawê ruah de Qumrân"
en Neutestamentliche Aufsätze, Festschrift für Prof. Josef Schmid
(Regensburg: ed. F. Pustet, 1963) 52-57; Puech, É., "4Q525 et les
péricopes des béatitudes en Ben Sira et Matthieu" RB 98 (1991)
97; Ito, A., "Matthew and the Community of the Dead Sea Scrolls" JSNT
48 (1992) 34.23-42.
41 Cirilo de Alejandría, Commentarius in Matthaeum, PG 72, 589. Cf Schweizer,
E., "pneûma, pneumatikós" GLNT X (1975) 959.
42"Jesús no considera dichosa la ignorancia"; cf Overney, M.,
Évangile selon Saint Matthieu (Fribourg: St-Paul, 1944) 22.
43 La explicación clásica era que los pobres "viven al resguardo
de las seducciones de la riqueza, mientras que los ricos corren el riesgo de
olvidar a Dios y la vida futura debido a la facilidad que tienen de encontrar
en este mundo sus satisfacciones"; cf Durand, A., Vangelo secondo San Matteo
(Roma: Studium, 1955) 74.
44 "A los pobres y oprimidos no se los alimenta con esperanzas espiritualistas
y ultraterrenas, como acostumbró hacerlo una predicación mal fundada
en Mt 5,3"; cf Croatto, S. J., "Los oprimidos poseerán la tierra
(Recontextualización de un tema bíblico)" RevistB 41 (1979)
247. Cf Gelin, A., Les pauvres, 145.
45 En el pasado se ha identificado con frecuencia la pobreza de espíritu
con la humildad; cf Jerónimo, Commentarius, PL 26,24; Crisóstomo,
Commentarius, PG 57,224. Para Agustín, es humilde quien escoge voluntariamente
la pobreza: "Quid es pauper spiritu? Pauperes voluntatibus, non facultatibus:
ille enim qui spiritu pauper est, humilis est", De octo sententiis beatitudinum
ex evangelio, 2; in Sancti Augustini sermones post Maurinos reperti, (Morin),
Miscellanea Agostiniana, I, Roma, 1930, 627; cf Gregorio de Niza, De Beatitudinibus,
PG 44, 1200.
46 "Esta tradición se presenta primero como desprovista de todo
fundamento en el texto. Ni en griego, ni en latín, ni en siríaco,
la palabra "pobres" se usa para referirse a la humildad"; cf
Dupont, J., Les béatitudes, III, 411.
47 Cf Tilborg, S.V., The sermon on the mount as an ideological intervention.
A reconstruction of meaning (Assen / Maastricht: Van Gorcum, 1986) 14-15.
48 Cf Bonsirven, J., Les enseignements de Jésus-Christ, 4 ed. (Paris:
Beauchesne, 1946) 166. "El punto de vista de Jesús en las bienaventuranzas
es diferente: no recomendar la pobreza espiritual, sino denunciar la pobreza
material como un mal... Jesús ama demasiado a los pobres como para no
idealizar su pobreza"; cf Dupont, J., "Jesus annonce la Bonne Nouvelle
aux pauvres", Evangelizare pauperibus. Atti della XXIV settimana biblica
(Brescia: Paideia, 1978) 171.
49 Cf Luz, U., Das Evangelium, 207. Para las riquezas de Salomón, cf
1 Cr 29,28; 2 Cr 9,1-22.
50 Cf Tilborg, S.V., The Sermon, 14.15.
51 Gregorio de Niza mantiene que el episodio del hombre rico (cf Mt 19,16-22)
aclara el sentido de la bienaventuranza. La "pobreza en el espíritu"
se puede realizar únicamente a través del abandono voluntario
de los propios bienes: "Es realmente dichoso el hombre que mirando a quien
se ha hecho voluntariamente pobre por nosotros, se hace pobre en espíritu";
cf Gregorio de Niza, De Beatitudinibus, PG 44, 1205; cf 1193 1208.
52 Cf Mt 13,22; Lc 6,24; 12,16; 16,19-31; Sant 1,9-11; 2,5; 5,1-2; 1 Jn 3,17;
Ap 3,17; 18,15.
53 "helikía mikrós". Lit.: "de ínfima estatura".
