Tomado del libro de ALBERTO MAGGI, Galería de Personajes del Evangelio. Cómo leer el evangelio y no perder la fe, II. Ediciones El Almendro, Córdoba 2003, pp. 43-50. www.elalmendro.org/obras/librob022.htm
En el evangelio más antiguo, el de Marcos, José
no es nombrado; el evangelio más reciente, el de Juan, le dedica apenas
dos citas indirectas (“Jesús, hijo de José, el de Nazaret,
Jn 1,45; 6,42).
Los otros dos evangelistas no dicen ni una palabra de él y los predicadores
tienen de esta forma que exaltar con un caudal de palabras el silencio de José.
Este personaje del evangelio no es ni siquiera conocido con el único
título que los evangelistas le reconocen, el de ser el marido de María,
por cuanto muchos traductores insisten en traducir el término griego
equivalente a "marido" por "esposo", quizá porque
esposo da una idea algo más casta que marido y hace más segura
la pureza de la virgen María.
En lo que concierne a José como padre de Jesús, los teólogos
lo han privado también de esta función, atribuyéndole el
incomprensible término "putativo”, esto es, "aparente".
Contra José se han coaligado también los artistas que, por siglos,
se han empeñado en representarlo como un viejecito, cuyos ardores juveniles
son sólo un vago recuerdo, que mira en torno suyo con la semblanza de
quien no se encuentra en modo alguno en la situación que le ha preparado
el Padre eterno: es marido de una mujer que no es su mujer, y padre de un niño
que no es su hijo.
Rebajado a ser un esposo sin mujer y un padre sin hijo, José es devotamente
nombrado en último término en la frase con la cual se cita la
familia de Nazaret, siempre compuesta jerárquicamente, por orden de importancia,
por "Jesús, María y José".
TEOLOGÍA Y GINECOLOGÍA
Los evangelistas no parecen haberse preocupado mucho de este
personaje ni siquiera por los datos que podían fácilmente ser
inventariados: según Mateo, José resulta ser hijo de Jacob (Mt
1,16), mientras que, para Lucas, el padre se llama Elí (Lc 3,23).
En la lengua hebrea Yôseph (José) significa "Dios añada",
nombre de buen augurio con el que se desea que se añadan pronto a la
familia otros hijos varones.
De lo poco que se concluye de los evangelios, se sabe que José trabaja
como carpintero, oficio ejercido también por el hijo, Jesús, que
será conocido como "el carpintero" (Mc 6,3).
El nacimiento de Jesús se narra así por Mateo: "Así
nació Jesús el Mesías: María, su madre, estaba desposada
con José y, antes de vivir juntos, resultó que esperaba un hijo
por obra del Espíritu Santo” (Mt 1,18).
Para comprender lo escrito por Mateo, es necesario remontarse a las modalidades
de la celebración del matrimonio que, en Israel, tenía lugar en
dos etapas.
En la primera se celebraban los desposorios en casa de la mujer, al cumplir
doce años.
Esta ceremonia servía para establecer lo que la esposa debía llevar
como dote. Al final el esposo pronunciaba la fórmula: "Tú
eres mi mujer" y la mujer respondía: "Tú eres mi marido"
(Qid. B. 5b).
Incluso quedándose cada uno en casa de los padres, desde este momento
los dos eran ya marido y mujer. Un año después de los desposorios,
tenía lugar la segunda fase del matrimonio, la de las bodas, cuando la
mujer, dejada su familia, era conducida a casa del marido donde comenzaba su
vida en común. En este intervalo entre los desposorios y las bodas, María
"resultó que esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo"
(Mt 1,18).
La narración de Mateo pertenece a la teología y no a la ginecología.
El evangelista no ha metido la nariz entre las sábanas de los esposos,
sino que ha querido expresar una profunda verdad de fe.
Jesús es presentado como una nueva creación de la humanidad y,
la acción del Espíritu en María, se remonta a aquella otra
del "Espíritu de Dios que se cernía sobre la faz de las aguas"
(Gen 1,2) para producir la vida en la creación.
Para subrayar su intención teológica, Mateo inicia su evangelio
con la genealogía de Jesús partiendo de Abrahán, el cabeza
de estirpe del pueblo hebreo, recorriendo toda la historia de Israel en la que
destacan nombres de patriarcas como Isaac y Jacob, y de reyes como David y Salomón,
hasta llegar a José.
Aquí se interrumpe bruscamente la transmisión de todos aquellos
valores nacidos con Abrahán, que se han enriquecido, poco a poco, con
la historia y la espiritualidad a través de los siglos.
De hecho, después de haber presentado la generación de padre a
hijo ("Abrahán engendró a Isaac, Isaac engendró a
Jacob, Jacob engendró a Judá... (Mt 1,2), la línea genealógica
se trunca llegados a José: "Jacob engendró a José"
(Mt 1,16).
Según el ritmo de la narración, en la que de manera monótona
el verbo "engendrar" se repite una treintena de veces, el lector esperaría
la cuadragésima: "José engendró a Jesús".
Sin embargo, llegado a José, el evangelista escribe: "José,
el esposo de María, de la que nació Jesús, llamado el Mesías"
(Mt 1,16).
Mateo que, a diferencia de Lucas, evita nombrar a José como padre de
Jesús (Lc 2,33), interrumpiendo inesperadamente la línea genealógica
pretende excluir a José del nacimiento de Jesús.
Infringiendo la cultura hebrea según la cual es el padre quien engendra
al hijo, mientras la madre se limita a darlo a luz, el evangelista presenta
una mujer "de la que" fue engendrado el hijo, dando a entrever en
ella la acción creadora de parte de Dios.