54 Dativo instrumental; cf Camacho, F., La proclama del reino, 110.
55 Cf Camacho, F., La proclama del reino, 110. 111. "Dichosos los que eligen
ser pobres, porque ésos tienen a Dios por rey"; cf Mateos, J. -
Camacho, F., El evangelio de Mateo, 51. "El término canawe-ruah
ha de entenderse como "voluntariamente pobres", Flusser, D., "Blessed",
5. Dupont, J., Les béatitudes, III, 395. "La primera bienaventuranza,
en la versión de Mateo, contiene un elemento decisivo: la elección.
Los "pobres"... que se llaman dichosos son hombres y mujeres que han
decidido vivir este estado", Six, J. F., Le beatitudini oggi (Bologna:
EDB, 1988) 79.
56 "Pobreza y riqueza, todo viene del Señor" (Eclo 11,14);
"El rico y el pobre se encuentran; a los dos los hizo el Señor"
(Pro 22,2; cf Job 34,19; 1 Sam 2,7).
57 Para el sabio, el pobre forma parte de aquel orden social "que ciertamente
no se ha formado sin saberlo el Creador"; cf Ranon, A., Evangelizare pauperibus,
111.
58 Cf 2 Sam 12,4; Prov 22,7; Sab 2,10; Eclo 13,18.
59 En la cultura hebrea, el "pobre" es considerado disminuido en la
plenitud de vida querida por Dios y equiparado al muerto: "Más vale
morir que andar mendigando... ¡Oh muerte qué dulce es tu sentencia
para el hombre indigente..." (Eclo 40,28; 41,2a); Cf Nedarim.b. 64b; Ned
j. 9,2.; cf Bammel, E., "ptôkhós", 729.753. Dupont, J.,
"Jesus", 170.
60 Justino, Diálogo con Trifón, 93,3.
61 La confianza en el Padre es fuente de bienaventuranza: "Dichoso el que
confía en el Señor" (Prov 16,20; cf Sal 2,12; 34,9; 40,5;
84,6.13; 146,5. Cf 1 Jn 4,10; Rom 5,8; 8,32; Sal 84,6).
62 "Pobres que enriquecen a muchos" (2 Cor 6,10; cf Sant 2,5). Cf
Mateos, J., Camacho, F., El evangelio de Mateo, 54.
63 Cf Vanni, U., "Povertà e annuncio in Paolo", Evangelizare
pauperibus Atti della XXIV settimana biblica, Paideia, Brescia, 1978, 204-205.
64 "Muchos de los primeros serán últimos y los últimos,
primeros" (cf 20,16; Mc 10,31). Véase la trad. de Mateos, J. - Camacho,
F., El evangelio de Mateo, 196-197: "Pero todos, aunque sean primeros,
serán últimos, y. aunque sean últimos, serán primeros".
65 Cf Mt 18,1-5; 20,25-28; Mc 9,33-37.
66 "...a los pobres entre los consagrados de Jerusalén [tous ptôkhoús
tôn hagíôn tôn en Ierousalêm]" (Rom 15,26);
cf Bammel, E., "ptôkhós", 773.779-780.
67 meth' heautôn; lit.: "entre vosotros", en lugar de meth'
hymôn "con vosotros". La expresión usada por Mateo quiere
subrayar que los pobres forman parte integrante del grupo: "entre vosotros".
68 Hilario de Poitiers, In Evangelium Matthei Commentarius, C. IV: De beatitudine
Mateo5, 3b
73 Habitual para la explicitación de una causa de felicidad. Cf cf Sal
1,1-3; 41,2; 65,5; 84,5; Prov 3,13-14; 8,34. Para los LXX, cf Gn 30,13; Tob
13,16; Prov 3,13-14; Bar 4,4, etc.
74 Ejemplo del pronombre "exclusivo" en Rom 8,14: "Porque hijos
de Dios son todos y sólo aquellos [hoútoi] que se dejan llevar
por el Espíritu de Dios"; cf Davies, W.D., Pour comprendre le sermon
sur la montagne, 97; Camacho, F., La proclama del reino, 12.
75 Cf Mt 5,20; 7,21-27; 10,37-39; 16,24; 18,3; 19,23-24.29; 25,12.
76 Cf Camacho, F., La proclama del reino, 119.
77 "Jesús comenzó a proclamar: Enmendaos, que está
cerca el reinado de Dios" (Mt 4,17).
78 En este caso el evangelista habría escrito: "Dichosos los pobres
de espíritu, porque de ellos será el reino de los cielos.
79 Cf Luz, U., Das Evangelium nach Matthäus, 204. Maggioni, B., Il racconto
di Matteo, 65.
80 "El reinado de Dios está a vuestro alcance!" (Lc 17,21b;
cf 11,20; Mc 1,15; 12,34). En Col 1,13, se habla claramente del reino como realidad
presente: "Porque él nos libró del poder de las tinieblas,
trasladándonos al Reino de su Hijo querido " (cf Ap 1,6); cf Schmidt,
K.L., "basileus" GLNT II (1966) 201; Davies, W.D., Allison, D.C.,
A Critical and Exegetical Commentary on The Gospel According to Saint Matthew,
ICC I (Edinburgh: T. & T. Clark Limited, 1988) 446; Spicq, C., Note di Lessicografia
Neotestamentaria, GLNT (I) 1988, 314.
81 En Mt 6,10, el verbo "venir" (érkhomai) no designa el primer
comienzo del reino, sino cada afirmación sucesiva de éste, por
lo que es bueno traducir la petición del Padrenuestro por "que se
extienda tu reino".
82 Cf Mt 5,20; 7,21; 18,3; 19,23.24; 21,31; 23,13.
83 euaggelísasthai ptokhoîs Is 61,1; cf 29,18 19; 49,9 13. Las
tres primeras bienaventuranzas remiten al texto de Is 61,1-2. Otras referencias
a Is 61,1 las encontramos en Mt 11,4-5 (cf Lc 4,18; 7,22); cf Virgulin, S.,
Gli " 'Anawim in Is. 61,1", en Evangelizare pauperibus, Atti della
XXIV settimana biblica (Brescia: Paideia, 1978) 229-236.
84 Cf Is 26,19; 29,18-19; 35,5-6; 61,1-3.
85 Cf Virgulin, S., "Gli 'Anawim", 231. Fabris, R., Gesù di
Nazareth. Storia e interpretazione (Assisi: Cittadella, 1983) 126.
86 Cf Sal 34,19; 35,10; 37,14-19; 40,18; 70,6; 74,21; 86,1-2; Is 29,19-20; 49,8-13;
57,15, etc.
87 Cf Mt 6,19-34.
88 El griego basileia y el hebreo malkût, más que la extensión
geográfica del reino tienen el significado activo de gobierno por parte
del rey (soberanía) (cf reino / reinado; règne / royaume; reign
/ kingdom); cf Schmidt, K.L., basileus, 175.188; Stock, K., Discorso della Montagna,
32. Fabris, R., Gesù di Nazareth, 118.126; Tilborg, S.V., The sermon
on the mount, 19. Mateos, J., Camacho, F., El evangelio de Mateo, 51-52. Para
basileía como "señorío", cf Schnackenburg, R.,
Signoria e Regno di Dio. Uno studio di teologia biblica, (Bologna: EDB, 1990)
77.
89 Pero vosotros habéis rechazado hoy a vuestro Dios, el que os salvó
de todas las desgracias y peligros, y habéis dicho: "No importa,
danos un rey" (1 Sam 10,19; cf 12,19; Jue 8,22-23; 10,13; Dt 17,14-20.)
90 Sobre el tema, cf Soggin, A. J., Storia d'Israele. Dalle origini a Bar Kochbà
(Brescia: Paideia, 1984) 75-117; 291-330.
91 "Se le juntaron unos cuatrocientos hombres, gente en apuros o llena
de deudas o desesperados de la vida. David fue su jefe" (1 Sam 22,2).
92 Cf 1 Re 5,27; 6; 7; 9,15; 10,1 29.
93 "Tu padre nos impuso un yugo pesado. Aligera ahora la dura servidumbre
a que nos sujetó tu padre y el yugo pesado que nos echó encima,
y te serviremos" (2 Cr 10,4).
94 Cf Éx 15,18; Jue 8,23; 1 Sam 8,7; 1 Re 22,19; Sal 5,3; 44,5; 47,7.8;
74,12; 93,1; 96,10; 97,1; 99,1; 145,11ss; 146,10; Is 24,23; 52,7; Abd 21. Para
la atribución del título de rey a Dios, cf 1 Sam 12,12; Is 6,5;
33,22; 41,21; 44,6; Sof 3,15; Zac 14,9.16, etc).