La tradición del pueblo de Israel que, comenzando con Abrahán,
alcanzó su máximo esplendor con el rey David, se detiene definitivamente
en José y no se transmite a Jesús, cuyo padre será Dios
mismo: Jesús, incluso descendiendo de Abrahán y de David, no es
hijo de Abrahán ni de David, sino "el hijo del Dios vivo" (Mt
16,16).
EGIPTO, TIERRA DE LIBERTAD
Si en el evangelio de Lucas es María el personaje principal
de la anunciación y del nacimiento de Jesús, y la figura de José
se deja un tanto en la penumbra, en el evangelio de Mateo es José el
protagonista de estos acontecimientos.
Al hallar a la mujer encinta, José, su esposo, que era hombre justo y
no quería infamarla, decidió repudiarla en secreto" (Mt 1,19).
José se presenta como "un justo", esto es, un fiel observante
de todas las prescripciones de la Ley, como Isabel y Zacarías que "eran
justos delante de Dios, pues procedían sin falta según todos los
mandamientos y preceptos del Señor" (Lc 1,6).
El drama de José nace del hecho de que, precisamente por "justo",
la fidelidad a la Ley le impone denunciar a su mujer infiel.
De hecho, la legislación divina decreta que, en caso de traición,
la adúltera "sea sacada a la puerta de la casa paterna y los hombres
de la ciudad la apedreen hasta que muera, por haber cometido en Israel la infamia
de prostituir la casa de su padre" (Dt 22,20 23).
José se debate entre la observancia de la Ley, que le impone denunciar
y hacer lapidar a la mujer infiel, y el amor hacia María, que lo impulsaría
a retenerla consigo, no obstante su infidelidad.
A José ni le parece bien sacrificar a María exponiéndola
a una muerte segura, ni es capaz de elegir la línea del amor, como había
hecho Oseas, el profeta que, de su experiencia de un amor más fuerte
que la infidelidad de su mujer, había comprendido que Dios quiere "la
lealtad, no los sacrificios" (Os 6,6)
Así escoge la vía intermedia: repudiar a la mujer en secreto.
El camino elegido por él se basa en la legislación del repudio,
que prescribía: "Si uno se casa con una mujer y luego no le gusta,
porque descubre en ella algo vergonzoso, que le escriba el acta de divorcio,
se la entregue y la eche de casa” (Dt 24,1).
El leve resquebrajamiento en la observancia radical de la Ley, a favor de un
sentimiento de misericordia, es suficiente para que el Señor pueda hacer
irrupción en aquellas circunstancias: "Pero apenas tomó esta
resolución, se le apareció en sueños el ángel del
Señor, que le dijo: -José, hijo de David, no tengas reparo en
llevarte contigo a María, tu mujer, porque la criatura que lleva en su
seno viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y le pondrás
de nombre Jesús" (Mt 1,20-21).
José renuncia a sus propósitos y, de hombre observante de la ley,
comienza a transformarse en hombre de fe.
Dando crédito a este increíble mensaje del ángel del Señor
"se llevó a su mujer a su casa; sin haber tenido relación
con él, María dio a luz un hijo y él le puso de nombre
Jesús” (Mt 1,24-25).
El niño no es llamado, según la costumbre judía, como el
padre o el abuelo, y ni siquiera como algún antepasado o pariente de
José, sino que, como le ha anunciado el ángel, su nombre será
"Jesús" que significa "Yahvé salva".
Con esta ruptura de la tradición, el evangelista quiere subrayar una
vez más que el hijo no continúa la línea de los padres,
iniciada con Abrahán y que llega hasta José, sino que en Jesús
se manifiesta una nueva creación.
Desde el momento en que José acoge la palabra del Señor, su existencia
se vuelve ajetreada.
Poco después del nacimiento de Jesús, de nuevo el ángel
del Señor se apareció en sueños a José y le dijo:
-Levántate, coge al niño y a su madre, y huye a Egipto; quédate
allí hasta nuevo aviso, porque Herodes va a buscar al niño para
matarlo" (Mt 2,13).
De modo escandalosamente provocativo para los oídos de los judíos,
el evangelista presenta la paradoja de su historia: el pueblo de Israel había
huido a Egipto, tierra de esclavitud, donde el faraón había decretado
la muerte de los hijos de los hebreos y había buscado la libertad en
la "tierra prometida" (Bar 2,34). Ahora esta misma tierra se ha convertido
en lugar de opresión, de la que hay que huir para librarse de la muerte,
decretada por Herodes, de todos los niños de Belén, encontrando
refugio en Egipto.
En el exilio, la figura de José se consolida.
El "justo", a quien la observancia de la Ley le empujaba a elecciones
de muerte, una vez que ha acogido la palabra del Señor, se declara decididamente
a favor de la vida, arriesgando la propia vida.
Por esto, en su última aparición en el evangelio, el evangelista
Mateo lo equipara a Moisés, el salvador del pueblo.
Como "Yahvé dijo a Moisés en Madián: Anda, vuelve
a Egipto, que han muerto los que intentaban matarte" (Éx 4,19),
igualmente, "muerto Herodes, el ángel del Señor se apareció
en sueños a José en Egipto y le dijo: -Levántate, coge
al niño y a su madre y vuélvete a Israel; ya han muerto los que
intentaban acabar con el niño" (Mt 2,20). Y como "Moisés
tomó a su mujer y a sus hijos, los montó en asnos y se encaminó
a Egipto" (Éx 4,20), así José “cogió
al niño y a su madre y entró en Israel” (Mt 2,21).