95 Según la concepción de la realeza, típica del antiguo
Oriente, se espera del rey que proteja a los pobres y les haga justicia (cf
Sal 72,2.4). Véase el retrato ideal ofrecido en Isaías 11,2-5;
9,5-6; cf Martin-Achard, R., "canah", 309-311. Cf Ranon, A., "Evangelizare
pauperibus", 114.
96 Para la relación entre "buena noticia" y justicia",
vse. 2 Sam 18,31, donde la
buena noticia consiste en la liberación de los propios enemigos: "¡Albricias,
majestad! ¡El Señor te ha hecho hoy justicia liberándote
de los que se habían rebelado contra ti!".
97 "Así dice el Señor: Yo mismo en persona buscaré
mis ovejas siguiendo su rastro... Buscaré las ovejas perdidas, recogeré
las descarriadas; vendaré a las heridas, curaré a las enfermas;
eliminaré a las gordas y fuertes; las apacentaré como es debido"
(Ez 34,11.16). "Eliminaré". El hebreo "'ashmid" "exterminaré"
(cf Am 9,8), ha sido sustituido por los LXX por "phyláxô"
[guardaré], corrección que no tiene en cuenta el juicio del pastor:
"haré justicia entre oveja y oveja" (v. 22), "entre reses
flacas y gordas" (v.20). Cf Dupont, J., Les béatitudes, II, 275.
Al contrario, en los anuncios del reino de Dios por parte de Jesús, no
se oirá hablar nunca de "venganza" con relación a los
opresores, sino de salvación incluso y expresamente para ellos (cf Lc
4,1-27).
98 En la súplica que Judit dirige al Señor, se encuentra concentrada
la espiritualidad de cuantos esperan solamente en Dios: "tu poder no está
en el número, ni tu imperio en los guerreros; eres Dios de los humildes,
socorredor de los pequeños, protector de los débiles, defensor
de los desanimados, salvador de los desesperados" (Jdt 9,11; cf Éx
3,7 10; Dt 10,18; Sal 12,6; 35,10; 82,1 4; 107; Is 1,17; 58,6; 61,1; Jr 21,11ss).
"Dios hace justicia al huérfano y a la viuda, ama al emigrante dándole
pan y vestido" (Dt 10,17 18; cf Is 56,1; Sal 76,10; Job 36,6; Sal Salom.
5,2; 5,13; 15,2).
99 euaggélion (Mt 4,23; 9,35; 24,14; 26,13).
100 Mt 4,23; 9,35; 24,14; cf Lc 4,43; 16,16; Hch 8,12. En Isaías 52,7
encontramos estrecha relación entre el "reino" y la "buena
noticia": "Qué hermosos son sobre los montes los pies del heraldo
que anuncia la paz, que trae la buena nueva, que pregona la victoria! Que dice
a Sión: Tu Dios es rey".
101 Cf Is 24,21-23; 52,7; Miq 2,13s; Sof 3,14s; Zac 14,9.16; Sal 47,6-10; 96,10-14;
97; 98; 99; etc.
102 En los evangelios, Jesús impondrá la obediencia sólo
cuatro veces y siempre a elementos hostiles al hombre: viento y mar ( (cf Mt
8,27; Mc 4,41; Lc 8,25) y espíritus inmundos (cf Mc 1,27).
103 Lc 17,6; cf. Jl 3,1-2; Jn 3,4.5; 7,37-39.
104 "Mirad, no recibisteis un espíritu que os haga esclavo y os
vuelva al temor; recibisteis un Espíritu que os hace hijos y que nos
permite gritar: ¡Abba! ¡Padre! Ese mismo Espíritu le asegura
a nuestro espíritu que somos hijos de Dios" (Rom 8,15-16).
105 Cf Mt 12,38-39; 16,1-4.
106 Para indicar la "conversión", Mateo evita los términos
epistréphô / epistrophê (lit. darse la vuelta), usados en
el AT para la vuelta hacia Dios (volveos, [epistrépsête] a él
de todo corazón y con toda el alma, siendo sinceros con él y él
volverá a vosotros y no ocultará su rostro" (Tob 13,6; cf
Mal 3,7; 2 Cr 6,24.26). Coherente con su línea teológica del "Dios
con nosotros" (Mt 1,23; 28,20), Mateo no habla de volverse a Dios, sino
de acogerlo y con él construir el reino. Por esto el evangelista indica
la conversión con los términos metanoéô / metánoia,
que señalan un cambio de mentalidad y, por tanto, de comportamiento (cf
Mt 3,2.8.11; 4,17; 11,20.21; 12,41).
107 Cf Mt 18,8-9.
108 En el evangelio de Juan, quienes colaboran con la construcción del
reino son definidos por Jesús "sus amigos" (cf Jn 15,14-15).
109 Cf Mc 4,30-32; Lc 13,18-19. La parábola se encuentra incluso en el
Evangelio de Tomás (20), apócrifo del s. II.
110 El arbusto de la mostaza alcanza poco más de dos metros de altura.
111 Cf Mc 3,24; Lc 4,43; Jn 3,3. En los LXX encontramos una sola vez basileían
theoû (Sab 10,10).
112 Cf Mt 3,2; 4,17; 5,3.10.19ab.20; 7,21ab; 8,11; 10,7; 11,11.12; 13,11.24.31.33.38.44.45.47.52;
16,19; 18,1.3.4.23; 19,12.14.23.24; 20,1; 22,2; 23,13; 25,1. basileia tôn
ouranôn se encuentra también en una lectura incierta (Sinaítico,
Ireneo, Tertuliano) de Jn 3,5, no recogida en las traducciones (a excepción
de La Bible, Nouveau Testament, ed. Gallimard, 1971]. Es significativo que la
expresión se encuentre también en el Evangelio según los
Hebreos (fr. 11), cf Schmidt, K.L., basileus, 181-182; Spicq, Note di Lessicografia,
313.
113 Sólo cuatro veces se emplea "reino de Dios" (Mt 12,28;
19,24; 21,31.43), en un contexto que exige esta fórmula precisa.
114 YHWH. Las cuatro consonantes que forman el nombre de Dios (cf Éx
3,14). Una vez al año, en el día del perdón (Yom Kippur),
el nombre sagrado era pronunciado por el sumo sacerdote en el Templo, dentro
del Santo de los santos. Después de la destrucción de Jerusalén
se perdió el recuerdo de la pronunciación recta del tetragrama
divino. Todavía hoy los hebreos evitan pronunciar el nombre de Dios (lo
sustituyen por Adonai = "Señor mío") y para escribirlo
usan la forma "D.ios"); cf Sota 7,6; Sanh. 10,1.6; Qidd. 71a. La pronunciación
"Yahvé" es sólo una hipótesis, Cf Cohen, A.,
Il Talmud (Bari: Laterza, 1984) 50-52; Kuhn, K. G., "basileus", GLNT
II (1966) 153-154.
115 "El cielo hará suceder los acontecimientos según lo establecido
allá arriba" (1 Mac 3,60); "Pues a Dios lo mismo le cuesta
salvar con muchos que con pocos; la victoria no depende del número de
soldados, pues la fuerza llega del cielo " (1 Mac 3,18-19; cf 4,24). En
Éx 4,24 (LXX), el nombre de Dios es sustituido por el "ángel
del Señor". Otros sustitutos son "el santo", "el
misericordioso" "el altísimo", "gloria", "potencia",
cf Kuhn, K.G., "basileus", 153-156; "theós" GLNT
IV (1968) 393-398. También en nuestra cultura, en el lenguaje corriente,
usamos con frecuencia "cielo" como sustituto de "Dios"::
"gracias al cielo", "ha subido al cielo", etc.
116 Cf Mt 5,3.10.19.20; 6,10.33; 7,21. El empleo de "reino" es abundante
en Mateo: 50x; (Lc 41x; Mc 15x; Jn 5x). Todo el discurso de la montaña
formula las condiciones de admisión al reino de los cielos, Cf Luz, U.,
Das Evangelium nach Matthäus, 190-191. Dupont, J., "Jésus",
168.
117 Mateo pone estrechamente en relación "reinado" y paternidad
divina: "Padre nuestro... venga tu reinado" (Mt 6,9.10; cf 6,26.32).
El "reino de los cielos" es también el "reino del Padre"
(Mt 13,43; 26,29; cf 6,10; 7,21; 21,31; 25,34; Lc 12,32).
118 Cf Mateos, J., Camacho, F., El horizonte humano. La propuesta de Jesús,
7ª ed. (Córdoba: El Almendro, 2000) 69.
119 Cf Job 10,15; 20,22; 36,21; Prov 22,8. Erub. 41b. Cf Bammel, E., "ptôkhós",
726.
120 Mateo identifica en "mammona" (mamônâs, hebr.: mamonah,
del arameo mamôn) el antagonista de Dios. En el Salmo 37,3, los LXX han
traducido con ploútô (riqueza) el términa emunah de la misma
raíz de mamonah ('mn) que significa estabilidad, constancia, seguridad.
La confianza en el dios-dinero lleva al desprecio del Señor: "el
codicioso desprecia y maldice al Señor" (Sal 9,24; cf Eclo 31,8).
Cf Hauck, F., " mamônâs" TDNT IV (1969) 388-390. Lipinski,
L., Macarismes, 361.
121 Cf Puech, É.,"4Q525, 104; cf Mateos, J. - Camacho, F., El horizonte
humano, 69; Stock, K., Discorso della montagna, 40.
122 Cf Mt 6,19-34; 10,9-10; 19,16-30; 26,11.
123 Término raro (en el NT, cf Lc 16,14; 1 Tim 6,10; 2 Tim 3,2), la única
vez que philargyría / filárgyros [amor / apego al dinero] aparece
en los LXX y con motivo de una traición: "Pero los de Simón,
hambrientos de dinero, se dejaron sobornar por algunos de los refugiados en
los castillos, y por siete mil dracmas los dejaron escapar" (2 Mac 10,20).
124 Cf Mt 6,19-34.
25 "Ya puedo dar en limosnas todo lo que tengo, ya puedo dejarme quemar
vivo que, si no tengo amor, de nada me sirve" (1 Cor 13,3; cf Mt 6,2).
126 "La luz del cuerpo es el ojo; si, pues, tu ojo es sincero, todo tu
cuerpo estará en la luz " (Mt 6,22). "Sincero", en griego
haploûs, indica lo que es franco, honesto. El adverbio haplôs significa
"generosamente" (cf Jue 1,5). En la cultura hebrea, el ojo "simple"
es imagen de generosidad, mientras que el ojo "perverso" indica avaricia,
tacañería (cf Dt 15,9; 28,54.56; Eclo 14,9-10; Pr 28,22). Se puede
traducir la expresión por "si eres desprendido, toda tu persona
vale", y la opuesta ("si tu ojo es perverso, todo tu cuerpo será
tenebroso) (Mt 6,23) por "si eres tacaño, toda tu persona es miserable".
127 El "tesoro" o capital "en los cielos" (en que el hombre
pone su seguridad) significa que la propia confianza está fundada en
el Padre que cuida de los suyos (cf Mt 10,30-31; 19,21).
128 "Pero, ¡ay de vosotros, los ricos, porque ya habéis recibido
vuestro consuelo! ¡Ay de vosotros, los que ahora estáis repletos,
porque vais a pasar hambre! ¡Ay de vosotros los que ahora reís,
porque vais a lamentaros y a llorar! ¡Ay si los hombres hablan bien de
vosotros, pues lo mismo hacían sus padres con los falsos profetas! (Lc
6,24-26).
129 En 25,18.27, el tema de la parábola es el dinero.
130 "¿Cuánto estás dispuestos a darme si os lo entrego?
Y ellos quedaron en darle treinta monedas de plata" (Zac 11,12; Mt 26,15;
27,3.5.6.9; cf Jn 12,6.
131 "El que codicia el oro no quedará impune, el que ama el dinero
se extraviará por él. Muchos quedaron empeñados por el
oro y se entramparon por los corales -pero no los libraron de la desgracia ni
los salvaron el día de la colera-. Son una trampa para el necio, el inexperto
se enreda en ella" (Eclo 31,5-7).
32 Porque raíz de todos los males es el amor al dinero; por esta ansia
algunos se desviaron de la fe y se infligieron mil tormentos " (1 Tm 6,10).
133 "Porque esto que digo, tenedlo por sabido y resabido: nadie que se
da a la lujuria, a la inmoralidad o a la codicia, que es una idolatría,
tendrá parte en el reino del Mesías y de Dios" (Ef 5,5; cf
1 Cor 6,10; Col 3,5; cf 1 Tm 6,10; 2 Tm 3,2).
134 Con el término koinônia, se entiende la comunión del
corazón y de los bienes puesta en práctica en la iglesia primitiva;
cf Hch 2,42; Rom 15,26; 2 Cor 9,13; Flp 1,5; 2,1; Heb 13,16.
135 Cf Zedda, S., "La povertà di Cristo secondo S. Paolo",
Evangelizare pauperibus. Atti della XXIV settimana biblica (Brescia: Paideia,
1978) 349.